Benito Lacayo Centeno, Mario Reyes Prado y Jorge Capelán entrevistan al luchador antiimperialista Camilo Mejía sobre su visita a Nicaragua después de casi 30 años de ausencia. Programa "Hablemos Nicaragua" de Radio Venceremos en León 91.9 FM.
sábado, 31 de diciembre de 2022
AUDIO: Camilo Mejía sobre EE.UU., el mundo, la región y Nicaragua
jueves, 15 de diciembre de 2022
Perú: La sublevación de los cholos
Por Rafael Bautista S, argentina.indymedia.org
“Cholo soy y no me compadezcas,
que esas son monedas que no valen nada
y que dan los blancos como quien da plata.
Nosotros los cholos no pedimos nada,
pues faltando todo, todo nos alcanza”
Luis Abanto Morales
El golpe de Estado señorialista ejecutado en Lima, contra el presidente Castillo, devela, una vez más, la falacia de la “democracia” made in USA; que es la que padecemos como “sistema democrático”. Desde que la democracia ha sido reducida al institucionalismo fetichista, la democracia misma es raptada como garantía discursiva de la defensa del orden vigente, o sea, la democracia deja de ser democracia para ser apenas una convención política de los poderes fácticos. En tal sentido, el pueblo ya no interesa, es decir, el sujeto de la democracia es desplazado y el poder se vacía de legitimidad, dejando a la política como un mercado cautivo a merced de los especuladores.
Por eso molesta la presencia de pueblo, porque eso retrasa los negocios, porque los tiempos del capital no admiten dilaciones ni vacilaciones. Por eso la mitología gringa ha concebido una “democracia ideal” para minar toda posible democratización del poder; esa “democracia” responde al famoso memorándum Powell, de 1971, adoptado por la Comisión Trilateral en su informe de 1975, Crisis of democracy, donde, en resumidas cuentas, se dice que la democracia entra en crisis cuando el pueblo se hace protagonista; por eso la gobernabilidad, desde entonces, se impone como el único dilema democrático.
Todos los golpes híbridos que estamos presenciando y que desubican a los incautos, porque aparecen con fisonomía democrática, son parte del repertorio de las nuevas doctrinas de la geopolítica imperial. La apropiación por desposesión del discurso democrático, por parte de las elites, fue lo que ha ido descolocando a la izquierda y arrinconándola, en la percepción pública, al espectro antidemocrático.
Esto merecía una detenida y sistemática crítica al concepto de democracia que el establishment político-académico enarbola, pero la izquierda latinoamericana, travestida en “progresismo”, nunca hizo su tarea y se conformó en adecuarse al lenguaje hegemónico que cargaba en la izquierda todos los anatemas que la mitología gringa había impuesto como maldición social. Eso inevitablemente produce la capitulación anticipada y, aunque se llegue al poder político, la suerte de la izquierda ya está excomulgada cuando su apuesta sólo es acomodarse, o sea, subordinarse de modo obediente a aceptar unas “reglas de juego” que nunca fueron democráticas y menos populares.
Ahora que la izquierda de vino y tapas, acuse a Pedro Castillo de ignorante, tonto, débil o inocente, muestra su soberbia y no hace más que retratar su también origen señorialista; porque esa es la misma calificación que la derecha le otorga a quien, según la miserable élite limeña, no merecía el poder. Si el pueblo peruano optó por un profesor de provincias que, en efecto, no tenía experiencia política, es porque la propia izquierda ya no huele a pueblo (la usurpadora Dina Boluarte es prueba de ello, hasta Antauro Humala, en la hora decisiva, tampoco puede ofrecer ninguna certidumbre). Esa es la miseria de la política pensada “desde arriba”. Herencia del colonialismo y la colonización que padecen las élites sobre todo, porque son de-formadas en el universo intelectual del dominador (de ese modo, tempranamente, se domestican sus apasionamientos revolucionarios).
Por eso también los gobiernos “progres” sólo abogan por la preservación de la institucionalidad democrática, ante una flagrante violación constitucional de esa misma institucionalidad. Parecía que habían aprendido algo ya del episodio Zelaya, Lugo, Lula, Dilma, Correa, Evo y, ahora, Cristina, pero nada. Cuando la colonialidad se ha subjetivado, o sea, naturalizado en la conciencia social, la propia izquierda es demasiado obediente de la mitología democrática gringa. Por eso prefieren quedar bien con los poderes fácticos que con el pueblo porque, en última instancia, no creen en el pueblo. Y por eso, también, vemos reiterar, cada vez, su capitulación política. Hasta sus intelectuales “progres” hacen alarde de clarividencia e inculpación paternalista sin nunca admitir sus claras limitaciones epistémicas (estos abundan en los circos académicos y se hacen famosos gracias a nuestros procesos, apareciendo como vacas sagradas en el espectro mediático, dominado por la dictadura de la “información rápida”).
Sabiendo la provocada ingobernabilidad en el Perú, por parte del congreso, nuestros gobiernos debían de desconocer inmediatamente esa espuria declaratoria de “incapacidad moral” y la ligera destitución que delataba, hasta para el sentido común, algo ya sacramentado obscenamente. Pero el discurso de la unidad latinoamericana es sólo un pretexto para las fastuosas “cumbres”, porque lo que vimos es, de nuevo, el abandono regional (abandonando a otro presidente legítimo a su suerte, como ya es usual, nos está costando la consolidación mínima de procesos populares).
Ninguno de nuestros procesos podrá mantenerse estable bajo avasallamiento interno; y esa amenaza focalizada no puede enfrentarse sólo de modo local. Nuestros gobiernos deben darse cuenta que las amenazas internas son parte de la geopolítica imperial en nuestra región y que, bajo un mismo guion, el propósito no se diluye en lo local sino se abre a la generalización y la diseminación del caos regional. Las perspectivas políticas ya no pueden ceñirse en el localismo. Como región, la repuesta ante la geopolítica imperial sólo puede ser también regional. Hasta ahora, la obediencia diplomática sólo ha servido para mirar de palco cómo se producen golpes de Estado, en todas sus variantes, dejando que eso después se reproduzca localmente.
En cada golpe, el imperialismo no piensa localmente. En las últimas doctrinas imperiales, el asunto son las regiones. Toda desestabilización particular tiene propósitos de irradiación general. Las oligarquías recaderas del Imperio en decadencia no saben ni les interesa saber el profundo daño nacional y regional al cual dirigen sus dislates.
Pero en tiempos de decadencia civilizatoria, lo más ausente es la sensatez, porque todo se resume a sobrevivir, a toda costa, y es lo que muestra la derecha en la política; por eso acuden a los más inmundos artificios porque, además, cuentan con la complicidad de todos los poderes, desde el judicial hasta el mediático, del congresal hasta el militar, etc. En todos los años de “primavera democrática”, los gobiernos “progres” no han generado una política mínima de contención del poder hegemónico; algunos incluso ingenuamente han pretendido “pactar” con estos, creyendo que se puede pretender una revolución bajo consentimiento oligárquico, sin saber que, de ese modo, cavan su propia tumba y, lo más grave, arriesgan el proyecto popular que los llevó al poder.
Ese proyecto es el que, como horizonte, se abre en medio del vacío que la propia izquierda manifiesta en su extravió histórico. Tiene a un pueblo que ya no puede resumirse a los credos del siglo XX. El sujeto histórico ya no es el proletariado, porque en la clasificación social que ha producido el capitalismo, el verdadero ausente, aquél que ha incluso resignificado el lenguaje de la misma izquierda, es el sujeto del cambio; éste es el sujeto que nuestros procesos deben potenciar, porque ya no carga las contradicciones sistémicas que la sociedad moderna ha diseñado para hacer funcional la maquinaria social, política y económica. Ese ausente ya no persigue la inclusión al sistema sino su transformación radical. Por eso postula un “mundo en el quepan todos”. Porque sólo desde la exclusión extrema se puede imaginar un mundo válido para todos.
Ese es el despreciado por la Lima “señorial”, el que no puede ser considerado un igual, el “cholo”, el “serrano”, el que representaba Castillo, y al que la postiza tolerancia democrática del señorialismo limeño no podía soportar. Por eso esa élite abraza la democracia gringa, porque en ella vacían y son justificados todos sus prejuicios racistas a nombre de lo más sagrado en el lenguaje político. Por eso se puede ser total y absurdamente democrático siendo, en realidad, fascista.
Apuesta que no es actual, sino la decantación histórica de una tradición que nos devuelve, otra vez, al origen del asunto: el eterno retorno de la conquista, ahora bajo forma democrática. Por eso Luis Abanto Morales sigue vigente en el alma popular: “¿Acaso no fueron los blancos venidos de España/que nos dieron muerte por oro y por plata/No hubo un tal Pizarro que mató a Atahualpa/tras muchas promesas, bonitas y falsas?”.
La Paz, Chuquiago Marka, 11 de diciembre de 2022
Rafael Bautista S., autor de: “El Ángel de la Historia. Genealogía, ejecución y derrota del golpe. 2018-2020”, yo soy si Tú eres ediciones
rafaelcorso@yahoo.com
lunes, 31 de octubre de 2022
Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo orden mundial en el que Occidente tendrá que vivir dentro de sus posibilidades
![]() |
| Serguéi Karaganov |
RT.com
Por el profesor Serguéi Karaganov, presidente honorario del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia, y supervisor académico de la Escuela de Economía Internacional y Asuntos Exteriores de la Escuela Superior de Economía (HSE) de Moscú.
En el Foro Valdai de la semana pasada, en Moscú, fui invitado a intervenir en una sesión titulada "El mundo que se desmorona: Lecciones para el futuro de la crisis político-militar de 2022". Este evento se ha convertido en un líder de la comunidad intelectual internacional en lo que respecta a los asuntos mundiales del presente y del futuro. Pero el título de la sesión me generó dudas, aunque no protesté.
La crisis no empezó en 2022, sino a mediados de los años 90, al igual que la Segunda Guerra Mundial comenzó realmente con el Tratado de Versalles posterior a la Primera Guerra Mundial, que fue injusto y sentó las bases de lo que luego ocurrió.
Hace casi tres décadas, Occidente se negó a llegar a un acuerdo justo con la Rusia postsoviética. En su lugar, como le pareció a muchos en aquel momento, creó un nuevo sistema de dominación basado en las llamadas "reglas".
Otros se refirieron más tarde a él como imperialismo liberal global. Pero estaba construido sobre arena. Contenía una mina terrestre de la Tercera Guerra Mundial que tarde o temprano explotaría. Los veteranos como yo tienden a almacenar recuerdos, a menudo mal recordados, pero desde 1996-1997 he dejado constancia de que un mundo basado en la expansión de la OTAN y la dominación occidental conduciría a la guerra.
La hegemonía liderada por Estados Unidos comenzó a desmoronarse en 1999, cuando, en un aturdimiento de impunidad, el bloque violó Yugoslavia. El desmoronamiento fue a más cuando, eufórico, se metió en Afganistán, luego en Irak y perdió, devaluando su entonces superioridad militar y su liderazgo moral. Al mismo tiempo, se producían dos procesos aún más importantes. Rusia se convenció -después de Yugoslavia, Afganistán, Irak y la retirada de Estados Unidos del Tratado ABM [sobre misiles antibalísticos]- de que era imposible construir una paz justa y duradera con Occidente, y comenzó a restaurar su poderío militar.
Así, una vez más, como había hecho Moscú en el pasado, comenzó a patear los cimientos de la dominación occidental en las esferas económica, política y cultural mundiales, que se basaba en la superioridad militar. Este dominio duró 500 años y empezó a desmoronarse en los años sesenta. En la década de 1990, debido a la caída de la URSS, parecía haber regresado, pero ahora Moscú ha empezado a sacudir de nuevo sus cimientos.
Al mismo tiempo, Occidente pasó por alto el ascenso de China. Paralelamente, se cometió un error aún más sorprendente. A finales de la década de 2000, empezó a contener simultáneamente a China y a Rusia, empujándolas hacia un único bloque político-militar que combinaba sus intereses fundamentales.
Una manifestación de ello fue la crisis económica de 2008, que tuvo como telón de fondo los procesos mencionados y socavó la confianza en el liderazgo moral, económico e intelectual de Occidente.
Desde finales de la década de 2000, Occidente ha estado creando las condiciones para una Guerra Fría. Pero todavía había una oportunidad para acordar con Rusia y China los términos del nuevo mundo. Existía entre 2008 y 2013. Pero no se aprovechó. Desde 2014, el bloque liderado por Estados Unidos ha intensificado su política activa de contención de China y Rusia, incluyendo la promoción de un golpe de Estado en Kiev para preparar apoderados que intenten socavar a Moscú.
Occidente, que estaba perdiendo terreno militar, político y moral, e incluso su núcleo moral (véase el alejamiento del cristianismo en Europa Occidental), pasó al contraataque histérico. La guerra se hacía inevitable, la cuestión era dónde y cuándo.
El Covid se utilizó como sustituto durante dos años. Pero una vez diluido su efecto, era inevitable un choque aquí o allá. Al darse cuenta de ello, Rusia decidió atacar primero.
Esta operación tenía varios objetivos: impedir que Occidente creara una cabeza de puente militar ofensiva en las fronteras de Rusia, que estaba tomando forma rápidamente, y preparar al país para los efectos a largo plazo del conflicto y el cambio rápido. Esto requiere un modelo diferente de sociedad y economía: uno de movilización.
El siguiente objetivo es purgar a las élites de los elementos prooccidentales y "compradores".
Pero tal vez el principal impulso de la ofensiva desde la perspectiva de la historia mundial, no solo de la rusa, sea la lucha por la liberación definitiva del planeta del yugo occidental de 500 años, que ha suprimido países y civilizaciones y les ha impuesto condiciones desiguales de compromiso. Primero simplemente saqueándolos, a través del colonialismo, luego del neocolonialismo, y más tarde a través del imperialismo globalista de los últimos 30 años.
El conflicto de Ucrania, al igual que muchos acontecimientos de la última década, no solo tiene que ver con la ruptura del viejo mundo, sino también con la creación de un mundo nuevo, más libre, más justo, más pluralista, política y culturalmente y más multicolor.
El significado global de la lucha en Ucrania es la devolución de la libertad, la dignidad y la autonomía a los no occidentales (y proponemos llamarlos por otro nombre: la Mayoría Global, que antes fue reprimida, robada y humillada culturalmente). Y, por supuesto, un reparto justo de la riqueza mundial.
Rusia no puede dejar de ganar esta guerra, aunque será difícil. Muchos de nosotros no habíamos contado con una voluntad tan fuerte por parte de Occidente de luchar militarmente, y con una determinación tan grande por parte de algunos ucranianos -que se han transformado en la semejanza de los nazis alemanes previamente puestos en contra de Moscú- de luchar desesperadamente, y a su nivel de armamento. Probablemente, dadas las tendencias globales generales y el equilibrio de poder mundial, deberíamos haber golpeado antes. Pero no conozco el nivel de preparación de nuestras Fuerzas Armadas.
Creo que en 2014 deberíamos haber actuado definitivamente con más decisión, abandonando las esperanzas de un acuerdo.
Estamos viviendo un periodo peligroso, al borde de una tercera guerra mundial en toda regla que podría acabar con la existencia de la humanidad. Pero si Rusia gana, lo que es más que probable, y las hostilidades no se convierten en un conflicto nuclear en toda regla, no deberíamos considerar las próximas décadas como una época de peligroso caos (como dice la mayoría de Occidente). Llevamos mucho tiempo viviendo en este periodo.
Lo será, si optamos por un mundo de creación constructiva y por la consecución de la libertad, la justicia y la dignidad de los pueblos y las naciones.
El antiguo sistema de instituciones y regímenes ya se ha derrumbado (libertad de comercio y respeto a la propiedad privada). Mientras tanto, instituciones como la OMC, el Banco Mundial, el FMI, la OSCE y la UE están, me temo, llegando a sus últimos años.
Empiezan a surgir nuevos organismos a los que pertenece el futuro. Son la OCS, la ASEAN+, la Organización de la Unidad Africana y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP). El Banco Asiático de Desarrollo ya presta muchas veces más que el Banco Mundial. No todas las nuevas instituciones sobrevivirán, y esperemos que varias de ellas lo hagan, especialmente en el sistema de la ONU, que necesita urgentemente una reforma para representar principalmente a la Mayoría Global en la secretaría, en lugar de a Occidente.
Lo principal es evitar que un Occidente perdedor estanque la historia o la haga descarrilar mediante una guerra mundial.
No solo los países de la Mayoría Global, sino también los países occidentales pueden vivir bastante felices en este mundo. Occidente simplemente perderá la oportunidad de saquear al resto del planeta y tendrá que reducirse un poco. Tendrán que vivir dentro de sus posibilidades.
Me temo que este nuevo mundo que está tomando forma ahora se creará más allá de mi vida intelectual o física. Pero mis jóvenes colegas y seguramente sus hijos lo verán.
Pero hay que luchar por esta hermosa visión, en primer lugar, impidiendo una tercera guerra mundial, por el intento de venganza de Occidente. De nuevo, fue en Europa donde se desencadenaron las dos primeras guerras mundiales. Rusia lucha ahora, entre otras cosas, para que no se den las condiciones necesarias para una tercera. Pero los conflictos se producirán en una época de rápidos cambios. Así que la lucha por la paz debería ser uno de los temas principales de nuestra comunidad intelectual y del mundo en general.
Traducción: Jorge Capelán.
domingo, 2 de octubre de 2022
Uno de los discursos más importantes del siglo xxi
Por Jorge Capelán.
El discurso de Vladímir Putin con motivo de la firma de los tratados de adhesión de las regiones de RPD, RPL, Zaporozhye y Kherson a Rusia el 30 de septiembre, pasará a la historia como una de las expresiones más claras de antiimperialismo, anticolonialismo y antirracismo en este siglo.
Merece estar a la par de aquella famosa advertencia del comandante Fidel Castro a George W. Bush el 13 de mayo de 2004 en la Tribuna Antiimperialista de La Habana «Salve César, los que van a morir te saludan», o de aquel lapidario comentario, también dirigido al entonces emperador estadounidense por el comandante eterno Hugo Chávez Frías, aquel memorable 20 de septiembre de 2006 ante las Naciones Unidas: «Aquí huele a azufre».
El discurso tuvo como contexto el reconocimiento a la incorporación voluntaria y por aplastante mayoría de las regiones bajo control ruso en Ucrania, lo que marca un nuevo giro en la guerra.
Aún más significativo desde la perspectiva rusa es que las regiones RPD, RPL, Zaporozhye y Kherson (que en general coinciden con la histórica "Nueva Rusia") en realidad han pertenecido a Rusia desde hace siglos.
«Estoy seguro de que la Asamblea Federal apoyara las leyes constitucionales sobre la aceptación y formación en Rusia de cuatro nuevas regiones, de cuatro sujetos de la Federación de Rusia, porque así fue la decisión de millones de personas. Y eso, claro está, es su derecho, un derecho inalienable que está establecido en el artículo 1 de la Carta de la ONU. Repito, este es un derecho inalienable de las personas, se basa en la unidad histórica; en su nombre vencieron las generaciones de nuestros antepasados, aquellos que, desde los orígenes de la Antigua Rus, durante siglos, construyeron y defendieron Rusia. Aquí, en Novorossia, lucharon Rumiántsev, Suvórov y Ushakov, mientras Catalina II y Potemkin fundaban nuevas ciudades. Aquí nuestros abuelos y bisabuelos lucharon hasta la muerte durante la Gran Guerra Patria», dijo el mandatario.
«Quiero que las autoridades de Kiev y sus verdaderos amos en Occidente me escuchen, para que todos recuerden esto:las personas que viven en Lugansk y Donetsk, Kherson y Zaporozhye se han convertido en ciudadanos rusos para siempre», agregó.
En su alocución, el presidente ruso fue mucho más allá del «conflicto ucraniano» para literalmente poner al desnudo las verdaderas pretensiones del denominado Occidente colectivo.
«Occidente está dispuesto a pasar por encima de todo para preservar el sistema neocolonial que le permite parasitar, de hecho saquear, al mundo a expensas del poder del dólar y los dictados tecnológicos, para cobrar verdadero tributo a la humanidad, para extraer la principal fuente de prosperidad no ganada, la renta de la potencia hegemónica. El mantenimiento de esta renta es un motivo clave, genuino y absolutamente egoísta. Por eso les interesa la desoberanización total. De ahí su agresión hacia los Estados independientes, hacia los valores tradicionales y las culturas originarias, los intentos de socavar los procesos internacionales y de integración fuera de su control, las nuevas monedas mundiales y los centros de desarrollo tecnológico. Para ellos es fundamental que todos los países entreguen su soberanía a Estados Unidos», dijo Putin en una parte medular de su discurso.
Esta definición, a veces descalificada como «fanfarrona», cuando no lisa y llanamente ignorada por la dictadura propagandística occidental, no es pasada por alto por los liderazgos políticos del Sur, que la ven como una exacta descripción de la situación mundial actual, y en especial de la de sus propios países. La «guerra de Ucrania» en realidad es la guerra del Occidente colectivo contra el mundo.
A partir de la definición anterior, Putin explica el por qué del odio antirruso desatado por Occidente a escala planetaria:
«Quiero volver a subrayar: en la codicia, en la intención de preservar su poder ilimitado, es precisamente donde están las verdaderas razones de la guerra híbrida que Occidente, como colectivo, está librando contra Rusia. Nos desean, no libertad, sino que nos quieren ver como una colonia. No quieren una cooperación en igualdad de condiciones, quieren robar. Quieren vernos, no como una sociedad libre, sino como una multitud de esclavos sin alma. Para ellos, nuestro pensamiento y filosofía son una amenaza directa, y por eso atentan contra nuestros filósofos. Nuestra cultura y arte son un peligro para ellos, por lo que están tratando de prohibirlos. Nuestro desarrollo y prosperidad también es una amenaza para ellos: la competencia está creciendo. Ellos no necesitan en absoluto a Rusia, somos nosotros la que la necesitamos», dijo.
En su discurso, Putin hizo una clara exposición de la nación rusa como un hecho eminentemente geopolítico: Rusia es la expresión más fuerte de la unión de los pueblos eslavos de Eurasia en torno a un proyecto civilizatorio que combina la diversidad con una base cultural y espiritual común, no es el invento de una élite, sino la lucha por la sobrevivencia de todo un conjunto de pueblos a lo largo de siglos, por eso su nacionalismo es muy distinto de otros.
«Ya hemos oído sobre la contención de Rusia, China e Irán. Considero que los próximos serán otros países de Asia, América Latina, África y Oriente Medio, e incluso los actuales socios y aliados de EEUU. Sabemos que cuando algo no les gusta, imponen sanciones contra sus aliados: ahora lo hacen contra un banco, luego contra otro; ahora lo hacen contra una empresa, luego contra otra. Es la misma práctica y se ampliará. Apuntan a todos, incluidos nuestros vecinos más cercanos, como los países de la Comunidad de Estados Independientes (СEI)», advirtió.
«Desde todos lados solo escuchamos que 'Occidente defiende el orden basado en reglas'. ¿De dónde vienen? ¿Quién vio estas reglas? ¿Quién estuvo de acuerdo? Escuchen, esto es solo una estupidez, puro engaño, ¡dobles o ya triples estándares! Simplemente, piensan que están tratando con tontos. Rusia es una gran potencia milenaria, un país-civilización, y no vivirá bajo estas reglas falsas y amañadas», dijo el mandatario.
De ahora en adelante, cualquier ataque de los títeres occidentales de Kiev contra las regiones de RPD, RPL, Zaporozhye y Kherson será considerado como un ataque contra Rusia, y cualquier apoyo occidental a Ucrania será considerado como una toma de partido por una guerra directa contra Rusia - algo que a todas luces choca con la opinión pública de los países occidentales a ambos lados del Atlántico. La guerra entra en una nueva fase y no deja a nadie al margen.
jueves, 22 de septiembre de 2022
Las amenazas de Occidente a los pueblos del Abya Yala en tiempos de multipolaridad
Por Jorge Capelán, Visión Sandinista.
Estamos viviendo tiempos verdaderamente históricos en el mundo: Los tiempos del derrumbe del imperio más grande que haya conocido la humanidad. Occidente (Estados Unidos, Europa y algunos aliados más) todavía posee un poder considerable, pero en la práctica el mundo en muchos aspectos ya es multipolar. ¿Qué retos supone esta situación para nuestros pueblos del Abya Yala?
Los signos del fin de la unipolaridad que impuso Occidente tras el colapso de la Unión Soviética en 1990 hoy se hacen evidentes en el fracaso rotundo de las sanciones contra Rusia a raíz de la guerra de Ucrania, en el empuje cada vez mayor de los BRICS, en el desarrollo de China, etcétera.
Lo que en realidad se está viniendo abajo no es solamente el imperio estadounidense, sino también toda la civilización construida a raíz de la colonización europea del mundo.
Ante la pérdida de su hegemonía, la élite de la élite en Occidente busca algún tipo de escape que le permita mantener sus privilegios, los del 0.00001% de la población mundial. La agenda es fácil de ver para todo aquel que quiera leer las publicaciones del Foro Económico Mundial y sepa ver los elementos comunes de las dispares declaraciones de los dirigentes políticos estadounidenses, sean estos demócratas o “trumpistas”: Neutralizar a China y Rusia, garantizar que Europa jamás llegue a ser un competidor serio y destruir a todo estado soberano para imponer la dictadura directa de sus multinacionales sobre todo lo vivo en la tierra.
El capitalismo en la actualidad, dejado a merced de los grandes monopolios financierizados que lo controlan, no es capaz de producir otra cosa que especulación, aún mayor concentración de la riqueza y, claro está, guerras. La tendencia a la baja de la tasa de ganancia del capital no motiva a esos monopolios a invertir productivamente.
Solo Estados con políticas de desarrollo a mediano y largo plazo son capaces de obligar al capital a producir, o de democratizar la propiedad, de modo que se desarrolle la economía real que produce verdaderos bienes y servicios tangibles y no meras marcas o productos de mercadotecnia.
Lo que las élites occidentales buscan es “reamueblar” el mundo de acuerdo a sus intereses microscópicamente minoritarios, y para lograrlo necesitan destruir la capacidad de los pueblos de decidir sobre sus destinos. Pretenden deshacerse de la mayor parte de la humanidad, que según ellos consume demasiados recursos, y dejar a la Tierra como un coto privado de caza de los superricos. Algunos sueñan con enviar colonos a conquistar otros planetas mientras que otros desean cargar sus mentes y sus almas en algún servidor de Internet y así vivir eternamente.
En nombre de un modernismo materialista, las élites occidentales quieren destruir todo lo alcanzado por la humanidad y reemplazarlo por su visión de “progreso”, muy alejada de los seres humanos y sus necesidades, pero muy cercana a los mecanismos de las máquinas.
Más allá de la destrucción de las soberanías estatales, lo que la agenda imperial busca es destruir las soberanías culturales y sociales, así como la subjetividad de las personas. Quieren al último ser intercambiable, quieren a un ser materialista y sin alma, quieren al mero consumidor y no al productor, y con ese objetivo están implementando una corrosiva política para contrarrestar a la naciente multipolaridad.
Multipolaridad, al contrario de la agenda occidental, significa varios polos de civilizaciones diversas, con distintas maneras de entender el mundo pero con una voluntad conjunta de convivir en esta casa común que es la Madre Tierra. Cada uno de esos polos representa una lucha civilizatoria histórica de pueblos en diversas regiones del mundo. Multipolaridad significa a la vez preservación de las raíces culturales y existenciales, y la construcción de nuevas maneras de estar en y con el mundo.
Nosotros en el Abya Yala tenemos una tarea civilizatoria heroica por cumplir, la tarea que nos legaron Túpac Katari, Bolívar, Sandino, El Che, Fidel y Chávez.
No
somos europeos ni somos “hijos de España”, por más que hablemos lenguas
ibéricas o europeas. Estamos destinados a recuperar nuestras raíces
indígenas, africanas y europeas (entre muchas otras) para construir un
presente y un futuro de dignidad. Nuestro proyecto civilizatorio no es
ni asiático, ni eslavo, ni anglosajón, ni europeo, ni africano, ni
árabe: Es el Abya Yala, el nombre de la tierra viva del pueblo Cuna
antes de la llegada de Cristóbal Colón, y no la América del italiano
Américo Vespucio, que dibujó los primeros mapas de nuestra región.
Nuestros pueblos jamás han dejado de luchar. Esto último es especialmente cierto con respecto a la última década, cuando el imperio desató una contraofensiva para neutralizar los avances logrados por nuestros pueblos a raíz del triunfo de la Revolución Bolivariana de Venezuela en 1998. Fueron memorables las jornadas de lucha de pueblos como los de Chile, Ecuador y Colombia contra los regímenes neoliberales en sus respectivos países, así como la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador en México, al punto tal de que en muchos lugares se ha empezado a hablar de una verdadera “marea rosada” en América Latina. Pensamos que no se puede ser optimista en exceso. Si bien el imperio está debilitado, las debilidades en nuestro propio campo son bastante evidentes.
La crisis civilizatoria por la que atraviesa al mundo nos afecta a todos, al interior de un mismo país, de una misma organización o movimiento, o incluso a nivel de una misma familia o del individuo.
La constante ideológica más importante de la contraofensiva imperial es su objetivo de sembrar la confusión y el sectarismo entre todas las fuerzas que se oponen a la unipolaridad occidental. Si tras el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 instauraron la “guerra contra el terror” e inculcaron prejuicios contra los musulmanes y las personas de Oriente Medio en todo el mundo, así como han demonizaron a países como Siria e Irán, hoy en día pretenden que escojamos bando en una guerra entre supuestos (social) demócratas “progresistas” y “neonazis” al estilo de los supuestos partidarios de Donald Trump o Jair Bolsonaro.
¿Qué pasa hoy en día? Debemos entender que el imperio occidental en su estado de senilidad no produce ideología, más bien se apodera de temas que son relevantes para los pueblos con el fin de subvertirlos. A lo largo de la historia de los Estados Unidos, grandes magnates como Rockefeller, Ford, Carnegie, Soros, Pierre Omydiar (eBay) y otros han invertido sumas billonarias en todo tipo de fundaciones y tanques de pensamiento para manipular a los pueblos, pero no hay ideas nuevas.
Cambiaron el guión de “o estás con nosotros o estás con bin Laden” por el de “o estás con nosotros o estás con los fascistas de Trump”: De un lado, los “fascistas”, y del otro, los “socialistas-globalistas-totalitarios”. Son imágenes que no se corresponden totalmente con la realidad, sombras chinescas con las que quieren que nos trencemos para desangrarnos con nuestros amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo, pueblos y países.
El peligro para los pueblos del mundo es asumir que esas caricaturas verdaderamente expresan sus intereses y aceptar tomar partido en una guerra que ha sido diseñada para destruirlos, tanto en el norte como en el sur.
Biden y Trump tienen cosas fundamentales en común: El Destino Manifiesto; la creencia en la excepcionalidad de Estados Unidos y el tener una gran cercanía al dinero. Ninguno de ellos irá en contra de los dictados de Estado Profundo, de la banca, de la industria armamentista o de alguna de las pocas familias oligárquicas que controlan los Estados Unidos.
El centro del poder en Estados Unidos es financiero-militar y su agenda estratégica es la globalista. El espantapájaros para implementarla es “el fascista de Trump” (o Bolsonaro, o cualquier otra variante local), pero la orientación general es siempre la misma.
Esa agenda es fácil de ver para todo aquel que quiera leer las publicaciones del Foro Económico Mundial: La dictadura directa de las multinacionales sobre todo lo vivo en la tierra. Más allá de las palabras que suenan bonitas (para algunos), lo que buscan es destruir la economía mundial y monopolizar los escombros que queden por medios dictatoriales, tanto en el norte como en el sur: una dictadura medieval de alta tecnología, sencillamente.
En lo económico, los “progresistas” (social) demócratas en Estados Unidos y Europa recomiendan variantes de la denominada Teoría Monetaria Moderna, basada en la impresión de dinero sin respaldo productivo para (supuestamente) combatir el desempleo, crear puestos de trabajo y reactivar la economía. Muchas veces sus propuestas son vistas como progresistas, por ejemplo las promesas de “rentas básicas universales”, sobre todo comparadas con las propuestas de los “fascistas” partidarios del “loco de Trump”, que solo consisten en bajar los impuestos, preferentemente los de los ricos, a diestra y siniestra.
Lo que ni los “progresistas” ni los “fascistas” occidentales gustan hacer, es cuestionar al sacrosanto sistema capitalista, democratizar la economía, redistribuir la tierra y mucho menos las riquezas.
En lo económico, las medidas de unos u otros no hacen otra cosa que profundizar la dependencia financiera, económica y tecnológica de nuestros pueblos y de nuestros países, que no cuentan con monedas de reserva internacional como el dólar o el euro.
Mientras que los “progresistas” hablan a cada rato del peligro del cambio climático y hasta proponen un “nuevo trato verde” (un programa de inversión pública “ecológica” similar al Nuevo Trato de Roosevelt contra la Gran Depresión en los 1930s) los “fascistas” niegan toda amenaza de colapso ecológico y proponen seguir usando combustibles fósiles, energía nuclear, etcétera. En esa cacofonía entre “progresistas” y “fascistas” occidentales, quedan ahogadas las voces de la mayoría de la humanidad que plantea el problema de la crisis ecológica en términos de justicia climática.
Occidente basó su desarrollo en la explotación inmisericorde del espacio de dióxido de carbono del planeta. Ahora le toca a los países occidentales apretarse el cinturón y permitir que los países de la periferia, en especial los más pobres, puedan desarrollarse.
Los “Tratos Verdes” de los progresistas occidentales son inviables porque cuestan enormes cantidades de dióxido de carbono en la producción de equipos como paneles solares, parques eólicos y autos eléctricos. Las propuestas de cultivo a gran escala de granos para biocombustible son una quimera y el uso masivo de productos transgénicos en la alimentación una amenaza a la biodiversidad. Esas propuestas solo son intentos por alargar la vida útil del capitalismo occidental financiando con fondos públicos a los monopolios capitalistas privados de Occidente.
Por otro lado, las propuestas negacionistas del cambio climático significan un suicidio para nuestros pueblos, no solo porque las consecuencias de ese cambio desde hace tiempo ya se están sintiendo. La crisis ecológica es real, con unos modelos de pesca y de agricultura totalmente insostenibles, basados en la destrucción de las economías campesinas en todo el planeta.
Lo que nuestros pueblos necesitan son respuestas que tomen en cuenta todos los aspectos del problema, que garanticen el desarrollo sin perder de vista a la Madre Tierra como sujeto de derechos, combinando la investigación científica y las tecnologías más avanzadas con los conocimientos, saberes y prácticas ancestrales de los pueblos.
Los “progresistas” se dicen campeones de los derechos de las mujeres y la diversidad sexual, pero la verdad es que estos derechos, especialmente en Occidente, parecen ir en retroceso con pasos agigantados. Los “fascistas”, por su parte, se dicen campeones de los derechos de la familia, aunque dan por sobreentendido que la familia que dicen defender es de un tipo muy particular, según sus propias preferencias.
Lo que en realidad ha tenido lugar en las últimas décadas ha sido una apropiación occidental de la lucha por los derechos de las mujeres y por los derechos de la diversidad sexual a favor de una agenda académica posmoderna que reduce todo al lenguaje y al individualismo a ultranza.
Reformas del lenguaje poco hacen por avanzar los derechos reales de las mujeres al control sobre sus condiciones de vida, especialmente materiales, y por el contrario, mucho hace para ideologizar aún más el debate y dividir a los sectores populares en lugar de fomentar alianzas amplias contra la violencia.
Hasta hace unos 20 años, era generalmente aceptada la diferencia entre sexo biológico (las diferencias cromosómicas entre los sexos) y el género como “construcción social” (lo que cada sociedad define como perteneciente a lo masculino, femenino, etcétera), es decir, una construcción histórica de significados realizada por grandes grupos sociales.
Actualmente, en el debate publico se entiende como género una esencia identitaria definida por cada individuo “subjetivamente”; es más, parece que el sexo ya no existe sino el “género” concebido de manera subjetiva. Más allá del derecho que cada persona mayor de edad tenga de transformar su cuerpo como lo desee, este debate “trans” ha tenido efectos sumamente perniciosos, tanto para las mujeres como para los niños al confundir todos los términos de la identidad.
A las mujeres, que tanto esfuerzo les ha costado conquistar (incluso precariamente) una serie de derechos, ahora se les señala, junto a los hombres, de ser parte del “problema” y se las acusa de “heteronormativas” solo por defender su identidad de mujeres.
La inclusión del cambio de género como un servicio del modelo público de atención en salud es algo muy extraño en amplios sectores del Abya Yala que aún luchan por el acceso a la salud mas básica, pero no solo eso, sino que como alternativa individual la “cirugía transgénero” no resulta muy realista para la inmensa mayoría de los transexuales por ser una intervención muy dolorosa, peligrosa, irreversible, costosa y que además no resulta en un verdadero cambio de sexo.
Asimismo, con la excusa del debate “trans” desde Occidente se sexualiza a generaciones de niños que ya habían sido sexualizadas agresivamente por toda la industria de los medios multinacionales, creándole a los niños serios problemas de identidad, casi obligándoles a elegir desde temprana edad su “identidad sexual” cuando ni siquiera tienen la menor idea de lo que eso significa.
Es obvio que toda esta agenda es sumamente divisiva y genera amplios rechazos en los sectores populares. No todo conservadurismo es reaccionario, especialmente si tiende a conservar valores, concepciones y prácticas que han servido a los pueblos para resistir a la opresión durante cientos de años.
Para amplios sectores populares en el Abya Yala, independientemente de su profesión de fe, la vida tiene un valor en sí misma, por eso se oponen fervientemente al aborto. Esa toma de posición debe ser respetada.
Por otro lado, los que critican la agenda “trans” de los “progresistas” a menudo caen en la posición contraria, que es la de negar la opresión de género y la violencia que ejercen muchos hombres, negar la discriminación contra las mujeres y contra las minorías sexuales y en algunos casos hasta defender el maltrato a los niños. Esto, obviamente, es un retroceso intolerable, especialmente en una región del mundo en la que las mujeres, sencillamente no aceptan más la opresión de género.
Nicaragua ha sido muy criticada en ciertos círculos por el curso que el país bajo la conducción del Comandante Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo ha tomado en torno a temas como el aborto, pero lo cierto es que pocos países del Abya Yala han avanzado mas en lo que respecta a los derechos de las mujeres, de la diversidad sexual y de los niños a través del diálogo y los consensos entre los sectores populares.
Las prioridades impuestas por las ONG “de género” del imperio, a menudo chocan con las verdaderas prioridades de las mujeres, que más bien piden acceso real a la salud, verdadero poder económico, representación política, protección de la Justicia y respeto a sus valores.
Otro frente que los “progresistas” imperiales han intentado manipular para dividir a los pueblos es el del racismo, el antirracismo y las identidades de los pueblos. Otra vez, estas cuestiones son reales tanto en el norte como en el sur, no son inventos del imperio.
Occidente como centro de poder imperial le debe todo al genocidio de pueblos enteros y a la instauración de un orden racista universal con su ombligo como centro del mundo. Sin embargo, el antirracismo enarbolado como bandera por los socialdemócratas imperiales no está destinado a hacer justicia con esos temas, sino al contrario, a impedir que los pueblos encuentren alternativas políticas eficaces que los lleven a ser sujetos de la historia.
Ninguno de los referentes del antirracismo del siglo XX, desde Ho Chi Minh o Sandino hasta Franz Fanon, Martin Luther King o Malcolm X, podría entender lo que muchos hoy en día llaman “antirracismo”, un antirracismo que no se solidariza con los pueblos atacados por el imperialismo, y que parece mas interesado en bajar estatuas o librar guerras de símbolos que en ayudar a parir un mundo multipolar y dar al traste con la unipolaridad occidental, verdadero origen del racismo sobre la tierra.
Los antirracistas en los países del norte que entienden la necesidad de luchar contra el imperio, desgraciadamente son minoría. Por ejemplo, a la mayoría de los antirracistas de Occidente más bien se les ve tragar sin chistar la propaganda occidental antirrusa y eslavofóbica.
Lo que domina en la conciencia mediática promovida por Occidente es un antirracismo liberal, basado actitudes individuales y en la promesa de que algún tía “todos” tendrán un lugarcito bajo el sol del imperio neoliberal. Lo que existe no es una lucha para conquistar derechos, sino una perenne guerrilla para mantener con vida el pleito entre los progresistas buenos que luchan contra la “discriminación” y los fascistas malos que dicen ser “discriminados” por tanto antirracismo. Desgraciadamente, a menudo los que se enfrentan y sufren las verdaderas consecuencias son pobres de ambos lados.
La criminal cacofonía ideológica del imperio es una trampa mortal: Si nuestros movimientos empiezan a pensar que la mitad de la población es “fascista”, es un signo de que se está abandonando la perspectiva de la lucha por la hegemonía y el peligro de caer en las guerras sectarias de Occidente está a las puertas.
Los ejemplos de Chile y Argentina ilustran peligrosas y destructivas tendencias hacia la polarización en el seno del Abya Yala producto de esta guerra sicológica imperial.
En Chile, la derrota del “Sí” en el plebiscito constitucional el pasado 4 de septiembre, donde un 85% del electorado (récord histórico) rechazó categóricamente el proyecto de carta magna elaborado por la Constituyente, muestra la grave división existente. No solo hubo una “mayoría silenciosa” que apoyó a la derecha, también hubo un millón de votantes que dos años antes se expresaron a favor de una Constituyente, este año rechazaron el documento elaborado por ella.
La causa de la derrota no puede verse solamente en la agresiva campaña de desinformación de la derecha, también hubo una tendencia a convertir un documento que en realidad debería ser una declaración de principios y un marco para la convivencia en la caja de deseos de las organizaciones participantes en un contexto en el que ya se sabia que habían ideas muy encontradas a nivel social en torno a una serie de cuestiones.
Desde una perspectiva regional, es muy cuestionable que se haya incluido que, en sus relaciones internacionales, Chile se comprometería con “la promoción y el respeto a los derechos humanos (etcétera)” en otros países, especialmente de la región, lo que constituye una ruptura con los acuerdos de la CELAC en el sentido del respeto a la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de los demás países. Sería muy peligroso que algún país del Abya Yala quisiera erigirse en juez moral del resto de la región, de una manera muy similar a los gobiernos occidentales y su entramado de ONG tóxicas.
En Argentina, actualmente se atraviesa una seria crisis, con una campaña ya muy larga de odio mediático de los medios de la derecha e intentos de asesinato contra la vicepresidenta Cristina Fernández, así como una creciente polarización, agravada por una crisis interna sobre el rumbo del proceso.
Esta polarización se da en medio de una gran frustración, no solo de sectores medios, por los desastrosos resultados económicos tras la gestión neoliberal de Mauricio Macri, que endeudó al país con cifras récord a nivel mundial, y tras los efectos de la pandemia, que implicaron enormes costos para el Estado. Una de las pocas áreas en las que la coalición progresista gobernante ha logrado avanzar ha sido el tema de género, por cierto con mucho apoyo en sectores de la población, especialmente en lo que respecta a la violencia contra las mujeres, pero también con muchos rechazos, por ejemplo en temas como el aborto.
En lo político, el presidente Alberto Fernández un día dice querer estrechar lazos con Rusia y al día siguiente vota con Occidente sobre Ucrania; un día dice querer liderar la CELAC y al día siguiente se somete a las órdenes de EE. UU. de secuestrar un avión venezolano con toda su tripulación, y otro día, viaja a Washington a pedir ayuda económica.
Tanto en Chile como en Argentina, gobiernos influenciados por el progresismo de inspiración occidental, vacilan entre la apuesta por un mundo “nuestroamericano” y multipolar, y los dictados occidentales, cosechando aún más frustración y allanando el terreno para que las contradicciones se diriman de manera violenta en las calles.
En Colombia, cuyo flamante presidente Gustavo Petro inició su gestión con una serie de medidas que despertaron gran expectación, tanto dentro como fuera de sus fronteras para sorprender con la propuesta que a inicios de septiembre le hizo a la general Laura L. Richardson, comandante del Comando Sur de los Estados Unidos, en el sentido de crear una fuerza militar conjunta con el fin de “proteger la Amazonía de emergencias como los incendios forestales”.
Es cierto que Colombia es un país militarmente ocupado por los Estados Unidos, con varias bases en su territorio, y que además ostenta el dudoso honor de ser “socio global” de la OTAN, pero el solo hecho de dejar que las botas de los marines oficialmente actúen en la Amazonía es algo que sobrepasa los límites nacionales para convertirse en una amenaza directa a Perú, Ecuador, Bolivia, Venezuela y Brasil, para no hablar de todo el Abya Yala.
La visita de Richardson a Colombia fue parte de una gira que realizó por varios países de la región con el expreso fin de contrarrestar la influencia de China y de Rusia, y de promover el aislamiento de, especialmente, Nicaragua, Cuba y Venezuela. Este tipo de presiones diplomático-militares son una parte del arsenal imperial destinado a subvertir la voluntad de nuestros pueblos. No se puede descartar que el imperio occidental busque desatar una o más guerras entre países hermanos de la región con el pretexto de los incendios de la Amazonía, la triple frontera del litio, el narcotráfico o cualquier otra cosa.
El otro arsenal imperial es un verdadero ejército de ONG occidentales usando diversos temas como mampara (género, medio ambiente, trabajo con jóvenes, pueblos originarios, etcétera) con el fin de cooptar a los movimientos populares del Abya Yala. Asimismo, todas las fundaciones socialdemócratas de Norteamérica y Europa destinan fondos de ayuda política, pero el objetivo de esta ayuda está totalmente supeditado a la estrategia de la OTAN y nada tiene que ver con los de nuestros pueblos. Por último, toda una parafernalia similar es movilizada por Occidente para influenciar a nuestros pueblos “por la derecha” y así incendiar y dividir nuestra región.
Los movimientos político-sociales del Abya Yala deben reflexionar a fondo sobre los puntos que hemos expuesto y estudiar las estrategias del imperio para saber identificarlas y combatirlas en cada uno de sus procesos. Occidente se está derrumbando, pero conserva poder destructor para rato.
lunes, 12 de septiembre de 2022
La génesis económica de las sanciones occidentales y su ineficacia estratégica
El Centro Regional de Estudios internacionales CREI te invita a la 8va conferencia del curso sobre La Geopolítica Rusa en la Transformación del Orden Mundial.
Tema: "LA GÉNESIS ECONÓMICA DE LAS SANCIONES OCCIDENTALES Y SU INEFICACIA ESTRATÉGICA".
Dictada por: Jorge Capelan (Uruguay)
Jueves 15 de septiembre 11:am hora de Nicaragua.
jueves, 11 de agosto de 2022
UE y Rusia, los sancionadores sancionados
Por Fabrizio Casari.
La Agencia Internacional de la Energía, estructura dependiente de la OCDE, en su informe mensual sobre el mercado del petróleo, informa de que el impacto de las sanciones occidentales sobre las exportaciones energéticas rusas ha sido, hasta ahora, esencialmente nulo. La OCDE -Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico- no tiene sede en Moscú. Es una organización con sede en París de la que forman parte 36 países, entre ellos Estados Unidos, casi toda la Unión Europea, Japón, Australia y Canadá, México y Chile, Suiza y Turquía. A partir del 1 de junio de 2021, el Secretario General de la OCDE es el australiano Mathias Cormann.
La organización -un centro de estudios de política económica global- cree, por tanto, que la catástrofe económica prevista para Rusia, pronosticada por el trío Biden-Johnson-Van der Layen, ha resultado ser una estúpida ilusión. A pesar de la reducción temporal de los volúmenes de venta, gracias a un aumento del 15% en valor, Rusia se ha asegurado unos ingresos enormes. Cada día, Moscú recauda alrededor de 1.000 millones de euros por la venta de hidrocarburos.
Lo que ha sucedido es que Putin, en una operación de diversificación de cartera -evidentemente ya establecida y hecha efectiva antes del inicio de la operación militar- ha redirigido el flujo de gas y petróleo que antes se destinaba a Europa, y ahora va en su lugar a China, India, Turquía y otros países, compensando así la falta de compras europeas. Entre esos otros países están Angola, Argelia y el Congo, que compran gas y petróleo a Rusia y luego lo revenden a la UE a precios incrementados por los cánones que cobran por la triangulación.
De este modo, la UE no compra gas a Rusia acusada de violar los Derechos Humanos, pero sigue comprando petróleo y gas ruso a los países que la ONU señala como violadores de los Derechos Humanos. Sólo que lo hace pagando un 30% más de lo que solía pagar por el mismo producto en mayores cantidades. Un espectáculo de imbecilidad e impotencia que marca el final (ya imposible de perder) de una UE que se ha convertido en el chiste de la política internacional, tal es su irrelevancia e incapacidad para imponer agendas políticas y comerciales.
Como prueba de que Moscú no está en absoluto arrinconado y que, por el contrario, sigue tejiendo filas estratégicas para el crecimiento de su influencia planetaria, se han producido tanto los encuentros euroasiáticos como la intensificación de la relación con Ankara. No sólo los hidrocarburos: Irán, por ejemplo, ha comprado este año 3,7 millones de toneladas de trigo a Rusia.
La reciente visita de Lavrov a África impulsó aún más las relaciones comerciales de Moscú. "África tendrá un peso cada vez mayor en el sistema de relaciones internacionales de Rusia", declaró el Ministro de Asuntos Exteriores ruso, que visitó Egipto, Etiopía, Uganda y el Congo, donde obtuvo signos tangibles de interlocución privilegiada.
Al fin y al cabo, la historia de la relación entre Moscú y estos países se remonta al periodo soviético y al apoyo político, económico y militar a la descolonización de algunos países como Angola, Zimbabue, Mozambique y Sudáfrica. La transición de la URSS a la CEI no ha socavado la relación de cooperación que Rusia siempre ha mantenido con los países africanos, basta pensar en el proyecto de cooperación entre Moscú y 16 países del continente. Las exportaciones de trigo de Rusia han alcanzado casi 20 millones de toneladas y el valor de las exportaciones de este año ha aumentado un 15%. Irán, por ejemplo, compró este año 3,7 millones de toneladas de trigo a Rusia.
Al fin y al cabo, que África no rompería sus relaciones con Moscú por culpa de Ucrania y bajo las exigencias y presiones de Occidente ya quedó claro en la votación de la ONU sobre la moción de condena contra Rusia presentada por Estados Unidos y la UE. En aquella ocasión, además de varios otros países que han sido históricamente aliados de Estados Unidos, hasta 25 países africanos se abstuvieron en la moción, provocando la ridícula ira de París, Roma y Londres, que a pesar de la realidad siguen soñando con apoyar un papel en África.
A finales de año, cuando el embargo occidental sea total, se estima una reducción de 518.000 barriles sobre una producción diaria de 10,8 millones. Así que el efecto global será sustancialmente relativo, ciertamente no como para doblar las rodillas de Moscú, mientras que queda por ver si la UE puede soportar incluso un mes de reducción del suministro de energía.
Lo que afirma el informe de la OCDE es que la campaña de demonización, aislamiento y hundimiento de Rusia imaginada en la Casa Blanca y transmitida a los camareros europeos para que la lleven a la mesa ha hecho que la comida se desvíe. La única ventaja concreta, hasta la fecha, es que el suministro a Ucrania de todas las armas obsoletas o, en cualquier caso, ya no actualizables, ha permitido vaciar los arsenales occidentales, ahora listos de nuevo para ser llenados con nuevos suministros de las empresas de producción bélica estadounidenses y francesas. Pero en cuanto a la capacidad de golpear a Rusia, las sanciones han resultado ser el mayor boomerang de la historia.
Como se predijo ampliamente y se ignoró deliberadamente, el peso de las sanciones contra Moscú no ha tenido más efecto que en la balanza comercial de Europa, que se ha visto gravemente perjudicada por un mayor gasto para un menor suministro de energía; lo que ya ha llevado a la UE a elaborar planes de ahorro energético que golpean duramente la economía de cada Estado. En algunos casos, como el de Polonia, Rusia ha bloqueado el suministro de energía y aún no está claro cómo piensan calentar sus hogares el próximo invierno. Estonia, que se había negado a comprar gas y petróleo en rublos, también vio bloqueados sus suministros y se vio así obligada a una rápida marcha atrás, tan indigna como la historia de su clase política. Ahora paga en rublos y guarda silencio.
Rusia controla el 27% de toda Ucrania. Ha tomado el control de recursos naturales por valor de 12,4 billones de dólares. The Washington Post estima que el 63% de los yacimientos de carbón de Ucrania, el 11% de los yacimientos de petróleo y el 33% de los yacimientos de minerales importantes, incluido el litio, se encuentran en el territorio controlado por la DPR (República Popular de Doneck) y la LPR (República Popular de Lugansk). Era necesario negociar y buscar una solución para la seguridad mutua, pero no quiso y sigue sin querer a pesar del retroceso militar de todo Occidente.
La elección de las sanciones ha perjudicado a los europeos, beneficiado a los Estados Unidos y vigorizado a Rusia, que ahora tiene su moneda como una de las más importantes en las transacciones internacionales y que, junto con el yen, ha barrido la hegemonía del dólar en el comercio de energía y alimentos. La Unión Europea ha demostrado toda su insipidez e inutilidad de papel, al haber abdicado de sus intereses estratégicos por la obediencia política a EEUU.
Toda una clase política se ha revelado como un cúmulo de estupidez y arrogancia, capaz sólo de servir a Estados Unidos en detrimento de los pueblos de Europa. La economía europea está en apuros y el invierno producirá una dramática caída de sus cifras: habrá decenas de miles de empresas que tendrán que cerrar por la escasez de energía, y los costes prohibitivos y las repercusiones en la cadena de producción, distribución y consumo serán graves. Habrá cientos de miles de empresas que dejarán de funcionar y millones más de parados. La estanflación que se produzca en Estados Unidos y la UE reafirmará la inutilidad estratégica de una economía virtual de valores y finanzas creativas frente a una economía que tiene y produce lo que el mundo necesita, principalmente alimentos y energía.
Los sancionadores son los únicos sancionados, y todo para seguir manteniendo los intereses de EEUU y de la camarilla nazi y cleptómana que gobierna en Ucrania, y los propios EEUU se quejan de la desaparición de cerca del 70% de los suministros militares que destinan a Kiev. La escena apocalíptica está muy bien rodada por el actor de Kiev y su ambiciosa esposa, que han reducido el país a un tercio de lo que era, han llenado cementerios y han destruido su ejército por su ambición política, y reciben 4.000 millones de euros mensuales mientras posan felices para las portadas de Vogue.
jueves, 30 de junio de 2022
(VÍDEO:) Cambios que marcan el camino hacia un mundo multipolar
El periodista Erving Vega entrevista a Jorge Capelán y Manuel Espinoza, Director del Centro Regional de Estudios Internacionales (CREI) sobre el surgimiento de un nuevo orden mundial multipolar.
miércoles, 29 de junio de 2022
Capelán: Fascismo caníbal en Occidente
![]() |
| Uno de los muchos mapas fantasiosos sobre la partición de Rusia por Occidente. |
Por Jorge Capelán.
Una hamburguesa vegana con sabor a carne humana causa furor en Europa. En el Festival Internacional de Creatividad Cannes Lions, un evento global de las áreas del diseño, el marketing y la publicidad, fue premiado el anuncio de una hamburguesa totalmente vegetal pero preparada para imitar el sabor y la textura de la carne humana.
Según el anuncio, el platillo de comida rápida fue lanzado el año pasado durante la celebración del Día de Todos los Santos (Halloween) en Suecia "ya que de otra manera habría sido repugnante". En todo caso, no parece que los miembros del jurado en Cannes hayan tenido la oportunidad de probar el bocadillo y mucho menos de comparar su sabor con el original.
No puede haber mejor ilustración que esa de la mentalidad occidental en estos momentos, una gigantesca burbuja en la que imperan el conformismo y la total ausencia de frenos morales en lo que respecta a lo que en principio se le puede hacer a los demás, eso sí: sin dejar de creerse los árbitros morales del universo.
Los mismos occidentales parecen no darse cuenta de lo aberrante que es tomar como aspiración legítima el probar el sabor de la carne humana, aunque sea de origen vegetal.
Todavía medio aturdidos por la extraña manera occidental de concebir la creatividad, nos enteramos de que el primer ministro de Bélgica, Alexander De Croo "dijo" que la OTAN "le dijo" a los ucronazis de Kiev que sigan luchando nomás.
De Croo aseguró que "es importante" que los miembros de la OTAN "sigan hablando" con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y "dejemos muy claro que esta guerra" contra Rusia "solo se puede ganar en el campo de batalla". Quien crea que no estamos en guerra se equivoca de planeta. Los occidentales apoyan, financian y dirigen una guerra que no han declarado oficialmente.
Mientras tanto, EE. UU. organiza "conversatorios" sobre la necesidad de "descolonizar" a Rusia. Eso, que más bien parece una historia de Ripley, fue lo que tuvo lugar el pasado 23 de junio en el Congreso estadounidense: Una conferencia virtual organizada por la Comisión sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa conocida como el Grupo de Helsinki, un "organismo independiente" del tipo de los que acostumbran depender del dinero del Departamento de Estado.
La superpotencia imperialista mundial, que a cada rato invade y bombardea países, que tiene sancionados a uno de cada cuatro habitantes del planeta, que aún mantiene a sus habitantes originarios en reservas miserables, donde los descendientes de los esclavos se manifiestan con la consigna de "las vidas negras importan" y que aún no ha dejado en libertad a su "estado libre asociado" de Puerto Rico tiene el tupé de querer "descolonizar" a Rusia.
El analista Dan Kovalik comenta que "la falta de conocimiento de sí mismo (de los EE. UU.) es palpable". Por su parte, otro analista, Niccolo Soldo, observa que "lo notable de este panel es el cambio de pasar de la necesidad de 'promover la libertad y la democracia' en Rusia a la de 'descolonizarla'", (y de hecho, partirla en mil pedazos).
Hipocresías aparte, actividades como esta son una prueba más de que el imperialismo senil de Occidente ya no produce ideas, sino que se apropia de cualquier discurso para manipularlo de acuerdo a sus fines inconfesables, pero transparentes para cualquiera que tenga ojos para ver: Ya no son más la democracia, ni el dictador de Putin ni mucho menos la pobrecita Ucrania: De lo que se trata es de destruir a Rusia para salvar al imperio.
Mientras tanto, los occidentales seguirán viviendo en su burbuja de cristal, cocinándose a fuego lento entre sus propias contradicciones, su impotencia, su veganismo y su inveterado hábito de alimentarse de carne humana en el mercado mundial.
lunes, 30 de mayo de 2022
Ucrania: ¿Qué viene después?
Por Jorge Capelán.
Sin duda, como diría algún filósofo chino, estamos viviendo “tiempos interesantes”, es decir, de grandes cambios para toda la humanidad.
Filósofos existencialistas como Sartre y Camus se sorprenderían si hoy vieran cómo se multiplican en los medios referencias (al menos de nombre) a la corriente de pensamiento que formaron hace ya casi 80 años: Cada vez más Estados y naciones dicen enfrentar amenazas “existenciales”, y no es para menos, porque Rusia se lo juega todo, Occidente se lo juega todo, y el mundo también se lo juega todo.
En este texto intentamos ir un poco más allá de lo inmediato y echar un vistazo a lo que vendría después de esta gran colisión entre Estados Unidos y Rusia-China. Trataremos de dar una respuesta a la pregunta de cómo sería el nuevo orden multipolar postoccidental. Pero antes, haremos algunas observaciones sobre la situación actual a propósito de la guerra en Ucrania:
En estos días, en el Foro Económico Mundial, se ventilaron algunas de las angustias más profundas de Occidente: Mientras el jubilado (y casi centenario mas para nada senil) estratega imperial Henry Kissinger advertía que quedan apenas semanas para sentarse a la mesa de negociaciones con Rusia evitando así una guerra que pondría en peligro “el equilibrio de poderes en Europa”. Los altos consejeros del presidente-títere Volodymir Zelensky no tardaron ni un segundo en responderle a Kissinger con una grosería (“go fuck yourself” y “dumb fuck”, en inglés).
Si la de Kissinger ha quedado relegada al conjunto de las voces disidentes (mas no decisivamente influyentes) a lo interno del imperio, otra cosa se puede decir de George Soros. El nonagenario magnate y pródigo financiador político de las guerras de Estados Unidos, lanzó en el Foro la lapidaria advertencia de que "la mejor y quizás la única forma de preservar nuestra civilización es derrotar a Putin lo antes posible”.
Hay que entender las palabras de Soros en su verdadero sentido. Soros no dice "salvar a la humanidad", ya que eso es lo de menos para las élites globalistas que hoy en día comandan al “Occidente colectivo”. Él dice "salvar la civilización", es decir, la única que existe para ellos, que es la que surgió a raíz del genocidio de la colonización europea del mundo hace 500 años.
La reacción de Occidente a la operación especial rusa en Ucrania es tal que la III Guerra Mundial amenaza con estallar de veras antes de alcanzar directamente al territorio chino. En Ucrania, Rusia se atrevió a contestar a la expansión de 30 años de la OTAN hacia el Este con las armas en la mano y Occidente de inmediato se sintió amenazado de muerte. Prueba de su fragilidad, tanto en su base material como en su base ideológica. Definitivamente, el globalismo occidental es un fenómeno senil, con cabezas visibles como las de Biden (79 años), Klaus Schwab (84) y George Soros (90).
La desesperación que se advierte en los voceros del globalismo (Biden, la OTAN, los británicos, la clase política europea...) indica que Occidente, bajo la égida globalista, desoyendo ostentosamente las advertencias de Kissinger, no tiene Plan B: Su único plan es instaurar la dictadura global directa de sus multinacionales reduciendo a China y a Rusia. De Rusia, sueñan con regresarla a los tiempos de Yeltsin tras la caída de la URSS y de China, con regresarla a los tiempos de las guerras del Opio, en el siglo XIX. Ilusiones vanas de viejas glorias imperiales…
A estas alturas está claro que potencias emergentes de las más variadas latitudes no están dispuestas a bailar al son de Washington: India y China, seguidas por el resto del BRICS arrastrando a países grandes como México y Argentina; casi todos los grandes exportadores de petróleo; muchos países ricos en población y materias primas y hasta viejos aliados de Washington como Israel, Arabia Saudita y Turquía se oponen en muchos puntos al diktat occidental de aislar a Rusia para ponerla de rodillas. Más bien al contrario, se muestran positivas e incluso activamente participan en la política rusa de desarrollar el comercio internacional fuera de la órbita del dólar.
Por otro lado, las grietas empiezan a aparecer en Europa, que no ha podido poner en práctica el boicot al petróleo ruso y no parece seriamente decidida a deshacerse del gas de ese país del que depende. El Viejo Continente se desgarra entre una clase dirigente globalista (tanto política como mediática) y la realidad de una guerra antirrusa que tiene como efecto las peores consecuencias económicas y sociales para sus propios pueblos. Cada vez más europeos empiezan a comprender que no pueden vivir en guerra eterna con Rusia. Sin embargo, siguiendo el guion globalista de Wall Street y la City de Londres, Europa empeña su futuro como uno de los polos de la naciente multipolaridad. ¿Serán capaces sus élites de dar un cambio de timón a tiempo?
Tres posibles escenarios
Hechas las observaciones anteriores, y tomando en cuenta el peligro permanente de que se desate una guerra termonuclear, podemos avizorar tres grandes escenarios:
Victoria de Occidente con "cambio de régimen" en Moscú y Beijing e imposición de una dictadura corporativa occidental a nivel global. Esto significaría el fin del juego y la imposición de la agenda de despoblación de Occidente. Probablemente se dé una gran conflagración nuclear, y si no se da, implicaría de todas formas un genocidio mundial a causa del aumento de la pobreza y la destrucción del campesinado a escala global. Buenas noches.
Derrota de Occidente tras una sangrienta conflagración, seguramente con armas nucleares "tácticas". Este escenario conduciría a la lenta e incierta emergencia de un nuevo orden post-occidental. No se asegura la prosperidad del género humano, debido a la destrucción material, ambiental y social de la guerra.
Derrota de Occidente en condiciones de menor intensidad bélica. Si se logra evitar o limitar el uso de armas nucleares, y si al mismo tiempo se da un proceso amplio de desobediencia hacia el “orden basado en reglas” promovido por Occidente, el nuevo orden postoccidental podrá enfrentar con mayor éxito el destino de la humanidad.
En este último escenario, hay dos posibilidades: La primera es que Occidente, en la forma de Norteamérica/Europa se mantenga como "un jugador más entre otros". La segunda posibilidad (y la más probable) es que tanto Norteamérica como Europa queden relegados a un segundo rango dado el serio peligro de que se desencadene una guerra civil en los Estados Unidos y las consecuencias de las sanciones antirrusas para las economías occidentales, especialmente la europea.
3) El nuevo orden postoccidental (algunas observaciones)
El nuevo orden postoccidental tiene que surgir de los hechos, no puede ser un producto de escritorio ni de un pacto a bordo de un buque de guerra como la famosa Carta Atlántica firmada por Churchill y Roosevelt en agosto de 1941 y parodiada 80 años después por Biden y Boris Johnson. Si en 1941 los líderes británico y estadounidense pactaron muchas cosas que vinieron a definir el mundo de la posguerra, en 2021 pactaron hundirse juntos en el abismo del “después de mí, la debacle”.
En lo económico, el nuevo orden deberá priorizar la economía real supeditando las finanzas al poder político. Implementar la lógica del "ganar-ganar" y de los consensos. El nuevo orden postoccidental cuyos cimientos se están levantando en estos momentos necesita en primer lugar de un nuevo orden financiero. Esto es imperativo, y seguramente estará caracterizado por el fin de las monedas "fiat" (es decir, las monedas cuyo valor solo está respaldado por “la confianza del mercado”); un anclaje de las monedas al oro y a las materias primas y una pluralidad de monedas ("canastas de divisas").
El nuevo orden postoccidental heredará una gran cantidad de conflictos no resueltos por el viejo orden colonial occidental (desde el conflicto Mapuche en Chile hasta, Palestina, Turquía, numerosos conflictos en África, etc.). También heredará problemas estructurales en el acceso a los recursos, especialmente el agua. Asimismo, deberá hacer frente a una gravísima deuda socioeconómica (por ejemplo, la falta de alimentos, agua y sanidad de amplios sectores de la humanidad) y el deficiente modelo de producción occidental heredado (por ejemplo, desde una “industria” médica basada en mantener enfermas a las poblaciones para venderle sus productos hasta una “industria” alimentaria basada en destruir el medio ambiente, acabar con la biodiversidad y producir alimentos de mala calidad).
En lo político, el nuevo orden deberá ser plural, ya que estará compuesto por democracias liberales, teocracias, autocracias, etcétera, así como de países de orientación socialista, capitalista, etcétera.
El nuevo orden postoccidental no puede surgir de los herederos de la Liga de Naciones ni de la ONU, ya que ambas fueron diseñadas por las potencias imperiales occidentales. Ni la Liga de Naciones ni la ONU se preocuparon jamás por los derechos de los débiles. La ONU está totalmente penetrada por intereses occidentales ("sociedad civil" de las ONG financiadas por los países occidentales, el modelo de "sociedades público-privadas" que en la práctica en un modelo de saqueo del sector público, etcétera). Estos organismos son ineficientes, ya que priorizan las votaciones ante los consensos y las "reglas" (hechas a la medida de acuerdo a los intereses occidentales) frente a la solución de problemas comunes.
No debemos esperar una “reforma” de esos organismos, ellos mismos irán perdiendo relevancia ante su incapacidad para dar respuesta a los verdaderos problemas del mundo.
El nuevo orden postoccidental deberá surgir de los actuales mecanismos multilaterales emergentes y otros, como la CELAC, ASEAN, OPEP+, BRICS, etcétera. Este orden deberá basarse en consensos, en la lógica del ganar-ganar, en la lógica del respeto a la diversidad y en la de las agendas de problemas a resolver antes que en concepciones normativas en materia de sistemas políticos, etcétera.
4) El gran reto: Cambiar la hegemonía para descolonizar el mundo
Desmontar el imperio unipolar solo es el primer paso para liberar a la humanidad de la barbarie occidental. No solo América Latina debe ser descolonizada sino todo el mundo que fue afectado por la expansión europea a partir del siglo XV.
El concepto de hegemonía no solo se aplica a la dominación política, sino también al control sobre las ideas dominantes (hegemonía cultural). La hegemonía occidental no desaparece con la desaparición del mundo unipolar de la misma manera que el influjo de Roma no cesó con la caída del Imperio Romano de Occidente. Recordemos que la Iglesia Católica fue la heredera de Roma y ha sobrevivido hasta nuestros días como uno de los pilares del dominio occidental, tanto en lo ideológico como en lo material-financiero.
Los herederos de la hegemonía occidental son a su vez tres de los grandes aportes de Occidente a la humanidad: La ciencia y la tecnología tal y como fueron formalizadas por el Occidente; la concepción occidental del conocimiento e instituciones relacionadas como la escuela moderna, etcétera, y el concepto occidental del desarrollo expresado en la ideología de la modernidad.
Es fundamental descolonizar esas tres estructuras para garantizar que el imperio occidental no sobreviva tras su caída política y económica. Es fundamental reformular la ciencia, el conocimiento y el concepto del desarrollo desde la perspectiva de toda la humanidad y no de la de Occidente.
Esto no significa rechazar esas instituciones y categorías, sino reapropiarse creativamente de ellas “resignificándolas”, para usar una expresión en boga.
Desde hace 150 años, una estrecha élite imperial (Europa-Estados Unidos), por medios tanto públicos como privados, financió y organizó toda la red institucional que a nivel planetario decide qué vale la pena estudiar, qué preguntas plantearse, qué problemas resolver y cómo hacerlo.
Esto tiene implicaciones muy palpables en la actualidad, por ejemplo, en la cuestión de las pandemias y su impacto; en la cuestión de las respuestas a las crisis de todo tipo; en los retos que plantea la Inteligencia Artificial y las Tecnologías de la Información y la Comunicación.
El imperio occidental nos hereda un mundo en el que la producción está subordinada al lucro especulativo en beneficio de intereses monopólicos privados. Por eso, nos hereda una medicina basada en mantenernos enfermos, un complejo agroindustrial basado en la destrucción del medioambiente y en la producción de alimentos de mala calidad, y tecnologías de la información que en lugar de liberar nuestras potencialidades nos aíslan, espían y controlan.
Esos son solo algunos ejemplos de la barbarie que nos hereda Occidente.
El nuevo orden postoccidental tiene el reto de salvar a la humanidad para una larga era de desarrollo histórico o perecer ante el bárbaro holocausto globalista.
jueves, 10 de febrero de 2022
PODCAST: La autodisolución de la izquierda
Stephen Sefton, editor del portal Tortilla con Sal, y Jorge Capelán, dialogan sobre la actual crisis de la izquierda a nivel mundial en medio de la debacle en curso del proyecto civilizador de occidente iniciado hace 500 años con la colonización del mundo por Europa.
martes, 19 de enero de 2021
No te preocupes, el sadismo es bueno para ti...
Stephen Sefton, Tortilla con Sal.
Desde al menos la guerra de Irak de 2003, la disyuntiva fundamental a la que se enfrentan las élites norteamericanas y europeas ha sido constante. Una alternativa podría haber sido aceptar una cierta pérdida de poder y control global para compartir pacíficamente la influencia global en un mundo multipolar con China, Rusia y otras potencias regionales. En cambio, las elites occidentales eligieron la otra: un esfuerzo inútil y globalmente destructivo para defender su poder y privilegios de costumbre.
Acompañando a ese abyecto y absurdo fracaso estratégico, el evidente declive de su poder en el extranjero mantiene una relación inversa con la clara y creciente represión y explotación de sus propios pueblos en casa. El lema tradicional de la política exterior y la diplomacia occidental siempre ha sido "haz lo que quiero, o ya verás...". Ahora, en el ámbito nacional, la variación subyacente, no explícita pero aún extremadamente clara, del mensaje que las elites occidentales ofrecen ahora a sus propios pueblos es "no te preocupes, nuestro sadismo es bueno para ti..."
A un gran número de personas en América del Norte y Europa se les niega una atención sanitaria adecuada, en algunos países como los EE.UU., incluso completamente. En otros países, los años de recortes en aras de la austeridad han hecho que los hospitales luchen por atender a un número de pacientes muy similar al que habrían tratado en años anteriores con poca dificultad. Financieramente, las elites corporativas norteamericanas y europeas se han convertido en los beneficiarios de otra transferencia de riqueza sin precedentes, siendo el ejemplo más ofensivo de ello la Ley CARES en los Estados Unidos.
En cambio, la actual crisis mundial, en su mayor parte autoinfligida, ha hecho que se efectúen pagos de diversa índole a un gran número de personas, muy similares a un ingreso básico universal destinado a mantener empobrecida la mayoría de la población. La narrativa oficial de la pandemia ha servido para suprimir el debate sobre la opción política mucho más equitativa y democrática que habría sido una garantía de empleo. A pesar de las afirmaciones oficiales de una pandemia mundial singularmente mortífera, los gobiernos de América del Norte y Europa no se comprometen en general a realizar una reforma radical de sus sistemas de salud pública ni a invertir para mejorarlos.
Del mismo modo, esos mismos gobiernos se niegan a cooperar internacionalmente con las otras potencias regionales para garantizar un trato equitativo a las poblaciones vulnerables de otros lugares. Los Estados Unidos y sus aliados siguen imponiendo medidas coercitivas ilegales contra los pueblos de Cuba, Venezuela, el Yemen y el Irán, por ejemplo. Incluso la diminuta Nicaragua está sujeta a medidas unilaterales ilegales similares, a pesar de que los organismos internacionales reconocen sus políticas sociales y económicas como modelos para la región. En efecto esas medidas coercitivas ilegales representan la sombra inconfundible de la decadencia imperial.
En 2008-2009, las clases dominantes de Europa y América del Norte idearon una solución profundamente desleal de su crisis económica, transfiriendo una riqueza sin precedentes, hasta entonces, de sus poblaciones a fin de rescatar a sus elites corporativas. Poco después, emprendieron una desesperada ofensiva mundial destinada a afianzar su control e influencia en algunas regiones del mundo ricas en recursos. En 2011, las potencias occidentales se aliaron con peones locales terroristas para derrocar a los legítimos gobiernos vulnerables de Libia y Costa de Marfil, los cuales se consideraron una amenaza a su control en África.
También se aliaron con diversos apoderados terroristas similares en, por ejemplo, Siria, Tailandia y Ucrania, tratando de obstaculizar las amenazas percibidas contra su control de las regiones respectivas de esos países. Esa desesperada ofensiva fracasó de diversas maneras, especialmente tal vez desde el punto de vista de la Unión Europea en relación al fenómeno de los refugiados. En todo caso, esencialmente, esos años confirmaron la disminución del poder y la influencia global de los Estados Unidos y sus aliados.
Internacionalmente, el asesinato de Qasim Soleimani puso un sello cruel, siniestro y criminal a ese declive. A nivel nacional, la breve, artificiosa y tragicómica ocupación del Capitolio de Washington el 6 de enero de este año ha servido como pretexto para que las clases dominantes de EE.UU. dejen caer sus máscaras. Ahora han reconocido a la vista de todo el mundo su bien establecida unión fascista de poder corporativo y estatal, aplicando una censura selectiva, incluso con la aprobación general de la opinión más progresista.
Durante más de 200 años, las elites estadounidenses aprendieron de sus antepasados europeos a explotar el racismo en bruto para cooptar la resistencia de clase revolucionaria. Un rasgo central de la política europea y norteamericana a lo largo del siglo XX fue la forma en que las élites gobernantes occidentales hicieron modestas concesiones socioeconómicas a cambio de la complicidad de sus pueblos en la conquista, dominación y explotación genocida del mundo mayoritario. Ahora la política de identidad impulsada por la clase dominante manipula tanto el tema del racismo como el de género para encubrir las salvajes realidades de clase de las sociedades occidentales contemporáneas. En efecto se señala que el trueque material entre las clases dominates del imperialismo y las mayorías de sus propios pueblos ha terminado.
Su reemplazo es una manipulación ideal posmoderno de identidad virtual que niega a una mayoría cada vez más empobrecida los derechos materiales básicos, a la educación, a la salud, a un empleo digno. En su lugar les promete que este sadismo económico transformará sus vidas con una virtud antirracista, equitativa en cuanto al género, alerta al cambio climático, que hará que las necesidades materiales se despreciarán como marginales y deplorables. Por aparente coincidencia, la destrucción ambiental del planeta está revelando con cada vez más urgencia los límites del crecimiento económico impulsado por el capitalismo consumista corporativo, que es lo que, hasta ahora, ha asegurado a las élites norteamericanas y europeas su dominio y riqueza .
En este mes de enero, Nicaragua conmemora al poeta nacional nicaragüense Rubén Darío, quien prácticamente por sí solo arrastró la literatura española hacia la edad moderna. La semana pasada, el Presidente Daniel Ortega señaló en un discurso a las famillais de Nicaragua el análisis que hizo Darío de cómo los EE.UU. inicialmente presentó la Doctrina Monroe como una manera de defender la integridad de las nuevas repúblicas independientes de América Latina contra la intervención europea. El Presidente Ortega también señaló cómo Darío explicaba que las élites gobernantes de EE.UU. muy rápidamente explotaron la Doctrina Monroe como un mecanismo de extorsión sistemática en todo el continente.
Del mismo modo, con referencia a Darío, Daniel Ortega también recordó que, después de todo, fueron las altamente cultas elites europeas las que inventaron e implementaron los horrores genocidas del imperialismo. Posteriormente, los imperialistas y fascistas del mundo extendieron esos horrores tanto a sus propios pueblos en Europa como a todavía más naciones del mundo. Ahora que el dominio mundial de las elites estadounidenses y sus aliados prácticamente está acabado, están imponiendo cada vez más a sus propios pueblos el choque de la conquista nacional post-imperial. Todo el tiempo le dicen a la gente en Occidente que no se preocupe, que tienen buenas intenciones, que su sadismo es lo mejor para tí.
lunes, 20 de abril de 2020
¿Por qué Occidente odia a la Nicaragua Sandinista?
Stephen Sefton, Tortilla con Sal.
El éxito de Nicaragua en la contención del virus COVID-19 hace que el fracaso de los EE.UU. y sus países aliados parezca patético. El bajo número de nueve casos confirmados hasta la fecha y sólo dos muertes, reivindican categóricamente las políticas del gobierno sandinista liderado por el presidente Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo. Lo mismo ocurre con otros gobiernos revolucionarios y socialistas de todo el mundo. Cuba ha dado un brillante ejemplo de liderazgo y solidaridad mundial. En otros partes del mundo, Venezuela, Vietnam y el estado indio de Kerala igualmente han aplicado políticas diversas pero exitosas para contener la pandemia.
Pero en América del Norte y Europa, el éxito en la lucha contra la COVID-19 de estos empobrecidos países socialistas , incluso cuando están siendo atacados por los Estados Unidos y la Unión Europea, como Cuba, Nicaragua y Venezuela, ha sido suprimido. En el caso de Nicaragua, los medios de comunicación y las ONG occidentales han distorsionado ampliamente y han mentido repetidamente sobre los extraordinarios logros del gobierno sandinista del país en comparación con otros países de la región, por no hablar del gran contraste con la catastrófica situación de América del Norte y Europa occidental. Muchas razones contribuyen a esa realidad, tanto contemporáneas como históricas.
Sin embargo, una razón es fundamental. Los liberales y progresistas occidentales que generalmente controlan la información y las comunicaciones en América del Norte y Europa no pueden reconocer el éxito del gobierno sandinista de Nicaragua sin admitir su propio monstruoso cinismo e hipocresía. En general, desde la disolución de la Unión Soviética, ellas y ellos han coludido efectivamente con el capitalismo corporativo y su equipo de ventas de políticas neoliberales liderado por individuos como Barack Obama o Tony Blair. En el mejor de los casos, han suplicado pequeños retoques y ajustes a los peores excesos capitalistas en sus propios países para mitigar en cierta medida la injusticia y el sufrimiento en casa.
Pero en el extranjero han conspirado a promover o justificar golpes de estado, guerras de agresión y sádicas sanciones genocidas contra pueblos con gobiernos independientes. Han sido cómplices de sus aliados, efectivamente coludiendo en la agresión de éstos contra sus víctimas, como los palestinos o las poblaciones vulnerables del Congo. Los liberales y progresistas occidentales difícilmente podrían estar más cómodos con la unión fascista del poder corporativo y estatal que actualmente controla los Estados Unidos y la Unión Europea. Por lo tanto, ha sido perfectamente natural que estos liberales y progresistas occidentales apoyen efectivamente, por ejemplo, a los extremistas inspirados por los nazis en Ucrania, a los fanáticos terroristas pseudo-religiosos en Libia y Siria y a la extrema derecha y sus fuerzas aliadas en Venezuela y Nicaragua.
Uno de los efectos de ese apoyo a tales fuerzas siniestras es que no hay vuelta atrás. El éxito de Nicaragua en la lucha contra la pandemia del COIVD-19 es irrefutable. Pero los liberales y progresistas occidentales no pueden admitirlo porque hacerlo contradiría las mentiras y fabricaciones de la derecha local y las fuerzas aliadas que apoyan. Admitir finalmente que sus aliados de la derecha son fraudes mentirosos significaría una revisión radical de su falsa versión del violento, fallido intento de golpe de estado de 2018. Nicaragua es sólo un ejemplo de cómo los liberales y progresistas occidentales se encuentran asfixiados en un miasma de prejuicios irreflexivos, cobardía moral e hipocresía cínica, haciendo imposible una valoración honesta de sus propias contradicciones morales y políticas.
En gran medida, es por ese motivo que el próximo Presidente de los Estados Unidos será otro demente instrumento belicoso de la plutocracia estadounidense y por qué la Unión Europea sobrevivirá cada vez más claramente como un instrumento desesperadamente disfuncional de los oligarcas estadounidenses y europeos. Es muy poco probable que la crisis actual conduzca a un mundo multipolar más seguro y humano. Es totalmente acertado el llamamiento de Daniel Ortega a cambiar el enorme gasto militar de los países ricos a favor de una mejor atención sanitaria y un enfoque en la solidaridad humana en lugar de la codicia capitalista. El paciente, práctico, prudente pero también brillante ejemplo del gobierno nicaragüense en esta crisis es irrefutable. Por ese motivo las élites gobernantes occidentales y sus corruptos políticos, sus falsos medios de comunicación y sus mercenarios ONGs han respondido con todavía más mentiras, falsedades, evasiones y amenazas. Odian a la Nicaragua sandinista porque son incapaces de enfrentar tanta Luz y Verdad.
Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual
El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...
-
El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...
-
La embajadora de EE.UU. en Perú, expresándole todo el respaldo a la golpista Dina Boluarte. (Foto. Resumen Latinoamericano) Por Jorge Capel...
-
250 mil brigadistas de salud han hecho millones de visitas casa a casa para informar sobre la pandemia. Esta es solo una de las muchas acc...

.jpg)





/MARZO%202020/30MARZO/lavado/estudiantes-lavadomanos-3.jpg)