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jueves, 15 de diciembre de 2022

Perú: La sublevación de los cholos


 

Por Rafael Bautista S, argentina.indymedia.org

“Cholo soy y no me compadezcas,
que esas son monedas que no valen nada
y que dan los blancos como quien da plata.
Nosotros los cholos no pedimos nada,
pues faltando todo, todo nos alcanza”

Luis Abanto Morales

El golpe de Estado señorialista ejecutado en Lima, contra el presidente Castillo, devela, una vez más, la falacia de la “democracia” made in USA; que es la que padecemos como “sistema democrático”. Desde que la democracia ha sido reducida al institucionalismo fetichista, la democracia misma es raptada como garantía discursiva de la defensa del orden vigente, o sea, la democracia deja de ser democracia para ser apenas una convención política de los poderes fácticos. En tal sentido, el pueblo ya no interesa, es decir, el sujeto de la democracia es desplazado y el poder se vacía de legitimidad, dejando a la política como un mercado cautivo a merced de los especuladores.

Por eso molesta la presencia de pueblo, porque eso retrasa los negocios, porque los tiempos del capital no admiten dilaciones ni vacilaciones. Por eso la mitología gringa ha concebido una “democracia ideal” para minar toda posible democratización del poder; esa “democracia” responde al famoso memorándum Powell, de 1971, adoptado por la Comisión Trilateral en su informe de 1975, Crisis of democracy, donde, en resumidas cuentas, se dice que la democracia entra en crisis cuando el pueblo se hace protagonista; por eso la gobernabilidad, desde entonces, se impone como el único dilema democrático.

Todos los golpes híbridos que estamos presenciando y que desubican a los incautos, porque aparecen con fisonomía democrática, son parte del repertorio de las nuevas doctrinas de la geopolítica imperial. La apropiación por desposesión del discurso democrático, por parte de las elites, fue lo que ha ido descolocando a la izquierda y arrinconándola, en la percepción pública, al espectro antidemocrático.

Esto merecía una detenida y sistemática crítica al concepto de democracia que el establishment político-académico enarbola, pero la izquierda latinoamericana, travestida en “progresismo”, nunca hizo su tarea y se conformó en adecuarse al lenguaje hegemónico que cargaba en la izquierda todos los anatemas que la mitología gringa había impuesto como maldición social. Eso inevitablemente produce la capitulación anticipada y, aunque se llegue al poder político, la suerte de la izquierda ya está excomulgada cuando su apuesta sólo es acomodarse, o sea, subordinarse de modo obediente a aceptar unas “reglas de juego” que nunca fueron democráticas y menos populares.

Ahora que la izquierda de vino y tapas, acuse a Pedro Castillo de ignorante, tonto, débil o inocente, muestra su soberbia y no hace más que retratar su también origen señorialista; porque esa es la misma calificación que la derecha le otorga a quien, según la miserable élite limeña, no merecía el poder. Si el pueblo peruano optó por un profesor de provincias que, en efecto, no tenía experiencia política, es porque la propia izquierda ya no huele a pueblo (la usurpadora Dina Boluarte es prueba de ello, hasta Antauro Humala, en la hora decisiva, tampoco puede ofrecer ninguna certidumbre). Esa es la miseria de la política pensada “desde arriba”. Herencia del colonialismo y la colonización que padecen las élites sobre todo, porque son de-formadas en el universo intelectual del dominador (de ese modo, tempranamente, se domestican sus apasionamientos revolucionarios).

Por eso también los gobiernos “progres” sólo abogan por la preservación de la institucionalidad democrática, ante una flagrante violación constitucional de esa misma institucionalidad. Parecía que habían aprendido algo ya del episodio Zelaya, Lugo, Lula, Dilma, Correa, Evo y, ahora, Cristina, pero nada. Cuando la colonialidad se ha subjetivado, o sea, naturalizado en la conciencia social, la propia izquierda es demasiado obediente de la mitología democrática gringa. Por eso prefieren quedar bien con los poderes fácticos que con el pueblo porque, en última instancia, no creen en el pueblo. Y por eso, también, vemos reiterar, cada vez, su capitulación política. Hasta sus intelectuales “progres” hacen alarde de clarividencia e inculpación paternalista sin nunca admitir sus claras limitaciones epistémicas (estos abundan en los circos académicos y se hacen famosos gracias a nuestros procesos, apareciendo como vacas sagradas en el espectro mediático, dominado por la dictadura de la “información rápida”).

Sabiendo la provocada ingobernabilidad en el Perú, por parte del congreso, nuestros gobiernos debían de desconocer inmediatamente esa espuria declaratoria de “incapacidad moral” y la ligera destitución que delataba, hasta para el sentido común, algo ya sacramentado obscenamente. Pero el discurso de la unidad latinoamericana es sólo un pretexto para las fastuosas “cumbres”, porque lo que vimos es, de nuevo, el abandono regional (abandonando a otro presidente legítimo a su suerte, como ya es usual, nos está costando la consolidación mínima de procesos populares).

Ninguno de nuestros procesos podrá mantenerse estable bajo avasallamiento interno; y esa amenaza focalizada no puede enfrentarse sólo de modo local. Nuestros gobiernos deben darse cuenta que las amenazas internas son parte de la geopolítica imperial en nuestra región y que, bajo un mismo guion, el propósito no se diluye en lo local sino se abre a la generalización y la diseminación del caos regional. Las perspectivas políticas ya no pueden ceñirse en el localismo. Como región, la repuesta ante la geopolítica imperial sólo puede ser también regional. Hasta ahora, la obediencia diplomática sólo ha servido para mirar de palco cómo se producen golpes de Estado, en todas sus variantes, dejando que eso después se reproduzca localmente.

En cada golpe, el imperialismo no piensa localmente. En las últimas doctrinas imperiales, el asunto son las regiones. Toda desestabilización particular tiene propósitos de irradiación general. Las oligarquías recaderas del Imperio en decadencia no saben ni les interesa saber el profundo daño nacional y regional al cual dirigen sus dislates.

Pero en tiempos de decadencia civilizatoria, lo más ausente es la sensatez, porque todo se resume a sobrevivir, a toda costa, y es lo que muestra la derecha en la política; por eso acuden a los más inmundos artificios porque, además, cuentan con la complicidad de todos los poderes, desde el judicial hasta el mediático, del congresal hasta el militar, etc. En todos los años de “primavera democrática”, los gobiernos “progres” no han generado una política mínima de contención del poder hegemónico; algunos incluso ingenuamente han pretendido “pactar” con estos, creyendo que se puede pretender una revolución bajo consentimiento oligárquico, sin saber que, de ese modo, cavan su propia tumba y, lo más grave, arriesgan el proyecto popular que los llevó al poder.

Ese proyecto es el que, como horizonte, se abre en medio del vacío que la propia izquierda manifiesta en su extravió histórico. Tiene a un pueblo que ya no puede resumirse a los credos del siglo XX. El sujeto histórico ya no es el proletariado, porque en la clasificación social que ha producido el capitalismo, el verdadero ausente, aquél que ha incluso resignificado el lenguaje de la misma izquierda, es el sujeto del cambio; éste es el sujeto que nuestros procesos deben potenciar, porque ya no carga las contradicciones sistémicas que la sociedad moderna ha diseñado para hacer funcional la maquinaria social, política y económica. Ese ausente ya no persigue la inclusión al sistema sino su transformación radical. Por eso postula un “mundo en el quepan todos”. Porque sólo desde la exclusión extrema se puede imaginar un mundo válido para todos.

Ese es el despreciado por la Lima “señorial”, el que no puede ser considerado un igual, el “cholo”, el “serrano”, el que representaba Castillo, y al que la postiza tolerancia democrática del señorialismo limeño no podía soportar. Por eso esa élite abraza la democracia gringa, porque en ella vacían y son justificados todos sus prejuicios racistas a nombre de lo más sagrado en el lenguaje político. Por eso se puede ser total y absurdamente democrático siendo, en realidad, fascista.

Apuesta que no es actual, sino la decantación histórica de una tradición que nos devuelve, otra vez, al origen del asunto: el eterno retorno de la conquista, ahora bajo forma democrática. Por eso Luis Abanto Morales sigue vigente en el alma popular: “¿Acaso no fueron los blancos venidos de España/que nos dieron muerte por oro y por plata/No hubo un tal Pizarro que mató a Atahualpa/tras muchas promesas, bonitas y falsas?”.

 

La Paz, Chuquiago Marka, 11 de diciembre de 2022
Rafael Bautista S., autor de: “El Ángel de la Historia. Genealogía, ejecución y derrota del golpe. 2018-2020”, yo soy si Tú eres ediciones
rafaelcorso@yahoo.com

sábado, 12 de noviembre de 2022

América Latina: ¿cambio o transformación?


 

Por Fabrizio Casari, Visión Sandinista.

Intentos de golpe de Estado disfrazados en Brasil, Bolivia y Perú, sanciones a Nicaragua, amenazas de invasión en Haití. Este es el sombrío y preocupante panorama que ha surgido en las últimas semanas en América Latina. El golpe expresa la actitud de Estados Unidos hacia el continente, que se encuentra en medio de una transición que ve cómo la derecha reaccionaria deja los gobiernos de algunos países clave para el orden geopolítico latinoamericano a la centroizquierda.

Se habla mucho de que el continente gira a la izquierda, pero ¿es realmente así? Comencemos por decir que América Latina no es un lugar ajeno a la dinámica general planetaria y, aunque muchas veces ha representado la punta más avanzada de los procesos de liberación (así como los de opresión), ciertamente no es inmune a la abdicación general de los procesos revolucionarios que se produjo después de 1989, cuando la derrota del campo socialista permitió al sistema unipolar de pensamiento único construir un Orden Mundial a la medida del monetarismo, aplicado en el terreno del capitalismo sin capital.

La reducción de la radicalidad de los principios y la inversión del sentido común han ido de la mano con la de los términos. Las antiguas identidades reaccionaria y revolucionaria se han ajustado a una dialéctica más cool entre conservadores y progresistas. Las dos direcciones ideales diferentes se convirtieron en dos opciones compatibles, en algunos aspectos incluso superpuestas. La alternativa ha sido sustituida por la alternancia, y al desaparecer la lectura de la historia como un conflicto irreconciliable entre las clases, se ha impuesto la más confortable reconciliación. Pero hay una especificidad contextual que no debe subestimarse y que ha contribuido a que la América Latina de Fidel, Chávez y Daniel sea un continente que no ha conocido la abjuración, quizá el reposicionamiento.

La historia de América Latina no puede desligarse de la de Estados Unidos, porque el subcontinente ha vivido a lo largo de su historia como telón de fondo el choque entre la independencia y la anexión. Demasiado importante e intrusivo el papel de Estados Unidos en el continente, lo que hizo que el modelo de relaciones con cada país y con todo el continente en su conjunto fuera un hecho ineludible para la construcción de los modelos sociales y políticos que se alternaron. Experiencias revolucionarias y reformistas, victorias de la derecha, victorias electorales de la izquierda anticapitalista, intentos de golpes y derrotas electorales de las derechas vinculadas al capital internacional y al latifundio local.

En esta sucesión de dinámicas opuestas, han madurado modelos de identidad política -también por el efecto emulativo hacia EEUU y Europa- que tienen poco que ver con la historia del continente y mucho con su subordinación cultural. Y es precisamente en la relación entre el continente latinoamericano y Estados Unidos donde se juega también parte del juego entre las dos izquierdas, la incompatible y la compatible.
 

La izquierda y sus recetas

Existen al menos tres identidades políticas diferentes dentro de la amplia izquierda. Uno, revolucionario, atacado pero indomable, vive y gobierna en Nicaragua, Venezuela y Cuba. Es una izquierda nacida en procesos revolucionarios, que primero ganó y luego defendió. Es alternativa en términos ideológicos y programáticos, en la política interior e internacional. Pone en primer plano la crítica del sistema capitalista y su incompatibilidad conceptual, no sólo práctica, con una sociedad equitativa.

Su perfil ideológico tiene como eje central el papel del Estado como sujeto político general, regulador del mercado y sus distorsiones; cree en un orden socioeconómico que prefigura la superación del capitalismo y en un modelo de economía mixta de carácter socialista. Considera el papel del partido como vanguardia de la sociedad y, teniendo en cuenta el carácter subversivo de las clases dominantes vinculadas a la dominación estadounidense, organiza la defensa del terreno político e institucional teniendo el monopolio de la fuerza.

Construye su política exterior sobre la base de los intereses nacionales y tiene en la solidaridad internacionalista y la unidad del continente la interpretación de la cooperación e integración regional. Cree, en este sentido, en la utilidad de las instituciones continentales para la libertad y la igualdad, desprovistas de la presencia de EEUU y Canadá y destinadas a superar definitivamente a la OEA y a todos los demás organismos formados y dirigidos por la Casa Blanca como instrumento de control político sobre el subcontinente.

Denuncia y combate la política de opresión estadounidense ejercida por todos los medios, y resiste y se solidariza con las víctimas de la desestabilización permanente, es decir, los países que no obedecen al imperio que afirma su propia libertad destruyendo la de los demás. Luego hay otra alineación, un conjunto compuesto por dos subconjuntos que, en términos de formación y perspectivas, aunque diferentes, tienden a proceder en armonía.

La izquierda ligera no es, de hecho, un bloque político, es una realidad heterogénea con diferentes acentos y perfiles distintos. Está el reformista con un perfil ideológico cercano a las socialdemocracias europeas de finales del siglo XX, que involucra a Bolivia, Honduras y Brasil. Tiene un perfil reformista y trabaja por un reequilibrio social en los respectivos países y por la independencia de Estados Unidos, al que, sin embargo, reconoce un papel preeminente en la geopolítica continental. Considera útil un diálogo permanente con la izquierda alternativa y cree que puede servir de aglutinante entre las distintas expresiones progresistas y socialistas. Por último, está el polo progresista con tracción democrática: México, Argentina, Colombia, Perú, Chile.

Generalizando, podemos configurarlo como un polo liberal en economía y progresista en derechos civiles. Su perfil ideal contempla el papel del Estado como ordenador de la organización social, pero absteniéndose de cualquier intervención en la economía. Cree que el mercado se regula a sí mismo y, abogando por la reforma del capitalismo monetarista, defiende su aplicación light, es decir, una gestión diferente de los flujos de gasto que permita un mayor bienestar social. La izquierda-light propone el tipo de izquierda que más le gusta a la derecha: no cuestiona el sistema político, sino que se manifiesta como una versión importada del progresismo de los derechos civiles.

No cuestiona la ausencia de derechos sociales para no socavar la estructura de la dependencia, y quiere importar un modelo de socialdemocracia que, por su propia naturaleza, exalta el fortalecimiento de la clase media, vista también como un motor socioeconómico y cultural situado en el centro: una palanca decisiva para el equilibrio del sistema político que casi siempre pretende ser bipolar o incluso bipartidista.

Pero la realidad no es una mercancía que se pueda importar. En un continente en el que la polarización política y la brecha social experimentan una división inexplicable, identificarse con un modelo social nacido en otra fase de la historia, en otros continentes y para otros modelos de sociedad, es una mala ingeniería política. Entre otras cosas, crea condiciones frágiles para la construcción política, desarma y hace irrelevantes a los partidos y a los sindicatos, debilita los cuerpos intermedios y da mayor libertad de maniobra a las fuerzas del deep state, el Estado profundo. Su receta económica esboza un progresismo modesto y cobarde que, ante un continente marcado por una inmensa zona de pobreza y una riqueza insultante para el latifundio especulativo, señala una forma civilizada y atemperada de turbo-liberalismo monetario como la salida a la que aspirar y piensa que la cuestión es simplemente cambiar un grupo dirigente por otro, alternar a los todopoderosos y no cambiar de rumbo.

Su relación con Estados Unidos no es de confrontación, sino de negociación: pretende cogobernar con Washington.

Su relación con el gigante del Norte se consuma en el intercambio entre la posibilidad de permanecer en el poder a cambio de convertirse en los acusadores de la izquierda en la que militaban antes de sentir la comodidad del dinero; se les permite de representar una alternativa a los gobiernos de derecha, siempre que sea sólo aparente. Progresismo charlatán. No hay un paradigma socioeconómico y cultural diferente si la mayoría de las alternativas resultan ser alternancias.

Esta izquierda caviar no molesta a los sacerdotes del imperio, porque se diferencia de la derecha más en las formas que en las prioridades y los retos. Al proponer la prevalencia de los derechos civiles en detrimento de los derechos sociales, encarna la doctrina liberal histórica y no el socialismo como método de búsqueda y transformación de la realidad. Una realidad que se quiere mejorar, no subvertir, porque cambia el orden capitalista por el orden natural. Entre los mejores ejemplos de este concentrado de ambigüedad, que al final anuncia cambiar todo para no cambiar nada, están algunos como el presidente chileno Boric y el ex-presidente uruguayo Pepe Mujica, que encarnan un modelo de liderazgo que ha privatizado la agenda histórica de la izquierda. A ellos se suman AMLO, Petro y Castillo, que, como Boric, miran a Nicaragua para no sentir repulsión al mirar a sus propios países.

Critican al Comandante Ortega porque gobierna y logra lo que ellos antes soñaban y ahora no pueden lograr. Si Mujica representa la izquierda que complace a la derecha, las reiteradas polémicas de Boric hacia Nicaragua y Venezuela indican la profundidad humana y política de un diseño que, en lugar de combatir la opresión del Norte, opta por buscar sus enemigos entre los liberados del Sur. Ponerse a disposición para atacar políticamente a Cuba, Nicaragua y Venezuela, además de retratar plenamente su servidumbre al imperio y sus objetivos políticos, ofrece una imagen de cobardía política porque, en lugar de solidarizarse con los pueblos y países del continente, opta por golpearlos aumentando exponencialmente su (teórico) aislamiento, favoreciendo así el cerco de Washington.

En definitiva, la ausencia de una idea de unidad del continente latinoamericano, la falta de voluntad ante la perspectiva de la Patria Grande que soñó Simón Bolívar, y la reiteración de la subcultura malinchista, auténtica puerta sensorial de la genuflexión política y económica hacia el imperio, se exhiben con desparpajo. ¿Diferente o alternativa? Se habla mucho de la diversidad de los regímenes chilenos o argentinos a partir de su propio pasado. Pero ser diferente no significa ser alternativo.

Nunca hay que confundir un cambio con una transformación: un cambio es un acontecimiento que se consuma, mientras que una transformación es un trabajo diario a largo plazo. Ganar las elecciones no significa ganar el poder. Cambiar el gobierno no significa cambiar el sistema. Para ser alternativa, hay que prefigurar una sociedad completamente diferente, cambiar las relaciones de poder entre las clases, reducir el peso de los poderes financieros y militares que siempre han condicionado el desarrollo y la democracia. Ganar las elecciones es útil si la correlación de fuerzas cambia, de lo contrario se cambiará a los que quieren cambiar.

Mantener las diferencias y transformarlas en una suma de fuerzas es posible si la parte moderada del progresismo deja de confundir aliados con enemigos. Si deja de ver los procesos revolucionarios como una amenaza en lugar de una ventaja. Si se niega a abjurar de quienes defienden los principios de equidad y justicia social, independencia y soberanía nacional. Si se convierte en un actor de solidaridad y apoyo mutuo. Si deja de creer que su pobreza es culpa de los más pobres y no de los más ricos.

Si deja de querer ser una planta económica para otros y se convierte en un árbol en su propio jardín. Por el contrario, debería apoyar la unidad latinoamericana, indiferente a los diferentes enfoques políticos, unida en sus demandas y cohesionada en su relación con Estados Unidos y Europa. No sólo es correcto, sino que también es conveniente que sea corto y largo. Hay que aprovechar la extraordinaria centralidad del subcontinente, que tiene todos los recursos que el Norte necesita.

Por eso debe orientar su brújula hacia el Sur si quiere tratar en igualdad de condiciones con el Norte. Cambiar la rendición por la victoria es una ilusión peligrosa. Cambiar la solidaridad de los hermanos por la benevolencia de los verdugos es una estupidez, incluso antes de ser un error.

domingo, 16 de octubre de 2022

Chile: Sin izquierda no hay paraíso

 


Por Teófilo Briceño. Centro de Estudios Francisco Bilbao.

Hay un vacío gigantesco, no hay un espacio, una referencia política a la izquierda del actual gobierno.

El sistema y sus medios de comunicación, a los cuales se suman los bots y seres humanos que actúan como bots, definen a la actual administración como un gobierno de izquierda, y hasta un reconocido intelectual del continente como Atilio Borón, antes de que Gabriel Boric asumiera, insinuó que era un nuevo Allende, aunque luego recogió cañuela.

Es indesmentible que en la coalición del gobierno hay fuerzas políticas, como el Partido Comunista, que están en la tradición de la izquierda chilena, pero eso no implica necesariamente que el gobierno lo sea. Es más, las actuaciones de la coalición que ocupa transitoriamente La Moneda, en la práctica son muy similares a las de los gobiernos pasados de la Concertación, la Nueva Mayoría y la propia derecha.

Pero más allá de la polémica, del uso o abuso de categorías como izquierda, centro y derecha, para definir el actual cuadro político, sí son categorías que en los sentidos comunes que circulan en Chile tienen todavía validez.

Constatamos que hoy se habla de “las izquierdas” para acentuar la diversidad de pensamientos, e incluso de intereses en aquellos que se asumen y reconocen en este espectro político. También constatamos que cada vez es más difuso asimilar la definición con la pertenencia a una clase o sector social, a la par de la existencia de una inmensa mayoría a la que no le interesan están definiciones, y que fantasiosa, o incluso ingenuamente, se autodefine como “apolítica”.

Pero la pregunta cae de cajón, ¿qué es ser de izquierda? Y asumiendo que es una categoría de uso político y no una categoría de clase en un análisis marxista, y menos de estratificación social en las definiciones de las ciencias sociales gringas.

En palabras más simples, pertenecer al proletariado no te define como de izquierda, ser pobre o precario tampoco. Lo que nos lleva a definiciones asociadas a cierta visión de cómo debe ser la sociedad, la VISIÓN DE PAÍS como les gusta hablar a los académicos y políticos “progresistas”.

Está claro que la “visión de país” que tenía el proyecto de la Unidad Popular, que buscaba terminar con el capitalismo y construir una sociedad de orientación socialista con un norte post capitalista, no tiene nada que ver con la visión de país que tuvo o tiene Bachelet, y ahora Boric Font. Ellos, qué duda cabe, sólo quieren humanizar el neoliberalismo, en absoluto terminarlo.

Por sus obras los conoceréis dice un refrán popular. Y al gobierno de la Unidad Popular se le pueden hacer múltiples críticas, pero tenía un proyecto, un horizonte claro, un programa de gobierno, no sólo de derechos sociales avanzado para su época, también un programa económico que apuntaba a la soberanía nacional y popular, un programa que tenía en su contenido central, no sólo que mandara el pueblo o los pueblos, sino también de desmantelar el poder de la oligarquía, de las transnacionales y del Estado portaliano. De eso, no hay absolutamente nada en el actual gobierno.

Pero para retomar ese proyecto nacional popular, revolucionario, retomar, significa también actualizarlo a un mundo que está en constante transformación, pero también en peligro de extinción, y por ello se necesita una fuerza unitaria o una referencia a la izquierda de este gobierno, claramente mediocre y entreguista.

Es una necesidad urgente, prioritaria, porque sin alternativa, sin fuerza político social, sin proyecto no habrá justicia social ni dignidad.

Hay que caminar hacia la conquista de un nuevo gobierno popular, que esta vez tenga las capacidades incluso de enfrentar una hipotética guerra civil, en ello, en su diversidad, tiene que existir una izquierda popular que sea el germen para aquello.

Sin izquierda, pero una verdadera izquierda, qué duda cabe, no hay paraíso.

martes, 7 de junio de 2022

Charla: Las Izquierdas en Debate


8 de junio.
8 hs de Nicaragua - 11 hs Argentina.

Diferencias y semejanzas, las divisiones entre la izquierda woke y la izquierda real. ¿Puede haber una versión iberófona de la izquierda? ¿por qué las divisiones entre los que denuncian la claudicación de la izquierda?

jueves, 10 de febrero de 2022

PODCAST: La autodisolución de la izquierda

 

Stephen Sefton, editor del portal Tortilla con Sal, y Jorge Capelán, dialogan sobre la actual crisis de la izquierda a nivel mundial en medio de la debacle en curso del proyecto civilizador de occidente iniciado hace 500 años con la colonización del mundo por Europa.

martes, 9 de julio de 2019

Foro de Sao Paulo en Caracas, tierra de libertadores para salvar lo conquistado

Equipo redacción ZonaFranK

 
La izquierda regional se dará cita el próximo 25 julio de 2019 en Caracas para abordar desde el pensamiento crítico y el compromiso partidista la situación actual latinoamericana.
Durante tres días la tierra del Libertador Simón Bolívar, y uno de sus más ilustres hijos el Comandante Hugo Chávez, recibirán a más de 120 organizaciones progresistas provenientes de diversas partes del mundo, para dar continuidad al debate iniciado en La Habana el pasado año donde quedó evidenciado que la izquierda hoy se enfrenta al reto de salvar lo conquistado.
El encuentro tiene lugar en un contexto complejo, siendo la propia Venezuela blanco directo de la política ultraconservadora que desde Estados Unidos quiere imponer al mundo Donald Trump y su equipo de asesores, todos viejos halcones de la política exterior norteamericana enfrascados en gestionar un próximo período presidencial con el peligro extra que ello encierra para nuestros pueblos.

La venidera cita representa la reunión más importante de partidos políticos y movimientos de izquierda a nivel mundial bajo el prisma de restablecer la soberanía de nuestros pueblos, fortalecer la unidad dentro de la diversidad que nos caracteriza, defender nuestra región como Zona de Paz y continuar luchando para contrarrestar la ofensiva imperial.
Desde su creación en 1990 el Foro sigue siendo un protagonista político joven en la región, un espacio para la concertación de experiencias y la construcción de alternativas políticas, de ahí que su encuentro en Caracas encierre un simbolismo mayor para todos los hombres y mujeres del mundo comprometidos con un proyecto de mundo mejor y posible.
A pesar de las complejidades del momento, también afloran nuevas y valiosas oportunidades para desmontar el esquema neoliberal, tomando en cuenta el propio desgaste que comienzan a padecer los gobiernos de turno en el área, como resultado de políticas domésticas fallidas por estar más pendientes de la política exterior norteamericana como fieles ejecutores, dejando a un lado la búsqueda de soluciones a los problemas integrales en los países que administran.
Frente a esta realidad, hoy el Foro de Sao Paulo se levanta como el principal espacio de convergencia, debate y acción conjunta desde la izquierda para restablecer una agenda social emancipadora. Este es el principal compromiso con los pueblos humildes y explotados de América Latina y también con los padres fundadores de nuestra historia libertaria.
Los partidos políticos de izquierda y movimientos sociales que se reúnan en Caracas también rendirán homenaje especial al líder de la Revolución bolivariana, Hugo Chávez, así como a los fundadores del Foro de Sao Paulo el Comandante Fidel Castro y el líder del Partido de los Trabajadores de Brasil, Luis Inácio Lula Da Silva, víctima del Lawfare como modalidad para desarticular a líderes políticos mundiales cuya voz no puede ser silenciada.

Fuente: https://zonafrank.wordpress.com/2019/07/09/foro-de-sao-paulo-en-caracas-tierra-de-libertadores-para-salvar-lo-conquistado/

Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

    El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...