martes, 31 de mayo de 2022

Casari: América Latina, soberanía vs anexionismo

 


Por Fabrizio Casari

Por un lado hay una Cumbre de las Américas, una reunión protocolaria y rutinaria interpretada por EE.UU. como si se tratara de una fiesta a la que sólo se puede acceder amigos y por invitación: fracasada incluso antes de empezar. Por otro lado, una cumbre del Alba-TCP, una reunión política cuyo resultado positivo confirmó aún más la existencia y la creciente cooperación e integración del bloque democrático latinoamericano. Dos acontecimientos paradigmáticos en sí mismos, ya que expresan dos sistemas de valores, ideales y programas completamente diferentes. 

Surgen de suposiciones irreconciliables sobre la posible relación entre los distintos países que habitan el continente. Entre las pretensiones del Norte y las reivindicaciones del Sur. Entre el anexionismo y la independencia. Irreconciliable es la soberanía como referencia en la relación con el gigante económico y militar que, en cambio, presume de seguir con la Doctrina Monroe. Un anacronismo carente de sentido, razón y posibilidad de aceptación. Aquí no hay un colonialismo español en agonía, y no hay supuestos contrastes entre Oriente y Occidente. 

En el contraste entre las dos cumbres hay un signo burlón de aleatoriedad, un arañazo que se ha convertido en un tajo inexorable consumido a partir de la década de 2000, cuando la última reivindicación estadounidense, el ALCA, se estrelló literalmente. El ALCA heredó el NAFTA, (TLCAN) cuyo dictado económico era exportar recursos estratégicos de América Latina a EE.UU. y Canadá a cambio de exportar los excedentes de EE.UU. y Canadá a México. El ALCA fue la evolución del NAFTA; expresó la intención de controlar las economías latinoamericanas desde Washington, dirigiendo sus flujos, sus elecciones, decidiendo si, cómo y cuándo incluirlas en el mercado internacional. La dolarización era el pivote sobre el que giraba el proyecto: con ella, las economías se equiparían para llevar a los mercados de divisas una nueva demanda de la moneda estadounidense a costa de una paridad monetaria interna que haría pasar hambre a cientos de millones de latinoamericanos.

Se preveía la liberalización de las exportaciones a América Latina, mientras que el proteccionismo estaba en vigor para las dirigidas a Estados Unidos; se pedía el fin de las ayudas públicas a las empresas latinoamericanas, mientras que se desataban las subvenciones gubernamentales a las empresas estadounidenses. Una asimetría criminal cuyo objetivo era poner definitivamente de rodillas un posible crecimiento económico latinoamericano, para impedir cualquier eficacia en la lucha contra la reducción de la pobreza en el continente, necesaria entre otras cosas para que tengan brazos baratos para importar.

Al lado del proyecto estadounidense estaba la OMC, que quería reducir o abolir las barreras aduaneras y exigía flexibilidad en las leyes nacionales para facilitar la llegada de capital extranjero con el fin de maximizar su rentabilidad y ampliar sus áreas de control. Era la versión moderna de los golpes de Estado y las dictaduras militares, que ahora se consideraban internacionalmente impresentables e innecesarios, aunque nunca debía descartarse la posibilidad de su uso. El ALCA servía para controlar las economías, las migraciones, los gobiernos y los recursos naturales.

La Patria Grande toma forma

El fin del ALCA, decretado en primer lugar por Lula y Kirchner, con el apoyo de toda la izquierda continental, obligó a Estados Unidos a retirar la idea de reapropiarse de las economías latinoamericanas con tratados económicos. La derrota del proyecto neocolonial estadounidense se convirtió en el primer ejemplo de unidad latinoamericana, su primera demostración de fuerza, el momento decisivo en el que se declaró que el "Consenso de Washington" había caducado para la historia. Acabó con la obligación del subcontinente de tomar decisiones sólo si se lo permite Estados Unidos, sólo si es ventajoso para sus multinacionales. 

Pues bien, precisamente del rechazo a la estructura de dependencia del Norte nació la identidad estructural latinoamericana, su columna vertebral. Primero con el ALBA, en 2004, la Alianza Bolivariana de las Américas, nacida de la voluntad de Hugo Chávez y Fidel Castro. Luego, Petrocaribe: salió a la luz en 2005 e involucró a 18 países en la idea de un intercambio energético facilitado. Y, en 2010, la CELAC, con 33 países que conforman la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. En todos estos organismos, no se previó ningún lugar para los Estados Unidos y Canadá: la Patria Grande es tal si es independiente.

El ALBA, en particular, inició una nueva fase en la historia de la cooperación interna latinoamericana. El esquema es tan sencillo como eficaz: intercambio y cooperación basados en intereses mutuos. Sin recetas económicas que imponer, sin condiciones políticas perjudiciales, sin necesidad de cuestionar nada más que la utilidad, el beneficio mutuo del comercio. La reducción de los costes de transporte de mercancías, una lengua común, los objetivos mutuos, la relación de iguales fundaron y sostuvieron el bien común de la Alianza. 

El ALBA, como PETROCARIBE, como la propia CELAC, encarna el sueño de Bolívar y de Sandino de una Patria Grande, son instituciones internacionales que llevan en su seno una idea de solidaridad y de diálogo, de ayuda mutua y de cooperación que tiene como meta el bien común. Que, en América Latina, más que en ningún otro lugar, es la guerra contra la pobreza. Porque la reducción de la pobreza y la concepción ecosostenible del desarrollo industrial son los requisitos previos para cualquier crecimiento económico duradero y no el fruto de una burbuja especulativa. Un crecimiento que conlleva la reducción progresiva de la dependencia monetaria, industrial, distributiva y tecnológica de los Estados Unidos. Por ello, el crecimiento económico latinoamericano conlleva automáticamente la reducción de la nefasta influencia de Estados Unidos en el continente, del que ha extraído recursos y armas que le han permitido en la historia pasar de potencia a superpotencia.

Por otro lado, no cabe una política de diálogo, aunque teóricamente deseable, con quienes creen, como dice la Doctrina Monroe, que "América pertenece a los americanos", entendiendo por los primeros todo el continente, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, y por los segundos los habitantes de los Estados Unidos. También es impensable intentar un acercamiento con la guardia baja con quienes consideran que las relaciones internacionales son un ring donde gana el más fuerte y violento. Como recordó el Presidente de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega, durante la última cumbre del ALBA-TCP, "de Estados Unidos al continente sólo han venido guerras, invasiones, golpes de Estado, bloqueos económicos, sanciones, chantajes, amenazas", citando entre otras las recibidas en Washington en los últimos días, debidamente rechazadas en el remitente.

Como señaló el Comandante Sandinista, América Latina ya tiene sus propios órganos de representación. La CELAC representa el embrión de un camino viable hacia la unidad latinoamericana, es decir, hacia el gobierno de la Patria Grande. Progresivamente podrá relacionarse con todos los países del mundo, especialmente con China, Rusia, India, Irán y las potencias económicas emergentes, que pueden garantizar un ciclo ventajoso de oferta/demanda que hará más competitiva la economía a escala subcontinental. Exactamente por su ambición y capacidad de representar los intereses de los gobiernos y pueblos latinoamericanos a nivel interno e internacional, precisamente por su metodología inclusiva y atenta a las razones de todos y cada uno, la CELAC ha enterrado la Doctrina Monroe. Es hoy la aplicación de la autonomía e independencia política latinoamericana, y su existencia hace que la Cumbre de las Américas sea esencialmente inútil.

En efecto esta, en el mejor de los casos, dada también la organización de la próxima reunión en Los Ángeles, resulta ser simplemente una manifestación histérica del poder residual de control de Washington sobre el continente. No es casualidad que esa cumbre haya cobrado más protagonismo mediático y político para los que no irán que para los que asistirán. Un estruendo político y diplomático que vuelve a poner de manifiesto la constante pérdida de liderazgo político de Estados Unidos, como demuestra la fallida Cumbre de la Democracia de diciembre de 2021, a la que no asistió más de medio mundo.

¿Se está globalizando la Doctrina Monroe?

La Doctrina Monroe, que ha sido la esencia de la política continental de Estados Unidos, en lugar de ser sometida a una profunda autocrítica y a una revisión total, como sugeriría la entrada en el tercer milenio, paradójicamente encuentra ahora un mayor alcance político en los pasillos de la Casa Blanca. En una explosión de megalomanía, que corre paralela a la profundidad de la crisis de su liderazgo, Estados Unidos cree que puede trasladar la dispuesto por América Latina a todo el planeta. Una extensión demencial de su doctrina de seguridad nacional a todo el planeta. Es decir, creen que su mando unipolar, heredado de la caída del campo socialista, está destinado simultáneamente a la profundización y a la irreversibilidad. Es, en definitiva, la única cura contra el declive del poder económico, monetario, comercial y militar de Estados Unidos sobre el mundo.

La concepción propietaria del planeta, la idea de poder acaparar sus recursos, para llenar la brecha entre la riqueza que producen (24%) y la que consumen (59%), creen que es la única manera de sostener el modelo roto que insisten en proponer como único. Basta con consultar las estadísticas de la FAO para descubrir que un estadounidense medio produce 730 kilos de residuos al año, come 100 kilos de carne, consume 600 litros de agua al día y quema tanta energía como cuatro italianos, 160 tanzanos y 1.100 ruandeses. Las 700 bases militares y las seis flotas de guerra estadounidenses en todo el mundo sirven para mantener este obsceno desequilibrio.

Más que a una actualización del imperialismo, asistimos a su atornillado sobre sí mismo, que en su afán omnívoro ya no puede concebir espacios, recursos e ideas que no le sean funcionales. En los salones del bon ton, donde la izquierda au caviar se ha convertido en derecha, se dice que el uso del término imperialista es anticuado, que responde a una dialéctica que ha desaparecido, o que ya no es pertinente. Pero, lo que ocurre es lo contrario.

No hay ninguna palabra moderna que tenga su pleno sentido, y tampoco hay ninguna política que pueda llamarse moderna. El modernismo verbal es parte de lo viejo que corroe lo nuevo. La doctrina imperialista se llama imperialismo, es una extensión de la lectura colonial que propone una interpretación medieval del mando global.

El objetivo no es el gobierno, sino la dominación del mundo. El imperialismo actual se basa en la amenaza global y en la fuerza nuclear, en los instrumentos de control del mercado de las ideas y en la extensión a todo el planeta de la doctrina militar que sostiene el imperio. Es el feudalismo atómico.

La rebelión latinoamericana, expresión de la independencia del Norte y de la hermandad con el Sur, asume ahora como gobiernos y representa la derrota de todo el anexionismo más allá de toda circunstancia. La lucha irreconciliable de los que no tienen nada que perder porque no tienen nada, contra los que tienen todo que perder porque lo poseen todo, es el nuevo capítulo del libro de la humanidad. Que se niega a entregar al capitalismo imperial la última página de su historia.

Cumbre de las Américas: presiones, chantajes y maniobras sucias en marcha

 


Por ZonaFrank, con información de @KatuArkonada

Con la organización de la IX Cumbre de las Américas, el gobierno de Joe Biden, su Departamento de Estado y la OEA, han agregado unos cuantos metros de profundidad a su propia tumba política. Para agregar más ingredientes a este mal sazón, fuentes señalan que el presidente norteamericano podría estar valorando no asistir a la Cumbre, lo que se suma a la mezcla de tensiones, chantajes, presiones, campañas sucias y demás artimañas a las que han tenido que apelar los organizadores tratar de disimular su fracaso.

En su cuenta en twitter, el miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, Katu Arkonada, reveló que según fuentes de Washington, en “la Casa Blanca y el Departamento de Estado están preocupados por la situación creada. Le llaman la «Crisis de la Cumbre de las Américas», hay desesperación y fuego cruzado entre ambas instituciones culpándose mutuamente del fracaso, que llevaría a Biden incluso a no acudir” a la cita.

Amplía Arkonada que algunos pesos pesados del Partido Demócrata culpan de este desastre a Biden, por no tener definida aún una política hacia Cuba mientras que sí la tiene hacia Florida, y piden medidas de flexibilización hacia Cuba como en la época Obama, para enviar una señal a América Latina.

Como ha sido práctica habitual en la política exterior norteamericana, EEUU ha venido ejerciendo presiones extremas sobre numerosos Gobiernos de la región latinoamericana que se oponen de manera privada y respetuosa a la exclusión de Cuba y otros países de la Cumbre, como denunció oportunamente el Canciller cubano Bruno Rodríguez.

Ante el desastre y desespero por el más que evidente fracaso de la Cumbre de las Américas, señala Arkonada, EEUU pretende, mediante el chantaje, que los países latinoamericanos, especialmente caribeños, abandonen sus posiciones de respaldo hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Entre las más recientes acciones sucias denuncia Arkonada que EEUU logró, a través de presiones del Departamento de Estado, que Uruguay se proyecte agresivamente contra Cuba en la Cumbre. También han chantajeado al presidente peruano Pedro Castillo, a través del Secretario General de la OEA Luis Almagro y del Secretario de Estado Anthony Blinken; condicionando su apoyo para evitar la vacancia impulsada por la oposición en el Congreso.

En el caso de México, el malestar en la Casa Blanca y el Departamento de Estado con Andrés Manuel López Obrador es grande, sienten que desgasta su influencia en América Latina, arrastrando a posiciones radicales a otros mandatarios, como Xiomara Castro. Precisamente México ha tenido una de las posiciones más activas en la defensa de una Cumbre sin exclusiones, donde prime el diálogo sobre temas y amenazas comunes en la región.

En particular, López Obrador ha sido enfático en la participación de Cuba, de ahí que el Departamento de Estado ha indicado a sus oficinas de prensa en Florida promover una activa campaña mediática contra Cuba y el mandatario mexicano. Para ello cuenta con una “task force” de internet para Cuba y su estructura de redes sociales, bots y youtubers neoterroristas que desde Miami articulan todo tipo de campañas de desinformación contra la Isla.

“La próxima semana veremos un más que probable fracaso de la estrategia imperial estadounidense en sus relaciones internacionales hacia América Latina. Es hora de dejar atrás las cumbres de su Ministerio de las Colonias y reforzar políticamente a la Celac”, afirma Arkonada.

La semana anterior se desarrolló la XXI Cumbre del Alba-TCP en la Habana, cuyos participantes rechazaron la exclusión por Estados Unidos de Cuba, Venezuela y Nicaragua de la Cumbre de las Américas, una decisión que consideraron unilateral y políticamente motivada. Además, la calificaron de ofensiva a los pueblos de América Latina y el Caribe, así como un severo retroceso en las relaciones a nivel hemisférico.

Por su parte, Argentina, en calidad de presidente protémpore de la CELAC, anunció la celebración de una reunión de alto nivel de este mecanismo de integración regional en EEUU, paralela a la IX Cumbre de la Américas.

*Katu Arkonada tiene un diplomado en Políticas Públicas. Exasesor del Viceministerio de Planificación Estratégica, de la Unidad Jurídica Especializada en Desarrollo Constitucional y de la Cancillería de Bolivia. Ha coordinado las publicaciones «Transiciones hacia el Vivir bien» y «Un Estado muchos pueblos, la construcción de la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador». Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad

Fuente: ZonaFrank.

lunes, 30 de mayo de 2022

Ucrania: ¿Qué viene después?




Por Jorge Capelán.

Sin duda, como diría algún filósofo chino, estamos viviendo “tiempos interesantes”, es decir, de grandes cambios para toda la humanidad.

Filósofos existencialistas como Sartre y Camus se sorprenderían si hoy vieran cómo se multiplican en los medios referencias (al menos de nombre) a la corriente de pensamiento que formaron hace ya casi 80 años: Cada vez más Estados y naciones dicen enfrentar amenazas “existenciales”, y no es para menos, porque Rusia se lo juega todo, Occidente se lo juega todo, y el mundo también se lo juega todo.

En este texto intentamos ir un poco más allá de lo inmediato y echar un vistazo a lo que vendría después de esta gran colisión entre Estados Unidos y Rusia-China. Trataremos de dar una respuesta a la pregunta de cómo sería el nuevo orden multipolar postoccidental. Pero antes, haremos algunas observaciones sobre la situación actual a propósito de la guerra en Ucrania:

En estos días, en el Foro Económico Mundial, se ventilaron algunas de las angustias más profundas de Occidente: Mientras el jubilado (y casi centenario mas para nada senil) estratega imperial Henry Kissinger advertía que quedan apenas semanas para sentarse a la mesa de negociaciones con Rusia evitando así una guerra que pondría en peligro “el equilibrio de poderes en Europa”. Los altos consejeros del presidente-títere Volodymir Zelensky no tardaron ni un segundo en responderle a Kissinger con una grosería (“go fuck yourself” y “dumb fuck”, en inglés).

Si la de Kissinger ha quedado relegada al conjunto de las voces disidentes (mas no decisivamente influyentes) a lo interno del imperio, otra cosa se puede decir de George Soros. El nonagenario magnate y pródigo financiador político de las guerras de Estados Unidos, lanzó en el Foro la lapidaria advertencia de que "la mejor y quizás la única forma de preservar nuestra civilización es derrotar a Putin lo antes posible”.

Hay que entender las palabras de Soros en su verdadero sentido. Soros no dice "salvar a la humanidad", ya que eso es lo de menos para las élites globalistas que hoy en día comandan al “Occidente colectivo”. Él dice "salvar la civilización", es decir, la única que existe para ellos, que es la que surgió a raíz del genocidio de la colonización europea del mundo hace 500 años.

La reacción de Occidente a la operación especial rusa en Ucrania es tal que la III Guerra Mundial amenaza con estallar de veras antes de alcanzar directamente al territorio chino. En Ucrania, Rusia se atrevió a contestar a la expansión de 30 años de la OTAN hacia el Este con las armas en la mano y Occidente de inmediato se sintió amenazado de muerte. Prueba de su fragilidad, tanto en su base material como en su base ideológica. Definitivamente, el globalismo occidental es un fenómeno senil, con cabezas visibles como las de Biden (79 años), Klaus Schwab (84) y George Soros (90).

La desesperación que se advierte en los voceros del globalismo (Biden, la OTAN, los británicos, la clase política europea...) indica que Occidente, bajo la égida globalista, desoyendo ostentosamente las advertencias de Kissinger, no tiene Plan B: Su único plan es instaurar la dictadura global directa de sus multinacionales reduciendo a China y a Rusia. De Rusia, sueñan con regresarla a los tiempos de Yeltsin tras la caída de la URSS y de China, con regresarla a los tiempos de las guerras del Opio, en el siglo XIX. Ilusiones vanas de viejas glorias imperiales…

A estas alturas está claro que potencias emergentes de las más variadas latitudes no están dispuestas a bailar al son de Washington: India y China, seguidas por el resto del BRICS arrastrando a países grandes como México y Argentina; casi todos los grandes exportadores de petróleo; muchos países ricos en población y materias primas y hasta viejos aliados de Washington como Israel, Arabia Saudita y Turquía se oponen en muchos puntos al diktat occidental de aislar a Rusia para ponerla de rodillas. Más bien al contrario, se muestran positivas e incluso activamente participan en la política rusa de desarrollar el comercio internacional fuera de la órbita del dólar.

Por otro lado, las grietas empiezan a aparecer en Europa, que no ha podido poner en práctica el boicot al petróleo ruso y no parece seriamente decidida a deshacerse del gas de ese país del que depende. El Viejo Continente se desgarra entre una clase dirigente globalista (tanto política como mediática) y la realidad de una guerra antirrusa que tiene como efecto las peores consecuencias económicas y sociales para sus propios pueblos. Cada vez más europeos empiezan a comprender que no pueden vivir en guerra eterna con Rusia. Sin embargo, siguiendo el guion globalista de Wall Street y la City de Londres, Europa empeña su futuro como uno de los polos de la naciente multipolaridad. ¿Serán capaces sus élites de dar un cambio de timón a tiempo?

Tres posibles escenarios

Hechas las observaciones anteriores, y tomando en cuenta el peligro permanente de que se desate una guerra termonuclear, podemos avizorar tres grandes escenarios:

Victoria de Occidente con "cambio de régimen" en Moscú y Beijing e imposición de una dictadura corporativa occidental a nivel global. Esto significaría el fin del juego y la imposición de la agenda de despoblación de Occidente. Probablemente se dé una gran conflagración nuclear, y si no se da, implicaría de todas formas un genocidio mundial a causa del aumento de la pobreza y la destrucción del campesinado a escala global. Buenas noches.

Derrota de Occidente tras una sangrienta conflagración, seguramente con armas nucleares "tácticas". Este escenario conduciría a la lenta e incierta emergencia de un nuevo orden post-occidental. No se asegura la prosperidad del género humano, debido a la destrucción material, ambiental y social de la guerra.

Derrota de Occidente en condiciones de menor intensidad bélica. Si se logra evitar o limitar el uso de armas nucleares, y si al mismo tiempo se da un proceso amplio de desobediencia hacia el “orden basado en reglas” promovido por Occidente, el nuevo orden postoccidental podrá enfrentar con mayor éxito el destino de la humanidad.

En este último escenario, hay dos posibilidades: La primera es que Occidente, en la forma de Norteamérica/Europa se mantenga como "un jugador más entre otros". La segunda posibilidad (y la más probable) es que tanto Norteamérica como Europa queden relegados a un segundo rango dado el serio peligro de que se desencadene una guerra civil en los Estados Unidos y las consecuencias de las sanciones antirrusas para las economías occidentales, especialmente la europea.

3) El nuevo orden postoccidental (algunas observaciones)

El nuevo orden postoccidental tiene que surgir de los hechos, no puede ser un producto de escritorio ni de un pacto a bordo de un buque de guerra como la famosa Carta Atlántica firmada por Churchill y Roosevelt en agosto de 1941 y parodiada 80 años después por Biden y Boris Johnson. Si en 1941 los líderes británico y estadounidense pactaron muchas cosas que vinieron a definir el mundo de la posguerra, en 2021 pactaron hundirse juntos en el abismo del “después de mí, la debacle”.

En lo económico, el nuevo orden deberá priorizar la economía real supeditando las finanzas al poder político. Implementar la lógica del "ganar-ganar" y de los consensos. El nuevo orden postoccidental cuyos cimientos se están levantando en estos momentos necesita en primer lugar de un nuevo orden financiero. Esto es imperativo, y seguramente estará caracterizado por el fin de las monedas "fiat" (es decir, las monedas cuyo valor solo está respaldado por “la confianza del mercado”); un anclaje de las monedas al oro y a las materias primas y una pluralidad de monedas ("canastas de divisas").

El nuevo orden postoccidental heredará una gran cantidad de conflictos no resueltos por el viejo orden colonial occidental (desde el conflicto Mapuche en Chile hasta, Palestina, Turquía, numerosos conflictos en África, etc.). También heredará problemas estructurales en el acceso a los recursos, especialmente el agua. Asimismo, deberá hacer frente a una gravísima deuda socioeconómica (por ejemplo, la falta de alimentos, agua y sanidad de amplios sectores de la humanidad) y el deficiente modelo de producción occidental heredado (por ejemplo, desde una “industria” médica basada en mantener enfermas a las poblaciones para venderle sus productos hasta una “industria” alimentaria basada en destruir el medio ambiente, acabar con la biodiversidad y producir alimentos de mala calidad).

En lo político, el nuevo orden deberá ser plural, ya que estará compuesto por democracias liberales, teocracias, autocracias, etcétera, así como de países de orientación socialista, capitalista, etcétera.

El nuevo orden postoccidental no puede surgir de los herederos de la Liga de Naciones ni de la ONU, ya que ambas fueron diseñadas por las potencias imperiales occidentales. Ni la Liga de Naciones ni la ONU se preocuparon jamás por los derechos de los débiles. La ONU está totalmente penetrada por intereses occidentales ("sociedad civil" de las ONG financiadas por los países occidentales, el modelo de "sociedades público-privadas" que en la práctica en un modelo de saqueo del sector público, etcétera). Estos organismos son ineficientes, ya que priorizan las votaciones ante los consensos y las "reglas" (hechas a la medida de acuerdo a los intereses occidentales) frente a la solución de problemas comunes.

No debemos esperar una “reforma” de esos organismos, ellos mismos irán perdiendo relevancia ante su incapacidad para dar respuesta a los verdaderos problemas del mundo.

El nuevo orden postoccidental deberá surgir de los actuales mecanismos multilaterales emergentes y otros, como la CELAC, ASEAN, OPEP+, BRICS, etcétera. Este orden deberá basarse en consensos, en la lógica del ganar-ganar, en la lógica del respeto a la diversidad y en la de las agendas de problemas a resolver antes que en concepciones normativas en materia de sistemas políticos, etcétera.

4) El gran reto: Cambiar la hegemonía para descolonizar el mundo

Desmontar el imperio unipolar solo es el primer paso para liberar a la humanidad de la barbarie occidental. No solo América Latina debe ser descolonizada sino todo el mundo que fue afectado por la expansión europea a partir del siglo XV.

El concepto de hegemonía no solo se aplica a la dominación política, sino también al control sobre las ideas dominantes (hegemonía cultural). La hegemonía occidental no desaparece con la desaparición del mundo unipolar de la misma manera que el influjo de Roma no cesó con la caída del Imperio Romano de Occidente. Recordemos que la Iglesia Católica fue la heredera de Roma y ha sobrevivido hasta nuestros días como uno de los pilares del dominio occidental, tanto en lo ideológico como en lo material-financiero.

Los herederos de la hegemonía occidental son a su vez tres de los grandes aportes de Occidente a la humanidad: La ciencia y la tecnología tal y como fueron formalizadas por el Occidente; la concepción occidental del conocimiento e instituciones relacionadas como la escuela moderna, etcétera, y el concepto occidental del desarrollo expresado en la ideología de la modernidad.

Es fundamental descolonizar esas tres estructuras para garantizar que el imperio occidental no sobreviva tras su caída política y económica. Es fundamental reformular la ciencia, el conocimiento y el concepto del desarrollo desde la perspectiva de toda la humanidad y no de la de Occidente.

Esto no significa rechazar esas instituciones y categorías, sino reapropiarse creativamente de ellas resignificándolas”, para usar una expresión en boga.

Desde hace 150 años, una estrecha élite imperial (Europa-Estados Unidos), por medios tanto públicos como privados, financió y organizó toda la red institucional que a nivel planetario decide qué vale la pena estudiar, qué preguntas plantearse, qué problemas resolver y cómo hacerlo.

Esto tiene implicaciones muy palpables en la actualidad, por ejemplo, en la cuestión de las pandemias y su impacto; en la cuestión de las respuestas a las crisis de todo tipo; en los retos que plantea la Inteligencia Artificial y las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

El imperio occidental nos hereda un mundo en el que la producción está subordinada al lucro especulativo en beneficio de intereses monopólicos privados. Por eso, nos hereda una medicina basada en mantenernos enfermos, un complejo agroindustrial basado en la destrucción del medioambiente y en la producción de alimentos de mala calidad, y tecnologías de la información que en lugar de liberar nuestras potencialidades nos aíslan, espían y controlan.

Esos son solo algunos ejemplos de la barbarie que nos hereda Occidente.

El nuevo orden postoccidental tiene el reto de salvar a la humanidad para una larga era de desarrollo histórico o perecer ante el bárbaro holocausto globalista.

martes, 24 de mayo de 2022

Conversatorio sobre "El Reordenamiento Mundial". (II Parte)

 

Te invitamos al Conversatorio sobre "El Reordenamiento Mundial". (II Parte)

Miercoles 25 de mayo. 

Hora: 1:00 pm (Managua)

Participan:

- Nikolay Mijailov, (Rusia) Director para los programas de las Américas del Fundación Mundo Ruso, (Ruskiy Mir)

-Manuel Espinoza, (Nicaragua) Centro CREI

-Marcelo Ramírez (Argentina) Director de ASIA-TV

- Jorge Capelán (Uruguay) Analista Colaborador CREI

domingo, 22 de mayo de 2022

Bossi: Batalla de Pichincha 24/5/1822

Batalla de Pichincha

 

Por Fernando Bossi Rojas.

Fue el 24 de mayo de 1822. La Batalla de Pichincha, librada entre las fuerzas colonialistas al mando del general Melchor Aymerich y las tropas revolucionarias conducidas por el general Antonio José de Sucre, resultó un categórico triunfo de las fuerzas republicanas, y abrió paso a la incorporación de Quito (hoy Ecuador) a la República de Colombia (Gran Colombia).

En enero de ese año se había producido un hecho singular, el ejército de Sucre se engrosaba con la incorporación de las fuerzas proveniente de Perú, que había prometido el general San Martín a Bolívar. Peruanos, altoperuanos, chilenos y rioplatenses se sumaban a los guayaquileños, neogranadinos, quiteños y venezolanos que avanzaban desde Guayaquil a liberar Quito.

Luego de tomar Cuenca, en el mes de abril se produjo el combate de Riobamba, donde los Granaderos de Los Andes, al mando del mayor  Juan Lavalle, dando una significativa muestra de coraje y disciplina con sus 96 jinetes  y al grito de “¡A degüello!”, derrotaron a la caballería española de 400 hombres. Fue un hecho similar al “Vuelvan Caras” de Páez de la batalla de las Queseras del Medio.

Con el empuje del triunfo, las tropas revolucionarias llegaron a las cercanías de Quito. Sucre ordenó avanzar por la ladera del volcán Pichincha. A 3.500 metros del nivel del mar se desarrolló la batalla. Las fuerzas de Aymerich parecían ganar la batalla, pero la acción decidida de los Batallones Albión y el Magdalena definió la contienda en favor de los republicanos.

Entre los actos de heroísmo se destaca la acción de Abdón Calderón, joven de 18 años, que pese a haber recibido cuatro heridas de bala, resistió en su trinchera hasta el fin de la batalla, alentando a sus compañeros y haciendo flamear la bandera celeste de Guayaquil. A los pocos días murió a consecuencia de esas heridas. Sucre, y Bolívar reconocieron públicamente la acción heroica del joven patriota nacido en Cuenca.

Pichincha fue la primera gran batalla del ejército unido suramericano, e inicio del ciclo que culminará con el triunfo de las fuerzas patrióticas. La unidad del ejército suramericano fue la clave de la victoria. 

domingo, 15 de mayo de 2022

Gobiernos soberanos confrontan a Estados Unidos en solidaridad con Cuba, Nicaragua y Venezuela

 


Por Mónica Saiz Donato, PortalALBA.

Estados Unidos ha provocado el rechazo de los gobiernos de la región por su intento de excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela de la Cumbre de las Américas. Es la mayor confrontación pública desde la IV Cumbre, realizada en Mar del Plata, Argentina, cuando enterramos el ALCA.

En sus más de ciento cincuenta años de potencia expansionista, hegemónica e imperialista, Estados Unidos ha llegado a controlar a tal punto a los gobiernos de la región, que se daba el lujo de imponer condiciones, sin respetar ni la legalidad, ni las formas.

En todos estos años, hubo períodos de mayor agitación social y lucha de clases, movimientos de liberación nacional en distintas épocas y lugares enfrentaron el mandato del todopoderoso, pero finalmente, terminaban quedando aislados y en minoría.

Sin embargo, llegó un momento estelar para los pueblos, podríamos decir que fue en la Cumbre de Mar del Plata, en noviembre de 2005, cuando se dio en su máximo esplendor, la coordinación de las fuerzas populares, con el liderazgo de Lula, Chávez, Kirchner, Tabaré Vásquez y Evo, que todavía no era presidente pero acompañaba.

Así fue cómo se produjo la derrota del más ambicioso proyecto de libre comercio regional: el ALCA. “Al carajo el Alca” fue la consigna de Chávez, en la tribuna popular. Y Kirchner, en plena cumbre, les dijo a los yanquis que no iba a aceptar que nos vinieran a patotear.

Con esta misma fórmula, se derrumbó la histórica exclusión de Cuba de estas cumbres, que estuvo presente con su líder Raúl Castro en la VII Cumbre de las Américas en Panamá (2015).

Con sus idas y vueltas, esta época de insurrección, de ofensiva popular todavía está en pie. Y eso se hace evidente hoy, cuando los gobiernos de Nuestra América se levantan para exigir a Estados Unidos que no excluya a Venezuela, Cuba y Nicaragua de la convocatoria a la IX Cumbre de las Américas, que debe llevarse a cabo en la ciudad estadounidense de Los Ángeles el próximo 8 al 10 de junio.

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta los sucesos de la Cumbre de Mar del Plata, Estados Unidos había logrado mantener un control total de lo que con soberbia denominan su “patio trasero”. Menudo “patio trasero” de 21 millones de kilómetros cuadrados de superficie terrestre y los casi 700 millones de habitantes que somos. Sin embargo, todo ese poder que tenemos, se reduce a la nada debido a nuestra fragmentación. Justamente, por eso es que Estados Unidos ha podido durante tanto tiempo sostener la dominación política, económica y cultural de la región, contando con la OEA como ministerio de las Colonias y usando a su red de embajadores estadounidenses, prácticamente como como si fueran cónsules del imperio romano.

Pero ahora tenemos otro panorama. Las circunstancias actuales son para tomar nota. Para nadie es secreto que a principios del Siglo XIX comenzó un renacimiento de las ideas populares, socialistas, progresistas y bolivarianas. También es cierto que en los últimos años hemos padecido una nueva oleada neoliberal, de derecha, proimperialista –como se guste en llamarla–, tras una serie de acontecimientos adversos para los pueblos como fue la pérdida física de los Hugo Chávez, Fidel Castro y Néstor Kirchner; los golpes de Estado en Paraguay, Honduras, Brasil y Bolivia; los efectos de la guerra judicial contra Correa, Cristina y Lula, entre otros.

En ese contexto, Estados Unidos desarrolló su mayor grado de agresividad contra Venezuela, Cuba y Nicaragua, al punto de generar condiciones de bloqueo económico y desestabilización interna. Esto lo hizo con el acompañamiento de la OEA y de los países que se iban sumando al bloque neoliberal, a través –fundamentalmente– del Grupo de Lima.

No fue menor el ensañamiento con Bolivia, donde se produjo un golpe de Estado que logró derrocar a Evo Morales e instaurar una breve pero cruenta y expoliadora dictadura. Queda claro, que en la mira estaban y siguen estando los países del ALBA, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, países que han declarado su voluntad de construir la Patria Grande desde los pueblos y con una perspectiva abiertamente socialista.

Pero la cosa no les está funcionando tan fácil como pensaban. Hoy, México da una nueva campanada, levantando la dignidad de Nuestra América, ante el burdo intento de exclusión de los países “malditos” para el imperialismo yanqui.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, hablando pausado y firme, dice las cosas como son, con él hablan Villa, Juárez, Zapata, Cárdenas, su voz que nace de las entrañas del México profundo en el marco del proceso de la cuarta transformación histórica.

El Caricom también habló en todos sus idiomas y sin distinción de ideologías, haciendo honor a la solidaridad incondicional recibida por Venezuela, Cuba y el Alba, con la dignidad que los engrandece.

Luis Arce, haciendo lo suyo, planteó que no participaría en una cita excluyente. Bolivia todavía tiene que restañar las heridas del golpe de la OEA y, por supuesto, su deber era manifestarse solidaria con los hermanos países del ALBA. Actúa en consecuencia con sus raíces y su proyecto histórico.

Qué decir de Xiomara Castro, que habiendo asumido recientemente las riendas de un país acosado por la violencia y condicionado gravemente por la crisis económica, hubiera tenido un millón de posibles excusas para quedarse callada, pero no. Ella también levanta la voz con entereza, encarnando el legado morazanista. Si se sostiene la exclusión, tampoco asistirá a la Cumbre.

Sumando todos estos países, si el gobierno de Biden no retrocede, tendría que realizar una Cumbre, con solo la mitad de los mandatarios continente, casi.

Adicionalmente, el gobierno de Argentina, desde Alemania, con el presidente Alberto Fernández, en su carácter de Presidente Pro Témpore de la CELAC, exige que no haya exclusiones.

Hasta China se mete en el juego, criticando la política estadounidense de exclusión en la Cumbre de las Américas.

Las miradas se posan en la región, analistas internacionales, protagonistas políticos y económicos deben estar sacando cuentas.

A estas alturas, la partida de la IX Cumbre de las Américas, ya fue perdida simbólicamente por los Estados Unidos. ¿Qué pasará? Lo más lógico es que acepte las condiciones que impusieron los protagonistas latinoamericanos y busque una salida decorosa (mitigando los daños, como se dice).

Sin embargo, todo es nuevo e imprevisible en un momento en el que se juega la supervivencia de la hegemonía mundial estadounidense o su declive.

En realidad, a estas alturas, parecería que lo que está en juego no es si Estados Unidos cae o no como primera potencia mundial, sino la forma en que va a dejar su puesto. Si se va a desmoronar violentamente, generando guerras, dolor y muerte en su caída; o bien, si se resigna a aceptar su declive de manera respetuosa, apostando a funcionar como una potencia importante dentro del mundo multipolar, aunque no más como el amo y señor del mundo.

Por nuestra parte, nos toca seguir profundizando las herramientas de unión que hemos sabido construir, sin la injerencia de Estados Unidos y su alfil canadiense.

En un futuro, ojalá cercano, quizás la Cumbre de las Américas sea un mal recuerdo y todos estemos hablando de lo que pasa en la CELAC, Unasur y el ALBA.

Y cuando realmente tengamos fuerza y estemos en igualdad de condiciones, podremos sentarnos a un diálogo entre el Norte y Sur. Después de todo tenemos algunas materias pendientes: la reparación histórica por golpes de estado, genocidios, magnicidios e invasiones estadounidenses; la investigación y por crímenes de guerra y violaciones a los derechos humanos, tales como el apoyo de Estados Unidos a los ingleses en Malvinas, los crímenes en Guantánamo, o la invasión a República Dominicana y a Panamá, entre otros; un juicio a las deudas externas ilegales y fraudulentas; un juicio a los daños sociales y ecológicos realizados por transnacionales estadounidenses y canadienses en la región; una investigación sobre la participación de agencias federales en el contrabando de armas y estupefacientes; una reparación sobre violaciones de derechos humanos a migrantes latinoamericanos en Estados Unidos.

Y podría continuar con un largo etcétera, que sería fundamental para sanar heridas, hacer justicia y empezar, por fin, a tratarnos de igual a igual.

Fuente: Portal Alba www.portalalba.org

lunes, 9 de mayo de 2022

(VÍDEO, ESTRENO): ¿Qué hay después de la segunda guerra mundial?

El periodista Néstor Espinosa de Canal 37 ExtraPlus entrevista al director del CREI, Manuel Espinoza y a Jorge Capelán en este aniversario de la victoria soviética contra el fascismo. La transmisión comienza a las 19 horas de Managua.

Dignidad, el apodo de Nicaragua

 


Domingo 8 de Mayo 2022 | Fabrizio Casari

El día dedicado a la dignidad nacional acaba de pasar. Es justo celebrarlo en Nicaragua, ¿dónde más? Los pueblos y los países se convierten en habitantes del otro cuando los primeros se apoderan de los segundos y éstos de los primeros. Y una forma justa de entregarse, de esta manera, a los demás, es lo que el sandinismo lleva proponiendo desde hace 41 años, interrumpidos por una herida sangrienta que duró 16 años pero que ya ha cicatrizado.

Un día que nos recuerda que la dignidad nacional es de carne y hueso y los principios no negociables es la mejor de las efemérides. Pero en Nicaragua, la dignidad nacional se dedica los 365 días del año. Si se observa bien el arte de gobernar en esta tercera etapa de la Revolución Popular Sandinista, se encuentran todos los ingredientes que lo conforman, lo desarrollan y lo hacen grande.

Dignidad es una palabra noble, que evoca cofres adornados con medallas e historias para erizar la piel. Es una palabra importante, en cierto modo incluso pomposa. Es cuestión que se transmite entre generaciones, porque hay que preservar la herencia, pero para ello hay que conocerla. Ahora bien, si se quiere describir con detalle, si se quiere fragmentar en mil historias, rostros y destinos, Nicaragua es el lugar adecuado para intentarlo.

Porque cuando un pisotón de tierra se convierte en un suelo, cuando madera y plástico se convierten en una casa, cuando un tejado te obliga a salir a la ventana si quieres contar las estrellas, ahí es donde llegó la dignidad. Cuando una vela se convierte en un gesto romántico porque la luz se puede obtener con un interruptor, y cuando el agua que fluye no se preocupa por los cubos, cuando los caminos son transitables para ir a conocer y las escuelas acogen a los cachorros y proporcionan conocimientos, ahí es donde habita la dignidad.

Cuando en el hospital hay que mostrar una identificación y no una tarjeta de crédito para ser atendido, porque eres un paciente y no un cliente, cuando una pensión es un derecho y no una concesión, ahí es donde vive la dignidad. Porque la dignidad es el mínimo común denominador de la revolución, que se llama así porque empuja, apoya, dirige y cambia los caminos; se llama revolución porque revoluciona todo lo que hay que revolucionar. Se llama revolución porque revoluciona todo lo que hay que revolucionar Altera el orden de las cosas elevándolo desde abajo, lleva la base a la cima y hace posible lo que era imposible incluso de imaginar.

Los números de la Nicaragua sandinista son números que juntan las matemáticas a los sueños, que imponen el “por qué” sobre el “cuánto” y el “ahora” sobre el “cuándo”, que imputan la pereza y la ausencia de amor como entrada al oscuro reino de la traición. En un lugar tan pequeño y pobre, la gente se ha hecho rica. Con derechos y reclamaciones a un continente que les debe respeto y admiración - y, ¿por qué no? - envidia.

Envidia por un país pequeño que, gracias a su dignidad, en lugar de prestarse al papel de protectorado, ha elegido brillar con luz propia. Nicaragua tiene una ubicación geográfica estratégica, pero su importancia se ve reforzada por las políticas de su gobierno. Managua, a diferencia de cualquier otra capital del hemisferio, alberga una intensa actividad política, diplomática y comercial. Se acabó el acoso y se ha desacostumbrado a la impotencia. Nadie viene a saquear Nicaragua, nadie a imponer condiciones: Sandino no lo hubiera permitido y el sandinismo obedece su dictado.

Los grandes del mundo vienen a hablar entre iguales sobre cooperación y acuerdos políticos, sobre paz y desarrollo. El contexto no importa y el discurso no cambia según el interlocutor: Managua tiene su propia brújula que siempre apunta al Sur, a sus intereses, a sus proyectos. El Sandinismo es su verdadera agenda: erradicar la pobreza, reducir las desigualdades, ampliar los derechos y las personas que los tienen, hacer ilegal la tristeza.

Como si Nicaragua fuera un país cualquiera, un cuento siempre falso, a menudo grotesco, ha engañado a la gente para que crea en cercos improbables, en estrangulamientos seguros que habrían producido hipotéticas capitulaciones. ¿Cuántos han pensado en la rendición sin entender que no venderse y no rendirse no es un eslogan sino una forma de vida? ¿Cuántos pensaban que el deseo de paz era el miedo a la guerra? ¿Cuántos han esperado con toda la lividez que el pie resbale o la pendiente se deslice, para que la religión del odio hiciera que el odio se convierta en religión? ¿Y cuántos esperaban y soñaban con un círculo que envolviera la tierra de Sandino hasta asfixiarla? Demasiado pequeños y pobres para resistir, pensaron. Víctima del contexto, imaginaban y esperaban.

Nada que hacer: el sandinismo tiene un ritmo constante, se mueve con seguridad, mezcla la furia y la sabiduría, la pasión y la razón, abraza los cuerpos y aprovecha las armas, sabe moverse en la oscuridad y está a gusto en la batalla. Como un director de orquesta, su comandante ordena golpes y subidas, alternando violines y tambores, palabras y banderas. Acepta todos los retos sabiendo que puede ganar, porque, al fin y al cabo, sólo en las victorias se ha especializado, es incapaz de perder.

¿Es un pueblo de héroes? ¿De los que forjaron la patria? ¿Quién lo ha redimido? ¿Quién lo defendió primero y después? Me pregunto si hay momentos para el heroísmo. Y entonces, después de todo, ¿qué es el heroísmo? ¿Es la voluntad de sufrir y morir por una causa? ¿Es la capacidad de luchar? ¿Es la decisión de resistir al enemigo, por muy fuerte y poderoso que sea? ¿Es el ofrecimiento de gestos extremos para obtener una victoria, o incluso sólo para manifestarse, denunciar, acusar a los que le privan a él y a todos de la libertad?

Los héroes, por supuesto, son los que allanan el camino. Son los que miran hacia atrás para no echar de menos a nadie. Y son aquellos sobre cuyos hombros descansan el entusiasmo y el fracaso, el vigor y el cansancio, las esperanzas y los temores. Los hombros de aquellos que saben a dónde van y que eligen ir allí cada día, haciendo cada día un trozo de camino, dejando atrás lo que hay que dejar atrás y recogiendo lo que hay que recoger.

¿Quiénes son los héroes? ¿Quién puede decir si se trata de un hombre, un grupo de hombres o un país entero? Creo en una respuesta más sencilla y menos cortesana: un héroe es, ante todo, alguien que dice lo que piensa y hace lo que dice. Un héroe es alguien que, en estos tiempos de pensamiento único impuesto por el dinero o por el terror, tiene la valentía de pensar a contracorriente, que opone la palabra al silencio y el razonamiento al amontonamiento, que enseña las palabras incluso a los mudos, porque tiene la sangre de la rebelión en sus venas.

Los últimos, casi siempre, son los primeros héroes. Porque dar suele coincidir con no tener y ser con no poseer. La dignidad es cuando no es sólo el individuo el que cambia, sino que es el cambio el que hace a los individuos. Cuando todo es de todos, todos lo somos. Y cuando todos lo somos, cada uno es más que él mismo. Un héroe, de hecho.

sábado, 7 de mayo de 2022

(AUDIO ESPECIAL) Capelán: El Abya Yala en el naciente orden multipolar

Charla de Jorge Capelán a estudiantes de Relaciones Internacionales de la UNAN-Managua sobre los retos del naciente orden multipolar para nuestros pueblos del Abya Yala.

viernes, 6 de mayo de 2022

Operación militar rusa. Contexto global latinoamericano

En Molotov Digital, El Director del CREI, Manuel Espinoza, junto a Jorge Capelán y Svetlana Shemeriova, directora del portal “RUSOFILOS”. Abordando la Operación militar especial rusa y su contexto global.

martes, 3 de mayo de 2022

América Latina y la OEA: "Al imperio, ni un tantito así"


Jorge Capelán desde Managua y Carlos Santamaría desde Pasto, en Colombia, junto al periodista Danny Pérez Díaz, analizan la expulsión de la OEA por el Gobierno de Nicaragua en el programa Detrás de la Razón, de HispanTV.

Conferencia: Rusia entre Occidente y el Oriente

Ver en el canal del CREI. Conferencia de Jorge Capelán en el Curso Especializado sobre "La Geopolítica Rusa en la Transformación de...