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sábado, 29 de octubre de 2022

(+VÍDEOS) Nicaragua: El 6 de noviembre el pueblo ratifica su democracia

Elecciones en Nicaragua hoy.

Por Jorge Capelán.

El próximo 6 de noviembre Nicaragua acude a las urnas por vigésima primera vez desde 1979. Nadie se molesta en contar las «elecciones» de Somoza porque todo el mundo sabe que fueron realizadas según el modelo de las tres «P»: PLATA para los amigos, PALO para los indecisos y PLOMO para los enemigos.

Por razones obvias, nadie tampoco se molesta en contar las «elecciones» organizadas por los marines yanquis, que hacían que contaban los votos y luego le daban el poder al pelele oligarca de turno.

La ocupación yanqui en Nicaragua.

Lo cierto es que la democracia en Nicaragua nació un 19 de julio de 1979, cuando el pueblo armado, insurreccionado y conducido por el Frente Sandinista, corrió del país tanto a Somoza como a los marines.

Cosa curiosa, en ese mismo momento los Estados Unidos y la oligarquía empezaron a decir que la democracia en Nicaragua estaba en peligro, pero la realidad es muy distinta: Hoy se puede decir que la democracia está asentada, no solo por las elecciones, sino por toda la manera como se diseñan los planes de Gobierno y las políticas públicas. Un dato no menor es que, por primera vez en la historia, se ha decidido que las mujeres deban tener al menos la mitad de las candidaturas y los puestos a todos los niveles.

¿Cómo Nicaragua logró reducir su brecha de género?

Esta será la sexta vez que se celebren elecciones exclusivamente municipales, porque en 1990 y 1996 las autoridades municipales fueron electas al mismo tiempo que las nacionales.

Además, esta será la cuarta vez que se realicen elecciones municipales desde que el Frente Sandinista regresó al poder en el año 2007 para continuar lo que quedó interrumpido tras la derrota electoral de 1990. Si la oposición al sandinismo es débil, no es culpa del Frente Sandinista, sino de que históricamente esta ha sido dependiente de la intervención extranjera.

Otro dato a tener en cuenta es que estas serán las segundas elecciones libres de la sopa de siglas de las ONG «pro-democracia» financiadas por Estados Unidos y Europa, diseñadas para que la gente vote por el candidato correcto en la mayoría de los países del mundo.

La Nicaragua de 2022 es muy distinta a la Nicaragua que había antes del año 2007. No vamos aquí a dar más detalles, quien sienta curiosidad por la amarga noche neoliberal puede ver el excelente vídeo del amigo y compañero Marcio Vargas, «Los 16 años que nos robaron»:

“Los 16 años que nos robaron”

Por aquellos días, cuando gobernaban los que los Estados Unidos llaman «demócratas», las elecciones se convirtieron en una verdadera y siniestra farsa, tal y como lo demuestra el fraude de 1996, que ninguna ONG estadounidense o europea condenó:

El fraude de 1996.

En fin, el domingo 6 de noviembre no habrá sorpresas: Una mayoría enorme irá a votar por el modelo que ha escogido, lo que digan en Washington y Bruselas es totalmente irrelevante.

Sandinistas listos, en Juigalpa, (Chontales) y en todos
los municipios de Nicaragua.

lunes, 13 de diciembre de 2021

La dicha de representar el ALBA y no el ocaso neoliberal


 

Por Zonafrank

El mundo enfrenta graves desafíos que amenazan la supervivencia de la especie humana, temas que urge enfrentar de forma mancomunada y con sentido de protección a los más desfavorecidos.

Nada de esto parece interesar a las superpotencias, enfocadas en su lucha por el reparto del mundo y sus recursos naturales. Porque claro, “la democracia y los derechos humanos” del 1% deben ser defendidos a toda costa.

Por estos días, esa “democracia” ha dado muestras inequívocas de decadencia. Desde la Cumbre de la infamia de Joe Biden hasta la reunión del G7. Para que se entienda, hablamos de shows donde los ricos se visten de esmoquin y se ponen de acuerdo en cómo repartir sanciones y presiones –eso sí, democráticamente- a cualquier Estado que no siga sus designios.

Hay que tener muy poco a qué apelar para hacer una Cumbre “por la Democracia” y llevar de invitado especial a la antítesis de esa palabra, personalizada en el fraude llamado Juan Guaidó.

¿Qué soluciones a los problemas mundiales aportó el G7, por ejemplo? Amenazas de posibles sanciones de la Unión Europea (UE), Estados Unidos (EEUU) y el Reino Unido contra Rusia en relación con la situación en Ucrania, según el jefe de la diplomacia europea Josep Borrell y risibles declaraciones sobre la preocupación por las “políticas económicas coercitivas” de China. Esto último en particular es la meca del doble rasero. Al parecer el G7 no se ha enterado de que Cuba (por citar un solo ejemplo) lleva más de 60 años bajo el bloqueo económico, comercial y financiero de EEUU, no pocas veces secundado por los propios miembros del G7.

Por suerte, al Sur de tanta ignominia, hay pueblos decididos a luchar por un mejor futuro para todos. Muestra de ello es el esfuerzo integrador en ese legado chavista y fidelista conocido como Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP). Frente a las amenazas a la paz regional por la exacerbación de la aplicación de la Doctrina Monroe y las peores prácticas del Macartismo, el ALBA defiende una América Latina y Caribe como Zona de Paz y renueva su compromiso con la solidaridad, la concertación política, la cooperación, la integración y la defensa de la unidad.

Durante el último año, el ALBA ha realizado importantes y valiosas reuniones con los sectores de salud, educación, agricultura, académico, comunicación e información, asuntos de la mujer e igualdad de género, cultura y turismo, con cada uno de los países miembros, en aras de lograr mayores resultados y avanzar de manera más cohesionada. No para crear un cerco político, económico, mediático o militar contra ningún Estado, ni para amenazar o chantajear; sino para entre todos poder enfrentar nuestras dificultades económicas y darles mejor vida a nuestros pueblos. Sutiles diferencias entre las reuniones del neoliberalismo mundial “democrático” y de las “dictaduras” populares del sur.

Desde su fundación, ALBA-TCP ha sido víctima de las más diversas campañas enemigas por parte de la derecha regional, pero los gobiernos miembros han sabido resistir y seguir unidos, conscientes del imperativo de continuar construyendo logros sociales en beneficio de los pueblos.

Ante las políticas coercitivas y de aislamiento del imperio estadounidense,  los mecanismos regionales deben jugar un rol protagónico para impulsar esas políticas públicas de impacto social. Las fuerzas progresistas trabajando de forma firme y unida tienen la oportunidad histórica de restablecer la paz, la estabilidad regional y la concertación política para impedir intromisiones externas.

Otra vez el bando de los que aman y fundan sigue su lucha emancipadora; emana luz de aurora para los desposeídos, los humildes. Del otro lado, los que odian y deshacen, siguen camino al ocaso, y a esa oscuridad nuestros pueblos han decidido no volver.

viernes, 24 de enero de 2020

Partido y Fuerzas Armadas son claves en la lucha Revolucionaria

Aproximación a un debate



Por Fernando Bossi Rojas

Ya es tiempo de ir sacando algunas enseñanzas sobre la experiencia vivida en las dos últimas décadas de gobiernos progresistas y revolucionarios en América Latina y el Caribe. Con avances y retrocesos, triunfos y derrotas, la ofensiva unionista e independentista –por lo tanto antineoliberal y antiimperialista– que comenzó apenas entrado el Siglo XXI no se ha agotado. Tal vez podemos afirmar que hubo en estos años una contraofensiva de las fuerzas imperialistas y oligárquicas, pero éstas no aparecen consolidadas ni mucho menos; por el contrario, respuestas populares de distinta magnitud se manifiestan en casi todos los países contra los gobiernos reaccionarios.

¿Qué caracteriza a los gobiernos revolucionarios que han resistido y resisten la embestida imperialista? ¿Cuáles son los elementos fundamentales que han permitido a esos gobiernos mantenerse en el poder y seguir avanzando en la senda de la justicia social y la plena soberanía? ¿Podemos encontrar puntos comunes a la hora de constatar los fundamentos del éxito de esa resistencia?

Dos elementos se vislumbran como comunes y esenciales cuando analizamos los gobiernos de Venezuela (20 años), Cuba (60 años) y Nicaragua (13 años), los tres gobiernos revolucionarios que han resistido estoicamente los feroces embates imperialistas: 1) la existencia de Fuerzas Armadas comprometidas profundamente con los procesos transformadores, y 2) la existencia de poderosos partidos revolucionarios con extraordinario poder de movilización, Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Partido Comunista de Cuba (PCC) y Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En los tres casos se han conformado FFAA cuyos hombres y mujeres proceden del seno del pueblo, imbuidas de doctrina patriótica antiimperialista (bolivariana en Venezuela, martiana en Cuba y sandinista en Nicaragua) y comprometidas con los procesos de transformación revolucionaria. Asimismo, cada uno de estos gobiernos ha contado con poderosos partidos revolucionarios cohesionados, fruto de la confluencia de fuerzas, de cuadros y masas, experimentados en la lucha y resistencia, con victoria concretas para vanagloriarse, con notoria disciplina organizativa e inmenso poder de movilización.

Estos dos elementos, sin duda alguna –y seguramente otros–, han pesado categóricamente en el blindaje a la soberanía de cada uno de estos países y han impedido el retorno al coloniaje.

Si repasamos los procesos de gobiernos progresistas de los últimos años en nuestra América, y cómo muchos de ellos fueron derrotados por las fuerzas reaccionarias –más allá de otras razones que sin duda hay que incluir en el análisis de cada caso en particular–, observamos que en todos faltó una política acertada con respecto a las FFAA, y también, un déficit llamativo en la presencia y acción de la organización revolucionaria que los sostenía.

No cabe duda que Manuel Zelaya no tuvo ni apoyo de los militares ni pudo, en ese momento, contar con un partido revolucionario que lo respaldara. Lo mismo ocurrió con Fernando Lugo en Paraguay.

En Brasil, tanto Lula como Dilma no presentaron una política efectiva para que las FFAA se involucren en el proyecto de liberación nacional, desaprovechando así trabajar con ciertas tendencias nacionalistas que históricamente existieron en su seno. Y el Partido de los Trabajadores (PT), la principal fuerza política del gobierno, de ser una organización nacida del núcleo duro del movimiento obrero, se institucionalizó de tal forma que fue perdiendo impulso revolucionario, poder de movilización y contacto directo con las bases (una autocrítica que el propio PT hizo luego del Golpe a Dilma).

En el caso de Argentina, tanto Néstor como Cristina, no intentaron sumar a los militares a su política de soberanía nacional y desarrollo económico, olvidando que el fundador del movimiento que representan, el peronismo, fue un hombre proveniente de las FFAA, el General Juan Domingo Perón. Asimismo, los Kirchner subestimaron la conformación de una fuerza política sólida que los respaldara, se desgastaron con el Partido Justicialista, armaron frentes electorales y también alguna organización más afín a sus directivas, pero en general no pudieron constituir un espacio organizativo de militancia que enfrentara con éxito los tremendos ataques de la reacción. La unidad alcanzada por el peronismo y sus aliados en las elecciones del año pasado fue la clave para el triunfo de la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández, pero la asignatura con respecto a FFAA y organización partidaria sigue pendiente.

El Ecuador de Rafael Correa tampoco tuvo una correcta política con sus FFAA. Tal vez el trauma de la traición de Lucio Gutiérrez no dejó ver con claridad que esos militares habían jugado un rol importante cuando acompañaron al movimiento indígena en las movilizaciones que habían derrocado a gobiernos neoliberales. Igualmente, el Movimiento País nunca se conformó como un sólido partido cohesionado y revolucionario, más bien fue un espacio meramente electoralista, disperso y con bases doctrinarias muy endebles. De allí que la traición de Lenin Moreno no fuera novedad para muchos.

Más reciente es el caso de Bolivia y el golpe de Estado contra Evo Morales y la Revolución Democrática y Cultural. En este país, si bien se había avanzado más que en otros de los ejemplos mencionados con respecto a las FFAA, se evidenció que la política implementada no fue suficiente y menos aún eficaz. La Escuela Antiimperialista de las FFAA “JJ Torres” evidentemente no funcionó o funcionó mal, no hubo seguimiento y menos aún un involucramiento de los militares al proceso de industrialización llevado a cabo por el gobierno. En síntesis: se verificó falta de política revolucionaria hacia los militares y fuerzas de seguridad. También, hay que señalar, la supeditación del partido, Movimiento al Socialismo (MAS), a los movimientos sociales, sin considerar que éstos, por su naturaleza, no alcanzan a tener una visión integral del proyecto nacional independentista y transformador y muchas veces su visión queda reducida a demandas meramente sectoriales. Esto minimizó la función estratégica del partido revolucionario y lo fue empujando, poco a poco, a convertirse  en un mero apéndice del gobierno, o a lo sumo, en un poderoso pero vulnerable aparato electoral. El análisis de lo sucedido en Bolivia es complejo y aún no está cerrado, pero no cabe dudas que ha presentado déficit significativo en las dos áreas que estamos considerando.

En El Salvador se perdió de la peor manera. Si bien se contaba con un partido revolucionario experimentado, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la división imperó de forma categórica, sumando a esto una nula política hacia los militares. En Uruguay el Frente Amplio se debilitó como fuerza política unitaria en la base, lo que no se pudo revertir al final de la campaña. También demostró una política poco efectiva con respecto a sus FFAA.

En estos dos últimos casos la socialdemocracia enquistada dentro de las fuerzas de izquierda se impuso contra la toma de políticas revolucionarias.

Guste o no guste quien detenta el poder de las armas sigue siendo un factor estratégico a considerar, y fundamentalmente en los momentos críticos, ya sea por acción u omisión. Sin una política correcta hacia las FFAA la composición del bloque revolucionario presenta debilidades de orden mayor, sin la existencia de un núcleo duro partidista, de un partido u organización templada en la militancia en el seno del pueblo la unidad popular se debilita y aparece el estigma de la división.

La revolución latinoamericana caribeña debe extraer enseñanzas de estos últimos 20 años. Es necesario revisarnos, discutir, criticarnos y autocriticarnos, entender que las FFAA deben ser parte sustancial del bloque histórico de fuerzas revolucionarias, que es necesario fortalecer los partidos y organizaciones políticas dispuestas a conducir la nueva gesta independentista, con programas, tácticas y estrategias de cara al pueblo, sin artilugios.

Con más luces que sombras, los procesos revolucionarios  de Venezuela, Cuba y Nicaragua son ejemplos que debemos observar detenidamente. Sin FFAA y partido u organización política revolucionaria, la nueva ofensiva unionista e independentista nuestramericana iniciada a principios del presente siglo, puede resquebrajarse; con militares patriotas y militantes nucleados en torno a la organización revolucionaria las posibilidades de alcanzar la liberación nacional y la justicia social serán siempre mayores.

Caracas, enero de 2020

Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

    El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...