El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro multipolar. La imposición de un modelo que va en decadencia genera conflictos, muchas veces muy violentos, que socavan al propio modelo y abren paso a la idea de un mundo de relaciones más justas, como propone el BRICS. Sobre estos conflictos, intentar dilucidarlos, conversamos con el periodista Jorge Capelán, Analista, en Sumando Vigores, por ExtraPlus.
martes, 18 de abril de 2023
viernes, 24 de marzo de 2023
CREI: Rusia y China ya ganaron la primera parte de la guerra mundial
Los especialistas del CREI Manuel Espinoza, Jorge Capelán, Lester Pilarte y Bolívar Téllez analizan los acontecimientos geopolíticos de la semana, desde la visita del presidente chino Xi Jin Ping a su par ruso Vladimir Putin hasta la crisis bancaria de Occidente y las protestas en Francia.
viernes, 24 de febrero de 2023
Análisis: Un Año de la Operación Militar Rusa en Ucrania y la Derrota Progresiva de la OTAN
¿Por qué la OTAN y Occidente están en el camino de la Derrota Estratégica?
¿Cuál es la Intensidad del Conflicto Actualmente? Analistas del CREI discuten el primer año de la guerra en Ucrania.
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jueves, 29 de diciembre de 2022
Ucrania, el plato rico de los Estados Unidos
Por Fabrizio Casari.
Las negociaciones para un alto el fuego en Ucrania no parecen estar ni a punto de nacer, pero de hecho todo el mundo sabe que desde hace tiempo Estados Unidos, ante la insostenibilidad militar y financiera del enfrentamiento entre Ucrania y Rusia, ha dado luz verde a la CIA para iniciar negociaciones con diversas mediaciones, última de ellas la de India.
¿Hay motivos para confiar en la apertura de negociaciones? Todo el sistema político y mediático apuesta por su impracticabilidad, aunque en algunos momentos lúcidos vea su improbabilidad, dado que Kiev está al límite y las finanzas europeas aún más. En apoyo decisivo de una hipótesis que desearía ver el final de la guerra en Abril, llegan ahora noticias de absoluto interés.
El mayor fondo de cobertura del mundo, Blackrock, cuyo peso viene dado por el volumen de su negocio (ocho billones de dólares en cartera) y su reconocida influencia en la política estadounidense, trabaja en la recaudación de fondos para la reconstrucción de Ucrania tras la guerra. Las estimaciones más modestas para levantar el país ascienden a 350.000 millones de dólares, mientras que las más elevadas llegan al billón.
Para Blackrock, sería una de las operaciones más colosales de esta década y, ante esta perspectiva, no hay bengala ideológica estadounidense que se le resista.
Si esto llegara a ocurrir, representaría una nueva aplicación sobre el terreno de la estrategia de “destruir y aterrorizar”, que más tarde se convertiría en “destruir y reconstruir”, iniciada con la primera guerra de Irak. La estrategia pasa por la destrucción de los países hostiles a Washington, lo que no sólo le libra de los adversarios políticos que cuestionan su legitimidad para dominar el mundo a su sola conveniencia, sino que produce primero un gran beneficio para la industria bélica, volante central de la economía estadounidense, y luego un negocio igualmente grande para la reconstrucción de lo anteriormente destruido.
De hecho, el fin de las hostilidades siempre se cierra con un acuerdo que favorece a las empresas mineras y constructoras estadounidenses, a los que luego se añaden jugosos contratos que el Pentágono firma con las empresas mercenarias encargadas de vigilar al personal civil y diplomático estadounidense durante los años de reconstrucción. Los sepultureros se convierten en médicos: el TNT de ayer se convierte en el cemento de mañana.
La estrategia de “destruir y reconstruir” es, por tanto, portadora de grandes éxitos económicos, además de geopolíticos, para Estados Unidos, y está precisamente vinculada a los éxitos militares de Washington. De hecho, sólo ha fracasado en Afganistán y Siria, donde Estados Unidos ha hecho un desastre y ha sembrado el campo de minas y fugitivos. En Kabul fueron literalmente expulsados por unos miles de hombres en zapatillas y turbantes, en Damasco en cambio - ayudados por Irán y Hezbolá, además de por los sirios - se encargaron los rusos, que intervinieron y desbarataron al Isis y a toda la OTAN en poco tiempo. Ahora los EE.UU siguen robando petróleo a Siria, por fielidad a su principal característica.
Los bolsillos llenos de los mismos de siempre
Política, económica y militarmente, Estados Unidos no saldrá de Ucrania de todos modos. Monsanto (ahora Bayern) seguirá siendo el propietario de la enorme cuota de tierra ucraniana obtenida prácticamente gratis. Hubo propaganda sobre el impacto que la ausencia de trigo ucraniano en el mercado tendría en la crisis alimentaria africana, pero se trataba de fake news colosales. Las cosechas ucranianas se destinan en un 95% a Europa, y sólo un 5% a África. De lo contrario no se hubiera escuchado nada ni nadie alarmandose.
La adquisición de tierras cultivables fue sencilla, desde luego no un noble recuerdo para la soberanía ucraniana. Monsanto se hizo con las tierras, los derechos de explotación e incluso con la financiación internacional para la producción, que Ucrania exigió y los estadounidenses cobraron. Según una pregunta parlamentaria de Die Linke en el Bundestag, hubo una línea de crédito de 17.000 millones de dólares concedida a Ucrania en 2014 por instituciones financieras internacionales lideradas por el Fondo Monetario Internacional y el dinero se destinò por Kiev para reanudar los cultivos. Si las acusaciones de Die Linke fueran ciertas, nos encontraríamos ante la paradoja de un gobierno que recibe fondos que luego entrega a empresas extranjeras para que acaparen tierras en su país.
Lo mismo puede decirse de los 37 laboratorios biológicos para la guerra bacteriológica, abiertos y gestionados por el ejército estadounidense en territorio ucraniano. Según el Kremlin, el Pentágono ha financiado la modernización de al menos sesenta laboratorios biológicos secretos a lo largo de las fronteras china y rusa, y el Ministerio de Asuntos Exteriores chino afirma disponer de datos que demuestran que Washington tiene bajo su control 336 laboratorios en 30 Estados fuera de la jurisdicción nacional.
Recordemos que los experimentos de ganancia de función, es decir, los estudios para modificar genéticamente un virus animal con el fin de convertirlo en un patógeno que pueda transmitirse de humano a humano, están prohibidos en Estados Unidos desde 2014. En esto Ucrania es un nido de cuco: para los estadounidenses los resultados de los experimentos, para los ucranianos los riesgos de una posible contaminación. Los laboratorios seguirán firmemente en manos estadounidenses, al igual que Estados Unidos será el mayor acreedor de Ucrania, que tendrá que pasarse la eternidad pagando su deuda con Washington por los suministros de armas, que todo el mundo pretende creer que son ayudas cuando en realidad son contratos de venta.
Tendrán que renunciar, tal vez, a las ricas minas del Donbass y a los negocios relacionados de Hunter Biden, que se irá de crack a otra parte. Después de todo, el poder de interdicción del presidente Biden ya no será lo que era; las elecciones de mitad de mandato y su avanzada demencia le relegan ahora a un papel meramente representativo. La misma ridícula ceremonia de Zelensky en el Congreso, con el júbilo de los congresistas demócratas caducados y la presencia de sólo 70 de los 238 senadores republicanos, fue en cierto modo el canto del cisne de Biden más que el comienzo de una nueva era. Las payasadas sobre la amenaza rusa sirvieron principalmente para apoyar el enorme aumento del presupuesto para gastos militares hasta la estratosférica suma de 858.000 millones de dólares (¡incluso 45.000 millones más de lo que había solicitado la Casa Blanca!), un récord absoluto en la historia de Estados Unidos que indica la próxima guerra contra China.
Tal aumento presupuestario también parece ignorar los resultados de una auditoría interna, que revela que el Pentágono no sabe adónde fueron a parar 6500.000 millones de dólares, aproximadamente el 40% de su presupuesto. Dinero de los ciudadanos “desaparecido en combate”.
Y si el lobby armamentístico está satisfecho, el lobby petrolero también lo estará. La guerra deseada por Estados Unidos ha logrado su principal resultado: el bloqueo de la asociación comercial entre Rusia y Europa, el fin de los suministros energéticos que permitían el desarrollo de los países de la UE, el cese de las actividades financieras y la ruptura de las relaciones políticas se han dado. La dependencia europea de Rusia se convirtió en dependencia de Estados Unidos y su gas licuado, de baja cantidad, menor calidad y mayor precio.
Firmar la paz y seguir con la guerra
En este momento, continuar la guerra tal y como está no tendría sentido, ya se han conseguido los resultados deseados. Moscú está lejos de Occidente y cada vez más anclada en Oriente. La presión militar de la OTAN sobre Rusia seguiría siendo alta, e incluso si los acuerdos de paz incluyeran Crimea y Donbass como territorios rusos, el resultado sería poner otros 300 kilómetros, muy útiles, entre Moscú y la línea del frente ucraniano. El adiós anunciado de Kiev a la OTAN podría ser sustituido por el abrazo mortal de la UE, de modo que los dramas sociales y los costes del restablecimiento de la economía ucraniana correrían a cargo de los europeos.
Continuar una guerra convencional supondría una enorme carga para Washington y Bruselas, sin ninguna posibilidad de victoria sobre el terreno. Por otro lado, entrenar, armar y financiar a los grupos neonazis encargados de continuar las acciones militares, incluso después de alcanzar un acuerdo de paz, costaría poco y rendiría mucho. Un poco como lo que se puso en marcha de 2014 a 2022 con los Acuerdos de Minsk, cuyo cumplimiento fue una tomadura de pelo, solo sirvió para ganar tiempo para construir el ejército ucraniano, como confesó cándidamente Angela Merkel.
En los cerebros del Pentágono y de Langley se contempla un escenario en el que Ucrania se reduzca significativamente de tamaño, creando así una corriente político-militar que no reconozca los acuerdos y opte por la vía del conflicto. Esto crearía un modelo de guerra de guerrillas permanente como el de los muyahidines afganos y los chechenos, que mantuvieron a Moscú comprometido militarmente durante años, sin otro propósito que debilitarlo y ponerlo en condiciones de desviar los recursos de la industria bélica orientandolo a la guerra de baja intensidad, en lugar de la guerra convencional y nuclear que preocupa a Estados Unidos y la UE.
Porque, como siempre ocurre tras un conflicto de raíces profundas, la paz no implica apaciguamiento. Sobre todo si los patrocinadores de la guerra siguen avivando las llamas del terror.
domingo, 23 de octubre de 2022
Izquierda Visión: Ucrania y otros temas
Jorge Capelán y Marcio Vargas hablan sobre la guerra de Ucrania y otros temas en el espacio Punto de Vista, del programa Izquierda Visión de Canal 4.
jueves, 13 de octubre de 2022
No se puede ser antirracista y apoyar al fascismo imperial
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| Resultados de la votación en la ONU el 12 de octubre de 2022. |
Por Jorge Capelán.
El 12 de octubre (fecha aciaga si las hay) de 2022 fue el día de la genuflexión planetaria de los gobiernos del Sur Global ante el ya decrépito orden imperial occidental que se cae a pedazos a 530 años de su colonización del mundo.
Me van a disculpar, pero otra vez disiento sobre Colombia. No me convence la definición de la vicepresidenta Francia Márquez con motivo del 12 de octubre. Suena bien, pero se queda corta, muy, pero muy corta. Márquez llama a "resignificar con dignidad nuestra identidad étnica y multicultural", agregando que "este no es el día de la raza, es el día de la diversidad étnica y cultural" finalizando con un llamado a "descolonizar nuestro pensamiento y nuestro accionar".
Hoy #12Oct #NadaQueCelebrar. Resignificamos con dignidad nuestra identidad pluriétnica y multicultural. Este no es el día de la raza, es el día de la diversidad étnica y cultural. El cambio es decolonizar nuestro pensamiento y nuestro accionar. #ReparaciónHistóricaYa
— Francia Márquez Mina (@FranciaMarquezM) October 12, 2022
Precisamente, de pensamiento y de accionar se trata, no de formulaciones abstractas ni de plumajes multicultis. En estos momentos en el Abya Yala -incluso en Colombia- los pueblos luchan por la tierra, por los territorios, por una agricultura y un modelo de desarrollo material, moral y espiritual que satisfagan las necesidades de la gente y de la Madre Tierra, por un Buen Vivir para todos y todas.
Definitivamente, los pueblos no están luchando para permitir que se planten las botas de los marines yanquis en la Amazonía, que fue la propuesta del presidente Gustavo Petro le hizo recientemente a la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos.
Y tampoco están luchando por montar un pogromo universal contra los pueblos eslavos, como lo fue la votación en la ONU, el propio 12 de octubre, condenando la incorporación a Rusia de territorios que le pertenecen desde hace cientos de años y cuyas poblaciones por mayoría aplastante exigieron. Tristemente, en esa votación, el gobierno de Francia Márquez se sumó al acto ritual de genuflexión ante las presiones occidentales de tantos gobiernos del Sur Global.
En ese sentido, hay que decir que aunque el voto por el "sí" imperial representó la mayoría de los Estados de la ONU, en términos de población solo fue el del 41% de los habitantes del planeta. La gran mayoría de la población mundial, entre ella la de países como la India y la China, se negaron a apoyar semejante chantaje.
No se puede ser antirracista y apoyar al fascismo imperial de los ucronazis de Kiev, criminales herederos de Hitler. No se puede ser antirracista y apoyar a la OTAN ni implorar botas estadounidenses en la tierra sagrada del Abya Yala.
martes, 11 de octubre de 2022
(VÍDEO) La guerra de Ucrania entra en una nueva fase y otros temas
El Néstor Espinosa del canal ExtraPlus y Jorge Capelán conversan sobre temas de actualidad:
1) Primeras impresiones tras el paso del huracán Julia (Tiempo: 00:00)
2) El ataque terrorista de Kiev al puente de Crimea y los bombardeos de Rusia en toda Ucrania (Tiempo: 9:27)
3) El reto civilizatorio de nuestros pueblos en el nuevo mundo multipolar. (Tiempo: 40:08)
sábado, 8 de octubre de 2022
Zelenski, el juglar atómico
Por Jorge Capelán.
Las recientes idas y venidas en torno a las declaraciones del «presidente» ucraniano Volodímir Zelenski sobre la necesidad de «ataques preventivos» para «eliminar la posibilidad de que Rusia haga uso de armas nucleares» son una prueba más de que el «mandatario» no es más que un simple actor y una marioneta al servicio de la OTAN, sin ninguna capacidad de análisis propio.
"Vuelvo a hacer un llamamiento a la comunidad internacional, como antes del 24 de febrero: ataques preventivos para que ellos [los rusos] sepan lo que les ocurrirá si lo utilizan, y no al revés", dijo el jueves Zelenski en una conferencia virtual con el Instituto Lowy de Australia.
Las declaraciones del «mandatario», que de inmediato desataron una ola de condenas dentro y fuera de Rusia, fueron retractadas horas más tarde en Facebook por el propio secretario de prensa de Zelenski, Serguéi Nikoforov.
Nikoforov señaló que, antes de que comenzaran las hostilidades, «las únicas medidas de las que hablamos fueron las sanciones preventivas».
Como si esa retractación no fuera suficiente, el día viernes la BBC de Londres publicó una aclaración del propio Zelenski en el sentido de que él estaba hablando de «patadas» y no de «ataques» preventivos, por lo que en realidad habría hecho referencia a sanciones.
Según RT, la palabra ucraniana udary empleada por Zelenski, literalmente se traduce igualmente como patada y como golpe. Pero lo que es difícil de entender, es cómo udary puede traducirse con la palabra sanciones.
Si Zelenski hubiera utilizado la cabeza, hubiera dicho «sanciones» y no «patada» o «golpe», pero a todas luces no estaba haciendo uso del raciocinio en esas declaraciones. Habló con el hígado sin darse cuenta de que estaba poniendo al mundo al borde de una guerra nuclear, algo que ni siquiera sus ventrílocuos imperiales de la OTAN desean.
No es que la OTAN tenga muchos remilgos a la hora de andar jugando con fuego, pero obviamente conocen las consecuencias de una guerra termonuclear contra una nación como Rusia y, sobre todo, saben que semejantes declaraciones de la «pobrecita víctima» de Zelenski no harían otra cosa que despertar toneladas de resquemores y objeciones en todo el mundo.
Esta no es la primera vez que las declaraciones de Zelenski despiertan miradas de asombro y obligan a los dispositivos mediáticos de la OTAN a movilizar a sus cuerpos de bomberos propagandísticos.
Entre las infelices declaraciones del «mandatario» se pueden recordar su defensa de que los neonazis incorporados a las filas del ejército ucraniano «son lo que son»; su afirmación de que su país recuperaría Crimea «por cualquier medio (...) sin consultar con ningún otro país del mundo» (cuando se conoce muy bien la total dependencia de Ucrania del dinero y las armas estadounidenses) y su petición del ingreso «acelerado» de su país a la OTAN (cosa imposible, ya que la alianza atlántica, al menos en teoría, no puede aceptar como miembros a países en guerra).
Si Zelenski no se dio cuenta de las graves implicaciones de sus palabras, esto quiere decir que está por debajo del promedio que sería de esperar de un político de su nivel. Es más, sería una prueba más para aquellos que consideran que no es más que un actor del montón reclutado por la CIA para hacer de peón tras una revolución de colores de Occidente, un caso más de un muñeco que asume su papel con más empeño de lo que desea el ventrílocuo que lo maneja.
El nazi-fascismo solo estaba dormido

Batallón neonazi Azov, Ucrania.
Foto: RT.
Por Miguel Necoechea
I
Mientras los pueblos de Europa y Estados Unidos enfrentan un alza, sin precedentes en los últimos treinta años, de los precios de la energía y alimentos y asediados por una inflación que no cede, sino que, por el contrario, crece, los pueblos de las llamadas naciones “occidentales” (nosotros estamos en Occidente y condenamos la agresividad y deseos de conquista de Estados Unido y la OTAN) destinan miles de millones de dólares, que bien podrían utilizar en sus países para arrancar de la pobreza a millones de sus ciudadanos y frenar la crisis económica mundial que, dicho sea de paso ellos han provocado, para financiar la guerra de conquista provocada por la OTAN y EE.UU., con Ucrania como punta de lanza, cuyo fin último es desestabilizar y fraccionar en pequeñas repúblicas a la Federación Rusa con el propósito de colonizarlas y explotar sus cuantiosos recursos naturales y, a aplicar “una solución final” en el mejor estilo nazi, borrando de la faz de la tierra a los seres humanos de origen eslavo, según han dicho públicamente los propios ucranianos. Como botón de muestra de lo anterior está la evidencia que Joe Biden ha pedido al Congreso de su país la friolera de ¡857.6 mil millones de dólares! para gastos militares.
Para la Federación Rusa las pretensiones de EE.UU. y la OTAN y la desnaturalizada Ucrania nazi, lo anterior no es noticia. Los rusos lo saben desde siempre. En la historia reciente, la Alemania de Hitler se quiso hacer con el territorio de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. Al final de ésta, EE.UU. y Europa occidental intentaron lo mismo a lo largo de la llamada Guerra Fría; en 1991 aprovechando el doloroso colapso de la Unión Soviética, faltaron a su palabra y descaradamente alinearon en la OTAN a las ex repúblicas socialistas con el propósito de militarizarlas. Esos países, en los que el nazismo solo dormía. Ucrania, Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Lituania, Letonia y Estonia- están, armados con material bélico de EE.UU., Inglaterra, Francia y recientemente Alemania a las puertas de la frontera con Rusia.
Aunque es algo conocido, es importante remarcar que el cerco sobre Rusia dio un salto cualitativo con la toma de Ucrania por Estados Unidos en 2014. El golpe de Estado contra el presidente legítimo Víctor Yanukovich se dio un día después que él aceptara adelantar las elecciones presidenciales, tal como lo había acordado con los líderes europeos. Los medios de comunicación occidentales trataron de manipular a la opinión pública mundial pregonando que el presidente había caído a resultas de una sublevación popular. Poco después del 14 de febrero los medios de comunicación independientes, reportaron que la insurrección fue financiada e inducida con el beneplácito de Barak Obama y Joe Biden, su vicepresidente, e instrumentada por la subsecretaria de Estado Victoria Nuland - de espíritu nazi-fascista- quién se jactó de haber invertido 5 mil millones de dólares para que Ucrania se incorporará a la Unión Europea. El verdadero propósito de esta señora era que ingresará como miembro de pleno derecho a la OTAN. Con la característica arrogancia y cinismo imperial, visitó y regaló ¡donas Krispy Cream! a los manifestantes acampados en la plaza Maidán, incitó a los grupos nazis de Sector Derecho, Batallón Azov, C 14 y otros, a dar el golpe de Estado y ella se encargó que el primer ministro Arseniy Yatseniuk usurpará la presidencia de forma ilegal. Y el vicepresidente Joe Biden estuvo directamente involucrado en la reorganización del gabinete de Kiev, y maniobró para que a su hijo, Hunter Biden, se le otorgara un puesto con un una remuneración de cientos de miles de dólares, en la compañía de ucraniana Gas Burisma Holdings.
Sigamos. La llamada clase liberal en Europa y EE.UU., aterrorizada por el auge del fascismo que despierta, se ha aliado con los más deleznables políticos del establishment, señores que solo obedecen servilmente las órdenes de los dueños de la industria militar, de los autócratas y de las trasnacionales.
Paradójicamente el derrumbe de la clase liberal, encabezada por los Clinton, los Obama, los Biden, los Macron, los Scholz, sin que fuera su pretensión, ha cedido un espacio político que la extrema derecha ha asaltado sin dilación que, propagandísticamente, condena la guerra en Ucrania a la que califica como un asunto demencial de la OTAN, los acuerdos de libre comercio culpables del desempleo, la estafa a los trabajadores implícita en la globalización, la austeridad y el neoliberalismo.
Este embate de la furiosa ultraderecha ha permeado en Estados Unidos con el disfraz de fascismo cristiano (vaya contradicción) en Hungría, Polonia, Suecia, Italia, Francia y Bulgaria y probablemente en la República Checa, donde la inflación y el aumento de los precios de la energía, ha lanzado a millones de checos por debajo del umbral de la pobreza (que establece el Banco Mundial, parámetro muy por encima de la que aqueja a los pobres de África Asia y América Latina).
Lo que veremos desde nuestro Continente en la primavera del año entrante, después del duro invierno que pasaran en Europa, en el que las familias padecerán apagones continuos, escasez de dinero para comprar alimentos y pagar los recibos de electricidad y gas para los calentadores, –sufrimiento que no les deseamos– lo que apenas queda de la mal llamada democracia occidental se extinguirá sin lugar a dudas.
El extremismo derechista que renace por sus fueros en esos países, se debe al hartazgo de sus ciudadanos ante la exorbitante desigualdad social y la torpeza de los políticos europeos y norteamericanos para resolver la interminable crisis que ha provocado el capitalismo salvaje neoliberal.
En contraposición a esos políticos en decadencia, los líderes de la ultra derecha, que prometen una renovación moral y económica, la venganza contra los enemigos que inventan y el regreso a la gloria perdida, reemergen como salvadores de los sumideros de la política europea. El odio y la violencia fascista, ya en ebullición, se legitiman. En esos países, la otrora clase política en declive y la supuesta civilidad de lo políticamente correcto, es motivo de burlas sardónicas.
El fascismo no desapareció como intentaron hacernos creer los políticos e intelectuales de “Occidente”. Estados Unidos, que se presenta ante nosotros como el que derrotó al fascismo, lo que hizo fue internacionalizarlo. Después de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra ayudaron con pasaportes falsos y documentos de una nueva identidad a cientos de ex nazis y criminales de guerra, a quienes reclutaron para integrarlos a los servicios de inteligencia occidentales y en los regímenes fascistas de Franco en España y en del dictador Oliveira Salazar en Portugal. Apoyaron a las fuerzas de derecha fascista en Grecia, durante la guerra civil de 1946 a 1949 y, posteriormente, respaldaron el golpe militar de extrema derecha en 1967.
La OTAN, engendro yanqui-europeo, también operaba grupos terroristas nazi-fascistas. “La Operación Gladio (ver Wikipedia) fue el nombre clave de las operaciones clandestinas de «resistencia armada» detrás de las líneas enemigas, los quinta columnistas, de la llamada «Red Stay Behind», planeadas por la Organización del Tratado de Bruselas, posteriormente convertida en la OTAN, que actuarían en caso de una hipotética invasión y conquista de Europa occidental por parte del Pacto de Varsovia”.
El fascismo, que nunca murió, solo se agazapó, asciende por sus fueros. La política italiana de extrema derecha Giorgia Meloni ganó, junto a una coalición de ultra derecha, los votos suficientes para ocupar el cargo de primera ministra de Italia. Esta señora se formó en el ala juvenil del Movimiento Social Italiano, fundado por partidarios de Mussolini después de la Segunda Guerra. Ella llama a los burócratas de la Unión Europea “agentes de élites globales nihilistas impulsadas por las finanzas internacionales". Promueve la teoría del “Gran Remplazo”, que no es otra que su visión racista y xenófoba en cuanto a que, si no se detiene la migración de los “no blancos”, estos reemplazaran del poder político y cultural de los blancos.
Meloni y Víctor Orban, presidente de Hungría, declarado por el Parlamente Europeo como anti demócrata según los parámetros de lo que es la democracia para ese Parlamento, forman una dupla digna de estos tiempos.
A la dupla se agregan los del partido sueco, claramente pro nazi, que obtuvo más del 20 porciento en las recientes elecciones generales, para convertirse en la segunda fuerza política de Suecia. Este partido político se formó en 1988 por un grupo pro nazi llamado BSS, Keep Sweden Swedish (Mantengamos Suecia Sueca). De los 30 fundadores del partido, 18 eran nazis, incluidos varios que sirvieron en las Waffen SS, (las Waffen SS eran el cuerpo de combate de élite de las Schutzstaffel -mejor conocidas como SS- dirigidas por Heinrich Himmler. Wikipedia)
En abril Marine Le Pen, la candidata de ultraderecha a la presidencia de Francia, obtuvo 41 por ciento de la votación frente a Emmanuel Macron. En España, el partido de extrema derecha Vox, es la tercera fuerza política en el Parlamento español. El partido alemán de ultra derecha AfD o Alternativa para Alemania es el tercer partido más grande en Alemania.
Estados Unidos tiene su propia versión del fascismo encarnada en el partido Republicano que como dogma adopta el pensamiento mágico, la misoginia, la homofobia y la supremacía blanca de la derecha cristiana y dinamita activamente el proceso electoral de 2024, azuzados por su candidato Donald Trump.
Todo indica que la crisis económica que padecemos hoy en día se asemeja a la que vivió el mundo a mediados de la década de 1920 que se extendió hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Las similitudes históricas en el momento actual
II
El desplome económico del final de la década de los años veinte, fue la piedra de toque para el ascenso al poder de los nazis en Alemania. En las elecciones de 1928 en ese país, el partido nazi apenas obtuvo el 3 por ciento de los votos. Como resultado del Crack del 29, el pico de la crisis financiera en Estados Unidos de 1929, que devino en mundial, a principios de 1932 el 40 por ciento de la fuerza laboral alemana, seis millones de personas, estaba desempleada. Ese mismo año el Partido Nazi se convirtió en el principal partido político en el parlamento alemán.
Antes que prodigar alimentos y bienestar a millones de alemanes hambrientos, el gobierno de la República de Weimar, prisionero de los intereses de los grandes industriales, optó por pagar a la banca privada préstamos ominosos y dictó medidas severas de austeridad. La desesperación y la rabia se extendieron como reguero de pólvora a toda la población. Es notable el paralelismo de Weimar con lo que sucede hoy en EE.UU. y la Unión Europa, rehenes de la industria militar de armamento y favorecedores de los bancos privados y oligarcas de sus países.
Las manifestaciones masivas, encabezadas por los Camisas Pardas (los Sturmabteilung o SA, sección de asalto en español, funcionaron como una organización de carácter miliciano, vinculada al Partido Nacionalista Obrero Alemán -NSDAP- de corte fascista. A sus integrantes se les conocía como camisas pardas para diferenciarlos del uniforme negro de las SS. Wikipedia) culparon de la hambruna y el desempleo a judíos, comunistas, intelectuales, artistas y a la clase dominante y los declararon enemigos del pueblo. El odio era su divisa principal y vaya que se vendió bien. Otro paralelismo con el momento actual en el que la gente común está harta, incluso odia a la clase dominante ya los políticos tradicionales en sus países.
La caída de la República de Weimar estuvo protagonizada por el líder socialista Friedrich Ebert, presidente de 1919 a 1925 y más tarde Heinrich Brüning, canciller de 1930 a 1932, quienes por su ineficacia, desesperados recurrieron al Artículo 48 de la Constitución que otorgaba al presidente el derecho a emitir decretos en caso de emergencia al margen del ya disfuncional Parlamento,
El resultado de esa torpeza política explica la caída estrepitosa de las instituciones republicanas y de los procesos democráticos y, el declive del Reichstag, dio paso al ascenso al poder de los nazis en 1933. Otra similitud con la actualidad: el Parlamento alemán era tan disfuncional entonces como lo son ahora el Parlamento Europeo, los parlamentos en cada país de la Unión Europea y el Congreso norteamericano.
No es imposible pensar que el Artículo 48 de la Constitución de Weimar fue el equivalente a las órdenes ejecutivas utilizadas por Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden, para eludir al Congreso de EE.UU. para ordenar asesinatos selectivos con drones, financiamiento delincuencial y oscuro a mercenarios en todos los países en los que quisieron (y quieren) derrocar a sus gobiernos legítimos y otras atrocidades de esos señores cometidas al margen de la ley. Al igual que en la Alemania de la década de 1930, la Corte Suprema y tribunales de Estados Unidos han sido tomados por extremistas de ultra derecha. Un ejemplo siniestro es el gobiernos del demócrata Obama, de quien, paradójicamente, se esperaba fuera el artífice de un cambio profundo en el sistema político y económico de la potencia imperialista. Él interpretó a su modo la autorización para el uso de la fuerza militar expedido en 2002, actuando como juez, jurado y verdugo en el asesinato del ciudadanos estadounidenses. Inició su campaña criminal con el clérigo estadounidense Anwar al-Awlaki. Dos semanas después, ordenó, con un ataque de dron, el asesinato de Abdulrahman al-Awlaki, hijo de 16 años de Anwar, y nueve adolescentes en un café en Yemen.
Obama rescató a los millonarios de Wall Street a costa del sacrificio de las víctimas espoliadas por ellos. Utilizó a su antojo la ley de espionaje para acusar a Chelsea Manning, la militar que actuando con ética y coherencia como ciudadana, entregó miles de documentos militares secretos a WikiLeaks de Julian Assange, que exponían las mentiras en cuanto a las guerras de agresión emprendidas por Estados Unidos, los delitos de tortura y los fraudes al gobierno perpetrados por los contratista paramilitares en las mismas guerras. Y, como colofón, fue el demócrata de origen africano quien expandió de forma masiva el uso de drones militarizados.
En su momento los nazis borraron de un plumazo la pretendida democracia de la República de Weimar. Así como Obama utilizó sus órdenes ejecutivas, los nazis respondieron al incendio del Reichstag en febrero de 1933, que probablemente perpetraron ellos mismos, haciendo uso faccioso del Artículo 48 de la Constitución de Weimar, para emitir el Decreto para la Protección del Pueblo y el Estado.
Como Obama, Trump y Biden y por extensión la OTAN, los nazis legalizaron el encarcelamiento sin juicio para cualquier persona considerada una amenaza a la seguridad nacional. Abolieron los sindicatos independientes, la libertad de expresión, la libertad de asociación y la libertad de prensa, e invadieron el ámbito de lo privado las comunicaciones postales y telefónicas.
Al igual que en la Alemania de entonces, hoy en la prensa, la radio y redes sociales, la verdad y la mentira son indistinguibles. Los verdaderos demócratas, y no se diga los revolucionarios, son el demonio personificado. La libertad de prensa tan fanfarroneada en “Occidente”, se ha convertido en el principal enemigo de la democracia al estilo occidental (si acaso representativa) y, por su puesto, de los países revolucionarios y de los que practican la democracia directa, participativa.
Los dirigentes de las “democracias occidentales” sirven servilmente a los dictados de los dueños del dinero de la industria de la guerra y las corporaciones transnacionales. Estos oligarcas se benefician con enormes recortes a sus impuestos, dinero que va a parar, junto al de los actos de corrupción, fraudes fiscales a los paraísos fiscales autorizados y promovidos por la banca mundial.
Queda claro que el tránsito de la democracia corrompida al fascismo en toda regla fue, y volverá a ser, de un pequeño paso. El odio por la clase dominante fue y es universal. El repudio a los partidos tradicionales de la democracia occidental, totalmente devaluada, es visible en todo el mundo.
La gente, los ciudadanos del mundo occidental, víctimas de una inflación que está en el pico más alto de los últimos 40 años, verá como un aliado, cada vez con mayor frecuencia, a cualquier figura política o partido político dispuesto a atacar a las élites gobernantes tradicionales. Las víctimas de esa devaluada democracia occidental celebran con júbilo los ataques de la ultraderecha. Mientras más crudos, irracionales y grotescos sean, mayor es el apoyo que reciben. Estas pasiones son de pronóstico reservado cuando en “Occidente” se espera que en invierno los costos de la energía aumenten hasta un 80 por ciento y una tasa de inflación del 10 por ciento, o más, devore los ingresos de las familias.
La sociedad bajo el neoliberalismo ha padecido y padece las políticas perversas impuestas por los gobernantes títeres, que benefician exclusivamente a las élites multimillonarias, que reducen y privatizan los servicios públicos, incluidas las escuelas y hospitales, que han desmantelado la planta industrial, que dilapidan el dinero público y fondos de pensiones en la industria de guerra, que han sometido a sus ciudadanos a intensas campañas de supuesto corte sanitario que paralizan a la sociedad aterrorizada y con miedo, que, cuando los ciudadanos denuncian las políticas neoliberales, recurren a la fuerza pública y militar para someterlos. No es difícil afirmar que esas políticas de los liberales del establishment actual van en caída libre y sin retorno.
En el centro del problema está la pérdida de fe en las formas tradicionales de gobierno y las soluciones democráticas occidentales. El nazi-fascismo en la década de 1930 tuvo éxito a pesar de enfrentar una prensa, una radio, un cine hostiles; un gobierno y una Iglesia en contra que señalaban constantemente las mentiras, lo inalcanzable de sus promesas, los peligros y la locura. Es probable que la gente en su yo interior no creyera en sus teorías y mentiras, pero en su ánimo estaba la necesidad de adoptarlas.
Como en el pasado, estos nuevos partidos nazi-fascistas satisfacen anhelos emocionales. Explotan los sentimientos de desesperación y alienación. Prometen lo imposible de alcanzar, pero sobre todo venden el odio y la promesa de venganza en contra de una clase dominante que traicionó al país.
El nazismo fue una protesta al expolio del tratado de Versalles que rebajo al pueblo alemán a la condición de esclavo. Digamos que fue una protesta contra las corporaciones transnacionales de Inglaterra, Francia y Estados Unidos en aquel entonces. Ese nazi-fascismo que, agazapado permanecía a duermevela, ha despertado con el vigor de un oso después de invernar, contra la explotación, similar a la de 2932, que ejercen ahora las corporaciones multinacionales y los oligarcas occidentales. Más que cualquier otra cosa, la gente quiere recuperar el control de sus vidas, y, si eso conlleva castigar a los culpables de su miseria, que así sea.
Recordemos que en su mensaje del 8 de noviembre de 2021 el Comandante Daniel, con claridad y visión meridiana, alertó a la humanidad del peligro que se cernía con el renacimiento del nazi-fascismo en Europa y Estados Unidos. Con toda razón llamó al Presidente estadounidense, al Primer Ministro inglés, y a algunos otros dirigentes de Europa fascistas y nazis. Y envió un claro mensaje: ni Estados Unidos ni Europa mandan en Nicaragua.
Invitamos a los revolucionarios de izquierda, a los verdaderos demócratas, a visitar Nicaragua y constatar in situ los avances en materia política, económica y social que ha alcanzado el país desde 2007, que marca el histórico regreso al poder del FSLN encarnado en el Pueblo-Presidente que encabeza el comandante Daniel. Pero lo más importante es venir a hablar con el pueblo para sentir su entusiasmo, su solidaridad, su amor y sobre todo la bendición de vivir libres y en paz.
domingo, 2 de octubre de 2022
Uno de los discursos más importantes del siglo xxi
Por Jorge Capelán.
El discurso de Vladímir Putin con motivo de la firma de los tratados de adhesión de las regiones de RPD, RPL, Zaporozhye y Kherson a Rusia el 30 de septiembre, pasará a la historia como una de las expresiones más claras de antiimperialismo, anticolonialismo y antirracismo en este siglo.
Merece estar a la par de aquella famosa advertencia del comandante Fidel Castro a George W. Bush el 13 de mayo de 2004 en la Tribuna Antiimperialista de La Habana «Salve César, los que van a morir te saludan», o de aquel lapidario comentario, también dirigido al entonces emperador estadounidense por el comandante eterno Hugo Chávez Frías, aquel memorable 20 de septiembre de 2006 ante las Naciones Unidas: «Aquí huele a azufre».
El discurso tuvo como contexto el reconocimiento a la incorporación voluntaria y por aplastante mayoría de las regiones bajo control ruso en Ucrania, lo que marca un nuevo giro en la guerra.
Aún más significativo desde la perspectiva rusa es que las regiones RPD, RPL, Zaporozhye y Kherson (que en general coinciden con la histórica "Nueva Rusia") en realidad han pertenecido a Rusia desde hace siglos.
«Estoy seguro de que la Asamblea Federal apoyara las leyes constitucionales sobre la aceptación y formación en Rusia de cuatro nuevas regiones, de cuatro sujetos de la Federación de Rusia, porque así fue la decisión de millones de personas. Y eso, claro está, es su derecho, un derecho inalienable que está establecido en el artículo 1 de la Carta de la ONU. Repito, este es un derecho inalienable de las personas, se basa en la unidad histórica; en su nombre vencieron las generaciones de nuestros antepasados, aquellos que, desde los orígenes de la Antigua Rus, durante siglos, construyeron y defendieron Rusia. Aquí, en Novorossia, lucharon Rumiántsev, Suvórov y Ushakov, mientras Catalina II y Potemkin fundaban nuevas ciudades. Aquí nuestros abuelos y bisabuelos lucharon hasta la muerte durante la Gran Guerra Patria», dijo el mandatario.
«Quiero que las autoridades de Kiev y sus verdaderos amos en Occidente me escuchen, para que todos recuerden esto:las personas que viven en Lugansk y Donetsk, Kherson y Zaporozhye se han convertido en ciudadanos rusos para siempre», agregó.
En su alocución, el presidente ruso fue mucho más allá del «conflicto ucraniano» para literalmente poner al desnudo las verdaderas pretensiones del denominado Occidente colectivo.
«Occidente está dispuesto a pasar por encima de todo para preservar el sistema neocolonial que le permite parasitar, de hecho saquear, al mundo a expensas del poder del dólar y los dictados tecnológicos, para cobrar verdadero tributo a la humanidad, para extraer la principal fuente de prosperidad no ganada, la renta de la potencia hegemónica. El mantenimiento de esta renta es un motivo clave, genuino y absolutamente egoísta. Por eso les interesa la desoberanización total. De ahí su agresión hacia los Estados independientes, hacia los valores tradicionales y las culturas originarias, los intentos de socavar los procesos internacionales y de integración fuera de su control, las nuevas monedas mundiales y los centros de desarrollo tecnológico. Para ellos es fundamental que todos los países entreguen su soberanía a Estados Unidos», dijo Putin en una parte medular de su discurso.
Esta definición, a veces descalificada como «fanfarrona», cuando no lisa y llanamente ignorada por la dictadura propagandística occidental, no es pasada por alto por los liderazgos políticos del Sur, que la ven como una exacta descripción de la situación mundial actual, y en especial de la de sus propios países. La «guerra de Ucrania» en realidad es la guerra del Occidente colectivo contra el mundo.
A partir de la definición anterior, Putin explica el por qué del odio antirruso desatado por Occidente a escala planetaria:
«Quiero volver a subrayar: en la codicia, en la intención de preservar su poder ilimitado, es precisamente donde están las verdaderas razones de la guerra híbrida que Occidente, como colectivo, está librando contra Rusia. Nos desean, no libertad, sino que nos quieren ver como una colonia. No quieren una cooperación en igualdad de condiciones, quieren robar. Quieren vernos, no como una sociedad libre, sino como una multitud de esclavos sin alma. Para ellos, nuestro pensamiento y filosofía son una amenaza directa, y por eso atentan contra nuestros filósofos. Nuestra cultura y arte son un peligro para ellos, por lo que están tratando de prohibirlos. Nuestro desarrollo y prosperidad también es una amenaza para ellos: la competencia está creciendo. Ellos no necesitan en absoluto a Rusia, somos nosotros la que la necesitamos», dijo.
En su discurso, Putin hizo una clara exposición de la nación rusa como un hecho eminentemente geopolítico: Rusia es la expresión más fuerte de la unión de los pueblos eslavos de Eurasia en torno a un proyecto civilizatorio que combina la diversidad con una base cultural y espiritual común, no es el invento de una élite, sino la lucha por la sobrevivencia de todo un conjunto de pueblos a lo largo de siglos, por eso su nacionalismo es muy distinto de otros.
«Ya hemos oído sobre la contención de Rusia, China e Irán. Considero que los próximos serán otros países de Asia, América Latina, África y Oriente Medio, e incluso los actuales socios y aliados de EEUU. Sabemos que cuando algo no les gusta, imponen sanciones contra sus aliados: ahora lo hacen contra un banco, luego contra otro; ahora lo hacen contra una empresa, luego contra otra. Es la misma práctica y se ampliará. Apuntan a todos, incluidos nuestros vecinos más cercanos, como los países de la Comunidad de Estados Independientes (СEI)», advirtió.
«Desde todos lados solo escuchamos que 'Occidente defiende el orden basado en reglas'. ¿De dónde vienen? ¿Quién vio estas reglas? ¿Quién estuvo de acuerdo? Escuchen, esto es solo una estupidez, puro engaño, ¡dobles o ya triples estándares! Simplemente, piensan que están tratando con tontos. Rusia es una gran potencia milenaria, un país-civilización, y no vivirá bajo estas reglas falsas y amañadas», dijo el mandatario.
De ahora en adelante, cualquier ataque de los títeres occidentales de Kiev contra las regiones de RPD, RPL, Zaporozhye y Kherson será considerado como un ataque contra Rusia, y cualquier apoyo occidental a Ucrania será considerado como una toma de partido por una guerra directa contra Rusia - algo que a todas luces choca con la opinión pública de los países occidentales a ambos lados del Atlántico. La guerra entra en una nueva fase y no deja a nadie al margen.
lunes, 26 de septiembre de 2022
Sobre el discurso de Petro en la ONU
Por Jorge Capelán.
Lo siento mucho, no es mi intención "escupir en la sopa" y sé que hay varios compañeros en Colombia que se van a sentir molestos por lo que escribo.
No me convence para nada el discurso del presidente Gustavo Petro de Colombia ante la Asamblea General de Naciones Unidas con su condena abstracta a "la guerra" a la vez que invita al Comando Sur de los Estados Unidos a plantar sus botas en la Amazonía colombiana, violando así la integridad, no solo de Colombia, sino del Abya Yala en su conjunto.
Suena muy bien la convocatoria de Petro a todos los países del Abya Yala a salvar la Amazonia, pero no con las botas de los marines yanquis. Eso no es una empresa noble, es alta traición a nuestros pueblos y a la Madre Tierra.
Este tipo de discursos, como el de Petro, cargados de expresiones floridas, recuerda mucho a las "sabias" reflexiones de Pepe Mujica, que terminó dejándonos a Almagro al frente de la OEA, y que en los últimos años se ha dedicado a hacer de alibi progresista de la cadena Deutsche Welle, el medio de guerra de la Otan en Alemania.
No gracias, ese "pacifismo" imperial no lo necesitamos. Quieren que critiquemos la guerra "venga de donde venga" para que al final aceptemos las botas de los marines en nuestro suelo o en cualquier otro suelo.
La frase de "Invadieron Ucrania, pero también Irak, y Libia y Siria" es una confusión espantosa de conflictos y de las causas. ¿Quiénes "invadieron"? No señor, de un lado está la OTAN (Irak, Libia, Siria y también Ucrania...) y del otro está Rusia en su centenaria guerra defensiva contra las agresiones de Occidente.
Cualquiera que sepa lo más elemental de historia universal debería aceptarlo, y cualquiera con la información suficiente y con la más mínima decencia intelectual, no puede pasar por alto el constante avance hacia el este de las fronteras de la OTAN tras el colapso de la URSS.
"¿Para qué sirven la Otan y los imperios, si lo que viene es el fin de la inteligencia?", pregunta Petro. ¿La Otan y los imperios? Bonita forma de confundir colonizadores con colonizados - y al mismo tiempo quedar bien con todos, especialmente con la jefa del Comando Sur y con las ONG europeas y norteamericanas. Cabría preguntarse qué inteligencia es la que se está agotando.
Es muy bonito lanzar frases seudorradicales y culpar de todo a la "reproducción ampliada del capital" para no tener que nombrar a los verdaderos culpables en el mundo real.
El llamado de Petro a cambiar "deuda por vida (...) deuda por naturaleza" es patético porque no nombra quiénes son los verdaderos deudores. ¿Lo son China y Rusia? No señor, son los países de la OTAN, que controlan el FMI, el Banco Mundial y la banca privada planetaria. Son ellos los buitres, herederos de las potencias que desde hace siglos están comiendo las entrañas del Abya Yala.
Definir los términos de la catástrofe ecológica en desarrollo como "adicción" al dinero y a los combustibles fósiles, así, en abstracto, no es una apuesta ecosocialista que beneficie a los pueblos del Abya Yala, África, Asia o el Oriente Medio. No lo es, porque el Occidente Colectivo se benefició durante siglos del espacio de dióxido de carbono del planeta y hoy pretende negarle a nuestros pueblos el derecho a desarrollarse.
No mencionar el tema de la justicia climática, y el hecho de que las sociedades del "centro" del sistema imperial, deben a lo inmediato abandonar sus patrones infames de consumo, no es apoyar un programa que defienda al campesinado y a los pueblos originarios a escala global, sino más bien apoyar las políticas de "Nuevos Tratos Verdes" de la administración Biden y de los socialdemócratas en Canadá y Estados Unidos.
No son nuestros pueblos ni nuestros pobres los que poluyen el medio ambiente. Las cifras de uso de energía eléctrica son un ejemplo de ello: Los EEUU usan 12,000 kilowatts hora por persona al año; Japón, 7,150; Francia, 4,928. Por otro lado, Irán usa 3,072; Nicaragua 571; Sudán 268 y Yemen apenas 91. Si las sociedades imperiales hoy parecen "limpias", es porque descargan toda su basura (incluso la nuclear) sobre nosotros. Sobre todo, "externalizan" toda su producción sobre nosotros y consumen la parte del león - dejando a nuestros pueblos la tarea de hacerse cargo de los efectos.
Si no se mencionan esos temas, lo que se hace en realidad es apoyar los planes de Occidente para financiar la reconversión "verde" del planeta a cambio del establecimiento de una dictadura mundial de las multinacionales estadounidenses y europeas. El objetivo de esa política es hacer desaparecer a quienes, según las potencias occidentales, "estamos de sobra".
Ejemplo de este tipo de ambientalismo imperial lo tenemos en organizaciones como Population Matters, que con ayuda de personalidades públicas occidentales, publica vídeos de famosos como Greta Thunberg alertando de que el cambio climático "se ve agravado por nuestro enorme y creciente número de habitantes. Nuestro impacto en el medio ambiente es producto de nuestro consumo y de nuestro número. Debemos hacer frente a ambos".(1) Ese ecologismo maltusiano no es el ecologismo de los pueblos.
Esa es la agenda siniestra que los líderes del Abya Yala deben denunciar y no andar confundiendo los términos de quiénes son los que verdaderamente ponen en peligro a la humanidad y a la Madre Tierra.
Petro se lamenta de que "hay un fracaso total, civilizatorio, de la humanidad". Sí señor, es la "civilización" occidental del mundo la que se está viniendo abajo, y la tarea de los pueblos del Abya Yala, y de los pueblos del mundo, no es rescatarla, sino más bien favorecer el advenimiento de una civilización multipolar postoccidental. La vida de la Madre Tierra depende de ello.
(1) Max Ajl: A People's Green New Deal, Pluto Press, pág 65 2021.
martes, 6 de septiembre de 2022
La UE, a todo gas hacia el barranco
Por Fabrizio Casari.
La decisión de la UE de limitar el coste del gas y el petróleo ya ha tenido una primera respuesta por parte de Rusia, que ha quemado millones y millones de metros cúbicos de gas metano, lo que indica que prefiere quemarlo antes que venderlo en las condiciones de Bruselas. Además, la decisión de intentar imponer un tope de precios a toda la UE, ampliándolo a los países del G7, no tiene nada que ver con el mercado mundial de los hidrocarburos: es una decisión política que solo pretende reducir los ingresos de Moscú, nada más.
Von der Leyen, a estas alturas ventrílocuo de Zelensky -que no controla toda Ucrania, sino que dirige toda la UE-, también ha anunciado medidas de prohibición de visados contra los ciudadanos rusos. No está claro qué tienen que ver los ciudadanos rusos individualmente con la guerra, pero está claro desde el principio de esta histeria rusofóbica que las represalias al estilo nazi siempre tienen un cierto efecto de nostalgia canalla en alemanes e italianos.
La UE culpa a Rusia de las restricciones en el suministro de gas a Europa, pero se cuida de no decir que esto responde a las sanciones europeas. De hecho, la prohibición de exportar componentes tecnológicos a Rusia, necesarios para el mantenimiento de los gasoductos y las plantas de extracción de gas, socava la capacidad de producción rusa y, en consecuencia, reduce los ingresos por la venta de gas. Así que Moscú reacciona. ¿Creían que podían golpear a Rusia de cualquier manera y que ésta se pondría de rodillas y pediría perdón? ¿Las lecciones de la historia del siglo XX no han enseñado nada a Europa?
Pero algo, incluso aquí, no cuadra: desde el 24 de febrero, la UE avanza hacia el fin de las relaciones comerciales con Rusia, en primer lugar el gas del que depende. Entonces, si Moscú con sus decisiones favorece este escenario, ¿por qué el enfado europeo? ¿O se cree que se pueden aplicar sanciones y declarar la guerra (de hecho, se teme formalmente) y el enemigo debe consentir dando las respuestas que los sancionadores quieren, incluyendo las formas, lugares y tiempos deseados por Bruselas? Esto es neurodelirio y no la Comisión Europea.
Por mucha arrogancia impotente que se quiera aportar, hay un límite incluso para la lógica y el sentido común. Si empiezas una guerra comercial, espera una guerra comercial idéntica, nadie se detendrá y sacará pecho para que le den más fácilmente. Lo cierto es que cada movimiento debería prever un contramovimiento y otros más, pero el odio ideológico que impregna Bruselas ciega incluso la ya de por sí corta visión de sus comisarios. En este momento, quien está en emergencia energética y se enfrentará a una emergencia económica y social aún mayor es la UE y no Rusia. Sin embargo, la UE guarda silencio al respecto, al igual que sobre otro gran logro de Estados Unidos con la guerra de Ucrania: por primera vez en 20 años, el euro vale menos que el dólar. Felicidades a la UE.
En sí misma, la decisión de imponer un precio político a una mercancía estratégica rompe con el tabú ultraliberal que dice que los mercados se autorregulan. Que el mercado se autorregula ha sido históricamente una mentira. Tanto más cuanto que el turbo-liberalismo, corriente mayoritaria del capitalismo sin capital, decidió asignar el crecimiento del valor a la especulación financiera y no a la economía.
Los gobernantes europeos ni siquiera se han planteado la reacción de la Opec ante una decisión que afectaría inevitablemente al mercado del petróleo, dada la enorme cantidad que aporta Rusia al mercado mundial: para sostener el precio del crudo, podría decidir recortar la producción, desencadenando así otra peligrosa espiral de crisis energética.
Lo que menos se entiende es que India, China, Sudáfrica, Brasil o México acepten los caprichos europeos. Nueva Delhi, que está experimentando un poderoso crecimiento, necesita los hidrocarburos rusos, que compra en grandes cantidades y a bajo precio con yenes y rublos. ¿Qué interés tendría en romper el vínculo con Moscú? ¿Para mantener contenta a la Sra. Von der Leyen? Y uno se pregunta: si la decisión es política, ¿cómo es que no imponemos un precio político al petróleo saudí que lleva años masacrando Yemen?
Si la UE podrá decidir o no, lo sabremos la próxima semana, pero es poco probable que se materialice dada la falta de unanimidad interna. Al final, la UE comprará el gas al precio y con la moneda con la que se lo vendan, ya que cuando lo que se vende es un bien primario que todo el mundo necesita, el precio lo pone quien vende y no quien compra.
En la apoteosis de la dependencia, el antiguo imperio de las colonias, ahora una colonia en sí misma, compra el gas de esquisto estadounidense a un precio 55 veces superior al que valía antes de que se sancionara el gas ruso (¿qué se sabe?). Además, en cantidades insuficientes, ya que la producción estadounidense se dirige principalmente a Asia. Y tal vez buena parte de la respuesta a la continuación de esta guerra se encuentre aquí. Estados Unidos es el primer exportador mundial de gas licuado. Su gas de esquisto se produce mediante el fracking, una técnica de trituración de rocas. Un método peligroso y caro, extremadamente perjudicial para el medio ambiente, e insultante para las resoluciones de las conferencias internacionales sobre el clima de Kioto y París.
La estrategia de Estados Unidos se basa en la total aquiescencia de los gobiernos europeos. Con las sanciones llega la contracción del comercio entre Rusia y Europa. La reducción de los volúmenes, en presencia de un nivel igual de la demanda, conduce a un aumento de los precios. Los Estados europeos, que sufren las oleadas especulativas de las corporaciones y los especuladores que trabajan en las burbujas alcistas de las materias primas, no tienen más remedio que trasladar la carga de éstas a la parte inferior, es decir, a los consumidores.
La guerra sigue y no precede, aumenta, pero no provoca, el encarecimiento del gas y el petróleo. Esto surgió durante la pandemia, cuando las grandes empresas vieron una extraordinaria oportunidad de obtener beneficios adicionales. Y que solo era especulación y no se veía afectada por las dificultades logísticas lo demuestra la pospandemia: el coste de la producción de energía no ha bajado ni siquiera en presencia de la normalización post-pandémica. La demanda de hidrocarburos se mantiene por debajo del nivel anterior al covid debido a la desaparición de decenas de miles de empresas y millones de personas. Por lo tanto, si una menor demanda aumenta de toda manera los precios, significa que hay pura especulación. Y que el mayor crecimiento de los costes es atribuible precisamente a las maniobras especulativas: se puede comprobar comparando cómo en 2008 el petróleo costaba 145 dólares por barril y la gasolina 1,3 euros por litro. Hoy cuesta 110 dólares el barril, 35 menos, pero la gasolina cuesta 2,3.
Sin embargo, la guerra sirve a la narrativa mentirosa sobre los costes del gas: se omite que los flujos de Rusia a Europa han continuado a través de Ucrania y su reducción fue una decisión de Moscú en respuesta a las sanciones de la UE. Las sanciones favorecen enormemente la especulación de las empresas extractivas internacionales. No es casualidad que ni siquiera se intente iniciar una solución político-diplomática; al contrario, el nivel del conflicto con Rusia se eleva constantemente; porque la continuación de la guerra permite que continúe la hipoteca política y especulativa sobre los hidrocarburos.
La reducción de la circulación del gas ruso aumenta enormemente el valor del gas de esquisto estadounidense. Y no es casualidad que el inicio de su exportación masiva de gas de esquisto hace unos años coincida con el inicio de las sanciones a Rusia y Alemania por el acuerdo de construcción del Nord Stream 2. Habría apoyado la demanda europea de gas a precios razonables y convertido a Rusia en el principal socio estratégico, no solo comercial, de Bruselas, relegando así a Washington a una posición dominante reducida.
La guerra no terminará por varias razones, entre ellas porque devolvería la centralidad comercial a Rusia, competidor implacable del gas estadounidense. La guerra durará tanto para tratar de golpear a Rusia y China, como para ampliar más allá de todo límite los beneficios que se estimulan hábilmente sobre una situación de crisis de suministro.
Hasta aquí la libertad de Ucrania frente al gobierno voraz, hasta aquí el agresor y el agredido. Si la guerra terminara, se acabaría -o al menos se reduciría- la especulación que conviene a las grandes compañías energéticas y a los fondos de cobertura, y esto sacaría a la luz la complicidad de los gobiernos que, uno a uno, son comprados por ellos y actúan para sus intereses. El resto es propaganda.
lunes, 25 de julio de 2022
Ucrania, la ducha polaca y la ducha europea
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Imagen: @CGMeifangZhang |
Por Jorge Capelán.
Hay un "chiste" de tintes xenófobos muy viejo en Escandinavia que probablemente surgió a raíz de la ola de inmigración del este y el sur de Europa a partir de los años 50 del siglo pasado, pero que en el fondo refleja bastante bien los históricos prejuicios y el desprecio hacia los pueblos eslavos en la Europa del Norte aria y protestante.
La susodicha "broma" consiste en llamarle "ducha polaca" al acto de lavarse cuatro lugares clave –y más olorosos– de la anatomía cuando no se tienen posibilidades de tomar una ducha verdadera enjabonándose desde la cabeza a los pies.
El "chiste" hace referencia a que las personas eslavas, además de pobres y atrasadas que no tienen agua caliente, tienen muy mala higiene. Este tipo de humor dudoso abarca toda la familia de "chistes" en los que se afirma que los inmigrantes turcos cultivan cebollas en las bañeras de sus casas, que los árabes son todos terroristas y que los latinoamericanos somos todos narcos. No es ningún chiste, claro: es racismo.
Qué ironías de la vida, ahora resulta que la famosa "ducha polaca" es lo que las élites pro-OTAN le recetan a los pueblos europeos para "derrotar a «Putin»".
"¡Hace 2 años tenías lavarte las manos para no poner en peligro a tu abuela! ¡Ahora 4 partes del cuerpo en la ducha son suficientes para molestar a Putin e influir en la guerra! Por supuesto, ¡la raja del **** también es muy importante! Es maravilloso lo sencillo que se ha vuelto este mundo. #ducha #paz", reza un meme viral comentando los llamados del vicecanciller alemán Robert Habeck a ahorrar energía acortando las duchas a cinco minutos.
Ante la campaña alemana a favor de la "ducha polaca", la funcionaria consular china en Irlanda del Norte, Zhang Meifang, hizo un comentario viral en Twitter:
"Vamos europeos, los estadounidenses no van a pagar su factura del gas", escribe Zhang ilustrando su comentario con un dibujo recordando que antes de la crisis energética provocada por las sanciones los europeos exigían cortar las compras de gas ruso, mientras que ahora le recetan al pueblo lavarse solo las partes pudendas "para enojar a «Putin»".
Y la ironía es por partida doble, porque uno de los gobiernos más vociferantes en contra de Rusia en la UE es Polonia, que con ello espera hacer realidad sus inconfesables objetivos geopolíticos en la región con el abundante financiamiento de los demás gobiernos de la OTAN.
Las élites polacas –y, de paso, también las ucranianas– saben muy bien que el Norte de Europa siempre las ha despreciado y los ha visto como: 1) fuente de inmigración indeseada; 2) fuente de criminalidad y corrupción y 3) fuente de dañinos valores no-protestantes.
Ahora están todos bastante nerviosos, unos porque se acerca el invierno (¡qué ironía, otra vez el invierno con estos rusos!) y otros porque se acerca la inevitable derrota militar a medida que se desinfla el fraudulento andamiaje financiero y mediático de Occidente.
lunes, 11 de julio de 2022
OTAN: salvar al soldado Ryan
Por Fabrizio Casari.
La conclusión de la cumbre de la OTAN en Madrid a finales de junio abrió oficialmente una nueva etapa en la historia en la que el unipolarismo imperial occidental declara la guerra al multilateralismo sin ninguna diplomacia. Con el nuevo Concepto Estratégico, la organización atlántica abandona cualquier ambición de garantizar la paz internacional, como de su estatuto fundacional; elige la guerra, o al menos la amenaza de ella, como eje central de sus relaciones internacionales. Un aumento de soldados y armas en Europa y en la región del Pacífico, un incremento de la presión política y militar: se oficializa una nueva política dedicada al desequilibrio, a elevar las tensiones con posturas amenazantes y provocadoras y con el alistamiento de cualquier país que, por su ubicación territorial, pueda ejercer presión o incluso suponer una amenaza para las naciones que la OTAN considera hostiles. La adhesión de Suecia y Finlandia, de hecho, indica cómo Washington ya no contempla ni siquiera formalmente la existencia de países neutrales destinados a amortiguar el choque bipolar, y en cambio decide unir militarmente a todo Occidente.
En la asunción, incluso formal, de lo que antes era sólo sustantivo - es decir, una organización ofensiva con rasgos agresivos - se confirma que la OTAN se ha convertido en la prolongación de la política estadounidense, en anillo de seguridad de sus intereses. Desaparece otro postulado hipócrita que veía a Estados Unidos como garante de la seguridad de Occidente, ya que ahora es Occidente quien se dedica a la seguridad de Estados Unidos. La nueva función es clara: entrar en conflicto con cualquiera que amenace la posición de Estados Unidos. Que, además de encontrarse con un sistema internacional que los proteje, también ve en él un elemento de utilidad económica, ya que el aumento de las tensiones militares provocará un incremento global del gasto militar. Y mientras que para todos los países del mundo representan una distracción del gasto público en detrimento del bienestar, una piedra de molino para las políticas de avance socioeconómico, para Estados Unidos son el motor fundamental de su crecimiento económico.
En el documento no queda claro cómo piensa actuar la OTAN en una posible guerra directa contra Moscú y Pekín. En el plano militar, el juego es incierto, además de loco, y en el plano económico parece complicado, ya que sus miembros no pueden basar su esfuerzo bélico en un sólido aparato industrial y manufacturero. La desindustrialización de las últimas décadas y la financiarización de la economía han minado la capacidad de Occidente para sostener una producción bélica que permita un enfrentamiento con potencias como Rusia y China. Un marco económico y militar que debería empujar a la organización atlántica a una mayor prudencia, pero que prefiere descartar con amenazas de guerra cualquier hipótesis de acomodo con las legítimas necesidades de seguridad de Rusia y los proyectos de crecimiento e integración multipolar de China.
¿Quién amenaza a quién?
En la desbordante retórica del nuevo Concepto Estratégico, Rusia y China serían los regímenes autoritarios que, junto con otros, querrían destruir el sistema occidental. El argumento de que es China la que amenaza a EE.UU. es hilarante: como es bien sabido, hay unas 800 bases militares estadounidenses en todo el mundo, de las cuales unas 20 amenazan directamente a Pekín. En el Pacífico, 137.000 soldados estadounidenses están estacionados en bases en Hawai, Corea del Sur, Japón, Guam, Singapur, Tailandia, Australia y Filipinas, y también hay tropas estadounidenses en Hong Kong, Malasia e Indonesia. En particular, las bases de Guam (Marianas) y Yokosuka (Japón) son las mayores en tamaño, equipamiento militar y armas nucleares del mundo. China no posee ni una sola fuera de su territorio. ¿Y es China la que amenazaría a Estados Unidos?
Un razonamiento idéntico podría hacerse sobre la ampliación de la OTAN hacia el este para rodear a Rusia, mientras que no hay bases rusas en las fronteras de los países de la OTAN; Moscú sólo tiene dos y en Siria.
Por eso es difícil intentar un análisis objetivo de las tendencias que se están produciendo en la escena mundial ante tanto macartismo de vuelta: el nuevo Concepto Estratégico no tiene ninguno de los conceptos ni la estrategia necesarios para la fase convulsa llena de tensiones y guerras que vive el planeta precisamente por la agresión de EEUU que ve amenazado su dominio.
Pero al margen de la retórica propagandística, los adversarios de la OTAN, que se ha convertido en el representante político de todo Occidente, no son sólo China y Rusia, sino todos los países definidos como "emergentes", es decir, aquellos que presentan un crecimiento económico y tecnológico constante y no están dispuestos a ceder recursos y soberanía política a Estados Unidos y sus socios minoritarios.
Estados Unidos, a estas alturas sumido en una profunda crisis de modelo en lo económico y en lo social, y rezagado en lo tecnológico y en lo militar, ha identificado el imperioso crecimiento de China, el peso militar de Rusia y el valor económico de los países emergentes (India sobre todo) como el obstáculo a remover para evitar una confrontación de libre mercado que haría perder a Occidente.
Europa, adiós
El otro aspecto predominante de la cumbre de Madrid es que sancionó el fin de Europa como proyecto político y económico basado en los intereses del continente y que pretendía, desde su inicio, crear una zona de paz en el continente donde nacieron dos guerras mundiales debido al expansionismo alemán. Bruselas tiene ahora un papel similar al del Reino Unido, Canadá y Australia, es decir, de mero apoyo a la extensión del dominio estadounidense. Pone su identidad política, su historia, su crecimiento económico, su territorio y su población a disposición de la expansión del imperio estadounidense, que también incluye guerras nucleares tácticas que Washignton necesita para probar las acciones y reacciones de sus adversarios.
¿Un ejemplo de ello? La entrada de Suecia y Finlandia ha sido aclamada con énfasis, pero el abandono del principio de no alineación por parte de estos dos países significa una multiplicación del riesgo de guerra en Europa y no un aumento de la seguridad colectiva. Y queda por demostrar que su entrada en la OTAN es una idea conveniente desde el punto de vista militar. Ambos países, de hecho, comparten una frontera de 1.340 kilómetros con Rusia, que, sin embargo, controla el Báltico y el Ártico con su base militar de Kaliningrado. Kaliningrado -de 15.000 kilómetros cuadrados y enclavado entre Lituania y Polonia- es un puesto militar ruso situado a 1.400 kilómetros de París y Londres, 530 de Berlín y 280 de Varsovia, y es una parte del territorio ruso en medio de la Unión Europea. Se encuentra en una posición clave por dos razones: el puerto del Mar Báltico, que alberga la base de la flota naval rusa, está situado en una de las pocas zonas donde el mar no se congela. Además, al controlar el corredor de Suwalki -que conecta el óblast con Bielorrusia y es el único paso terrestre entre Polonia y los países bálticos- Moscú podría aislar a Letonia, Estonia y Lituania de un solo golpe e imponerse rápidamente a Varsovia.
Además, Europa se convertiría en un objetivo aún más importante en caso de conflicto, ya que Kalinigrad alberga los sistemas Iskander, misiles balísticos tácticos de corto alcance capaces de transportar ojivas nucleares con un alcance de hasta 500 kilómetros y que, por tanto, pueden llegar a gran parte de Europa. En resumen, en contra de lo que se podría sugerir, la entrada de Suecia y Finlandia no representa un refuerzo del nivel de seguridad del continente, sino un aumento del riesgo de conflicto, y el nuevo ajuste balístico de Rusia aumentará la fragilidad militar de Europa.
Luego están las repercusiones económicas. La devastadora crisis que azota, y más aún en invierno, a la UE, hundirá las tenues suposiciones de la recuperación pospandémica, mientras que EE.UU. se beneficiará, porque la menor fortaleza económica de la UE reducirá el peso de un peligroso competidor en los mercados comerciales y de divisas. EE.UU. tendrá una buena oportunidad de imponer sus productos en un mercado en el que la UE no podrá competir debido al cierre parcial pero significativo de su capacidad de producción y red de distribución, abatidas por la reducción del suministro de energía y la subida de los precios, de la que Moscú se beneficia a cambio.
Todos para uno, no uno para todos
Madrid afirmó el fin del concepto de diversidad dentro de la Alianza, de la idea de mantener la seguridad colectiva considerando las necesidades respectivas de cada uno de sus miembros. Ya no hay lugar para las necesidades nacionales o regionales. El sistema de defensa militar del capitalismo está centralizado y sienta las bases del enfrentamiento global entre el imperio estadounidense y el resto del mundo, que ve en el Sur y el Este del planeta la afirmación de un nuevo grupo de países que pretenden compartir la gobernanza planetaria. No es una afirmación errónea, ni mucho menos: los BRICS (y no sólo ellos) son países estratégicamente importantes, económicamente exitosos, políticamente influyentes, militarmente fuertes y demográficamente mayoritarios. A la espera de la próxima entrada de Irán y Argentina, ya representan el 40% de la población mundial, el 25% del PIB y el 18% del comercio, y más de la mitad del crecimiento económico del planeta. Lo que asusta a Washington.
En Madrid, la OTAN se despojó de la máscara de la alianza militar defensiva, desgastada por las derrotas militares y políticas, y ahora se coloca abiertamente en una condición beligerante contra el resto del mundo. La representación de unos 700 millones de personas decide enfrentarse incluso militarmente a los más de 5.000 millones de habitantes restantes de la tierra para no compartir la gobernanza del planeta. ¿Por qué? Porque ello obligaría a detener el expolio de los recursos y las materias primas necesarias para mantener un Occidente que ya no produce nada de lo que requiere el desarrollo del planeta y que, por el contrario, condena su futuro a una guerra inevitable para acaparar recursos vitales como el agua, la biosfera, las tierras raras y los combustibles.
Los eslóganes, las amenazas y las exhibiciones musculares sirven de poco. La voracidad de la OTAN está fuera de tiempo: David crece y se fortalece, Goliat no tiene nada de qué alegrarse.
domingo, 26 de junio de 2022
Casari: Ucrania entre la propaganda y la realidad
Por Fabrizio Casari,
Visión Sandinista.
A pesar de que la supremacía rusa es visible y palpable, los principales medios de comunicación y los políticos atlantistas persisten en esperar una victoria militar ucraniana que empuje a los soldados de Moscú hacia el interior de las fronteras rusas, que se produzca una rendición de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, y quizás incluso de Crimea.
El defecto de la transformación de la información en propaganda es que ésta, al igual que la mentira, tiene las patas cortas y, tras unos cuatro meses de ciencia ficción sobre el destino del conflicto, la OTAN allana el camino para las conversaciones de paz con Putin que conllevan el menor precio posible a pagar por Zelensky. La visita de Macron, Sholtz y Draghi a Kiev tenía como objetivo hacerle digerir la derrota, mientras se hablaba de resistencia para no extraviarse del todo.
Las promesas de apoyo y más envíos de armas no cambian nada en el escenario militar, aparte de unos cuantos miles de muertos más en ambos bandos. Esto se debe a que no existe ninguna asimetría que pueda ser salvada con sistemas de armamento, ya que Moscú dispone de todo el equipamiento adecuado para el ataque y la defensa sea cual sea el suministro de la OTAN.
La idea de una larga guerra para consumir a Rusia no tiene consuelo en el terreno. La situación sobre el terreno es cada vez más clara y apunta a que la victoria militar rusa es una cuestión de cuándo y cómo, no de si. La continuación del conflicto parece que sólo puede hacer crecer la cuota de territorio ucraniano en manos de Moscú, que luego no será fácil de recuperar. Y hay quienes creen que la continuación del conflicto durante unos meses más puede motivar a Moscú a tomar Odesa, dejando así a Ucrania sin salida al mar. Una condición que la condenaría a un subdesarrollo crónico e irreversible.
En apoyo de la rusofobia atlantista, sigue prevaleciendo en los medios de comunicación una narrativa propagandística que atribuye la derrota del ejército ucraniano al supuesto fracaso de la llegada al terreno de las armas prometidas por Occidente. En realidad, en lo que respecta a los suministros militares, los ucranianos han recibido todo y más, como confirmó el propio jefe del Estado Mayor estadounidense, Mark Milley: “Entregamos a Kiev el equivalente a 12 batallones de artillería, el grupo de contacto de la OTAN envió 97.000 antitanques, una cifra que supera la de los tanques de todo el mundo.
Pidieron 200 tanques y recibieron 237. Pidieron 100 vehículos blindados de combate y recibieron 300”, dijo.
Los ansiados sistemas de misiles de medio y largo alcance para Ucrania, capaces de alcanzar ciudades rusas, no llegarán: producirían una respuesta extremadamente dura por parte de Moscú que se traduciría en un cambio en el patrón del conflicto, con un aumento del volumen de fuego y un ataque a Kiev. Ucrania quedaría literalmente destruida. Por eso los militares occidentales se han opuesto decididamente.
¿Usque tandem?
El próximo Consejo de Europa volverá a pedir la retirada total de Moscú, pero esto es una propaganda ridícula. La pregunta seria, la única, es: ¿están dispuestos Estados Unidos y la UE a continuar con el esfuerzo económico y bélico para apoyar a Kiev? Si en las palabras hablan de una guerra larga, en los hechos están pensando en una guerra de guerrillas según el modelo checheno que desgastará a Rusia y no en una extensión temporal de la actual guerra convencional. La hora de la negociación se acerca y es inútil seguir presionando contra los acontecimientos. Por otro lado, aunque están dispuestos a llenar los bolsillos de las grandes empresas de la industria bélica, no están tan dispuestos a hacerlo gratis.
De la cantidad de dinero que Estados Unidos y Europa destinan, los ucranianos sólo ven una parte. Por ejemplo, los 40.000 millones de dólares aprobados por el Congreso son, sí, para armas, pero para las ya entregadas y van a saldar las cuentas de las empresas proveedoras de EE.UU., que se encuentran con un descubierto igual al importe de la llamada ayuda. De esos miles de millones de dólares destinados por el Congreso, sólo una parte irá directamente a armas a Kiev, la mayor parte se utilizará para pagar a las empresas fabricantes, primero Loocked Martin. Porque para vaciar parcialmente sus arsenales, luego tienen que volver a llenarlos, y para ello hay que comprar y pagar nuevas armas, y no con la dotación del presupuesto de defensa, sino con recursos adicionales. Así es como se utilizará la ayuda: para modernizar los arsenales de Estados Unidos y la OTAN. Sólo el gran líder Zelensky se esfuerza por entender esto.
Ucrania, incluso antes de la guerra, tenía una enorme deuda con Estados Unidos y Gran Bretaña, y ambos estimaron que esa deuda sólo sería una fuerte hipoteca para el país si salía del conflicto de pie. De lo contrario, con una economía devastada (ya ha perdido el 45% del PIB este año) y una probable división en dos o tres partes, de las cuales sólo la central a las órdenes del actual gobierno de Kiev, esa deuda cambia de piel: de ser una oportunidad de control desde el exterior, se convierte en otra deuda irrecuperable para EEUU, la UE y el Reino Unido. Desde una hipoteca se convierte en una desgracia, porque habrá que pagar a los proveedores: y si no lo hacen los ucranianos, ¿quién lo hará?
Con el panorama de dificultades económicas que afronta Occidente en su conjunto, especialmente las consecuencias sobre sí mismo de las sanciones que debían afectar a Rusia pero que, en cambio, hunden a EE.UU. y la UE, el goteo diario de recursos hacia Kiev está siendo tan grande que no puede sostenerse por más tiempo.
Incluso Borrel y Stoltemberg han competido en los últimos días para negar sus declaraciones anteriores, la guerra total es ahora un recurso retórico. La derrota rusa sobre el terreno es una hipótesis que el Pentágono siempre ha considerado una idiotez senil de Biden: la idea de una victoria ucraniana sólo sirvió para reforzar ideológicamente el campo de la OTAN, no para vislumbrar un posible desenlace del conflicto.
Kiev no puede creer seriamente que las seguridades y amenazas de Estados Unidos puedan tener contenido, y mucho menos la histeria atlantista de los europeos. Zelensky ha cambiado las declaraciones de odio a Rusia por las de amor a Ucrania, cuyo destino no le importa a nadie, dada la propensión a la autodestrucción demostrada hasta ahora. Pero las lecciones de la historia, pasada y reciente, la costumbre de Occidente de abandonar a los aliados, deberían aconsejar menos ilusiones de alterar el curso de la guerra. Que tiene en Ucrania un icono útil para justificar la ampliación al Este, la reestructuración del sistema de dominación de la OTAN y la necesidad de golpear el desarrollo económico y el papel político de Rusia y China, no para salvar a Kiev.
Tres europeos de viaje
La visita de la tríada europea a Kiev reafirmó el apoyo político y los suministros militares a los ucranianos (que serán irrelevantes para el resultado del conflicto), pero también fue el primer reconocimiento oficial a Zelensky del fin del guión. La descontrolada von der Layen afirma que los ucranianos se mueren por entrar en Europa, pero al menos evita mencionar la reciprocidad. Y los suministros de armas son los que se prometieron y nunca llegaron.
La prensa servil calificó la visita de “histórica”, pero el resultado no es más que el paso de Kiev de país en la lista para una asociación paralela con la UE a país en la lista para entrar en la UE.
Si este era el objetivo, la guerra no tenía sentido: la entrada de Kiev en la UE no interesa a Putin, que ya ha declarado que no tiene objeciones al respecto. Por otro lado, veremos si la Ucrania de la posguerra sigue siendo de interés para Bruselas (dependiendo de qué y cómo de importante sea el territorio gobernado por Kiev).
La economía ucraniana ya está abrumada por deudas impagables y carece de los fundamentos mínimos para ingresar en la UE; es poco probable que Bruselas esté dispuesta a asumir la enorme deuda de Ucrania y el coste de su recuperación. El único interés de la UE es que, sin necesidad de visados, decenas de miles de mano de obra blanca y barata estarán dispuestos a engrosar las filas del ejército de trabajadores precarios, lo que rebajará aún más los sistemas de garantía y protección laboral de Europa. Veremos qué es lo que más pesa. En cualquier caso, el procedimiento será largo y no estará exento de riesgos de segundas intenciones.
Hay que señalar que desde The Guardian hasta el NYT, pasando por Newsweek, la propaganda de guerra occidental empieza a flexionar, después de que el periodismo atlantista vendiera durante tres meses una imagen en la que todo se cebaba con Rusia. Se narró una crisis militar con retiradas de tropas, pérdidas espantosas de hombres y vehículos, dificultades en los suministros y la logística, incapacidad para avanzar, confusión sobre los objetivos, una crisis en la cadena de mando diezmada por la muerte de todos los generales posibles y descontento con el Kremlin. Y luego una crisis económica salpicada de golpes de Estado, enfermedades de Putin y desaparición de ministros, posibles insurrecciones, lacras económicas, levantamientos de oligarcas y aislamiento en el Este. En el plano internacional, se nos vendió un país en apuros, cuestionándose incluso las relaciones con China y la alianza militar.
Mientras tanto, en Rusia hay beneficios récord para Gazprom. Los ingresos aumentaron el año pasado hasta los 136.000 millones de dólares, un 62% más que el año anterior. Nunca antes el gigante energético ruso había alcanzado niveles tan altos de facturación en su historia y las sanciones occidentales no lo ponen de rodillas. Standar&Poors Global market intelligence prevé unos ingresos totales de 162.000 millones de dólares en 2022 con unos beneficios netos de 56.000 millones de dólares; el doble del beneficio récord del año pasado. Lo mismo ocurre con Rosneft, el gigante del oro negro: las estimaciones de consenso sitúan el beneficio neto de este año en unos impresionantes 23.000 millones de dólares, ocho más que en 2021.
Por el contrario, la zona de la UE muestra un crecimiento inferior al ya bajo previsto a finales de 2021. La previsión de crecimiento del PIB es del 2,7% para 2022 y del 2,3% para 2023, por debajo del 4,0%. Los sancionados están peor.
Es el resultado, de momento, de una guerra que podría no haber empezado pero que se quería a toda costa para amputar a Rusia y a la Unión Europea, esta última se apresuró a suicidarse por la defensa de los intereses de Estados Unidos, que de un solo disparo golpeó a dos de sus tres mayores competidores.
Hemos soportado un conjunto de noticias falsas de un periodismo hiperatlantista y servil, un entramado ideológico en la narración de una guerra que ha demostrado ser un arte retórico sin conexión con la verdad de las cosas. Una película de serie B con malos actores y una trama ridícula, que sólo sirvió para ofrecer escapismo de la realidad a los que tienen miedo de la realidad. Conejos de guerra.
(*) Periodista, Analista Político, Director de Periódico Online www.altrenotizie.org y colaborador de la Revista Visión Sandinista.
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