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martes, 26 de abril de 2022

La irrupción de la doctrina de “alineación multiple”, un dolor de cabeza para el imperialismo



Por Fernando Bossi Rojas.

La confrontación entre la OTAN y la Federación Rusa en territorio ucraniano, está alineando a los países en posiciones sorprenden a más de uno.

Que China se ubique cerca de Rusia no es novedad, al igual que Irán o los gobiernos revolucionarios de América Latina. Sin embargo es importante realizar el seguimiento de las políticas adoptadas por aquellos países que tienen economías robustas o medianas, y que no han respondido a los llamados de las metrópolis imperialistas. El más destacado ejemplo es la India, que no ha aceptado condenar a Rusia, dejando perplejos tanto a los gobernantes estadounidenses como a los británicos.

Parece ser que la doctrina de la “alineación múltiple”, del canciller indio Subrahmanyam Jaishankar, volcadas en su libro “The India Way: Strategies for an Uncertain World” (El camino de la India: Estrategias para un mundo en cambio), no sólo está siendo aplicada por el país presidido por Narendra Modi, sino que también la vienen practicando –quizás sin previa teorización y más allá del caso puntual de la guerra en Ucrania–, gobiernos como el de Turquía, Kazajistán, Serbia, Sudáfrica, México, Argentina, Iraq, hasta hace apenas unos días Pakistán y en menor medida Arabia Saudita.

Países que hasta hace algunos años eran fieles seguidores de las órdenes emanadas de Washington, hoy ya no acatan a pie juntillas los requerimientos de la potencia norteamericana. Y no debemos pensar que estos países se hayan ubicado en la vereda de enfrente. De lo que se trata es que ya el alineamiento no es incondicional ni automático. Es que por la vía de los hechos, éstos y otros países, han comenzado a asumir una postura cercana a la “alineación múltiple”,  sostenida por el canciller de la India. Interesados en realizar acuerdos tanto con los Estados Unidos, como con China, Rusia o Alemania.

El mundo está cambiando, y ya es evidente que ha comenzado a configurarse en base a la multipolaridad. Este proceso no es lineal, se realiza con bloques que están en proceso de conformación, unos más avanzados que otros, pero en su mayoría repelen la idea de la unipolaridad defendida por Estados Unidos y sus socios directos.

Salvo la Antártida –que desde hace años está en la mira de los imperios–, el resto del planeta ya está dividido. Los países sometidos al imperialismo siguen existiendo, pero cada vez más hay países que van alcanzando una cierta madurez, desafiando el avasallamiento imperialista y tratando de pendular entre dos o más potencias.

Cuando Lenin escribió el “Imperialismo fase superior del capitalismo” (1916) describía un mundo dividido entre países opresores y países oprimidos. Esta caracterización, correcta en su momento, ha sufrido ciertas modificaciones. A estos dos bloques, el de los imperialistas y el de los países oprimidos, se le agrega desde hace ya varias décadas, un tercer bloque, que es el de aquellos países que son independientes, o relativamente independientes. Este tercer bloque es obvio que no está compuesto por países imperialistas,  pero además, tampoco son países oprimidos, debido al grado de desarrollo de sus fuerzas productivas o por razones políticas. Al menos no son tan oprimidos como para no tener ninguna capacidad de maniobra soberana respecto a los dictados del imperialismo.

En este bloque ubico a países muy poderosos y otros no tanto, pero todos ellos coinciden en contar con diferentes grados de autonomía comprobada: China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Vietnam, Bielorrusia, Turquía, Irak, Laos, India, Siria, Qatar, Yemen, Sudáfrica, Argelia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, entre otros.

Vale aclarar que esta posición soberana se puede constatar, indistintamente del signo ideológico de sus gobiernos, ya que podemos ubicar a países de signo capitalista, países socialistas y países en transición al socialismo.

Observamos, entonces, que el mundo se encamina hacia la multipolaridad, a la conformación de varios bloques de poder, con tendencia a alcanzar un equilibrio de mutua convivencia. Esto, así formulado, sería lo ideal, pero para realmente se haga realidad, será necesario sortear el escollo que representa el gobierno imperialista de Estados Unidos y sus socios directos.

El tema que sigue presentándose con plena validez en el mundo –por más que no se quiera reconocer–, no es otro que el tema de la soberanía y las nacionalidades.

El ciclo de conformación de los estados nacionales no es “cosa del pasado”, no es un tema superado por la globalización neoliberal y la política de mercado a nivel planetaria; sino que por el contrario, es un tema que está a flor de piel, dado que la resistencia de los pueblos al avasallamiento por parte de un puñado de países imperialistas, se articula a través del rescate de la figura de la soberanía nacional y el antiimperialismo.

La llamada “cuestión nacional”, salvo en contados países desarrollados, se mantiene irresuelta, y los pueblos siguen luchando por la conformación de su propio espacio nacional, la mayoría de las veces negado por la injerencia extranjera. Esta es la realidad que las fuerzas de la unipolaridad pretenden ignorar.

Si hablamos de nuestra América, sabemos positivamente la fragilidad que implica la fragmentación a la que hemos sido sometidos. Comenzamos a comprender cada vez con mayor claridad las ventajas que implicaría la unión. La misma situación aparece en diferentes regiones del África, en Asia, inclusive en Europa del este, en el Cáucaso, en la península Indochina, etcétera.

Es por ello, que jugar con seriedad en la política mundial hoy, significa, entre otras cosas, estudiar meticulosamente las diferentes contradicciones que se presentan, ya que una visión simplista o meramente esquemática podría conducirnos a errores catastróficos. Al enemigo es fácil identificarlo, como asimismo a sus socios directos, pero el sistema de alianzas que es necesario tejer, a fin de posicionarnos como corresponde en el escenario confrontativo, necesita de un muy profundo análisis y una capacidad de maniobra singular.

Desde la Escuela de Formación Política Emancipación, instamos a las fuerzas revolucionarias, al estudio de la geopolítica actual, estudio que implica asimismo el conocimiento de la historia, la geografía, la economía y demás asignaturas que hacen a la comprensión de una realidad tan dinámica como compleja.

Solo derrotando al imperialismo, se dará paso a la construcción de un mundo multipolar, donde el socialismo, que ya ocupa su lugar en la lucha, tendrá aún mucho más que decir.

viernes, 29 de octubre de 2021

Noviembre, mes de elecciones. Alinearse con las fuerzas progresistas


Por Fernando Bossi Rojas

En noviembre se realizarán cinco elecciones en nuestra región latinoamericana. Dos en Centroamérica y tres en Suramérica. Cada una de ellas de suma importancia no solo para las fuerzas populares y progresistas de los países involucrados y sino para las de toda nuestra América.

La primera será el 7 de noviembre en Nicaragua; allí se elegirá presidente y diputados para la Asamblea Nacional y para el Parlamento Centroamericano. El candidato de la Revolución, el Comandante Daniel Ortega, va acompañado en la fórmula, por su compañera Rosario Murillo, como la elección pasada, y se prevé que ganarán cómodamente.

Una semana después, el 14 de noviembre, la cita será en Argentina, donde se renovarán 127 de los 257 escaños de la Cámara de Diputados, y  24 de los 72 del Senado de la Nación. La disputa será entre el gobernante Frente de Todos y Juntos por el Cambio, coalición que nuclea a las fuerzas neoliberales del ex presidente Mauricio Macri.

Esta elección ha generado mucha expectativa ya que el 12 de septiembre pasado en las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), la coalición de derecha obtuvo más votos que el oficialismo, prendiendo las alarmas a la fuerza que encabezan el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner. No hay duda que sería fundamental que el frente de fuerzas progresistas lograra la victoria, y así cerrar el paso a la nueva embestida reaccionaria. ¿Podrá el Frente de Todos revertir la pobre elección primaria del 12 de septiembre? Las expectativas van creciendo mientras más se acerca la fecha de los comicios.

El 21 de noviembre seguimos con Chile. Allí se elige presidente para el período 2022-2026. También se elegirán diputados, senadores y consejeros regionales. En caso de ocurrir una segunda vuelta electoral, ésta se realizará  el 19 de diciembre de 2021.

Según varias encuestas, el candidato de las fuerzas progresistas, Gabriel Boric, aparece con posibilidades reales frente a los candidatos de la derecha y la centro-derecha. El 21 se comprobará si las protestas llevadas a cabo en los últimos tiempos en Chile se traducen en votos anti-neoliberales que puedan ser capitalizados por la coalición Apruebo Dignidad que lidera el joven Boric.

El 21 también se realizarán elecciones en Venezuela. En este caso se renovarán todos los cargos ejecutivos y legislativos de las 23 entidades federales (gobernadores) así como el de los 335 municipios del país (alcaldes). Teniendo en cuenta el bloqueo y las sanciones a que es sometido el pueblo venezolano por parte del imperialismo yanqui y sus aliados, con las consecuencias que esto trae aparejado, es probable que el oficialismo pierda algunos espacios regionales. No obstante, en el balance general se espera que las fuerzas revolucionarias se impongan una vez más, ante una oposición que nuevamente se presenta dividida y desprestigiada ante la opinión pública.

El 28 de noviembre volvemos a Centroamérica, donde los comicios se realizarán en Honduras. Las elecciones serán para Presidente y también se elegirán 128 diputados al Congreso, 20 diputados al Parlamento Centroamericano, 298 alcaldes y 2092 regidores. La candidata Xiomara Castro (esposa del ex presidente Manuel Zelaya), con Libre (Libertad y Refundación) se enfrentará al candidato neoliberal del Partido Nacional, Nasry Asfura. Las encuestas indican que Xiomara, acompañada en la formula por Salvador Nasralla, estaría ganando. De esta manera las fuerzas progresistas y de izquierda hondureñas podrían retomar al poder después de 12 años en que la derecha, con apoyo de los Estados Unidos, derrocó al presidente constitucional Manuel Zelaya.

En síntesis: cinco elecciones donde desde esta tribuna apoyamos abiertamente a los candidatos al ejecutivo nacional Daniel Ortega, Gabriel Boric y Xiomara Castro, con las fuerzas Alianza Unida Nicaragua Triunfa, encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Apruebo Dignidad en Chile  y Libre en Honduras. Asimismo en las regionales de Venezuela nuestro apoyo incondicional es con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el Polo Patriótico, y en Argentina con los candidatos del Frente de Todos.

Nuestra posición es clara y no andamos con titubeos ni ambigüedades. No se trata de alineaciones acríticas, pero a la hora de poner el voto hay que estar decididamente a favor de las fuerzas que asumen posiciones antiimperialistas, progresistas y patrióticas.

 


viernes, 24 de enero de 2020

Partido y Fuerzas Armadas son claves en la lucha Revolucionaria

Aproximación a un debate



Por Fernando Bossi Rojas

Ya es tiempo de ir sacando algunas enseñanzas sobre la experiencia vivida en las dos últimas décadas de gobiernos progresistas y revolucionarios en América Latina y el Caribe. Con avances y retrocesos, triunfos y derrotas, la ofensiva unionista e independentista –por lo tanto antineoliberal y antiimperialista– que comenzó apenas entrado el Siglo XXI no se ha agotado. Tal vez podemos afirmar que hubo en estos años una contraofensiva de las fuerzas imperialistas y oligárquicas, pero éstas no aparecen consolidadas ni mucho menos; por el contrario, respuestas populares de distinta magnitud se manifiestan en casi todos los países contra los gobiernos reaccionarios.

¿Qué caracteriza a los gobiernos revolucionarios que han resistido y resisten la embestida imperialista? ¿Cuáles son los elementos fundamentales que han permitido a esos gobiernos mantenerse en el poder y seguir avanzando en la senda de la justicia social y la plena soberanía? ¿Podemos encontrar puntos comunes a la hora de constatar los fundamentos del éxito de esa resistencia?

Dos elementos se vislumbran como comunes y esenciales cuando analizamos los gobiernos de Venezuela (20 años), Cuba (60 años) y Nicaragua (13 años), los tres gobiernos revolucionarios que han resistido estoicamente los feroces embates imperialistas: 1) la existencia de Fuerzas Armadas comprometidas profundamente con los procesos transformadores, y 2) la existencia de poderosos partidos revolucionarios con extraordinario poder de movilización, Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Partido Comunista de Cuba (PCC) y Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En los tres casos se han conformado FFAA cuyos hombres y mujeres proceden del seno del pueblo, imbuidas de doctrina patriótica antiimperialista (bolivariana en Venezuela, martiana en Cuba y sandinista en Nicaragua) y comprometidas con los procesos de transformación revolucionaria. Asimismo, cada uno de estos gobiernos ha contado con poderosos partidos revolucionarios cohesionados, fruto de la confluencia de fuerzas, de cuadros y masas, experimentados en la lucha y resistencia, con victoria concretas para vanagloriarse, con notoria disciplina organizativa e inmenso poder de movilización.

Estos dos elementos, sin duda alguna –y seguramente otros–, han pesado categóricamente en el blindaje a la soberanía de cada uno de estos países y han impedido el retorno al coloniaje.

Si repasamos los procesos de gobiernos progresistas de los últimos años en nuestra América, y cómo muchos de ellos fueron derrotados por las fuerzas reaccionarias –más allá de otras razones que sin duda hay que incluir en el análisis de cada caso en particular–, observamos que en todos faltó una política acertada con respecto a las FFAA, y también, un déficit llamativo en la presencia y acción de la organización revolucionaria que los sostenía.

No cabe duda que Manuel Zelaya no tuvo ni apoyo de los militares ni pudo, en ese momento, contar con un partido revolucionario que lo respaldara. Lo mismo ocurrió con Fernando Lugo en Paraguay.

En Brasil, tanto Lula como Dilma no presentaron una política efectiva para que las FFAA se involucren en el proyecto de liberación nacional, desaprovechando así trabajar con ciertas tendencias nacionalistas que históricamente existieron en su seno. Y el Partido de los Trabajadores (PT), la principal fuerza política del gobierno, de ser una organización nacida del núcleo duro del movimiento obrero, se institucionalizó de tal forma que fue perdiendo impulso revolucionario, poder de movilización y contacto directo con las bases (una autocrítica que el propio PT hizo luego del Golpe a Dilma).

En el caso de Argentina, tanto Néstor como Cristina, no intentaron sumar a los militares a su política de soberanía nacional y desarrollo económico, olvidando que el fundador del movimiento que representan, el peronismo, fue un hombre proveniente de las FFAA, el General Juan Domingo Perón. Asimismo, los Kirchner subestimaron la conformación de una fuerza política sólida que los respaldara, se desgastaron con el Partido Justicialista, armaron frentes electorales y también alguna organización más afín a sus directivas, pero en general no pudieron constituir un espacio organizativo de militancia que enfrentara con éxito los tremendos ataques de la reacción. La unidad alcanzada por el peronismo y sus aliados en las elecciones del año pasado fue la clave para el triunfo de la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández, pero la asignatura con respecto a FFAA y organización partidaria sigue pendiente.

El Ecuador de Rafael Correa tampoco tuvo una correcta política con sus FFAA. Tal vez el trauma de la traición de Lucio Gutiérrez no dejó ver con claridad que esos militares habían jugado un rol importante cuando acompañaron al movimiento indígena en las movilizaciones que habían derrocado a gobiernos neoliberales. Igualmente, el Movimiento País nunca se conformó como un sólido partido cohesionado y revolucionario, más bien fue un espacio meramente electoralista, disperso y con bases doctrinarias muy endebles. De allí que la traición de Lenin Moreno no fuera novedad para muchos.

Más reciente es el caso de Bolivia y el golpe de Estado contra Evo Morales y la Revolución Democrática y Cultural. En este país, si bien se había avanzado más que en otros de los ejemplos mencionados con respecto a las FFAA, se evidenció que la política implementada no fue suficiente y menos aún eficaz. La Escuela Antiimperialista de las FFAA “JJ Torres” evidentemente no funcionó o funcionó mal, no hubo seguimiento y menos aún un involucramiento de los militares al proceso de industrialización llevado a cabo por el gobierno. En síntesis: se verificó falta de política revolucionaria hacia los militares y fuerzas de seguridad. También, hay que señalar, la supeditación del partido, Movimiento al Socialismo (MAS), a los movimientos sociales, sin considerar que éstos, por su naturaleza, no alcanzan a tener una visión integral del proyecto nacional independentista y transformador y muchas veces su visión queda reducida a demandas meramente sectoriales. Esto minimizó la función estratégica del partido revolucionario y lo fue empujando, poco a poco, a convertirse  en un mero apéndice del gobierno, o a lo sumo, en un poderoso pero vulnerable aparato electoral. El análisis de lo sucedido en Bolivia es complejo y aún no está cerrado, pero no cabe dudas que ha presentado déficit significativo en las dos áreas que estamos considerando.

En El Salvador se perdió de la peor manera. Si bien se contaba con un partido revolucionario experimentado, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la división imperó de forma categórica, sumando a esto una nula política hacia los militares. En Uruguay el Frente Amplio se debilitó como fuerza política unitaria en la base, lo que no se pudo revertir al final de la campaña. También demostró una política poco efectiva con respecto a sus FFAA.

En estos dos últimos casos la socialdemocracia enquistada dentro de las fuerzas de izquierda se impuso contra la toma de políticas revolucionarias.

Guste o no guste quien detenta el poder de las armas sigue siendo un factor estratégico a considerar, y fundamentalmente en los momentos críticos, ya sea por acción u omisión. Sin una política correcta hacia las FFAA la composición del bloque revolucionario presenta debilidades de orden mayor, sin la existencia de un núcleo duro partidista, de un partido u organización templada en la militancia en el seno del pueblo la unidad popular se debilita y aparece el estigma de la división.

La revolución latinoamericana caribeña debe extraer enseñanzas de estos últimos 20 años. Es necesario revisarnos, discutir, criticarnos y autocriticarnos, entender que las FFAA deben ser parte sustancial del bloque histórico de fuerzas revolucionarias, que es necesario fortalecer los partidos y organizaciones políticas dispuestas a conducir la nueva gesta independentista, con programas, tácticas y estrategias de cara al pueblo, sin artilugios.

Con más luces que sombras, los procesos revolucionarios  de Venezuela, Cuba y Nicaragua son ejemplos que debemos observar detenidamente. Sin FFAA y partido u organización política revolucionaria, la nueva ofensiva unionista e independentista nuestramericana iniciada a principios del presente siglo, puede resquebrajarse; con militares patriotas y militantes nucleados en torno a la organización revolucionaria las posibilidades de alcanzar la liberación nacional y la justicia social serán siempre mayores.

Caracas, enero de 2020

domingo, 20 de octubre de 2019

Contra los falsos pronósticos, América Latina en Lucha

Por Fernando Bossi

Para aquellos analistas e intelectuales, que sostenían que el ciclo de gobiernos progresistas había llegado a su fin en América Latina Caribeña, la realidad les está demostrando que ese punto de vista era errado.

Que hubo retrocesos, repliegues y hasta derrotas, es cierto; el imperialismo y las oligarquías nativas no se iban a quedar cruzados de brazos ante el avance de los pueblos. Era lógico que una embestida contrarrevolucionaria se iba a desatar aprovechando vacilaciones, inconsistencias y limitaciones de las fuerzas y gobiernos progresistas y revolucionarios. Esto sucedió y sucede en estos momentos, pero de ahí a firmar un certificado de defunción al ciclo progresista que se abrió ya hace 20 años es una cosa muy distinta.

La hora actual ubica a nuestra América en plenas jornadas de lucha; unas abiertamente en las calles y otras a través de procesos electorales.

Si bien los gobiernos revolucionarios de Venezuela, Cuba y Nicaragua sufren un aluvión de agresiones imperialistas de diferente índole, observamos también un incremento significativo de la unidad de las fuerzas revolucionarias y el pueblo en torno a la defensa de la Patria. El gobierno mexicano sigue dando muestras claras de criterio propio ante las presiones externas, rompiendo con los tiempos de sumisión al vecino del norte. Bolivia, con Evo y su pueblo, ya se levanta como un faro en el corazón suramericano.

A su vez, los regímenes neoliberales están siendo cuestionados con fuertes protestas en Chile, Colombia, Ecuador, Honduras, Haití y Perú. Bolsonaro en Brasil ha perdido, en gran parte, la popularidad sobre una franja de la población que lo llevó a la presidencia, y Mauricio Macri, en Argentina, ya prepara las valijas para irse maltrecho de la Casa Rosada.

Esto no significa que estemos en una etapa abierta de ofensiva popular, mucho falta aún para eso suceda; pero la América Latina Caribeña sigue el curso iniciado a principios de este siglo por Chávez, Lula, Kirchner y demás patriotas de estas tierras.

Es una nueva guerra por la independencia y la unidad, como aquella de hace 200 años. La comenzada ahora, en esta segunda ofensiva independentista y unionista no se ha detenido, hemos tenido avances y también retrocesos, y, como en toda guerra hay batallas ganadas y hay también perdidas, importante es no confundir batallas con guerra. Decía Simón Bolívar en el Manifiesto de Cartagena: “El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez; porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna”.

Ignoremos a los pájaros de mal agüero que hasta hace muy poco revoloteaban sobre la realidad latinoamericana caribeña señalándonos que el ciclo se había agotado. Estamos en plena lucha y no debe haber espacio para esa intelectualidad cómoda y descreída.

El deber de los revolucionarios hoy es ser protagonistas y no meros observadores, ayudar a que donde existan gobiernos entreguistas se enciendan cien y mil focos de resistencia; y donde existan gobiernos comprometidos con sus pueblos aportar todo el conocimiento, experiencia y trabajo para construir una sociedad justa, igualitaria y solidaria.

La ofensiva independentista y unionista en nuestra América sigue en marcha, el imperialismo lo sabe y se desespera, las oligarquías nativas quedan cada vez más desenmascaradas y los pueblos van tomando conciencia de dónde está el enemigo principal, como también dónde están sus aliados y amigos.

Se impone, por lo tanto, una mayor coordinación de las fuerzas revolucionarias y patrióticas del continente. La unidad en torno a las banderas de la independencia y la integración es prioritaria.

Caracas, 19 de octubre de 2019


Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

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