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jueves, 10 de febrero de 2022

PODCAST: La autodisolución de la izquierda

 

Stephen Sefton, editor del portal Tortilla con Sal, y Jorge Capelán, dialogan sobre la actual crisis de la izquierda a nivel mundial en medio de la debacle en curso del proyecto civilizador de occidente iniciado hace 500 años con la colonización del mundo por Europa.

lunes, 23 de marzo de 2020

¿El coronavirus, un arma de guerra?


Por Jorge Capelán.

¿Es el coronavirus un arma biológica? Es un debate muy interesante y no debe ser desechado como una simple teoría de la conspiración. Después de todo, los Estados Unidos en el último siglo se han destacado por cruzar a cada rato la frontera de lo que se considera éticamente imposible.

Solo unos pocos ejemplos bastan: El uso de bombas atómicas contra una población civil (casos de Hiroshima y Nagasaki), y la inoculación con sífilis de miles ciudadanos guatemaltecos en un experimento realizado entre 1946 y 1948 (hecho que reconoció recién 62 años después, el año 2010). En Nicaragua no podemos olvidar la introducción del dengue en la década de los años 80 como parte de la guerra de la administración Reagan contra nuestro pueblo.

Sin embargo, en estas circunstancias en las que estamos enfrentando directamente el problema de la pandemia del Covid-19 cabe preguntarse si la hipótesis de un acto deliberado de terrorismo de Estado es una línea fructífera de razonamiento o en realidad solo agrega una buena dosis de espectáculo macabro a un panorama ya de por sí dramático.

Recordemos la Navaja de Ockham, uno de los pilares del razonamiento científico, según el cual entre varias explicaciones distintas de un fenómeno hay que preferir la más sencilla.

Eso no quiere decir que siempre las explicaciones sencillas den en el clavo, pero sí implica que entre más cosas inciertas debamos suponer en una explicación, más probable será que supongamos mal y que lleguemos a una conclusión errónea.

Tomando en cuenta lo anterior, se debe agregar que la pandemia del Covid-19 no necesita de un acto de terrorismo de Estado para ser comprendida en lo esencial, porque pandemias ha habido muchas, y muy mortíferas, en toda la historia humana.

Podría haber habido un acto de terrorismo de Estado tras la pandemia, pero lo que la hace tan destructiva son la globalización y el neoliberalismo, en especial la privatización de la salud, así como también todas las políticas de austeridad y de financiarización del mundo que terminaron por poner a prueba la capacidad de resistencia de países enteros, evidenciando dos cosas: la fragilidad de sus defensas y su enorme dependencia del exterior.

En otras palabras, la pandemia se pudo haber desarrollado con o sin acto de terrorismo de Estado. Los enormes desequilibrios provocados por el sistema capitalista occidental hacían predecible una gran crisis desde mucho antes del brote de coronavirus en la provincia de Wuhan a inicios de este año. A fines del año pasado esto era más que evidente, aunque en ese momento tal vez lo que más se avizoraba era una gran crisis financiera o ambiental, o incluso el estallido de una guerra mundial.

Ciertamente, que si se descubriera que la pandemia ha sido producto de un acto deliberado eso sería un crimen gravísimo que se suma a otros crímenes muy graves de los que hemos sido testigos los últimos días, como las ruedas de prensa de Donald Trump negando la seriedad de la amenaza, e incluso prometiendo que el coronavirus "desaparecería como un milagro".

Pero esos escándalos son secundarios ante el verdadero escándalo socioeconómico de un sistema que vive de inflar cada vez mayores burbujas especulativas en una espiral improductiva de injusticia, depredación ambiental, violencia y guerra y que se muestra incapaz de enfrentar una epidemia más de las muchas que a lo largo de la historia humana se han encargado de poner a prueba la resiliencia de la especie. China, con otra lógica económica y social, fue capaz de contener y controlar al coronavirus, pero los sistemas de salud de Europa Occidental y Norteamérica se vinieron abajo como castillo de naipes.

La burbuja estaba a punto de reventar, el coronavirus fue tan solo la aguja que la perforó.

Conspiraciones, de que las hay, las hay, pero los procesos sociales a escala planetaria son producto de enormes fuerzas históricas y de la acción, más o menos consciente, a menudo totalmente inconsciente, de millones de personas.


miércoles, 18 de marzo de 2020

¡No perdamos la cabeza!


Por Jorge Capelán.

¡No perdamos la cabeza! Con toda su seriedad, el coronavirus no es nada comparado con la "gripe española" de 1918, que mató a 50 millones de personas en todo el mundo durante la I guerra mundial.

Al día de hoy, el SARS-CoV-2 (virus que causa el Covid-19) ha infectado a más de 200 mil personas con casi 8 mil muertos. Sin embargo, la "gripe española" mató a 50 millones infectando a una de cada cinco personas en el mundo, aún así no se puede decir que afectó el curso de la sangrienta I guerra mundial.

Recordemos la histeria cuando se descubrió la epidemia de VIH/SIDA en los años 80 y cómo hoy hemos aprendido a vivir con esa enfermedad a pesar de que no se ha podido hacer una vacuna.

Para descubrir que el origen de la gripe española era una variedad del #H1N1 pasaron 96 años. Para descubrir al virus del VIH pasaron 3 años. Para descubrir el virus del Covid-19 pasaron solamente 7 días!

Tengamos calma, guardemos las normas de higiene que todos y todas conocemos (especialmente, lavarnos bien las manos y tener cuidado al toser o estornudar) y no creamos en lo primero que leamos o escuchemos: busquemos fuentes confiables.

Pensemos además algunos de los efectos positivos que nos trae la emergencia ante este peligroso virus:
  • En todo el mundo, y en especial en nuestra región, la gente está aprendiendo a respetar normas básicas de higiene, sobre todo el lavado de manos, lo que incidirá sobre muchas otras enfermedades que matan a millones de personas.
  • A apenas 3 meses de iniciada la emergencia ya hay dos vacunas que se están probando. En tiempo récord China logró controlar el brote de Covid-19 cerrando todos los hospitales temporales que tuvo que montar ante el descenso de los casos. En el caso de América Latina, no debemos olvidar el gran reconocimiento a la medicina cubana en la lucha contra la enfermedad.
  • El paro generalizado de la actividad económica sobre el mundo industrializado ha causado una baja en las emisiones, tanto de CO2 como de dióxido de nitrógeno y partículas finas, dejando cielos más despejados, tal y como lo indican las fotografías satelitales.
  • La pandemia ha provocado un serio debate sobre la importancia que tiene la salud pública en todo el mundo y sobre la inviabilidad de la sociedad del "sálvese quien pueda".
  • La pandemia, una vez que pase lo peor, con toda seguridad tendrá un efecto económico positivo para China que se está viendo obligada a hacer una serie de inversiones que dinamizarán la economía mundial. En realidad, el papel de China en el mundo se fortalecerá mientras que el de los Estados Unidos se debilitará, lo que tendrá un efecto benéfico para las relaciones internacionales.

Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

    El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...