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martes, 11 de agosto de 2020

El virus SARS-CoV-2 acechando… nuestro sistema inmunológico defendiéndonos!

 

Por: Jorge Arostegui (epidemiólogo)

Managua 11 de agosto de 2020.

Tener idea de estos procesos importa mucho en este tiempo que todos queremos saber que tanto funcionan las medidas adoptadas para prevenir el contagio por el virus, o que tanto estamos preparados para ganar la batalla en caso que falle esa protección, y el virus logre entrar a nuestro cuerpo.

Para iniciar, reproducimos resultados de algunos estudios (no concluyentes, como todo en esta pandemia) y tesis generadas desde la comunidad científica en los últimos meses, que tienen como telón de fondo ese patrón de lucha entre el SARS-CoV-2 y nuestras defensas:

El Instituto de Inmunología LA JOYA en California, señalo en mayo 2020 que antes de la pandemia, "entre el 40% y el 60% de las personas ya eran resistentes al SARS-CoV-2", debido a  episodios anteriores de gripe ocasionados por la memoria de virus parecidos (a nivel de células T) (1,2). Un estudio de Singapur ratificó  el hallazgo y señala que la inmunidad resultante podría durar hasta 17 años (3,4). El 4 de agosto, la revista Science publica que entre 20% y 50% de las personas podrían ser portadoras de las células T de los coronavirus del resfriado común (5). Esta inmunidad cruzada disminuye la magnitud de la infección o modula el curso de la enfermedad, lo cual explica la gran cantidad de asintomáticos o enfermos leves por COVID19.

2.  Un estudio en Alemania que analizo los niveles de anticuerpos en pacientes recuperados con COVID19, encontró que habían perdido sus anticuerpos después de dos o tres meses (6); otros estudios sugieren que la inmunidad podría durar hasta 12 meses. Un estudio del hospital universitario de ZURICH en Suiza, señaló en junio 2020 que "de cada 10 personas que se infectan con el virus SARS-CoV-2, sólo dos son detectadas por las pruebas serológicas".

3.  El estudio ENE COVID19 en España, señaló en mayo 2020 que había unos dos millones de españoles con anticuerpos frente al SARS-CoV-2(7) y 250,000 habían sido reportados oficialmente (12%) Mientras, el instituto PASTEUR en Francia señaló ese mismo mes que unos 6.5 millones de franceses tenían anticuerpos SARS-CoV-2 (8) y solo 140,000 habían sido declarados oficialmente (2%). En  Ginebra se determinó para Junio que por cada caso confirmado de COVID19 en las redes sanitarias había unos doce casos reales (9)

4.  Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) sugieren que por cada caso de infección documentada en Estados Unidos, hay en promedio 10 casos no registrados. Además, estiman una tasa de Mortalidad por infección por COVID19 (TMI) de 0.05% en menores de 50 años (un fallecido por cada 2,000 infectados) y 1.3% en mayores de 65 años (10).  Por otra parte, el 3 de agosto 2020, la OMS declaró que, "tomando en cuenta los casos de infección no registrados, los nuevos estudios sitúan la tasa de mortalidad por coronavirus en 0.6%" (11).

La DINAMICA INFECCIOSA

Detrás de esas evidencias esta la interacción entre el virus y las personas, una infinita complejidad que en esta ocasión socializamos de manera sucinta y simplificada, con el ánimo que ese conocimiento nos ayude a administrar mejor nuestra exposición al riesgo de contagio y complicaciones por el COVID19.

Como algunos ya sabemos, hay dos tipos de respuesta inmunitaria frente al SARS-CoV-2 o cualquier otro agente que pudiese resultar dañino para nuestro organismo: respuesta innata (inespecífica y ágil) y respuesta adaptativa o adquirido (lenta y especifica); ambas interrelacionadas.

Respuesta inmunitaria innata

El sistema innato es  nuestra primera línea de defensa, capaz de detectar rápidamente muchos agentes infecciosos desde el momento que ingresan al cuerpo. Nos acompaña desde que nacemos. Se trata de un conjunto de barreras físicas y químicas que, en el caso del nuevo coronavirus, lo pueden bloquear desde las mucosas respiratorias y le impiden que infecte a las células para convertirlas en fábricas de replicación. Eso explica algunos signos y síntomas en nuestras mucosas. Ejemplo de esas barreras son el reflejo de la tos, las mucosidades y las lágrimas con sus enzimas.

Un segundo momento de esa respuesta innata es cuando el virus penetra a las células para infectarlas. En ese  momento se activa una respuesta inespecífica que no depende de ninguna memoria inmunológica, pero que da la batalla para contener la infección o eliminarla a través de una reacción inflamatoria y otros mecanismos que explican algunos síntomas como la fiebre, por ejemplo.

Respuesta inmunitaria adaptativa

  Si el nuevo coronavirus logra traspasar las barreras de la inmunidad innata, entra en juego el sistema adaptativo para atacar y destruir al invasor. El arsenal clave para esta respuesta son las células T y B de memoria de larga duración.  En el caso del COVID19, los orígenes naturales de estas respuestas inmunitarias son: i. la infección previa por otros coronavirus diferentes al SARS-CoV-2 y ii. La infección por el mismo SARS-CoV-2.

Respuesta inmunitaria ante infección previa por otros coronavirus (células T)

Recientes hallazgos respaldan la tesis que, al ingresar el nuevo coronavirus a las células, se pueden desplegar las defensas a partir de episodios anteriores de gripe ocasionados por otros coronavirus parecidos en su composición genética al SARS-CoV-2 (inmunidad cruzada) y explica los síntomas propios de "la batalla" en personas enfermas. La respuesta es robusta e “intuitiva“ y determina un grado de resistencia frente al SARS-CoV-2 que puede durar muchos años (3,4).

Respuesta inmunitaria por infección reciente por el SARS-Cov-2. (Células B – Anticuerpos)

La infección por el mismo nuevo coronavirus  hace que se desarrollen anticuerpos específicos para neutralizar al virus, a partir de las células B. Estos anticuerpos pueden ser detectados por la prueba serológica, entre una a tres semanas después que la infección desaparece. Sin embargo, hay todavía mucha incertidumbre acerca de este patrón de inmunidad. Según los CDC, no se sabe si esos anticuerpos previenen la reinfección, y si lo hacen, por cuanto tiempo (10).

  Por otro lado, ser “negativo” a la prueba serológica no significa necesariamente “tener bajas las defensas” frente al COVID19, debido tanto a la respuesta innata como a la inmunidad derivada de las células T. De tal manera que la protección inmunológica frente al COVID19, sea individual o colectiva, no tiene que ver necesariamente con la detección de anticuerpos en las pruebas serológicas.

Qué hacer

Hay aún mucho camino por recorrer para desentrañar el funcionamiento de la inmunidad frente al SARS-CoV-2, lo que conlleva incertidumbre sobre la aplicabilidad de algunas de las medidas anunciadas, entre ellas el tema de las vacunas. Frente a ese panorama, la mejor apuesta sigue siendo, además de la aplicación correcta de las medidas de protección, mantener controlada nuestra diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, sobrepeso, amenazas subyacentes que se sabe plenamente aumentan el riesgo de contagio y gravedad por COVID19 (12, 13), pero además podrían anular la eficacia de cualquier vacuna  (14).

El común denominador de todas esas enfermedades es el consumo excesivo de azucares, comida chatarra y alimentos procesados, la falta de actividad física, el mal dormir, el estrés, el fumado, el consumo excesivo de licor y la deficiencia de vitamina D. A propósito de esa última medida tan poco promocionada, múltiples evidencias aportan a RECIBIR SOL (vitamina D) como la intervención más sencilla, económica y quizás la más beneficiosa para minimizar el riesgo de contagio por COVID19 y sus complicaciones, pero además para enfrentar cualquier enfermedad infecciosa en los próximos meses (15, 16, 17).

La intención de la presente nota es contribuir al conocimiento básico sobre este complejo tema, como apoyo para relativizar nuestros temores y expectativas frente al COVID19.

  Referencias

1.  https://off-guardian.org/2020/06/12/study-80-of-people-naturally-resistant-to-coronavirus/

2.  https://www.lji.org/news-events/news/post/lji-scientists-identify-potential-targets-for-immune-responses-to-novel-coronavirus/

3.  https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=96426

4.  https://www.sciencetimes.com/articles/26038/20200612/common-cold-give-covid-19-immunity-lasting-up-17-years.htm

5.  https://science.sciencemag.org/content/early/2020/08/04/science.abd3871}

6.  https://www.dw.com/es/estudio-de-heinsberg-cu%C3%A1l-es-la-cifra-real-de-contagios-ocultos-con-coronavirus-en-alemania/a-53331374

7.  https://www.mscbs.gob.es/ciudadanos/ene-covid/docs/ESTUDIO_ENE-COVID19_SEGUNDA_RONDA_INFORME_PRELIMINAR.pdf

8.  https://www.naiz.eus/es/actualidad/noticia/20200421/un-estudio-del-instituto-pasteur-marca-en-el-5-el-contagio-de-la-poblacion-en-el-estado-frances

9.  https://www.dw.com/es/m%C3%A1s-del-10-de-poblaci%C3%B3n-de-ginebra-se-contagi%C3%B3-de-covid-19/a-53781136

10.  https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/hcp/duration-isolation.html?fbclid=IwAR3CyF1TtaFtkiKRArrHTeFDN0eInOHbA9SjPF6nGP5LUEcbNtvGtP0RYpAhttps://espanol.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/testing/serology-overview.html

11.  https://www.who.int/es

12.  https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32674071/

13.  https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp2021264

14.  https://khn.org/news/americas-obesity-epidemic-threatens-effectiveness-of-any-covid-vaccine/

15.  https://www.researchsquare.com/article/rs-21211/v1

16.  https://emerginnova.com/patterns-of-covid19-mortality-and-vitamin-d-an-indonesian-study/

17.  http://orthomolecular.activehosted.com/index.php?action=social&chash=b73ce398c39f506af761d2277d853a92.164&s=b5a4d78a62acf8d7d34cf4c3d0c1905f

lunes, 13 de julio de 2020

Cómo salir bien de la covid-19 en caso de que falle la protección del contagio



Jorge Arostegui (epidemiólogo)

Managua, 12 de julio 2020



Algo puede fallar

En nuestra prevención del contagio por el virus del COVID19, no estamos exentos de un mal lavado de manos o un mal uso de la mascarilla (aunque esta sea la apropiada); tampoco podemos obviar la posibilidad de no guardar el distanciamiento por algo ajeno a nosotros mismos; y para colmo, nuevas evidencias apuntan a la propagación del virus a través de pequeñas partículas suspendidas en el aire. Cualquier cosa puede pasar y todo nuestro plan para evitar el contagio podemos sentir que se nos derrumba.

Es mejor estar preparados con tiempo

Con los primeros síntomas nos preguntamos: ¿estamos preparados para la batalla? Si nos sentimos preparados es el mejor escenario, y solo resta continuar con el reforzamiento interno. Si intuimos que no estamos suficientemente preparados, tampoco significa que tengamos que angustiarnos. Confiando en la capacidad de autorregulación y sanación de nuestro cuerpo y ayudándonos un poco, seguro la ganamos. En ambos casos es crucial comenzar con el manejo del cuadro clínico lo más pronto posible.

Al momento de infectarnos pasa la lucha a un siguiente plano y nuestro organismo comienza a “rendir cuentas” sobre su capacidad acumulada (metabólica e inmunológica) para contrarrestar la reproducción del virus en nuestro cuerpo y salirle al paso al proceso inflamatorio que conduce a las complicaciones. El dilema es que esas capacidades no se pueden “fabricar” hasta ese momento; es necesario nutrirlas desde ya, de tal manera que nos mantengamos listos, con mayor razón si se padece alguna enfermedad crónica subyacente (hipertensión, diabetes, obesidad u otras crónicas). ¿Cómo hacerlo?

Lo que no nos conviene

La respuesta está en mantener controladas las enfermedades subyacentes (en caso de padecerlas) y salirle al paso a factores de riesgo que nos pueden complicar el cuadro y que tienen que ver con el sobrepeso y los alimentos procesados y cargados de azucares y químicos (las personas con enfermedad crónica deberían disminuir las gaseosas, el pan blanco, las pastas, los aceites vegetales y las chiverías). Tambien tiene que ver con falta de vitamina D (poco sol), pocas horas de sueño, poca actividad física, deshidratación, fumado, alcohol y estrés. A propósito de esto último, el miedo y la incertidumbre que han transcurrido de la mano con esta pandemia, pueden ser nuestros principales enemigos al momento de enfrentar el virus. Por eso debemos cuidarnos tanto de las informaciones “no necesarias” como de aquellas no comprobadas o fuera de contexto, o aquellas que conllevan intencionalidades diferentes a los propósitos sanitarios, pues no contribuyen con nuestro buen pronóstico frente al COVID19.

Lo que nos conviene

Es crucial incorporar medidas relajantes acorde a nuestros gustos: hacer patio o jardín, escuchar nuestra música favorita, hacer danza, ver series de televisión divertidas o temas que nos gusten, practicar deporte, etc. que faciliten la recuperación de nuestro entorno afectivo y socialización, junto con la alimentación saludable y el habito de tomar mucha agua, además de los baños de sol, dormir suficientes horas, realizar actividad física, escuchar música relajante, no ver noticias amarillas y sobre todo tener confianza en nuestra sanación. Nada de esto cuesta dinero y el resultado será que ayudaremos a nuestro cuerpo a vencer el virus y salir airosos de la enfermedad.

A pesar de los malos augurios, los hechos apuntan a la pronta superación de la pandemia; sin embargo, nuevos desafíos sanitarios pueden avecinarse y nuestra preparación metabólica e inmunológica desde ya es el mejor escenario para enfrentarlos. No hay tiempo que perder.

sábado, 4 de julio de 2020

Nuevo hallazgo y sus implicaciones: El resfriado común y la protección contra el nuevo coronavirus





Por Jorge Arostegui (epidemiólogo)

Managua, 3 de julio de 2020

Evidencias obtenidas de expertos en los últimos tres meses, están motivando un replanteamiento de las creencias sobre la susceptibilidad o resistencia de las personas al nuevo coronavirus (el virus que transmite la enfermedad COVID19), incluyendo el significado de los antecedentes gripales, el umbral de la inmunidad colectiva, las limitaciones en el manejo de las tasas (infección, letalidad) y hasta la pertinencia de las vacunas. Solamente permanece incólume la evidencia de mayor riesgo en las personas con enfermedades crónicas como la obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, principalmente si son adultos mayores.

El presente escrito intenta sistematizar algunos hallazgos de investigaciones recientes sobre la respuesta inmunitaria frente a la infección por el nuevo coronavirus y sus posibles implicaciones. Como son conocimientos nuevos y en construcción, está por determinarse su aplicabilidad global y particularmente en nuestro país. Los hechos son los siguientes:

Antes de la pandemia, alrededor de la mitad de las personas ya eran resistentes al SARS-Cov-2

Contrario a lo que se pensaba, una publicación del Instituto La Jolla, en California (mayo 2020), estima que entre el 40% y el 60% de las personas ya eran resistentes al SARS-CoV-2 debido al antecedente de infección por otros virus parecidos que habían provocado episodios de gripe. ¿Qué ocurre? Al contagiarnos con el SARS-CoV-2, si este logra vencer las barreras de la primera línea de defensa de nuestro organismo (llamada inmunidad innata), unas células especiales del arsenal inmunológico (llamadas células T) reconocen en el nuevo coronavirus la secuencia genética del "enemigo que lo invadió hace un tiempo", reaccionan y atacan al invasor. Esta respuesta llamada inmunidad cruzada, disminuye la magnitud de la infección o modula el curso de la enfermedad, lo cual explica la gran cantidad de asintomáticos o enfermos leves por COVID19. Una implicación de este hallazgo es que, si la mayoría de las personas ya son resistentes al COVID19 por exposición anterior a otros virus similares, alcanzar el umbral de inmunidad colectiva no estaría tan lejos, lo cual cuestionaría la necesidad de la vacunación masiva. Otro estudio realizado en Singapur, señala que la inmunidad generada por esta respuesta inmunitaria, podría ser hasta de 17 años.

De cada diez infectados por el SARS-CoV-2, unos ocho no producen anticuerpos

Un nuevo estudio del Hospital Universitario de Zúrich, Suiza (junio 2020), revela que las pruebas serológicas detectan a sólo la quinta parte de infectados (generalmente los más sintomáticos). De ahí que las tasas de infección obtenidas a través de anticuerpos (IgG) podrían ser cinco veces superior a las estimadas en la actualidad, dato importante para valorar la pertinencia de encuestas serológicas. La validación de esta información con otros estudios plantearía la necesidad de reformular las tasas de infección y mortalidad por el SARS-CoV-2. En marzo 2020 la OMS declaró una tasa de mortalidad global del 3.4%. La nueva “mejor estimación” de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos (CDC) es del 0.4%; 0.05% en menores de 50 años y 1.3% en mayores de 65 años (el indicador se refiere al número de fallecidos con relación a los infectados confirmados). Cuantos más datos se reúnen resulta más obvio que las estimaciones de las tasas de mortalidad han sido sobre dimensionadas, pues los infectados confirmados son mucho menor que la población infectada real.

Al inicio de la pandemia, la población susceptible esperada y la tasa de infección estimada fueron parámetros para la construcción de modelos de mortalidad en escenarios con ausencia de medidas de mitigación y basados en un supuesto crecimiento exponencial continuo. Según estos nuevos hallazgos, nunca la población susceptible ni la tasa de infección fueron como se esperaba. Además, los datos estadísticos del comportamiento de la pandemia, cuando se contrastan según niveles de exposición a las medidas adoptadas por los países, revelan un patrón matemático que se mantiene constante, independientemente de las intervenciones implementadas. La inmunidad previa, desconocida hasta hace pocos meses, ha desempeñado un papel clave en este comportamiento. Con tantas imprecisiones en los valores de los parámetros de referencia, la manera más prudente de estimar la mortalidad por el COVID19 es a través de mediciones indirectas y del monitoreo del exceso de mortalidad.

El enfoque más racional

Tomando en cuenta que estos nuevos conocimientos aún son incipientes y más allá de las dudas e incertidumbres, lo único certero por ahora es que en Nicaragua y en el mundo el virus se ensaña con las personas que padecen alguna enfermedad subyacente, principalmente si son adultos mayores. La condición de vulnerabilidad ubica a este grupo en el centro de la prevención, demandando esfuerzos especiales en tres vías: i. Evitando la infección a través de las medidas de protección ya asumidas (lavado correcto de manos, distanciamiento físico, uso adecuado de mascarillas), ii. Controlando sus enfermedades subyacentes y iii. Fortaleciendo su equilibrio interno y sus capacidades de defensa mediante alimentación sana, actividad física, sueño reparador, hidratación, exposición al sol, vínculos humanos, tranquilidad y optimismo, haciendo eco al comentario de un colega sobre la capacidad de nuestro sistema inmunológico, al señalar que "... en caso de enfermarnos, es ahí donde se librará la batalla decisiva".

Nunca es suficiente un solo estudio y siempre son necesarias más evidencias, tal es el caso de los resultados que arrojó el Instituto Inmunológico de California y otras investigaciones en Alemania, Suiza, Singapur, que han aportado a este nuevo conocimiento y sirvieron de base para las presentes notas.

Las referencias se muestran a continuación:

https://off-guardian.org/2020/06/12/study-80-of-people-naturally-resistant-to-coronavirus/

https://off-guardian.org/2020/05/23/coronavirus-fact-check-5-infection-fatality-ratio-update/

https://reason.com/2020/05/24/the-cdcs-new-best-estimate-implies-a-covid-19-infection-fatality-rate-below-0-3/

https://www.researchsquare.com Inmunology. Virology. SARS-CoV-2 T-cell epitopes define heterologous and COVID-19-induced T-cell recognition (preprint).

https://www.khanacademy.org/test-prep/mcat/organ-systems/the-immune-system/a/adaptive-immunity

https://www.cell.com/cell/fulltext/S0092-8674(20)30610-3#.XtUNRAVlzFA.twitter

https://www.sciencemag.org/news/2020/05/t-cells-found-covid-19-patients-bode-well-long-term-immunity

https://www.sciencetimes.com/articles/26038/20200612/common-cold-give-covid-19-immunity-lasting-up-17-years.htm

jueves, 2 de julio de 2020

Nicaragua: La educación avanza en medio de la Covid

En este episodio hablamos acerca del sistema educativo en Nicaragua en tiempos de la covid-19: ¿Qué retos significa la covid-19 para el sistema educativo en Nicaragua? ¿En qué sentido frena los planes educativos que ya se tenían y en qué sentido puede ser compatible con ellos? Estas y otras preguntas abordamos con el profesor Miguel de Castilla Urbina, Secretario permanente de la Comisión Nacional de la UESCO y uno de los principales expertos sobre el tema en el país. Además, hablamos sobre el desarrollo de la pandemia en Nicaragua y el mundo con el epidemiólogo Jorge Arostegui.

viernes, 12 de junio de 2020

Covid-19: Una mirada detrás de las cifras



Jorge Arostegui – Epidemiólogo
Managua, 11 de junio de 2020
Construir responsabilidad preventiva frente a la COVID19 y prevenir situaciones de estrés y ansiedad, considero que es lo más importante para quienes abonan propósitos constructivos desde la información que brindan a la población. Sin embargo, es bastante obvio (y hasta cierto punto comprensible), una amplia circulación de suposiciones, proyecciones y datos poco consistentes, que sumados a la falta de explicación de los alcances de la información oficial, contribuyen más a la especulación y la zozobra que a la actitud preventiva.
Lo anterior me ha motivado a reflexionar y expresar mis puntos de vista acerca de la pertinencia de los datos que se publican, ya sea desde la autoridad sanitaria o de otras fuentes, sus límites y posibilidades, inspirado por el deseo que la comunicación se realice con más cuidado, sin provocar parálisis ni estados emocionales que repercutan en las capacidades de defensa frente al virus.
Límites y sesgos de información
El primer hecho a señalar es que de manera global, incluyendo a nuestro país obviamente, la contabilización rutinaria de los datos de personas enfermas y fallecidas por la COVID19 se basa en cifras de personas sintomáticas con acceso a las pruebas diagnósticas. Tales cifras no incluyen a las personas infectadas que no se habían realizado la prueba, ya sea por falta de disponibilidad en ese momento, por la aplicación de normativas de protocolo para su realización o porque las personas infectadas no percibieron síntomas o estos fueron leves (unos ocho de cada 10 infectados), o incluso, casos graves atendidos en su domicilio que tampoco tuvieron acceso a la prueba por diversas razones. En algunas publicaciones, se ha estimado que las personas no contabilizadas en esas cifras podrían ser más del 80% del total de afectadas. En respuesta al señalamiento anterior, desde hace varias semanas, algunos países han incorporado a su monitoreo rutinario la búsqueda activa de anticuerpos en la población (Nueva Zelandia, Alemania, Argentina entre otras), lo cual modifica la cifras anunciadas, pero el sesgo persiste.
De acuerdo a la información oficial, en Nicaragua hasta el 9 de junio, se habían atendidos 1,354 pacientes desde el inicio de la pandemia, de los cuales habían fallecido 55, se habían recuperado 953 y continuaban en seguimiento 346. Si las cifras anteriores están basadas en el acceso de sintomáticos a la prueba diagnóstica, asumimos que esos datos solo se refieren a esa parte de la población infectada, que por su misma condición mórbida y de acceso, es una población diferente a la población de donde proviene.
Otro problema de representatividad de las cifras es la carencia de datos poblacionales, lo cual limita la comprensión de la dinámica comunitaria de la infección. Más allá de la prueba de laboratorio para detectar infección al momento de la toma de la muestra, existe otra prueba que busca anticuerpos para saber si esa persona fue infectada con el virus en el pasado. En encuestas de comunidades o grupos de población, esta prueba proporciona evidencias para orientar estrategias de mitigación, al permitir conocer de manera estratificada la proporción de personas de esa comunidad que han sido infectadas por el virus y saber cómo se podría estar propagando en otras comunidades con poblaciones similares.
A manera de ejemplo, los primeros datos de un estudio en España llamado ENE-COVID-19, revelan para mediados de mayo un 5% de personas con anticuerpos (unos dos millones de españoles), o sea que ya tenían un nivel de inmunidad. Paralelamente, se habían reportado unos 250,000 casos (12% del total de infectados poblacionales). En Francia, los informes obtenidos del Instituto Pasteur indican para esa misma fecha un nivel de inmunidad colectiva del 10% de la población (unos 6.5 millones de franceses) y se habían reportado unos 140,000 casos (2% del total de infectados poblacionales). Un primer estudio de anticuerpos para el SARS-CoV-2 en el Condado de Santa Clara, California (Abril 2019) encontró una tasa de infección menor del 2% en la población general y unas 50 veces superior a las cifras notificadas oficialmente.
Diferentes países (Estados Unidos, México, República Dominicana entre otros) están en proceso de diseño y ejecución de las encuestas de seroprevalencia para detectar anticuerpos e identificar a las personas que ya han desarrollado un nivel de inmunidad al COVID19, aun y con las limitaciones de conocimiento acerca de la inmunidad adquirida por el proceso infeccioso. La Organización Mundial de la Salud por su parte también está liderando un proyecto global que incluye encuestas de seroprevalencia. Es notorio como las evidencias del bajo nivel de inmunidad colectiva o exposición han acarreado incertidumbre en las autoridades sanitarias de esos países, ante la eventualidad de nuevas olas de infección, una vez que hayan cesado los confinamientos.
En Nicaragua, obviamente aun no conocemos la proporción de personas infectadas e inmunes por el virus, hasta que no se realicen encuestas de seroprevalencia que nos permitan conocer el escenario real que ocupa la pandemia en nuestro país. Por lo general, los anticuerpos pueden detectarse de una a tres semanas después de ocurrida la infección, hayan o no percibido síntomas, lo cual es importante para decidir el momento oportuno para realizar dichas encuestas, en correspondencia a la estabilización de la curva epidémica. Debemos recordar que el virus de la COVID19 afecta a muchas personas que no perciben sus síntomas o los perciben de manera leve, pero en ambos casos con un alto poder infeccioso debido a su transmisión exponencial. Lo anterior hace que por muy actualizado que este el dato, siempre se estará atrás de la cifra real de infectados. Así ha funcionado globalmente la capacidad de transmisión del virus.
De tal manera que la comunicación de datos de la pandemia, más allá de cifras y proyecciones matemáticas, considero que debe poner en perspectiva indicadores que sean útiles para la gerencia, comparables en el tiempo y si es posible se basen en datos poblacionales.
Monitoreo de la mortalidad
El monitoreo de las defunciones hospitalarias de pacientes infectados por el virus, creo que es pertinente porque es un valor relativo comparable en el tiempo, no así el monitoreo rutinario de la mortalidad por la COVID19 fuera del ámbito hospitalario, por las imprecisiones que acarrea su diagnóstico inmediato. Pero además, es de suponer la inversión de tiempo y recursos que demandaría la intención de incluir en las cifras todas las muertes que ocurran en los hogares y comunidades, convirtiéndose en un esfuerzo poco factible y un dato escasamente utilizable.
Tal como expresamos anteriormente, las cifras oficiales de mortalidad por la COVID19 solo contabilizan personas sometidas a una prueba diagnóstica y no incluyen a personas fallecidas en su domicilio o que no fueron sometidas a la prueba, y por tanto no aparecen en la estadística oficial. Una manera de contabilizar esas personas, es mediante la estimación del indicador de exceso de mortalidad, el cual nos permita estimar el número de personas fallecidas por la COVID19.
En Nicaragua, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), fallecieron 23,738 personas en el 2017, 23,826 (2018) y 23,535 (2019), lo cual representa un promedio anual de 23,700 personas, unas 2,000 mensuales. En un periodo dado de la pandemia en Nicaragua, la diferencia entre el número de muertes esperadas consideradas “normales” y las muertes que ocurran durante ese mismo periodo del 2020, permitirá estimar las muertes adicionales que puedan ser atribuidas a la COVID19, independientemente si habían sido confirmadas por el laboratorio y de la causa escrita en el certificado de defunción; con la limitante que el indicador solo podrá estar disponible hasta que estén actualizados los datos de los registros civiles.
Por otra parte, indicadores hospitalarios de mortalidad proporcional pueden darnos a lo inmediato información sobre el peso relativo de las defunciones asociadas a la COVID19, con relación a otras causas de mortalidad, lo cual es útil para la gerencia de la epidemia a lo interno de los hospitales.
Monitoreo de la morbilidad
Ante la falta de conocimiento de la dinámica comunitaria de la COVID19 y tomando en cuenta los sesgos antes señalados, el monitoreo de los “casos” de la COVID19 sigue siendo útil en la medida que su representatividad y el ámbito de su realización sean comparables a través del tiempo. Fuera de ese ámbito, las cifras reflejarán más que todo el alcance administrativo de la prueba (mientras más busquemos, más vamos a encontrar).
Sin embargo y mas allá del ámbito institucional, es estratégico el monitoreo comunitario que desde su propio conocimiento realice la ciudadanía organizada en su barrio, como insumo para administrar su propio riesgo y las medidas de mitigación y autocuidado que consideren necesarias.
A manera de resumen
  • Las cifras de personas reportadas como enfermas o fallecidas por la COVID19, tanto en Nicaragua como en los demás países, se han basado en personas con síntomas que se realizaron la prueba diagnóstica, y no nos reflejan la cifra real de personas infectadas y fallecidas.
  • En Nicaragua fallecen “normalmente” en promedio, unas 23,700 personas al año, unas 2,000 mensuales. Es de esperarse que en estos meses de pandemia, el excedente de muertes que de manera usual ocurren, sean atribuibles a la COVID19.
  • Hasta que no se realicen las encuestas de seroprevalencia para buscar anticuerpos en la población general, no podremos saber la cantidad de personas que han sido infectadas con el virus, y por ende el nivel de inmunidad colectiva. Los resultados de las encuestas realizadas en otros países revelan niveles de inmunidad colectiva igual o inferiores al 10% de su población.
  • Los sesgos de información mencionados precisan del conocimiento público sobre la manera como se operacionalizan los indicadores que se monitorean rutinariamente.
  • El monitoreo de la epidemia desde las comunidades da sentido a la evaluación y la promoción de medidas a partir de la experiencia local, y es el terreno propicio para cuidar a las personas más vulnerables, como centro estratégico de la atención para evitar las muertes por COVID19.
Creo que lo esencial para enfrentar con éxito la pandemia continúa siendo la dinámica y capacidad de respuesta de las familias y las comunidades en el cuido, auto cuido, la prevención y la atención esmerada a las personas en riesgo, en correspondencia al Modelo de Salud Familiar y Comunitaria.
  1. El auto cuido y cuido especial-selectivo de las personas más vulnerables a las complicaciones, principalmente quienes tienen sobrepeso, diabetes e hipertensión. Lo anterior significa:
  1. Identificación de esas personas y monitoreo y control permanente de sus enfermedades de base (medicación necesaria, toma de presión arterial, niveles de glicemia, etc),
  1. Mantener hábitos que ayuden a evitar que la inmunidad natural se vea comprometida (ejemplo, alimentación sana, sueño reparador, recibir sol, hacer ejercicio, mantenerse hidratado y sobre todo evitar y aprender a manejar situaciones de estrés).
    A propósito del cuido a los adultos mayores, quiero expresar un comentario que un estimado amigo realizó en mi escrito anterior: “El mensaje para proteger a los adultos mayores debe ir directo a ellos, que deben asumir su cuidado y no estar a expensas que los cuiden…”
  1. La captación temprana (primeros dos días) y el tratamiento oportuno de casos desde el hogar y la comunidad, incluyendo alternativas naturales socialmente aceptadas y avaladas por la sabiduría ancestral y guardando especial atención a los signos y síntomas de alarma que ameriten la búsqueda de atención inmediata en las unidades de salud.
  1. La persistencia de medidas de mitigación ya ampliamente conocidas: lavado correcto de manos, uso apropiado de mascarillas, evitar conversaciones a poca distancia (distanciamiento social), evitar aglomeraciones innecesarias y minimizar el tiempo en espacios cerrados. Todo aplica con mayor énfasis cuando se trate de personas en alto riesgo. A lo anterior se suma el rastreo y cuarentena de contactos de personas enfermas o de infectados que fueron captados precozmente.
  1. El monitoreo y control comunitario, principalmente el seguimiento de las personas que viven en el barrio y tienen mayor riesgo de complicación porque tienen otras enfermedades de base, principalmente obesidad, diabetes e hipertensión, o cualquier otra condición que pudiese comprometer el sistema inmunológico.
Estas medidas tienen significados diferentes según los perfiles sociales de la población. No es lo mismo la interpretación y práctica de la cuarentena o el aislamiento social en Residenciales que en barrios populares o asentamientos. Solo desde su propia realidad y con sus propias capacidades y experiencias podrá la comunidad interpretar y desarrollar sus medidas, dado que es en sus localidades donde el potencial impacto de la prevención realmente se pone a prueba.
En nuestro próximo tema vamos a comentar desde una revisión ampliada, las opciones del manejo ABC de la COVID19 que parezcan más plausibles, en función de la captación temprana y el manejo oportuno desde los hogares; válido para jóvenes sin comorbilidades que desarrollen la enfermedad y para personas con factores de riesgo que las conviertan en el centro de la atención preventiva.

jueves, 11 de junio de 2020

PODCAST: De pospandemias, inmunidades y "golpes blandos"

En este episodio, el número 22 de "DE MANAGUA CON AMOR", les traemos la intervención del Comandante Daniel Ortega en la conferencia virtual del ALBA-TCP del 11 de junio sobre la economía post-pandemia de la Covid-19. También hablamos en detalle con el epidemiólogo Jorge Arostegui sobre la inmunidad colectiva y desde Miami, con el compañero Camilo Mejía sobre el "golpe suave" en curso contra Donald Trump en los Estados Unidos.


Música utilizada en este episodio:

Carlos F. Baltodano, "Nicaragua de mi amor"
Grupo Nikas, "Adelante Comandante"
Galo Espinoza (Cristal Andino), "Que viva mi Nicaragua" 

Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

    El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...