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viernes, 31 de marzo de 2023

CREI: ¿Ocupación imperialista de China en América Latina?

Mucho se dice sobre la injerencia de China en América Latina, si es una ocupación imperialista como la estadounidense, o si, en cambio, la potencia asiática le está tirando una soga a la región. Análisis del Director del Centro Regional de Estudios Internacionales, Manuel Espinoza, Jorge Capelán, Bolívar Téllez, Juan Urbina y Lester Pilarte.

lunes, 27 de febrero de 2023

La creciente presencia militar de la OTAN en América Latina y el Caribe (I)

Imagen de Razones de Cuba

 

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein, Razones de Cuba.

En los tiempos que corren, se ha hecho usual hablar de la expansión de la OTAN “hacia el este de Europa”, lo cual siendo efectivo, es un concepto reduccionista. Lo cierto es que desde el fin del mundo bipolar, Estados Unidos, sintiéndose dueño del mundo, ha usado a la OTAN para expandirse por todo el planeta. Pruebas de ello son la firma del Tratado AUKUS (Australia, Reino Unidos y Estados Unidos), la creación del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (QUAD) formado por Australia, India, Japón y Estados Unidos y la Alianza de inteligencia de los Cinco Ojos (Estados Unidos, Reino Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Australia) como instrumentos de expansión militar de la OTAN en Asia y Oceanía.

Otro tanto ocurre en América Latina y el Caribe, en la que Estados Unidos está iniciando un agresivo plan de expansión a lo largo de todas las latitudes y longitudes de la región. En tres entregas, queremos aportar algunos datos que permiten confirmar la anterior aseveración

A finales del año pasado Estados Unidos tenía instaladas 12 bases militares en Panamá, 12 en Puerto Rico, 9 en Colombia, 8 en Perú, 3 en Honduras, 2 en Paraguay, así mismo hay instalaciones de este tipo en Aruba, Costa Rica, El Salvador, Cuba (Guantánamo), y Perú entre otros países, al mismo tiempo en que orienta su búsqueda para el cubrimiento total de la superficie terrestre y marítima de la región.

En las aguas territoriales argentinas y en las islas Malvinas, que fueron usurpadas por el Reino Unido, hay presencia de la OTAN integrada en un sistema formado por bases en las islas de Ascensión, Santa Elena y Tristán da Acuña que “resguarda” todo el Atlántico desde el norte hasta la zona antártica.

Según un informe del Departamento de Defensa de Estados Unidos citado por el portal venezolano Misión Verdad desde mayo del año 2022 Reino Unido está conformando un “triángulo estratégico de control” del extremo sur de Sudamérica. Mientras que al sur de Malvinas, operan submarinos nucleares. Además que “Francia y Estados Unidos organizan regularmente maniobras militares conjuntas en la región”.

Durante los últimos años, y sobre todo después de la llegada de la generala Laura Richardson a la jefatura del Comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos en octubre de 2021 los niveles de agresividad injerencista de Washington en la región se han incrementado ostensiblemente. Esto coincidió con el arribo al poder de Joe Biden quien ha implementado una activa política de sustitución del tradicional (y natural) protagonismo del Departamento de Estado en la actividad diplomática que comenzó a ser ocupada por el Pentágono, el Consejo de Seguridad Nacional y hasta por la CIA. Cada vez es mayor el número de funcionarios provenientes de estas instancias que ocupan puestos de embajador en América Latina y el Caribe.

La estrategia de Estados Unidos está encaminada a fortalecer su presencia en la región. En perspectiva, han cobrado particular importancia el Atlántico Sur dada su cercanía a la Antártida que está regulada por un tratado que fenece en 1941, el Amazonas principal reserva de oxígeno y biodiversidad del planeta y la triple frontera donde se encuentra el acuífero guaraní, mayor reservorio de agua del mundo.

Esto es lo que da sentido a los intentos de Estados Unidos de reinstalar la guerra fría en la región, esta vez en contra de China y Rusia. Esta lógica explica la decisión de instar a seis países latinoamericanos a donar su equipamiento militar ruso a Ucrania, excluyendo -por supuesto- de esta solicitud a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Richardson advirtió que después de China, Rusia es el adversario número dos de Estados Unidos en la región, recalcando el gran valor estratégico de la misma para su país.

La generala estadounidense ha denominado a China como “actor estatal maligno” después que 21 de los 31 países de la región se han adherido a la iniciativa china de la Franja y la Ruta, al mismo tiempo que se ha incrementado la inversión de Beijing en infraestructuras críticas como puertos de aguas profundas, la investigación espacial o las telecomunicaciones, con las redes 5G y la empresa Huawei.

Richardson ha resaltado el papel “protector“ que va a ejercer Estados Unidos sobre la región porque ser buenos vecinos pasa por “cuidar el uno al otro” lo cual “obliga” a Washington a hacerse cargo de luchar contra las redes de delincuencia organizada que se dedican a la trata de personas, el contrabando de droga, la tala no reglamentada y la minería ilegal y especialmente “porque es una región rica en recursos y tierras raras, con el llamado Triángulo del Litio que posee el 60% de las reservas mundiales (en Argentina, Bolivia y Chile) un metal muy necesario para la tecnología”.

De la misma manera, Richardson ha dicho que a Estados Unidos le interesa el petróleo (dadas las grandes reservas encontradas en Guyana y las mayores del mundo existentes en Venezuela) así como el cobre y el oro de la región, Igualmente es preocupación de Estados Unidos que el oxígeno y el 31% de agua dulce de la Tierra se encuentra en el Amazonas. Por todo esto –según ella- se debe mantener alejada a China que se ha convertido en principal socio comercial de varios países de la región.

Esta lógica se inserta en la Estrategia de “disuasión integrada” de Estados Unidos, una modalidad renovada de la Doctrina de Seguridad Nacional que se propone agrupar bajo conducción del Pentágono “todas las capacidades tanto civiles como militares de gobiernos, empresas, sociedad civil y academia de Estados Unidos y de todos sus aliados”.

En la XV Conferencia de ministros de defensa de las Américas realizada en Brasil en julio de 2022, el secretario de Defensa, Lloyd Austin presentó esta estrategia a sus pares de la región. Dos meses después, en septiembre, Richardson insistió con ella ante 14 jefes militares en la Conferencia de Defensa de América del Sur.

El interés de Estados Unidos tiene una perspectiva regional que se sustenta en la necesidad de su control desde que hace 200 años cuando fue enunciada la Doctrina Monroe. Pero en la perspectiva global, las fuerzas armadas latinoamericanas constituyen un potencial combativo que no puede ser desestimado. En 2018, Brasil contaba con 334 mil militares activos, Colombia con 200 mil y Argentina con 51 mil. La OTAN cuenta con 3,5 millones de activos entre personal militar y civil. Según el centro de estudios CELAG, tan solo Brasil y Colombia aportarían más activos a la OTAN que los miembros europeos anexados en la década de 1990. En este sentido vale hacer la comparación, considerando que por ejemplo Argentina tiene activos similares a los de Bulgaria (24 mil 800) y República Checa (25 mil) juntos.

Para entender mejor toda esta situación y conocer la intensa actividad imperial para controlar el espacio latinoamericano y caribeño, vale hacer una revisión de la forma como se ha ido materializando la intervención de Estados Unidos y la OTAN en algunos países de la región:

Paraguay

El Plan Maestro para la Navegabilidad del río Paraguay es una iniciativa del gobierno de ese país para “maximizar la utilización de esa vía navegable”, pero fue el embajador de Estados Unidos Marc Ostfield quien hizo el anuncio. La obra está siendo apoyada por capitales de Estados Unidos y será llevada adelante gracias a los servicios del Cuerpo de Ingenieros del Ejército norteamericano, lo cual generó gran preocupación en Argentina que considera que tal decisión va a significar un control del territorio por parte de fuerzas extranjeras. De más está decir la relevancia de la zona que forma parte de la Cuenca del Plata, la quinta reserva de agua dulce más importante del mundo en extensión

Así mismo, Washington no ceja en sus añejas intenciones de instalar una base militar en la Triple Frontera (Argentina-Paraguay-Brasil), con la excusa del combate al terrorismo internacional y al narcotráfico. En ese marco, los intentos de militarizar la región y cambiar las “reglas de juego” para que Estados Unidos pueda establecer territorios bajo su control permanente son considerados en Argentina como sumamente peligrosos. Así mismo, algunos líderes políticos locales han expresado preocupación de que su región se vea sumida en una lógica de confrontación entre Estados Unidos y China.

Aunque el gobierno paraguayo ha dicho que el proyecto comprende «una cooperación con especialistas de Estados Unidos» que incluirá el estudio de los ríos, pero que no contempla una cooperación de carácter militar, la total subordinación de Asunción a Estados Unidos hace dudar de esa aseveración. En términos geopolíticos también se considera el hecho de que Paraguay es el único país de América del Sur que no tiene relaciones con China.

Argentina

Desde la perspectiva argentina la decisión de Asunción de atraer a las fuerzas armadas de Estados Unidos para avanzar en la navegabilidad del río Paraguay se relaciona hoy con el creciente comercio de alimentos, lo cual, en el marco de la guerra en Ucrania, se volvió estratégico.

 El fin de la hidrovía es permitir la navegación de naves de gran calado con grandes volúmenes de carga los 365 días del año, rectificando el trayecto y eliminando islas y otros obstáculos. La presencia de especialistas del Ejército de Estados Unidos le da al proyecto un carácter muy distinto a lo que originalmente se presentó como una obra civil.

Por otra parte, Estados Unidos ha mostrado preocupación porque el Estado argentino se propone realizar una nueva licitación para el dragado del río Paraná, (que recibe aguas del Paraguay) y algunas de las empresas que intentarán ganarla, son de origen chino.

Para Estados Unidos la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay es de primordial importancia, El Comando Sur manifestó haber identificado fuentes de financiación de “organizaciones terroristas” basadas en Asia Occidental, mencionando al Hezbolá libanés y al Hamás palestino. Para contrarrestar esta supuesta amenaza se creó un mecanismo multilateral denominado 3+1 con los tres países sudamericanos y Estados Unidos.

Washington también ha manifestado sumo interés en la Patagonia argentina. En ese marco el pasado 8 de agosto el embajador de Estados Unidos en el país asistió en la ciudad de Neuquén (ubicada a unos 1140 Km. al suroeste de Buenos Aires) a una reunión con representantes de las corporaciones petroleras más poderosas del mundo.

Cuatro años antes, en 2018 se anunció la construcción de instalaciones diversas, en un predio fiscal bajo dirección y financiamiento del Comando Sur de Estados Unidos. Aunque su embajada en Argentina se apresuró a informar que las obras eran parte de un proyecto de “ayuda humanitaria” cuyo objetivo era mejorar la capacidad de respuesta de Neuquén frente a desastres naturales, la sociedad civil neuquina ha rechazado tal idea, toda vez que la misma se ha caracterizado por el secreto, la falta de información y la ausencia de comunicación en torno a saber qué ha obtenido Argentina a cambio de la cesión de dicho territorio en una zona que es considerada de alto valor estratégico.

El proyecto caracterizado de “base militar camuflada” según un reporte del periodista Ariel Noyola Rodríguez publicado en el portal RT forma parte de una estrategia de alcance continental que se ha caracterizado como una novedosa forma de intervención militar en la región: el programa de ‘Asistencia Humanitaria y Respuestas a Desastres Naturales’, auspiciado por el Comando Sur de Estados Unidos,

Por otra parte, no se puede obviar en este análisis que parte del territorio argentino se encuentra ocupado por la fuerza la OTAN. En Malvinas se encuentras dislocados entre 1500 y 2000 efectivos militares británicos, algunos de forma permanente, así como aviones caza bombarderos de última generación.

CONTINUARÁ

sábado, 12 de noviembre de 2022

América Latina: ¿cambio o transformación?


 

Por Fabrizio Casari, Visión Sandinista.

Intentos de golpe de Estado disfrazados en Brasil, Bolivia y Perú, sanciones a Nicaragua, amenazas de invasión en Haití. Este es el sombrío y preocupante panorama que ha surgido en las últimas semanas en América Latina. El golpe expresa la actitud de Estados Unidos hacia el continente, que se encuentra en medio de una transición que ve cómo la derecha reaccionaria deja los gobiernos de algunos países clave para el orden geopolítico latinoamericano a la centroizquierda.

Se habla mucho de que el continente gira a la izquierda, pero ¿es realmente así? Comencemos por decir que América Latina no es un lugar ajeno a la dinámica general planetaria y, aunque muchas veces ha representado la punta más avanzada de los procesos de liberación (así como los de opresión), ciertamente no es inmune a la abdicación general de los procesos revolucionarios que se produjo después de 1989, cuando la derrota del campo socialista permitió al sistema unipolar de pensamiento único construir un Orden Mundial a la medida del monetarismo, aplicado en el terreno del capitalismo sin capital.

La reducción de la radicalidad de los principios y la inversión del sentido común han ido de la mano con la de los términos. Las antiguas identidades reaccionaria y revolucionaria se han ajustado a una dialéctica más cool entre conservadores y progresistas. Las dos direcciones ideales diferentes se convirtieron en dos opciones compatibles, en algunos aspectos incluso superpuestas. La alternativa ha sido sustituida por la alternancia, y al desaparecer la lectura de la historia como un conflicto irreconciliable entre las clases, se ha impuesto la más confortable reconciliación. Pero hay una especificidad contextual que no debe subestimarse y que ha contribuido a que la América Latina de Fidel, Chávez y Daniel sea un continente que no ha conocido la abjuración, quizá el reposicionamiento.

La historia de América Latina no puede desligarse de la de Estados Unidos, porque el subcontinente ha vivido a lo largo de su historia como telón de fondo el choque entre la independencia y la anexión. Demasiado importante e intrusivo el papel de Estados Unidos en el continente, lo que hizo que el modelo de relaciones con cada país y con todo el continente en su conjunto fuera un hecho ineludible para la construcción de los modelos sociales y políticos que se alternaron. Experiencias revolucionarias y reformistas, victorias de la derecha, victorias electorales de la izquierda anticapitalista, intentos de golpes y derrotas electorales de las derechas vinculadas al capital internacional y al latifundio local.

En esta sucesión de dinámicas opuestas, han madurado modelos de identidad política -también por el efecto emulativo hacia EEUU y Europa- que tienen poco que ver con la historia del continente y mucho con su subordinación cultural. Y es precisamente en la relación entre el continente latinoamericano y Estados Unidos donde se juega también parte del juego entre las dos izquierdas, la incompatible y la compatible.
 

La izquierda y sus recetas

Existen al menos tres identidades políticas diferentes dentro de la amplia izquierda. Uno, revolucionario, atacado pero indomable, vive y gobierna en Nicaragua, Venezuela y Cuba. Es una izquierda nacida en procesos revolucionarios, que primero ganó y luego defendió. Es alternativa en términos ideológicos y programáticos, en la política interior e internacional. Pone en primer plano la crítica del sistema capitalista y su incompatibilidad conceptual, no sólo práctica, con una sociedad equitativa.

Su perfil ideológico tiene como eje central el papel del Estado como sujeto político general, regulador del mercado y sus distorsiones; cree en un orden socioeconómico que prefigura la superación del capitalismo y en un modelo de economía mixta de carácter socialista. Considera el papel del partido como vanguardia de la sociedad y, teniendo en cuenta el carácter subversivo de las clases dominantes vinculadas a la dominación estadounidense, organiza la defensa del terreno político e institucional teniendo el monopolio de la fuerza.

Construye su política exterior sobre la base de los intereses nacionales y tiene en la solidaridad internacionalista y la unidad del continente la interpretación de la cooperación e integración regional. Cree, en este sentido, en la utilidad de las instituciones continentales para la libertad y la igualdad, desprovistas de la presencia de EEUU y Canadá y destinadas a superar definitivamente a la OEA y a todos los demás organismos formados y dirigidos por la Casa Blanca como instrumento de control político sobre el subcontinente.

Denuncia y combate la política de opresión estadounidense ejercida por todos los medios, y resiste y se solidariza con las víctimas de la desestabilización permanente, es decir, los países que no obedecen al imperio que afirma su propia libertad destruyendo la de los demás. Luego hay otra alineación, un conjunto compuesto por dos subconjuntos que, en términos de formación y perspectivas, aunque diferentes, tienden a proceder en armonía.

La izquierda ligera no es, de hecho, un bloque político, es una realidad heterogénea con diferentes acentos y perfiles distintos. Está el reformista con un perfil ideológico cercano a las socialdemocracias europeas de finales del siglo XX, que involucra a Bolivia, Honduras y Brasil. Tiene un perfil reformista y trabaja por un reequilibrio social en los respectivos países y por la independencia de Estados Unidos, al que, sin embargo, reconoce un papel preeminente en la geopolítica continental. Considera útil un diálogo permanente con la izquierda alternativa y cree que puede servir de aglutinante entre las distintas expresiones progresistas y socialistas. Por último, está el polo progresista con tracción democrática: México, Argentina, Colombia, Perú, Chile.

Generalizando, podemos configurarlo como un polo liberal en economía y progresista en derechos civiles. Su perfil ideal contempla el papel del Estado como ordenador de la organización social, pero absteniéndose de cualquier intervención en la economía. Cree que el mercado se regula a sí mismo y, abogando por la reforma del capitalismo monetarista, defiende su aplicación light, es decir, una gestión diferente de los flujos de gasto que permita un mayor bienestar social. La izquierda-light propone el tipo de izquierda que más le gusta a la derecha: no cuestiona el sistema político, sino que se manifiesta como una versión importada del progresismo de los derechos civiles.

No cuestiona la ausencia de derechos sociales para no socavar la estructura de la dependencia, y quiere importar un modelo de socialdemocracia que, por su propia naturaleza, exalta el fortalecimiento de la clase media, vista también como un motor socioeconómico y cultural situado en el centro: una palanca decisiva para el equilibrio del sistema político que casi siempre pretende ser bipolar o incluso bipartidista.

Pero la realidad no es una mercancía que se pueda importar. En un continente en el que la polarización política y la brecha social experimentan una división inexplicable, identificarse con un modelo social nacido en otra fase de la historia, en otros continentes y para otros modelos de sociedad, es una mala ingeniería política. Entre otras cosas, crea condiciones frágiles para la construcción política, desarma y hace irrelevantes a los partidos y a los sindicatos, debilita los cuerpos intermedios y da mayor libertad de maniobra a las fuerzas del deep state, el Estado profundo. Su receta económica esboza un progresismo modesto y cobarde que, ante un continente marcado por una inmensa zona de pobreza y una riqueza insultante para el latifundio especulativo, señala una forma civilizada y atemperada de turbo-liberalismo monetario como la salida a la que aspirar y piensa que la cuestión es simplemente cambiar un grupo dirigente por otro, alternar a los todopoderosos y no cambiar de rumbo.

Su relación con Estados Unidos no es de confrontación, sino de negociación: pretende cogobernar con Washington.

Su relación con el gigante del Norte se consuma en el intercambio entre la posibilidad de permanecer en el poder a cambio de convertirse en los acusadores de la izquierda en la que militaban antes de sentir la comodidad del dinero; se les permite de representar una alternativa a los gobiernos de derecha, siempre que sea sólo aparente. Progresismo charlatán. No hay un paradigma socioeconómico y cultural diferente si la mayoría de las alternativas resultan ser alternancias.

Esta izquierda caviar no molesta a los sacerdotes del imperio, porque se diferencia de la derecha más en las formas que en las prioridades y los retos. Al proponer la prevalencia de los derechos civiles en detrimento de los derechos sociales, encarna la doctrina liberal histórica y no el socialismo como método de búsqueda y transformación de la realidad. Una realidad que se quiere mejorar, no subvertir, porque cambia el orden capitalista por el orden natural. Entre los mejores ejemplos de este concentrado de ambigüedad, que al final anuncia cambiar todo para no cambiar nada, están algunos como el presidente chileno Boric y el ex-presidente uruguayo Pepe Mujica, que encarnan un modelo de liderazgo que ha privatizado la agenda histórica de la izquierda. A ellos se suman AMLO, Petro y Castillo, que, como Boric, miran a Nicaragua para no sentir repulsión al mirar a sus propios países.

Critican al Comandante Ortega porque gobierna y logra lo que ellos antes soñaban y ahora no pueden lograr. Si Mujica representa la izquierda que complace a la derecha, las reiteradas polémicas de Boric hacia Nicaragua y Venezuela indican la profundidad humana y política de un diseño que, en lugar de combatir la opresión del Norte, opta por buscar sus enemigos entre los liberados del Sur. Ponerse a disposición para atacar políticamente a Cuba, Nicaragua y Venezuela, además de retratar plenamente su servidumbre al imperio y sus objetivos políticos, ofrece una imagen de cobardía política porque, en lugar de solidarizarse con los pueblos y países del continente, opta por golpearlos aumentando exponencialmente su (teórico) aislamiento, favoreciendo así el cerco de Washington.

En definitiva, la ausencia de una idea de unidad del continente latinoamericano, la falta de voluntad ante la perspectiva de la Patria Grande que soñó Simón Bolívar, y la reiteración de la subcultura malinchista, auténtica puerta sensorial de la genuflexión política y económica hacia el imperio, se exhiben con desparpajo. ¿Diferente o alternativa? Se habla mucho de la diversidad de los regímenes chilenos o argentinos a partir de su propio pasado. Pero ser diferente no significa ser alternativo.

Nunca hay que confundir un cambio con una transformación: un cambio es un acontecimiento que se consuma, mientras que una transformación es un trabajo diario a largo plazo. Ganar las elecciones no significa ganar el poder. Cambiar el gobierno no significa cambiar el sistema. Para ser alternativa, hay que prefigurar una sociedad completamente diferente, cambiar las relaciones de poder entre las clases, reducir el peso de los poderes financieros y militares que siempre han condicionado el desarrollo y la democracia. Ganar las elecciones es útil si la correlación de fuerzas cambia, de lo contrario se cambiará a los que quieren cambiar.

Mantener las diferencias y transformarlas en una suma de fuerzas es posible si la parte moderada del progresismo deja de confundir aliados con enemigos. Si deja de ver los procesos revolucionarios como una amenaza en lugar de una ventaja. Si se niega a abjurar de quienes defienden los principios de equidad y justicia social, independencia y soberanía nacional. Si se convierte en un actor de solidaridad y apoyo mutuo. Si deja de creer que su pobreza es culpa de los más pobres y no de los más ricos.

Si deja de querer ser una planta económica para otros y se convierte en un árbol en su propio jardín. Por el contrario, debería apoyar la unidad latinoamericana, indiferente a los diferentes enfoques políticos, unida en sus demandas y cohesionada en su relación con Estados Unidos y Europa. No sólo es correcto, sino que también es conveniente que sea corto y largo. Hay que aprovechar la extraordinaria centralidad del subcontinente, que tiene todos los recursos que el Norte necesita.

Por eso debe orientar su brújula hacia el Sur si quiere tratar en igualdad de condiciones con el Norte. Cambiar la rendición por la victoria es una ilusión peligrosa. Cambiar la solidaridad de los hermanos por la benevolencia de los verdugos es una estupidez, incluso antes de ser un error.

martes, 31 de mayo de 2022

Casari: América Latina, soberanía vs anexionismo

 


Por Fabrizio Casari

Por un lado hay una Cumbre de las Américas, una reunión protocolaria y rutinaria interpretada por EE.UU. como si se tratara de una fiesta a la que sólo se puede acceder amigos y por invitación: fracasada incluso antes de empezar. Por otro lado, una cumbre del Alba-TCP, una reunión política cuyo resultado positivo confirmó aún más la existencia y la creciente cooperación e integración del bloque democrático latinoamericano. Dos acontecimientos paradigmáticos en sí mismos, ya que expresan dos sistemas de valores, ideales y programas completamente diferentes. 

Surgen de suposiciones irreconciliables sobre la posible relación entre los distintos países que habitan el continente. Entre las pretensiones del Norte y las reivindicaciones del Sur. Entre el anexionismo y la independencia. Irreconciliable es la soberanía como referencia en la relación con el gigante económico y militar que, en cambio, presume de seguir con la Doctrina Monroe. Un anacronismo carente de sentido, razón y posibilidad de aceptación. Aquí no hay un colonialismo español en agonía, y no hay supuestos contrastes entre Oriente y Occidente. 

En el contraste entre las dos cumbres hay un signo burlón de aleatoriedad, un arañazo que se ha convertido en un tajo inexorable consumido a partir de la década de 2000, cuando la última reivindicación estadounidense, el ALCA, se estrelló literalmente. El ALCA heredó el NAFTA, (TLCAN) cuyo dictado económico era exportar recursos estratégicos de América Latina a EE.UU. y Canadá a cambio de exportar los excedentes de EE.UU. y Canadá a México. El ALCA fue la evolución del NAFTA; expresó la intención de controlar las economías latinoamericanas desde Washington, dirigiendo sus flujos, sus elecciones, decidiendo si, cómo y cuándo incluirlas en el mercado internacional. La dolarización era el pivote sobre el que giraba el proyecto: con ella, las economías se equiparían para llevar a los mercados de divisas una nueva demanda de la moneda estadounidense a costa de una paridad monetaria interna que haría pasar hambre a cientos de millones de latinoamericanos.

Se preveía la liberalización de las exportaciones a América Latina, mientras que el proteccionismo estaba en vigor para las dirigidas a Estados Unidos; se pedía el fin de las ayudas públicas a las empresas latinoamericanas, mientras que se desataban las subvenciones gubernamentales a las empresas estadounidenses. Una asimetría criminal cuyo objetivo era poner definitivamente de rodillas un posible crecimiento económico latinoamericano, para impedir cualquier eficacia en la lucha contra la reducción de la pobreza en el continente, necesaria entre otras cosas para que tengan brazos baratos para importar.

Al lado del proyecto estadounidense estaba la OMC, que quería reducir o abolir las barreras aduaneras y exigía flexibilidad en las leyes nacionales para facilitar la llegada de capital extranjero con el fin de maximizar su rentabilidad y ampliar sus áreas de control. Era la versión moderna de los golpes de Estado y las dictaduras militares, que ahora se consideraban internacionalmente impresentables e innecesarios, aunque nunca debía descartarse la posibilidad de su uso. El ALCA servía para controlar las economías, las migraciones, los gobiernos y los recursos naturales.

La Patria Grande toma forma

El fin del ALCA, decretado en primer lugar por Lula y Kirchner, con el apoyo de toda la izquierda continental, obligó a Estados Unidos a retirar la idea de reapropiarse de las economías latinoamericanas con tratados económicos. La derrota del proyecto neocolonial estadounidense se convirtió en el primer ejemplo de unidad latinoamericana, su primera demostración de fuerza, el momento decisivo en el que se declaró que el "Consenso de Washington" había caducado para la historia. Acabó con la obligación del subcontinente de tomar decisiones sólo si se lo permite Estados Unidos, sólo si es ventajoso para sus multinacionales. 

Pues bien, precisamente del rechazo a la estructura de dependencia del Norte nació la identidad estructural latinoamericana, su columna vertebral. Primero con el ALBA, en 2004, la Alianza Bolivariana de las Américas, nacida de la voluntad de Hugo Chávez y Fidel Castro. Luego, Petrocaribe: salió a la luz en 2005 e involucró a 18 países en la idea de un intercambio energético facilitado. Y, en 2010, la CELAC, con 33 países que conforman la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. En todos estos organismos, no se previó ningún lugar para los Estados Unidos y Canadá: la Patria Grande es tal si es independiente.

El ALBA, en particular, inició una nueva fase en la historia de la cooperación interna latinoamericana. El esquema es tan sencillo como eficaz: intercambio y cooperación basados en intereses mutuos. Sin recetas económicas que imponer, sin condiciones políticas perjudiciales, sin necesidad de cuestionar nada más que la utilidad, el beneficio mutuo del comercio. La reducción de los costes de transporte de mercancías, una lengua común, los objetivos mutuos, la relación de iguales fundaron y sostuvieron el bien común de la Alianza. 

El ALBA, como PETROCARIBE, como la propia CELAC, encarna el sueño de Bolívar y de Sandino de una Patria Grande, son instituciones internacionales que llevan en su seno una idea de solidaridad y de diálogo, de ayuda mutua y de cooperación que tiene como meta el bien común. Que, en América Latina, más que en ningún otro lugar, es la guerra contra la pobreza. Porque la reducción de la pobreza y la concepción ecosostenible del desarrollo industrial son los requisitos previos para cualquier crecimiento económico duradero y no el fruto de una burbuja especulativa. Un crecimiento que conlleva la reducción progresiva de la dependencia monetaria, industrial, distributiva y tecnológica de los Estados Unidos. Por ello, el crecimiento económico latinoamericano conlleva automáticamente la reducción de la nefasta influencia de Estados Unidos en el continente, del que ha extraído recursos y armas que le han permitido en la historia pasar de potencia a superpotencia.

Por otro lado, no cabe una política de diálogo, aunque teóricamente deseable, con quienes creen, como dice la Doctrina Monroe, que "América pertenece a los americanos", entendiendo por los primeros todo el continente, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, y por los segundos los habitantes de los Estados Unidos. También es impensable intentar un acercamiento con la guardia baja con quienes consideran que las relaciones internacionales son un ring donde gana el más fuerte y violento. Como recordó el Presidente de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega, durante la última cumbre del ALBA-TCP, "de Estados Unidos al continente sólo han venido guerras, invasiones, golpes de Estado, bloqueos económicos, sanciones, chantajes, amenazas", citando entre otras las recibidas en Washington en los últimos días, debidamente rechazadas en el remitente.

Como señaló el Comandante Sandinista, América Latina ya tiene sus propios órganos de representación. La CELAC representa el embrión de un camino viable hacia la unidad latinoamericana, es decir, hacia el gobierno de la Patria Grande. Progresivamente podrá relacionarse con todos los países del mundo, especialmente con China, Rusia, India, Irán y las potencias económicas emergentes, que pueden garantizar un ciclo ventajoso de oferta/demanda que hará más competitiva la economía a escala subcontinental. Exactamente por su ambición y capacidad de representar los intereses de los gobiernos y pueblos latinoamericanos a nivel interno e internacional, precisamente por su metodología inclusiva y atenta a las razones de todos y cada uno, la CELAC ha enterrado la Doctrina Monroe. Es hoy la aplicación de la autonomía e independencia política latinoamericana, y su existencia hace que la Cumbre de las Américas sea esencialmente inútil.

En efecto esta, en el mejor de los casos, dada también la organización de la próxima reunión en Los Ángeles, resulta ser simplemente una manifestación histérica del poder residual de control de Washington sobre el continente. No es casualidad que esa cumbre haya cobrado más protagonismo mediático y político para los que no irán que para los que asistirán. Un estruendo político y diplomático que vuelve a poner de manifiesto la constante pérdida de liderazgo político de Estados Unidos, como demuestra la fallida Cumbre de la Democracia de diciembre de 2021, a la que no asistió más de medio mundo.

¿Se está globalizando la Doctrina Monroe?

La Doctrina Monroe, que ha sido la esencia de la política continental de Estados Unidos, en lugar de ser sometida a una profunda autocrítica y a una revisión total, como sugeriría la entrada en el tercer milenio, paradójicamente encuentra ahora un mayor alcance político en los pasillos de la Casa Blanca. En una explosión de megalomanía, que corre paralela a la profundidad de la crisis de su liderazgo, Estados Unidos cree que puede trasladar la dispuesto por América Latina a todo el planeta. Una extensión demencial de su doctrina de seguridad nacional a todo el planeta. Es decir, creen que su mando unipolar, heredado de la caída del campo socialista, está destinado simultáneamente a la profundización y a la irreversibilidad. Es, en definitiva, la única cura contra el declive del poder económico, monetario, comercial y militar de Estados Unidos sobre el mundo.

La concepción propietaria del planeta, la idea de poder acaparar sus recursos, para llenar la brecha entre la riqueza que producen (24%) y la que consumen (59%), creen que es la única manera de sostener el modelo roto que insisten en proponer como único. Basta con consultar las estadísticas de la FAO para descubrir que un estadounidense medio produce 730 kilos de residuos al año, come 100 kilos de carne, consume 600 litros de agua al día y quema tanta energía como cuatro italianos, 160 tanzanos y 1.100 ruandeses. Las 700 bases militares y las seis flotas de guerra estadounidenses en todo el mundo sirven para mantener este obsceno desequilibrio.

Más que a una actualización del imperialismo, asistimos a su atornillado sobre sí mismo, que en su afán omnívoro ya no puede concebir espacios, recursos e ideas que no le sean funcionales. En los salones del bon ton, donde la izquierda au caviar se ha convertido en derecha, se dice que el uso del término imperialista es anticuado, que responde a una dialéctica que ha desaparecido, o que ya no es pertinente. Pero, lo que ocurre es lo contrario.

No hay ninguna palabra moderna que tenga su pleno sentido, y tampoco hay ninguna política que pueda llamarse moderna. El modernismo verbal es parte de lo viejo que corroe lo nuevo. La doctrina imperialista se llama imperialismo, es una extensión de la lectura colonial que propone una interpretación medieval del mando global.

El objetivo no es el gobierno, sino la dominación del mundo. El imperialismo actual se basa en la amenaza global y en la fuerza nuclear, en los instrumentos de control del mercado de las ideas y en la extensión a todo el planeta de la doctrina militar que sostiene el imperio. Es el feudalismo atómico.

La rebelión latinoamericana, expresión de la independencia del Norte y de la hermandad con el Sur, asume ahora como gobiernos y representa la derrota de todo el anexionismo más allá de toda circunstancia. La lucha irreconciliable de los que no tienen nada que perder porque no tienen nada, contra los que tienen todo que perder porque lo poseen todo, es el nuevo capítulo del libro de la humanidad. Que se niega a entregar al capitalismo imperial la última página de su historia.

viernes, 6 de mayo de 2022

Operación militar rusa. Contexto global latinoamericano

En Molotov Digital, El Director del CREI, Manuel Espinoza, junto a Jorge Capelán y Svetlana Shemeriova, directora del portal “RUSOFILOS”. Abordando la Operación militar especial rusa y su contexto global.

martes, 15 de marzo de 2022

Ucrania y América Latina

 


Por Jorge Capelán.

¿Qué implicaciones tiene para nuestra región la actual "cuasi-guerra" entre Rusia y la OTAN sobre Ucrania? Para esbozar una respuesta a esta pregunta debemos primero caracterizar la naturaleza de los intereses en pugna.

En primer lugar, partimos de que existe un bloque imperialista occidental (Canadá, Reino Unido, Europa Occidental, Australia, Japón...) bajo la hegemonía de los Estados Unidos, dispuesto a mantener a toda costa el orden establecido a raíz de la colonización europea del mundo en el siglo XV. Es un bloque imperialista porque su lógica económica y geopolítica se basa en el control monopólico de los mercados y la sumisión de los países a base de su endeudamiento y de las intervenciones militares.

Este bloque imperialista trata de impedir el surgimiento de un orden multipolar y su pérdida de hegemonía ante una constelación de potencias emergentes con Rusia y China a la cabeza. Es de hacer notar la beligerancia en esta confrontación de la India, el (por poco margen) segundo país más poblado del planeta. También es importante hacer notar que ni China ni Rusia basan sus relaciones internacionales, tanto en lo político-militar como en lo económico, en la imposición ni la conquista, sino en propuestas a menudo catalogadas como "ganar-ganar", basadas en el beneficio mutuo y el desarrollo de la actividad productiva. El tema de China con respecto a Taiwán obedece a una cuestión netamente nacional de la primera y las situaciones de Rusia en Ucrania, Crimea y otros países de su entorno también, ambas agudizadas por las políticas agresivas de la OTAN. Ni China ni Rusia han invadido a nadie para imponerle su "estilo de vida" tal y como Occidente históricamente lo ha hecho a lo largo y ancho del mundo.

Independientemente de la opinión que se pueda tener sobre China y Rusia, sus lógicas geopolíticas y económicas están basadas en sus respectivos desarrollos nacionales en el contexto de un nuevo mundo de relaciones multipolares en el que es necesario alcanzar acuerdos con otras entidades soberanas. La razón de la diferencia cualitativa entre el bloque imperialista y potencias como China y Rusia radica en que en esos países el poder político controla al poder financiero, mientras que en las potencias occidentales, el poder y los intereses financieros dominan, tanto a las otras ramas de la economía como al poder político y militar. Mientras que en Rusia y China el poder controla a la banca, en Occidente la banca controla al poder.

Es importante señalar que en la confrontación en curso, el interés de Occidente no se basa en conquistar la supremacía económica sobre las potencias emergentes, sino en el mantenimiento de sus privilegios centenarios a nivel global. El capitalismo corporativo-financiero occidental lleva décadas enfrentándose a una caída tendencial de la tasa de ganancia que es imposible remontar en economías totalmente financiarizadas. Esa tendencia se agudizó con la crisis financiera del año 2008-2009 y conduce al mundo a un largo período de depresión económica. Es más, "Occidente" necesita de esa depresión para mantener su dominación a nivel global, ya que no es el bienestar de su población lo que persigue sino el mantenimiento de los privilegios de una élite que representa a menos del 0.001% de la población mundial.

El contraste no puede ser más evidente entre una China que con su crecimiento económico se esfuerza por sacar a la economía mundial de la recesión, una Rusia que no se doblega ante las sanciones occidentales a las que ha venido siendo sometida desde hace años y que no han podido impedir que salga de la terrible destrucción causada por las políticas neoliberales de los años 90, y unas potencias occidentales que funcionan en modo robot, reaccionando ante la crisis con más creación de dinero sin base productiva y más privilegios para sus corporaciones financiarizadas.

El proyecto actual de las élites occidentales es el de imponer una dictadura global de sus corporaciones destruyendo la economía mundial y monopolizando los escombros que de ella queden. Su intento es el de destruir a China y a Rusia y desposeer a cualquier bolsón de desarrollo soberano en cualquier rincón del mundo. Como hace no mucho uno de los magnates más ricos de occidente dijo: En el mundo solo deberían quedar unos 100 mil habitantes y el resto debería vivir en colonias en el espacio. Lo que realmente quiso decir es que la inmensa mayoría de los seres humanos en el planeta está de sobra. En una asombrosa maniobra ideológica, las actuales élites demócratas en el poder en los Estados Unidos (así como sus enemigos del trumpismo republicano) tratan de vender las políticas de impresión masiva de dinero sin respaldo productivo como "socialismo" y "progresismo" ("teoría monetaria moderna") cuando en realidad solo están destinadas a aumentar la desposesión de los sectores populares.

En este sentido, la coyuntura de la "pandemia" de la Covid ha significado el avance de los monopolios corporativos occidentales a nivel global y la destrucción de las economías campesinas y soberanas a lo largo y ancho del globo, imponiendo severos aumentos del gasto público con efectos paradójicamente contraproducentes para la salud pública en todo el planeta. Ha sido el mayor traspaso de riqueza de los pobres a las élites y el mayor endeudamiento masivo de los países de toda la historia de la humanidad.

El intento de golpe político-económico global que ha venido significando "la pandemia" ha tenido efectos a favor de las élites occidentales, pero no todos los que ambicionan. Ya vendrán otras "pandemias" y "catástrofes" en el futuro, y la actual coyuntura de guerra con Rusia es un mojón más en su proyecto de acabar con la visión "progresista" e "iluminada" del mundo que una vez dijeron encarnar. Quieren condicionar a la población mundial para que se acostumbre a un estado permanente de guerra. Recordemos que las generaciones que hoy alcanzan la mayoría de edad en el planeta jamás han experimentado una vida con las libertades que existían antes del 11 de septiembre de 2001. No debemos esperar que precios más altos de los combustibles y los alimentos, o el aumento de la inflación, vayan a hacer cambiar el guion occidental: destruir las economías es precisamente lo que buscan.

El panorama que acabamos de esbozar tiene varias implicaciones para nuestra región. ¿Qué podemos esperar, y qué debemos hacer, en el Abya Yala?

Primero, debemos partir de que no podemos tener ninguna esperanza en que los Estados Unidos vayan a ofrecernos un "nuevo trato". Eso no forma parte de su ADN imperial. Lo único que el imperio puede ofrecer a nuestros pueblos es más sumisión, su economía financiarizada no puede ofrecernos un Plan Marshall (que de hecho, tampoco fue la medicina milagrosa para la Europa de posguerra que quieren hacernos creer). Muy importante para nuestros pueblos es el que surjan divisiones al seno del campo imperialista (por ejemplo, entre los Estados Unidos y la Unión Europea). Por el momento, el "atlantismo" ejerce una influencia poderosísima en el campo occidental, pero eso podría cambiar. En todo caso, nuestro horizonte debe estar puesto, no en lo que hagan otros actores, sino en los procesos de acumulación endógenos (económicos, políticos y culturales) que logremos construir en el complejo contexto mundial en el que nos encontramos.

Segundo, e independientemente de los vientos de guerra que soplan, los Estados Unidos no pueden confiar en la lealtad ciega de sus élites tradicionalmente cipayas. El círculo de clientes a los que puede sobornar en cualquiera de nuestros países se hace más pequeño con cada día que pasa, y los incentivos para "hacer negocios" con cualquier actor extrarregional al alcance de las élites criollas será aprovechado, venga de donde venga. De ahí surge el universo de los Bukeles y los Bolsonaros de nuestra geografía política actual. No son élites que piensen en el bienestar de los pueblos, y ni siquiera en el "engrandecimiento de la nación", sino más bien en el de sus riquezas personales, pero en todo caso son y serán cada vez más señalados como "enemigos" por "occidente". Un caso concreto es el de Centroamérica, donde los Estados Unidos no confían en prácticamente ningún gobierno, a pesar de que solo los de Nicaragua y Honduras son de izquierda.

Tercero, si bien el neoliberalismo está muy desprestigiado y la inconformidad y las frustraciones con el estado de cosas están a la orden del día, las debilidades políticas de la izquierda son evidentes. Es muy difícil para los gobiernos progresistas o revolucionarios cambiar un entramado de relaciones nacionales, regionales e internacionales de poder construido para desvirtuar la voluntad democrática de los pueblos. Tenemos casos de gobiernos que han ganado elecciones con agendas populares y antineoliberales que se encuentran imposibilitados de materializarlas porque son rehenes de los "poderes fácticos" y el entramado corrupto de la mal llamada democracia neoliberal.

Por un lado tenemos movimientos sociales muy beligerantes, pero no siempre conscientes de las luchas de poder más amplias a nivel global, mientras que los partidos han tendido a supeditar la lógica de la maquinaria (electoral, propagandística, superestructural) a la lógica de las situaciones concretas de los sujetos sociales. En condiciones en las que el imperio occidental por un lado difunde peligrosas ilusiones reformistas de "socialismos" basados en la emisión de dinero sin valor y por otra agresivamente promueve agendas sectarias que absolutizan demandas parciales de determinados grupos siempre y cuando estas imposibiliten cambios efectivos a favor de los pueblos se vuelve un imperativo el reconectar ambas dimensiones. No es posible que cuestiones tan urgentes como la reforma agraria todavía sean metas lejanas, incluso abandonadas, en muchos países del Abya Yala, a pesar de que temas como la soberanía alimentaria sean de acuciante actualidad. El empoderamiento formal sin poder real son recetas para la decepción y la pasivización, que es lo que persigue el imperio.

Es imprescindible que sepamos categorizar la actual coyuntura histórica, que no solo es la del surgimiento de un nuevo orden multipolar, sino también el de una crisis civilizatoria, la crisis de una hegemonía occidental de cinco siglos y de la cual "la izquierda" es también un producto. Lo que está en crisis terminal es la modernidad como tal, con todos sus conceptos como el "progreso", la "ciencia", la "democracia", los "derechos humanos", etcétera, etcétera. Todas esas categorías han sido subvertidas, resignificadas y corrompidas por el imperio occidental que las creó. No nos equivoquemos, los pueblos del mundo, los "condenados de la tierra", necesitan de una modernidad, pero deben construirla ellos mismos, desde abajo, con identidades, con amor a la madre tierra y a la humanidad, una verdadera "creación heroica", como la denominaba Mariátegui. Desgraciadamente, los prejuicios del modernismo en su versión decadente, occidental, todavía tienen bastante influencia entre nuestros movimientos del Abya Yala en todos los sectores.

Hay una izquierda que muere. Es la izquierda occidental, la que hoy nos quiere vender como espejitos de colores el endeudamiento de nuestros países, la multiplicación del dinero con cada vez menor creación de valor y las políticas de la identidad sin poder real sobre las condiciones de vida. Es la izquierda ejemplificada por intelectuales como Noam Chomsky, que hace unos meses renegó de sus ideas libertarias y abogó por privar de sus derechos humanos más básicos a todos aquellos que se negasen a ponerse las inyecciones experimentales de Pfizer, y que hace apenas unas semanas abiertamente apoyó a la OTAN contra Rusia en Ucrania con el manido cuento de "oponerse a la guerra venga de donde venga".

Pero hay otra izquierda que nace, ya que si desapareciera el ideal de una sociedad hecha a la medida de lo mejor del ser humano, habría que inventarlo de nuevo. El socialismo no es solo un producto del liberalismo occidental. En el Abya Yala tiene raíces muy anteriores a la colonización europea. Tenemos toda una historia por descubrir en ese sentido. Tenemos nuestro Norte, es decir nuestro Sur: El Buen Vivir. Tenemos que deconstruir las versiones europeas de lo que somos y construir las nuestras, no para buscar un pasado puro y mítico, sino para construir un presente y un futuro en el que quepamos todos y todas, no solo en el Abya Yala, sino en toda la Pacha Mama. Tenemos que ir más allá del criollismo y abrazar nuestras raíces profundas. "Construcción heroica", diría Mariátegui. "Todos los pueblos del mundo deben unirse por lo más sagrado, la libertad", diría el Che. Las tres R", diría Chávez. "Volveré y seré millones", dijo Túpac Amaru II.

Semanario Ideas y Debate No. 84.
Centro de Estudios del Desarrollo
Padre Miguel D'Escoto Brockmann.
UNAN-Managua. 

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jueves, 3 de junio de 2021

Carlos Fonseca Terán: El actual ciclo revolucionario en América Latina


En este episodio de DE MANAGUA CON AMOR hablamos con el compañero Carlos Fonseca Terán, Secretario de Relaciones Internacionales del Frente Sandinista de Liberación Nacional, sobre la situación actual de la izquierda latinoamericana y sus retos de cara al futuro.

martes, 11 de mayo de 2021

América Latina: La rebelión sigue

En esta edición de Estudio TN8 los periodistas Erving Vega y Jorge Capelán, con el sociólogo Freddy Franco, analizan el contexto latinoamericano, en especial la huelga general que se desarrolla en Colombia y que hoy entra en su decimocuarta jornada.

viernes, 24 de enero de 2020

Partido y Fuerzas Armadas son claves en la lucha Revolucionaria

Aproximación a un debate



Por Fernando Bossi Rojas

Ya es tiempo de ir sacando algunas enseñanzas sobre la experiencia vivida en las dos últimas décadas de gobiernos progresistas y revolucionarios en América Latina y el Caribe. Con avances y retrocesos, triunfos y derrotas, la ofensiva unionista e independentista –por lo tanto antineoliberal y antiimperialista– que comenzó apenas entrado el Siglo XXI no se ha agotado. Tal vez podemos afirmar que hubo en estos años una contraofensiva de las fuerzas imperialistas y oligárquicas, pero éstas no aparecen consolidadas ni mucho menos; por el contrario, respuestas populares de distinta magnitud se manifiestan en casi todos los países contra los gobiernos reaccionarios.

¿Qué caracteriza a los gobiernos revolucionarios que han resistido y resisten la embestida imperialista? ¿Cuáles son los elementos fundamentales que han permitido a esos gobiernos mantenerse en el poder y seguir avanzando en la senda de la justicia social y la plena soberanía? ¿Podemos encontrar puntos comunes a la hora de constatar los fundamentos del éxito de esa resistencia?

Dos elementos se vislumbran como comunes y esenciales cuando analizamos los gobiernos de Venezuela (20 años), Cuba (60 años) y Nicaragua (13 años), los tres gobiernos revolucionarios que han resistido estoicamente los feroces embates imperialistas: 1) la existencia de Fuerzas Armadas comprometidas profundamente con los procesos transformadores, y 2) la existencia de poderosos partidos revolucionarios con extraordinario poder de movilización, Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Partido Comunista de Cuba (PCC) y Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En los tres casos se han conformado FFAA cuyos hombres y mujeres proceden del seno del pueblo, imbuidas de doctrina patriótica antiimperialista (bolivariana en Venezuela, martiana en Cuba y sandinista en Nicaragua) y comprometidas con los procesos de transformación revolucionaria. Asimismo, cada uno de estos gobiernos ha contado con poderosos partidos revolucionarios cohesionados, fruto de la confluencia de fuerzas, de cuadros y masas, experimentados en la lucha y resistencia, con victoria concretas para vanagloriarse, con notoria disciplina organizativa e inmenso poder de movilización.

Estos dos elementos, sin duda alguna –y seguramente otros–, han pesado categóricamente en el blindaje a la soberanía de cada uno de estos países y han impedido el retorno al coloniaje.

Si repasamos los procesos de gobiernos progresistas de los últimos años en nuestra América, y cómo muchos de ellos fueron derrotados por las fuerzas reaccionarias –más allá de otras razones que sin duda hay que incluir en el análisis de cada caso en particular–, observamos que en todos faltó una política acertada con respecto a las FFAA, y también, un déficit llamativo en la presencia y acción de la organización revolucionaria que los sostenía.

No cabe duda que Manuel Zelaya no tuvo ni apoyo de los militares ni pudo, en ese momento, contar con un partido revolucionario que lo respaldara. Lo mismo ocurrió con Fernando Lugo en Paraguay.

En Brasil, tanto Lula como Dilma no presentaron una política efectiva para que las FFAA se involucren en el proyecto de liberación nacional, desaprovechando así trabajar con ciertas tendencias nacionalistas que históricamente existieron en su seno. Y el Partido de los Trabajadores (PT), la principal fuerza política del gobierno, de ser una organización nacida del núcleo duro del movimiento obrero, se institucionalizó de tal forma que fue perdiendo impulso revolucionario, poder de movilización y contacto directo con las bases (una autocrítica que el propio PT hizo luego del Golpe a Dilma).

En el caso de Argentina, tanto Néstor como Cristina, no intentaron sumar a los militares a su política de soberanía nacional y desarrollo económico, olvidando que el fundador del movimiento que representan, el peronismo, fue un hombre proveniente de las FFAA, el General Juan Domingo Perón. Asimismo, los Kirchner subestimaron la conformación de una fuerza política sólida que los respaldara, se desgastaron con el Partido Justicialista, armaron frentes electorales y también alguna organización más afín a sus directivas, pero en general no pudieron constituir un espacio organizativo de militancia que enfrentara con éxito los tremendos ataques de la reacción. La unidad alcanzada por el peronismo y sus aliados en las elecciones del año pasado fue la clave para el triunfo de la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández, pero la asignatura con respecto a FFAA y organización partidaria sigue pendiente.

El Ecuador de Rafael Correa tampoco tuvo una correcta política con sus FFAA. Tal vez el trauma de la traición de Lucio Gutiérrez no dejó ver con claridad que esos militares habían jugado un rol importante cuando acompañaron al movimiento indígena en las movilizaciones que habían derrocado a gobiernos neoliberales. Igualmente, el Movimiento País nunca se conformó como un sólido partido cohesionado y revolucionario, más bien fue un espacio meramente electoralista, disperso y con bases doctrinarias muy endebles. De allí que la traición de Lenin Moreno no fuera novedad para muchos.

Más reciente es el caso de Bolivia y el golpe de Estado contra Evo Morales y la Revolución Democrática y Cultural. En este país, si bien se había avanzado más que en otros de los ejemplos mencionados con respecto a las FFAA, se evidenció que la política implementada no fue suficiente y menos aún eficaz. La Escuela Antiimperialista de las FFAA “JJ Torres” evidentemente no funcionó o funcionó mal, no hubo seguimiento y menos aún un involucramiento de los militares al proceso de industrialización llevado a cabo por el gobierno. En síntesis: se verificó falta de política revolucionaria hacia los militares y fuerzas de seguridad. También, hay que señalar, la supeditación del partido, Movimiento al Socialismo (MAS), a los movimientos sociales, sin considerar que éstos, por su naturaleza, no alcanzan a tener una visión integral del proyecto nacional independentista y transformador y muchas veces su visión queda reducida a demandas meramente sectoriales. Esto minimizó la función estratégica del partido revolucionario y lo fue empujando, poco a poco, a convertirse  en un mero apéndice del gobierno, o a lo sumo, en un poderoso pero vulnerable aparato electoral. El análisis de lo sucedido en Bolivia es complejo y aún no está cerrado, pero no cabe dudas que ha presentado déficit significativo en las dos áreas que estamos considerando.

En El Salvador se perdió de la peor manera. Si bien se contaba con un partido revolucionario experimentado, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la división imperó de forma categórica, sumando a esto una nula política hacia los militares. En Uruguay el Frente Amplio se debilitó como fuerza política unitaria en la base, lo que no se pudo revertir al final de la campaña. También demostró una política poco efectiva con respecto a sus FFAA.

En estos dos últimos casos la socialdemocracia enquistada dentro de las fuerzas de izquierda se impuso contra la toma de políticas revolucionarias.

Guste o no guste quien detenta el poder de las armas sigue siendo un factor estratégico a considerar, y fundamentalmente en los momentos críticos, ya sea por acción u omisión. Sin una política correcta hacia las FFAA la composición del bloque revolucionario presenta debilidades de orden mayor, sin la existencia de un núcleo duro partidista, de un partido u organización templada en la militancia en el seno del pueblo la unidad popular se debilita y aparece el estigma de la división.

La revolución latinoamericana caribeña debe extraer enseñanzas de estos últimos 20 años. Es necesario revisarnos, discutir, criticarnos y autocriticarnos, entender que las FFAA deben ser parte sustancial del bloque histórico de fuerzas revolucionarias, que es necesario fortalecer los partidos y organizaciones políticas dispuestas a conducir la nueva gesta independentista, con programas, tácticas y estrategias de cara al pueblo, sin artilugios.

Con más luces que sombras, los procesos revolucionarios  de Venezuela, Cuba y Nicaragua son ejemplos que debemos observar detenidamente. Sin FFAA y partido u organización política revolucionaria, la nueva ofensiva unionista e independentista nuestramericana iniciada a principios del presente siglo, puede resquebrajarse; con militares patriotas y militantes nucleados en torno a la organización revolucionaria las posibilidades de alcanzar la liberación nacional y la justicia social serán siempre mayores.

Caracas, enero de 2020

viernes, 22 de noviembre de 2019

¿Qué pasó en la semana? Golpistas fuera y dentro de casa

En Estudio TN8 los periodistas Erving Vega, Adolfo Pastrán y Jorge Capelán comentan los sucesos de la semana: América Latina vuelve a los años 70; la Iglesia Católica no puede ser nido de golpistas; el FMI desmiente el discurso aterrador de la derecha y mucho, mucho más.

domingo, 20 de octubre de 2019

Contra los falsos pronósticos, América Latina en Lucha

Por Fernando Bossi

Para aquellos analistas e intelectuales, que sostenían que el ciclo de gobiernos progresistas había llegado a su fin en América Latina Caribeña, la realidad les está demostrando que ese punto de vista era errado.

Que hubo retrocesos, repliegues y hasta derrotas, es cierto; el imperialismo y las oligarquías nativas no se iban a quedar cruzados de brazos ante el avance de los pueblos. Era lógico que una embestida contrarrevolucionaria se iba a desatar aprovechando vacilaciones, inconsistencias y limitaciones de las fuerzas y gobiernos progresistas y revolucionarios. Esto sucedió y sucede en estos momentos, pero de ahí a firmar un certificado de defunción al ciclo progresista que se abrió ya hace 20 años es una cosa muy distinta.

La hora actual ubica a nuestra América en plenas jornadas de lucha; unas abiertamente en las calles y otras a través de procesos electorales.

Si bien los gobiernos revolucionarios de Venezuela, Cuba y Nicaragua sufren un aluvión de agresiones imperialistas de diferente índole, observamos también un incremento significativo de la unidad de las fuerzas revolucionarias y el pueblo en torno a la defensa de la Patria. El gobierno mexicano sigue dando muestras claras de criterio propio ante las presiones externas, rompiendo con los tiempos de sumisión al vecino del norte. Bolivia, con Evo y su pueblo, ya se levanta como un faro en el corazón suramericano.

A su vez, los regímenes neoliberales están siendo cuestionados con fuertes protestas en Chile, Colombia, Ecuador, Honduras, Haití y Perú. Bolsonaro en Brasil ha perdido, en gran parte, la popularidad sobre una franja de la población que lo llevó a la presidencia, y Mauricio Macri, en Argentina, ya prepara las valijas para irse maltrecho de la Casa Rosada.

Esto no significa que estemos en una etapa abierta de ofensiva popular, mucho falta aún para eso suceda; pero la América Latina Caribeña sigue el curso iniciado a principios de este siglo por Chávez, Lula, Kirchner y demás patriotas de estas tierras.

Es una nueva guerra por la independencia y la unidad, como aquella de hace 200 años. La comenzada ahora, en esta segunda ofensiva independentista y unionista no se ha detenido, hemos tenido avances y también retrocesos, y, como en toda guerra hay batallas ganadas y hay también perdidas, importante es no confundir batallas con guerra. Decía Simón Bolívar en el Manifiesto de Cartagena: “El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez; porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna”.

Ignoremos a los pájaros de mal agüero que hasta hace muy poco revoloteaban sobre la realidad latinoamericana caribeña señalándonos que el ciclo se había agotado. Estamos en plena lucha y no debe haber espacio para esa intelectualidad cómoda y descreída.

El deber de los revolucionarios hoy es ser protagonistas y no meros observadores, ayudar a que donde existan gobiernos entreguistas se enciendan cien y mil focos de resistencia; y donde existan gobiernos comprometidos con sus pueblos aportar todo el conocimiento, experiencia y trabajo para construir una sociedad justa, igualitaria y solidaria.

La ofensiva independentista y unionista en nuestra América sigue en marcha, el imperialismo lo sabe y se desespera, las oligarquías nativas quedan cada vez más desenmascaradas y los pueblos van tomando conciencia de dónde está el enemigo principal, como también dónde están sus aliados y amigos.

Se impone, por lo tanto, una mayor coordinación de las fuerzas revolucionarias y patrióticas del continente. La unidad en torno a las banderas de la independencia y la integración es prioritaria.

Caracas, 19 de octubre de 2019


miércoles, 16 de octubre de 2019

Es imperativo reactivar la lucha contra el bloqueo a Cuba



Por Francisco G. Navarro

Managua, 16 oct (Prensa Latina) Hacer que la lucha contra el bloqueo a Cuba se vuelva un ingrediente fundamental de las batallas que se libran en Latinoamérica por recuperar espacios cedidos ante la ola de derecha, propuso hoy un destacado comunicador en Nicaragua.

Es muy importante que en todos los países de América Latina reactivemos la discusión sobre el bloqueo, manifestó el periodista nicaragüense de origen uruguayo Jorge Capelán en declaraciones a Prensa Latina.

Más allá de la discusión de cada año en la ONU y la condena al bloqueo que muestra el aislamiento de Estados Unidos con respecto a su política anticubana, es preciso que a nivel de los pueblos hagamos más, enfatizó.

Su propuesta es contribuir (desde los medios de la izquierda y alternativos) a despertar la conciencia entre pueblos del subcontinente para que la lucha contra el bloqueo se vuelva un ingrediente fundamental de las batallas en curso por recuperar los espacios que la ola de derechización ha querido arrebatar a los movimientos progresistas.

Capelán se refirió a las recientes urgencias del movimiento revolucionario latinoamericano enfrentado a las coyunturas golpistas en Venezuela y Nicaragua, como razón por lo cual el tema del bloqueo no ha tenido la relevancia que debía en el debate político regional.

Lamentó el debilitamiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y otros organismos de integración regional, afectados por el embate de la derecha.

No obstante, el tema de Cuba tiene que estar al frente y constituir la punta de lanza de toda la política de recuperación de la soberanía latinoamericana, convocó el periodista nicaragüense.

oda/fgn

jueves, 10 de octubre de 2019

El neoliberalismo "se pudre" en América Latina

Erving Vega, Adolfo Pastrán, Cairo Amador y Jorge Capelán discuten la debacle de la derecha neoliberal en América Latina en Argentina, Perú, Ecuador, Brasil y otros países.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Neoliberalismo: de Fracaso en Fracaso!



Lic. José A. Amesty R.
SurAmericaPress

Hace unas décadas atrás, escuche a un político conservador decir, en tono ingenuo y cínico a la vez, en relación a los préstamos del BM y del FMI y de las políticas económicas del Neoliberalismo, lo siguiente: “es que éstos bancos te prestan dinero, y a la vez te sugieren medidas (neoliberales), para que puedan pagar los empréstitos, tú decides si te endeudas o pagas”.
Esta ha sido la práctica de muchos de los países de América Latina, se endeudan y para pagar, restan dinero a algunos gastos, que siempre son los que van en beneficio de la gente humilde. Por ejemplo, eliminan o reducen a los rubros salud, educación, bienestar social, entre otros. Se ha comprobado, que estas prácticas, han sido un total fiasco y reiteramos van en detrimento de las mayorías empobrecidas de nuestros países. Observemos la experiencia neoliberal en algunos países de América Latina y algunos datos:
Colombia: la privatización de los servicios de atención medica. Luego de 10 años de la implementación de ésta medida neoliberal, mostró que los objetivos de cobertura universal y acceso equitativo a la atención médica, no se lograron. Hubo aumento en los costos y en los gastos públicos en salud, así como, el 40% de la población, no está cubierta en el acceso a la salud; los programas de control de enfermedades desmejoraron notablemente.
En el sector educación, el efecto del modelo neoliberal, ha sido negativo, ya sea por la inconsistencia teórica de sus premisas, como por la incorrecta aplicación del modelo en la práctica, así como la falta de identificarse con las características propias de la economía colombiana.
Ecuador: Las políticas neoliberales en el Ecuador se pueden explicar en un conjunto de medidas económicas de emergencia favorables a las corporaciones, ejemplo, la materialización de privatizaciones a gran escala y profundos recortes en lo que se refiere al gasto social.
En el año 2000 se generó en el Ecuador el congelamiento de los depósitos bancarios, lo que dio paso al denominado “feriado bancario”, lo cual generó que miles de ecuatorianos perdieran todo su dinero. Después de 25 años de una etapa neoliberal en el Ecuador, se llegó a revelar la necesidad de materializar un modelo alternativo, ante el inminente fracaso del modelo neoliberal y su impacto negativo, y por ende la obligación de cubrir las demandas sociales acumuladas con el transcurso de los años.
Brasil: La deuda pública bruta en Brasil, al cierre de 2018, estaba en 5.3 miles de millones de reales (mil 430 millones 210 mil dólares), equivalente a 76,7 del Producto Interno Bruto (PIB) y en ritmo ascendiente. En 2020, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) será de 90 por ciento y en 2022 superará el ciento por ciento. Como pagar esta deuda? Cómo lograrlo?
Se alcanza mediante la venta de activos estatales y recorte en los gastos públicos, lo que en realidad termina siendo un garrote vil a la economía como un todo, sacrificando, claro, a los trabajadores en general y a los más pobres dramáticamente. Dejando de mencionar las políticas neoliberales de Bolsonaro, quien ha acrecentado la crisis en este país.
Perú: Como señala Julián Lacacta, “¡Que se vayan todos!, es la consigna del campo popular por el descontento con la clase política peruana. La crisis peruana es producto del modelo neoliberal que se encarga de reducir al estado en su participación como ente principal de la producción y distribución de la riqueza, con esto desregula la situación laboral de los trabajadores, de millones de jóvenes para la sobre explotación y para convertir al trabajador joven en esclavo del siglo XXI. El nuevo presidente Martín Vizcarra o los nuevos ministros de las diversas tendencias políticas, no sacaran al Perú de la crisis estructural en el cual está sumergido”.
Chile: La lógica neoliberal en Chile, resulta sumamente perjudicial para la ciudadanía en el plano micro, al respecto, es posible verificarlo en el sistema educativo, donde un porcentaje importante de la población recibe una educación con rendimientos académicos deficientes consecuencia, por un lado, del abandono del Estado con sus establecimientos públicos por motivos de su minimización, y por otro, de establecimientos particulares subvencionados que, al funcionar con lógicas empresariales, minimizan costos que se requieren para mejorar la calidad educativa. Mientras, una proporción muy minoritaria (que totaliza un 7% de la matrícula), accede a una educación con buenos desempeños académicos ya que puede pagar por ella.
En salud ocurre lo mismo, donde también se diseñó institucionalmente que quienes pudiesen pagar por salud pudiesen ser atendidos en clínicas, y quienes no, entonces deben ser atendidos en hospitales públicos. Las diferencias entre ambas atenciones son igual de significativas que la diferencia entre el desempeño de establecimientos educacionales particulares pagados y los liceos públicos.
En el sistema de pensiones la lógica individualista también resulta ser perjudicial para aquel porcentaje mayoritario de la población que, por razones socioeconómicas, no ha podido cotizar uniformemente por 30 años, ni acumular grandes sumas de ahorro, ya que reciben remuneraciones que bordean la mediana de Chile, la cual oscila en torno a los $340 mil pesos. Recordemos que Chile es mostrado como el país donde han tenido éxito las medidas neoliberales.
Ultima Hora: “Uno de los datos más concluyentes, señala que en noviembre de 2018, la línea de la pobreza por ingresos en Chile para un hogar promedio de 4 personas, fue de $430.763 (550 dólares). Si consideramos sólo a los asalariados del sector privado que trabajan jornada completa, el 50% gana menos de $421.516, esto quiere decir que ni siquiera podrían sacar a su grupo familiar de la pobreza y se hace obligatorio que al menos dos personas trabajen en el hogar”.
Argentina: El gobierno neoliberal de Mauricio Macri promueve el mismo modelo impuesto en Brasil por el capital financiero: desestatización, desindustrialización, desnacionalización, desreglamentación, precarización del mercado de trabajo con consecuente empobrecimiento de la mayoría de la población. Con esta receta está transformando a la Argentina en mero exportador de productos primarios, y genera una creciente población de marginados. Los economistas dicen que la crisis argentina al disminuir su poder de compra contribuyó para el déficit en la balanza comercial. Son incapaces de admitir que la situación de crisis es la misma como idénticas son sus causas, en todas partes donde se implementa el modelo neoliberal.
No solo son incapaces de admitir el desatino del modelo neoliberal, sino que insisten en profundizarlo en esa nueva etapa de la dictadura del pensamiento único impuesta por el capital financiero a nivel mundial.
Ultima Hora: Según Cristina Orgaz de la BBC, el deterioro de la economía argentina (debido a los prestamos al FMI y a las medidas neoliberales), se evidencia en: el deterioro de las reservas internacionales en dólares del Banco Central Argentino; la depreciación del peso argentino y el “dólar blue”; el préstamo del FMI; “La aplicación de controles cambiarios ha hecho dudar que el FMI vaya a desembolsar en septiembre, un nuevo tramo del rescate solicitado por el gobierno de Macri”.
Costa Rica: El Neoliberalismo en Costa Rica se evidencia cuando, le da apoyo indiscriminado a la inversión extranjera y se lo quita a la nacional. Cuando el gobierno neoliberal hace lo mismo con la empresa: dar apoyo a la extranjera y quitárselo a la nacional. Cuando el gobierno neoliberal defiende la apertura comercial y la competencia desleal de las empresas privadas y extranjeras en contra de nuestras propias empresas y de las empresas estatales. Cuando el gobierno neoliberal a través del COMEX también defiende los TLCs que favorecen a transnacionales y privilegian las importaciones por sobre las exportaciones. Cuando el gobierno neoliberal defiende políticas económicas neoliberales que rescatan y protegen a los causantes y generadores de crisis, pero cobran y atacan a los empleados y asalariados que son quienes movilizan y dinamizan la economía.
Se hace necesario olvidar, la aplicación desmedida del Modelo Neoliberal, para lograr que los países progresen, y se desarrollen internamente, para que la brecha de la pobreza, la marginalidad y la inequidad no sigan creciendo en los países que se implementa.
Mientras tanto, en países como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, entre otros, ponen en marcha intentos, ensayos de otros modelos alternativos al modelo neoliberal, por lo que se les impone medidas coercitivas, guerra económica y terrorismo económico-social. Abogamos por la implementación de modelos alternativos al neoliberal, que en muchos casos, con sus errores, han tenido éxito en los países implementados.

Fuente: http://suramericapress.com/?p=15694

martes, 28 de mayo de 2019

Correa: "Todos tenemos que estar preparados para la traición"

La web venezolana Misión Verdad entrevista al expresidente ecuatoriano Rafael Correa acerca de la situación actual del Ecuador y de la izquierda latinoamericana. "Todos tenemos que estar preparados para la traición", advierte. Esa es una gran realidad que en Nicaragua conocemos bien partiendo de la experiencia de este pueblo con tantos ex-revolucionarios devenidos primero en "renovadores" y/o "rescatistas" y luego en golpistas al servicio de la CIA y de la oligarquía. Excelente reflexión de Correa con una dura crítica a ciertas izquierdas actuales que se quedan entrampadas en debates que dividen y pierden de vista las prioridades de nuestros pueblos.



Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

    El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...