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domingo, 15 de mayo de 2022

Gobiernos soberanos confrontan a Estados Unidos en solidaridad con Cuba, Nicaragua y Venezuela

 


Por Mónica Saiz Donato, PortalALBA.

Estados Unidos ha provocado el rechazo de los gobiernos de la región por su intento de excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela de la Cumbre de las Américas. Es la mayor confrontación pública desde la IV Cumbre, realizada en Mar del Plata, Argentina, cuando enterramos el ALCA.

En sus más de ciento cincuenta años de potencia expansionista, hegemónica e imperialista, Estados Unidos ha llegado a controlar a tal punto a los gobiernos de la región, que se daba el lujo de imponer condiciones, sin respetar ni la legalidad, ni las formas.

En todos estos años, hubo períodos de mayor agitación social y lucha de clases, movimientos de liberación nacional en distintas épocas y lugares enfrentaron el mandato del todopoderoso, pero finalmente, terminaban quedando aislados y en minoría.

Sin embargo, llegó un momento estelar para los pueblos, podríamos decir que fue en la Cumbre de Mar del Plata, en noviembre de 2005, cuando se dio en su máximo esplendor, la coordinación de las fuerzas populares, con el liderazgo de Lula, Chávez, Kirchner, Tabaré Vásquez y Evo, que todavía no era presidente pero acompañaba.

Así fue cómo se produjo la derrota del más ambicioso proyecto de libre comercio regional: el ALCA. “Al carajo el Alca” fue la consigna de Chávez, en la tribuna popular. Y Kirchner, en plena cumbre, les dijo a los yanquis que no iba a aceptar que nos vinieran a patotear.

Con esta misma fórmula, se derrumbó la histórica exclusión de Cuba de estas cumbres, que estuvo presente con su líder Raúl Castro en la VII Cumbre de las Américas en Panamá (2015).

Con sus idas y vueltas, esta época de insurrección, de ofensiva popular todavía está en pie. Y eso se hace evidente hoy, cuando los gobiernos de Nuestra América se levantan para exigir a Estados Unidos que no excluya a Venezuela, Cuba y Nicaragua de la convocatoria a la IX Cumbre de las Américas, que debe llevarse a cabo en la ciudad estadounidense de Los Ángeles el próximo 8 al 10 de junio.

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta los sucesos de la Cumbre de Mar del Plata, Estados Unidos había logrado mantener un control total de lo que con soberbia denominan su “patio trasero”. Menudo “patio trasero” de 21 millones de kilómetros cuadrados de superficie terrestre y los casi 700 millones de habitantes que somos. Sin embargo, todo ese poder que tenemos, se reduce a la nada debido a nuestra fragmentación. Justamente, por eso es que Estados Unidos ha podido durante tanto tiempo sostener la dominación política, económica y cultural de la región, contando con la OEA como ministerio de las Colonias y usando a su red de embajadores estadounidenses, prácticamente como como si fueran cónsules del imperio romano.

Pero ahora tenemos otro panorama. Las circunstancias actuales son para tomar nota. Para nadie es secreto que a principios del Siglo XIX comenzó un renacimiento de las ideas populares, socialistas, progresistas y bolivarianas. También es cierto que en los últimos años hemos padecido una nueva oleada neoliberal, de derecha, proimperialista –como se guste en llamarla–, tras una serie de acontecimientos adversos para los pueblos como fue la pérdida física de los Hugo Chávez, Fidel Castro y Néstor Kirchner; los golpes de Estado en Paraguay, Honduras, Brasil y Bolivia; los efectos de la guerra judicial contra Correa, Cristina y Lula, entre otros.

En ese contexto, Estados Unidos desarrolló su mayor grado de agresividad contra Venezuela, Cuba y Nicaragua, al punto de generar condiciones de bloqueo económico y desestabilización interna. Esto lo hizo con el acompañamiento de la OEA y de los países que se iban sumando al bloque neoliberal, a través –fundamentalmente– del Grupo de Lima.

No fue menor el ensañamiento con Bolivia, donde se produjo un golpe de Estado que logró derrocar a Evo Morales e instaurar una breve pero cruenta y expoliadora dictadura. Queda claro, que en la mira estaban y siguen estando los países del ALBA, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, países que han declarado su voluntad de construir la Patria Grande desde los pueblos y con una perspectiva abiertamente socialista.

Pero la cosa no les está funcionando tan fácil como pensaban. Hoy, México da una nueva campanada, levantando la dignidad de Nuestra América, ante el burdo intento de exclusión de los países “malditos” para el imperialismo yanqui.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, hablando pausado y firme, dice las cosas como son, con él hablan Villa, Juárez, Zapata, Cárdenas, su voz que nace de las entrañas del México profundo en el marco del proceso de la cuarta transformación histórica.

El Caricom también habló en todos sus idiomas y sin distinción de ideologías, haciendo honor a la solidaridad incondicional recibida por Venezuela, Cuba y el Alba, con la dignidad que los engrandece.

Luis Arce, haciendo lo suyo, planteó que no participaría en una cita excluyente. Bolivia todavía tiene que restañar las heridas del golpe de la OEA y, por supuesto, su deber era manifestarse solidaria con los hermanos países del ALBA. Actúa en consecuencia con sus raíces y su proyecto histórico.

Qué decir de Xiomara Castro, que habiendo asumido recientemente las riendas de un país acosado por la violencia y condicionado gravemente por la crisis económica, hubiera tenido un millón de posibles excusas para quedarse callada, pero no. Ella también levanta la voz con entereza, encarnando el legado morazanista. Si se sostiene la exclusión, tampoco asistirá a la Cumbre.

Sumando todos estos países, si el gobierno de Biden no retrocede, tendría que realizar una Cumbre, con solo la mitad de los mandatarios continente, casi.

Adicionalmente, el gobierno de Argentina, desde Alemania, con el presidente Alberto Fernández, en su carácter de Presidente Pro Témpore de la CELAC, exige que no haya exclusiones.

Hasta China se mete en el juego, criticando la política estadounidense de exclusión en la Cumbre de las Américas.

Las miradas se posan en la región, analistas internacionales, protagonistas políticos y económicos deben estar sacando cuentas.

A estas alturas, la partida de la IX Cumbre de las Américas, ya fue perdida simbólicamente por los Estados Unidos. ¿Qué pasará? Lo más lógico es que acepte las condiciones que impusieron los protagonistas latinoamericanos y busque una salida decorosa (mitigando los daños, como se dice).

Sin embargo, todo es nuevo e imprevisible en un momento en el que se juega la supervivencia de la hegemonía mundial estadounidense o su declive.

En realidad, a estas alturas, parecería que lo que está en juego no es si Estados Unidos cae o no como primera potencia mundial, sino la forma en que va a dejar su puesto. Si se va a desmoronar violentamente, generando guerras, dolor y muerte en su caída; o bien, si se resigna a aceptar su declive de manera respetuosa, apostando a funcionar como una potencia importante dentro del mundo multipolar, aunque no más como el amo y señor del mundo.

Por nuestra parte, nos toca seguir profundizando las herramientas de unión que hemos sabido construir, sin la injerencia de Estados Unidos y su alfil canadiense.

En un futuro, ojalá cercano, quizás la Cumbre de las Américas sea un mal recuerdo y todos estemos hablando de lo que pasa en la CELAC, Unasur y el ALBA.

Y cuando realmente tengamos fuerza y estemos en igualdad de condiciones, podremos sentarnos a un diálogo entre el Norte y Sur. Después de todo tenemos algunas materias pendientes: la reparación histórica por golpes de estado, genocidios, magnicidios e invasiones estadounidenses; la investigación y por crímenes de guerra y violaciones a los derechos humanos, tales como el apoyo de Estados Unidos a los ingleses en Malvinas, los crímenes en Guantánamo, o la invasión a República Dominicana y a Panamá, entre otros; un juicio a las deudas externas ilegales y fraudulentas; un juicio a los daños sociales y ecológicos realizados por transnacionales estadounidenses y canadienses en la región; una investigación sobre la participación de agencias federales en el contrabando de armas y estupefacientes; una reparación sobre violaciones de derechos humanos a migrantes latinoamericanos en Estados Unidos.

Y podría continuar con un largo etcétera, que sería fundamental para sanar heridas, hacer justicia y empezar, por fin, a tratarnos de igual a igual.

Fuente: Portal Alba www.portalalba.org

viernes, 11 de febrero de 2022

(+ PODCAST) Miguel Necoechea sobre México, Nicaragua y los retos de AMLO

En este episodio de DE MANAGUA CON AMOR hablamos con el director mexicano y miembro del Frente Sandinista Miguel Necoechea acerca de las relaciones entre México y Nicaragua, la influencia del golpismo antisandinista en sectores de la izquierda del país azteca y los retos que enfrenta el proyecto de la Cuarta Transformación impulsada por Andrés Manuel López Obrador.

martes, 10 de agosto de 2021

El que se confunde con Nicaragua, se confunde con el Abya Yala

Mapa: Wikipedia.


Por Jorge Capelán. 

En Nicaragua, se puede decir que el pueblo ya votó hace rato. Votó en 2018 cuando la Policía Nacional y la Policía Voluntaria levantaron los tranques de la muerte y el verdadero pueblo inundó las calles de todo el país marchando en defensa del Gobierno sandinista. Esa es una de las noticias más y mejor ocultadas por la prensa al servicio de la OTAN, que es lo mismo que decir toda la prensa del sistema en el mundo occidental.

El 19 de julio de 2018, después de la derrota de la intentona golpista de abril de ese año, fue uno de los más masivos de toda la historia del país, porque solo en Managua se movilizaron 400 mil personas, toda la Plaza de la Fe y la avenida de Bolívar a Chávez llenas de pueblo... solo del departamento de Managua, porque en el resto del país, en todos los municipios, se hicieron actos locales con masiva asistencia.

Y las manifestaciones siguieron durante todo el resto del 2018 y hasta ya bien entrado el 2019. Una, dos, tres veces a la semana, en todo el país. El acto central del 19 de julio de ese año batió todos los récords con una asistencia sólida de 500 mil personas de todos los departamentos.

La oposición golpista y vendepatria se desinfló muy pronto, tan pronto como dejó ver cuál era su verdadero proyecto y lo poco que le importaban "los viejitos" y sus jubilaciones. Seamos honestos, ya a fines de abril de 2018 los sandinistas estábamos montando manifestaciones masivas en apoyo al Gobierno. Menos mal que el Comandante y la Compañera mandaron a tener disciplina y a esperar el momento oportuno para desalojar a los delincuentes y terroristas de sus madrigueras. De lo contrario, se habría creado un conato de guerra civil y los Estados Unidos, como tantas otras veces a lo largo de la historia, habrían estado prestos a "ayudar" al "pueblo nicaragüense" con sus marines... igualito que William Walker con sus filibusteros, ni más ni menos.

De entonces a esta parte el pueblo ha seguido votando con su trabajo, con sus estudios, con su fe en el futuro del país... y la derecha golpista ha seguido demostrando dos cosas: La primera es que su único programa es destruir, entregar y participar en el saqueo imperial del país. La segunda cosa que ha demostrado es que nadie los sigue. Que no le echen la culpa de su incapacidad a la policía más pequeña y menos armada de todo el istmo. Si su proyecto fuera otra cosa que hacer de agentes de los Estados Unidos, entonces habrían aprovechado la amplia amnistía que les fue concedida y hubieran participado en el proceso de diálogo que propició el Gobierno sandinista. Pero no lo hicieron, porque su proyecto no era democrático, era todo lo contrario.

Entonces la derecha golpista y vendepatria se puso soberbia. No prestó atención al hecho de que el marco institucional de Nicaragua se estaba fortaleciendo de mil maneras con iniciativas que gozan del más pleno respaldo popular, porque ¿quién va a estar en contra de que la mitad de los cargos sean ocupados por mujeres? ¿quién va a estar en contra de que se luche contra el lavado y el crimen organizado? ¿quién va a estar en contra de que se frene la plaga de la propaganda de odio en las redes sociales? ¿quién va a estar en contra de que exista una ley que regule la actividad de los agentes extranjeros en el país? ¿o quién va a estar en contra de que los que traicionen a la patria y pidan intervenciones extranjeras sean inhabilitados políticamente?

Claro, el partido de papel de los Estados Unidos y la Familia Chamorro (el diario La Prensa) se opuso a todo eso, pero jamás tomó en serio los cambios que se estaban dando... hasta que el Gobierno sandinista los tomó en serio a ellos y les aplicó la ley. Ellos pensaban desvirtuar las elecciones de Nicaragua para pedir una intervención, es decir, una variante gastada del fracasado intento de golpe del 2018, pero como despreciaron la institucionalidad vigente y ni siquiera organizaron un partido propio, esperaban colonizar a los otros partidos de la derecha que sí tenían estructuras legales. Al final, lo que resultó fue que ellos quedaron marginados (y algunos de ellos enchachados*, esperando que les llegue el momento del juicio).

En las elecciones del 7 de noviembre, para quienes conozcan a Nicaragua, no van a haber sorpresas. Se puede decir que el pueblo ya votó durante la jornada de verificación ciudadana masiva del pasado 24 y 25 de julio. Dos terceras partes del padrón electoral, casi tres millones de personas de un total de 4.3 millones de electores, fue a verificarse a su centro de votación sin que hubiera ninguna obligación ni amenaza de sanción de por medio. Fue un acto totalmente voluntario y cívico con el fin de poner a prueba la solidez de la estructura electoral del país. Es lógico suponer que la inmensa mayoría de la gente que fue a verificarse votará por el FSLN, tal y como lo indican las encuestas de opinión.

El pueblo en Nicaragua acostumbra a votar. Las cifras de participación generalmente andan por el 80% o más. La cantidad de personas que se fue a verificar para esta elección fue tres o cuatro veces más de lo acostumbrado. Arriba del 95% de la gente decía hace meses que ya tenía cédula y de aquí al 7 de noviembre todos los que necesiten cédula la tendrán. El padrón electoral de Nicaragua hoy es de la más alta calidad de toda su historia. Las cédulas de identidad nueva cumplen con los requisitos técnicos más avanzados. La gente lo sabe y por eso confía en el sistema, es decir, en el sistema que han construido los gobiernos del Frente Sandinista. No van a ser elecciones como las que ganó Arnoldo Alemán en 1996, con urnas y listas botadas en los cauces.

Y definitivamente, y por más amenazas que vengan de los Estados Unidos, las elecciones del 7 de noviembre de 2021 no tendrán nada que ver con las del 25 de febrero de 1990 en las que el pueblo nicaragüense tuvo que ir a votar con una pistola en la sien: La embusa dijo en la campaña que si ganaba el Frente seguían la guerra y el bloqueo al país. El pueblo nicaragüense de hoy sabe muy bien lo amarga que fue la noche neoliberal que siguió a esas elecciones, y si no sabe eso, sí sabe, en carne propia, que jamás le daría las riendas del país a los sátrapas golpistas que lo quisieron destruir en 2018.

Y además de eso, el pueblo nicaragüense hoy sabe que tiene salud pública que antes no tenía; que tiene hospitales que antes no tenía; que tiene educación gratuita que antes no tenía; que tiene escuelas que antes no tenía; que tiene merienda escolar que antes no tenía; que tiene educación técnica que antes no tenía; que tiene becas que antes no tenía; que tiene carreteras, puentes y calles que antes no tenía; que tiene estaciones de bomberos que antes no tenía; que tiene títulos de propiedad que antes no tenía; que tiene luz y agua que antes no tenía; que tiene plata para el bus que antes no tenía; que tiene asistencia técnica que antes no tenía; que tiene vivienda que antes no tenía; que tiene comisarías de la mujer que antes no tenía; que tiene espacios públicos bonitos y seguros que antes no tenía; que tiene acceso a la cultura que antes no tenía; que tiene estadios modernos que antes no tenía; que tiene piscinas de natación que antes no tenía; que tiene un trato digno en cualquier oficina pública que antes no tenía, en fin... que tiene un sentido de la dignidad de ser nicaragüense que antes tenía muy, pero muy lastimado.

Para quienes vivimos en Nicaragua, esto que acabo de describir no es ninguna novedad. El que diga que esto no es cierto está mintiendo. Como dice la canción "si molesto con mi canto, a alguien que ande por ahí, le aseguro que es un gringo o un (ex)dueño de este país".

Por todo eso causa estupor la actitud de dos gobiernos supuestamente progresistas de Nuestra América (Argentina y México), de llamar a casa a sus embajadores en Managua supuestamente "preocupados" por todas las mentiras que dicen los Estados Unidos sobre el país. Semejante "preocupación" no les sienta ni al señor Alberto Fernández ni a Andrés Manuel López Obrador. El primero debe saber que la República Argentina tiene una deuda muy grande con Nicaragua, porque fueron militares argentinos los que enseñaron a la Contra a torturar y a asesinar durante la guerra de los años 80, y hoy en día, con ese tipo de "preocupaciones made-in-Washington" sobre Nicaragua no está haciendo otra cosa que tomar partido a favor de los mismos criminales 40 años después. El segundo debe saber que está rompiendo con la honrosa tradición mexicana de no injerencia en los asuntos internos de otros estados, una tradición que ni siquiera las más derechistas administraciones mexicanas se atrevieron a violar descaradamente. Dice el señor AMLO que lo hace "con todo respeto". Nosotros no nacimos ayer, sabemos lo que es irrespeto, aunque sea pronunciado "respetuosamente".

Por último debemos decir que nos causan, no estupor, sino dolor, las infelices y recientes declaraciones del líder brasileño Lula acerca de Nicaragua. En una entrevista para la televisión de su país, Lula dice que "en Nicaragua hay problemas" y que él cree que lo que le conviene a Nicaragua (¡?) es la "alternancia", y dice que él siempre ha sido un gran amigo de la "alternancia". ¿Acaso Lula tiene el síndrome de Estocolmo? Parece que tres años de prisión a manos de los políticos neoliberales en nombre de su tan amada "alternancia" han hecho que el líder brasileño empiece a pensar como sus carceleros. O sea que si la "alternancia" es "buena" para el Brasil todo está perfectamente bien con el fraudulento juicio político a Dilma y el posterior baño de acero "de alternancia" de la administración Bolsonaro. No gracias, Lula, a nosotros no nos gusta esa alternancia. Ya tuvimos una larga noche neoliberal de 16 años, pero por lo menos, a diferencia de Brasil, nosotros tenemos unas fuerzas armadas de raíces populares y revolucionarias que en última instancia van a respetar la voluntad popular.

Por suerte tenemos liderazgos buenos y probados en América Latina, como los de nuestros países del ALBA, pero hay otros liderazgos que tendrán que hacer grandes esfuerzos para estar a la altura de los sueños de Bolívar, Martí, Sandino, Fidel y Chávez. Para nosotros en Nicaragua es bastante obvio: El que se confunde con Nicaragua, se confunde con el Abya Yala.

(*) Enchachado = esposado, con las esposas puestas.

miércoles, 14 de julio de 2021

La Argentina de Fernández y Nicaragua

 

Presidente argentino Alberto Fernández.

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare) El zig-zagueo político puede servir un tiempo, pero constituye un elemento peligroso, cuando es la muestra de la desorientación (o intento de engaño a terceros).

Desde hace semanas nuevamente el mundo asiste a una durísima ofensiva política desde EEUU contra el gobierno de Nicaragua. Maniobra a la que se agregan su controlada OEA, los medios hegemónicos en cada país americano y europeo, las cadenas informativas occidentales y las clases dirigenciales derechistas y neoliberales.

El 15 de junio en la OEA ‘condenaron’ a Nicaragua (con una resolución), aduciendo supuestas violaciones de los Derechos Humanos. Al momento de votar, los representantes de Argentina y de México, se abstuvieron.

Fue por no estar de acuerdo que se deje de lado “el principio de no intervención en asuntos internos”. Además, cuestionaron que desde el exterior se intente imponer decisiones o prejuzgar procesos electorales. Sí peticionaron información respecto a las detenciones de políticos de la oposición.

Pero pocos días más tarde (seis, más exactamente) ambos gobiernos convocaron a sus respectivos embajadores para “consulta”, argumentando que el gobierno nicaragüense pusieron en riesgo “la integridad y libertad” de opositores, precandidatos presidenciales y empresarios.

En forma inmediata a dicha convocatoria y nuevo comunicado, Argentina apoyó que la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos (la cuestionadísima chilena Michele Bachelet), ingrese a Nicaragua a inspeccionar la situación.

Manifestando ahora la “preocupación por la situación de los Derechos Humanos en Nicaragua”. Luego, ante el período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, en la suiza Ginebra, el representante argentino, se manifestó preocupado ante “continuas denuncias de graves violaciones de los derechos humanos…”.

Qué pasó entre la digna posición argentina tomando distancia de lo resuelto por la vergonzante OEA, y los días siguientes…? Verdaderamente es un misterio (o no tanto…).

El cambio de la posición política ha sido mayúsculo. Máxime que terminó apoyando a Bachelet, que tuvo un paso por Venezuela lamentable y cuestionadísimo; y que nada ha hecho por la defensa de los DDHH en Colombia, Honduras, Guatemala, y el mismísimo Chile.

Inclusive, en un tema mucho más cercano geográficamente para el presidente Alberto Fernández, ni él, ni su gobierno, ni la OEA, ni la ONU han hecho nada por revertir la prisión política de la argentina Milagro Sala.

Qué paso entre la digna posición argentina y su accionar en contrario días más tarde…? Verdaderamente es un misterio (o no tanto…).

Quizás habría que mirar un poco dentro de la misma Argentina y sus problemas que le dejó Mauricio Macri (presidente 2015-2019) y sus aliados -radicales, antiperonistas, coalicionistas, aristas, neoliberales, y derechistas-, para comenzar a entender el zig-zagueo.

Argentina está asfixiada económica y financieramente. Ha logrado un acuerdo con acreedores privados, pero sigue con la soga atada al cuello que pusieron Macri y el FMI. El avance del negocio narco en el país es constante, pudiéndose hablar ya de un poder dentro del Estado (provincial) en Santa Fe, estructurado bajo los 12 años de gobiernos del socialismo (pro OTAN), junto a radicales, antiperonistas, neoliberales y seudo-progres.

Argentina es un país dependiente, que trata –desde ciertos sectores del peronismo- de encontrar un camino, una vía, un sendero de independencia. El tema es que dentro del propio gobierno (y de los gobiernos provinciales peronistas), se encuentran consolidados cientos y miles de dirigentes que –diciéndose peronistas-, no tienen ninguna diferencia en su accionar con Macri, los radicales, la derecha y el neoliberalismo.

Inclusive muchos de ellos conviven con personajes de esa oposición en ‘fundaciones’ ligadas directamente a sectores del poder estadounidense.

Una de las mejores muestras de ello ha sido el ejercicio de los “controles” en pandemia. Mientras desde el gobierno nacional se dictaban normas y se pedía cuidados, distaciamiento, uso de tapabocas, y no reuniones, en provincias y localidades (administradas por el peronismo o por la oposición), se dejaba hacer todo lo contrario.

Policías provinciales caminando por las calles sin controlar el uso del tapabocas; comercios abiertos en los horarios de no-cumplimiento de lo establecido; reuniones descontroladas, con invitaciones a través de redes sociales; inspecciones municipales inexistentes… Porqué? Porque cada uno hace su juego; nadie quiere ‘pagar costo político’ con quienes votarán en meses venideros en elecciones de renovaciones de autoridades. Y porque en definitiva, aceptan el discurso negacionista y de odio de la derecha / neoliberalismo / antiperonismo.

El peronismo está desmovilizado; y es lo mejor que ha hecho para que la oposición –derrotada en 2019 en las urnas-, mantenga el poder callejero y la iniciativa política.

Lo sabe Alberto Fernández, lo saben los peronistas, y también –lógicamente- la oposición. El presidente está convencido que puede sacar al país de su estado actual a través de no confrontar, no dialogar (porque a la oposición no le interesa), no tocar intereses, y construir una relación sólida e individual (apenas con la ‘colaboración’ del actual mandatario mexicano) con el poder imperial estadounidense.

A todo ello, el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, avanza en la construcción de estrechísimos lazos con los poderes washingtonianos. Inclusive se especula con que su visita en junio de 2021 a EEUU, no fue una simple maniobra propia electoralista (para mostrarse confiable), sino la búsqueda de ‘oxígeno’ para el gobierno de Fernández, que necesita del apoyo insustituible para llegar a un acuerdo con el FMI. Pero también, algo de tranquilidad política a nivel interno.

Es así que –posiblemente- el cambio de actitud de su gobierno respecto a Nicaragua, tenga en esas necesidades, su ‘justificación’ (o no).

No debe olvidarse que Massa -estando en Washington-, reclamó que no pueden existir presos políticos en ningún país. Claro que se olvidó de la argentina Milagro Sala…

domingo, 27 de junio de 2021

Algunos apuntes respetuosos de Nicaragua para AMLO



Jorge Capelán y Stephen Sefton, 27 de junio 2021 

En estos tiempos de ascenso de las luchas populares en América Latina, no dejan de causarnos dolor algunas actuaciones a contrapelo de la historia de parte de compañeros que deberían conocer mejor la realidad de nuestros países.

En estos días, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador llamó al Gobierno de Nicaragua a liberar a un grupo de oligarcas y operadores políticos investigados por graves delitos de traición a la patria, terrorismo, fraude y corrupción. Según el presidente mexicano, el Gobierno sandinista actúa por la fuerza y no por el derecho y además estaría negándole al pueblo nicaragüense la posibilidad de decidir libre y democráticamente en nuestras elecciones el próximo 7 de noviembre.

Todo eso lo dijo a la vez que aseguró que "la política exterior de México prohíbe la intervención en asuntos de otros países" pero que en materia de derechos humanos "sí podemos opinar de manera muy respetuosa". Por cortesía pedimos disculpas por la comparación, pero para encontrar una "respetuosidad" similar de parte de funcionarios mexicanos, tendríamos que ir hasta los tristes días del canciller Jorge Castañeda cuando "con todo respeto" le espetó al Comandante Fidel “te comes el cabrito y te vas” del almuerzo de Jefes de Estado de la Cumbre Monterrey para no molestar a George W. Bush, el César imperial de aquel entonces. AMLO no es para nada un Vicente Fox, pero vaya cómo se le parece su gesto de esta semana hacia Nicaragua...

Las declaraciones de AMLO son desafortunadas en muchos niveles, tanto éticos como políticos.

A nivel ético, porque, según sus propias palabras, las cuales seguramente él imaginaba respetuosas, el mandatario mexicano se hace eco de una campaña de mentiras en grado militar contra la Nicaragua sandinista, una revolución muy querida en México, a la que lo unen lazos de sangre derramada en el combate, simbolizados por la presencia de los nietos de Sandino, Pancho Villa y Emiliano Zapata en la plaza el 19 de julio, llena del verdadero pueblo sandinista, el que tiene por líderes al Comandante Daniel y a la Compañera Rosario.

Entre los aliados de AMLO tenemos excelentes amigos, así como entre los miembros de su formación política, y vemos con gran simpatía y solidaridad la lucha de AMLO por rescatar la traicionada Gran Revolución Mexicana a la que tanto le debe el pueblo de Nicaragua.

Desde las trincheras de la Revolución Sandinista, que no ha sido ni derrotada ni traicionada, primera revolución armada en tierra firme de América Latina, primera revolución armada en el mundo que pierde el poder en las urnas y lo recupera en las urnas, una revolución que ha sido la condición necesaria para que exista la democracia en Nicaragua, le podemos asegurar a Andrés Manuel López Obrador que si el proyecto golpista en curso contra su Gobierno –que Dios jamás lo permita– llegase a tener éxito, en Nicaragua se le brindará toda la solidaridad y el apoyo, tal y como lo hemos hecho con los perseguidos por todas y cada una de las dictaduras impuestas por los Estados Unidos “en nombre de la democracia” en América Latina.

Lo que hay en Nicaragua no es un gobierno acorralado metiendo presos a opositores por miedo a perder unas elecciones. Lo que hay en Nicaragua es un Estado de Derecho que investiga en estricta conformidad con la Constitución, las leyes vigentes y el Código Penal, a una red de ciudadanos que llevan años de conspirar contra la democracia, quienes organizaron en 2018 un golpe de Estado con financiamiento externo, perdieron, y desde entonces a esta parte han seguido abiertamente conspirando contra la democracia sin el menor apoyo popular. Ningún estado democrático puede tolerar una situación de ese tipo sin socavar las bases de ese mismo Estado, porque violenta y daña un genuino consenso democrático apoyado por la inmensa mayoría de la población.

Esta gente en tres años no ha sido capaz de organizar ni siquiera una kermesse. ¿Por qué? ¿Por la "represión del régimen"? No. Sencillamente porque no tienen pueblo, ni siquiera la gran mayoría de las personas que son ideológicamente de derecha quieren saber de esos golpistas. ¿A quién se le ocurre que un pueblo como el nicaragüense se va a tragar mansamente a un gobierno que considera ilegítimo? Ni Duque en Colombia ni Piñera en Chile con toda la orgía represiva que desataron contra el pueblo fueron capaces de meter a la gente en sus casas, a pesar de que tanto Colombia como Chile invierten y reciben sumas astronómicas en sus dispositivos represivos. Cualquiera que visite los distintos países de Centroamérica se dará cuenta al instante de que la Policía nicaragüense es la menos represiva del istmo.

¿Quiénes son esos personajes investigados por los que la dictadura mediática occidental derrama tantas lágrimas de cocodrilo? Veamos: Los gerentes de los dos bancos más grandes del país; algunos miembros de la familia Chamorro, que es como decir la familia de la oligarquía en Nicaragua, con varios presidentes, generales y ministros vendepatrias en su haber, y con el virtual monopolio de la prensa pro yanqui de Nicaragua; un ex ministro de educación que lo primero que hizo cuando asumió su puesto durante el neoliberalismo fue quemar todas las cartillas de la Cruzada de la Alfabetización de los años 80; la esposa del corrupto expresidente Arnoldo Alemán; unos cuantos operadores a sueldo de la USAID y otros tantos ex sandinistas traidores, también a sueldo de la USAID o de las distintas embajadas de los países de la OTAN.

Esta gente está siendo investigada porque estuvieron públicamente pidiendo medidas coercitivas contra la economía de Nicaragua, por haber conspirado por cometer actos terroristas, y por establecer una estructura fraudulenta de ONG sin fines de lucro para el multimillonario lavado de dinero con los fondos enviados desde el exterior, los cuales constituyeron una intervención política en el país para provocar una catastrófica desestabilización.

Algunos de estos sujetos estuvieron en la cárcel tras el derrotado intento de golpe de 2018 y posteriormente fueron indultados por medio de una Ley de Amnistía que establece el "principio de no repetición" según el cual en caso de reincidencia se volverían a ser juzgados por los mismos delitos. En estos tres años esta gente ha tenido amnistía e intentos de diálogo que no han llevado a ninguna parte. Durante todo este tiempo han seguido como robots, repitiendo la cantinela golpista de la "insurrección contra el régimen" y pidiendo sanciones indiscriminadas que afectan no solamente al gobierno sino a toda la población.

Se supone que ya quisieran muchos mexicanos hacer semejante "cosecha" de oligarcas y fascistas en su país. Es algo altamente recomendable y muy bueno para la democracia y los derechos humanos. Y aclaramos: Están siendo investigados, nada más. Varios de ellos están presos preventivamente (la ley contempla una extensión de la prisión preventiva hasta por 90 días) por el obvio peligro de que huyan a los Estados Unidos, como ha pasado anteriormente en muchos de nuestros países, si no pregúntenle, por ejemplo, a nuestros hermanos bolivianos.

Aclaramos que en las elecciones del 7 de noviembre en Nicaragua participan 17 partidos, once nacionales y seis regionales. Participan los siguiente siete partidos de oposición al gobierno: Partido Alianza por la República (APRE), Partido Liberal Independiente (PLI), Partido Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) Partido Camino Cristiano Nicaragüense (CCN), Partido Yapti Tasba Masraka Nanih Asla Takanka -(YATAMA), Alianza Ciudadanos por la Libertad (CxL) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) . Quizás dos o tres de las personas investigadas pertenezcan a uno u otro de estos partidos políticos con personería jurídica, y ciertamente no son "precandidatos" en el sentido técnico correcto de ese término, porque ninguno de los partidos legales de la oposición los han seleccionado. Fueron llamados “precandidatos” como una tergiversación más de los medios de la familia Chamorro, principales receptores del injerencista dinero para la desestabilización de la NED y la USAID en Nicaragua y prácticamente la fuente exclusiva de las noticias falsas de la sopa de letras de los medios de comunicación internacionales AP, AFP, CNN, DW, EFE, BBC, DPA, REUTERS, etcétera.

Lo cierto es que esta red golpista por todos los medios posibles trató de manipular a los partidos legalmente existentes para que aceptaran a sus cuadros paracaidistas como candidatos en las elecciones. Pero esa maniobra no les funcionó, sencillamente porque la mayor parte de la clase política de este país vive aquí, en Nicaragua, y no está dispuesta a renunciar a sus derechos simplemente porque lo diga alguien pagado por una embajada extranjera. Es verdad que es una derecha muy oportunista con una falta total de ideas endógenas, pero entre la mayoría de ellos prima el "principio de la realidad": Ellos viven en Nicaragua y si quieren hacer algo saben que hay que hacerlo dentro del sistema, no fuera de él.

El golpismo en Nicaragua es un callejón sin salida. En abril de 2018, tras muchos años de preparación en secreto, quisieron lanzar una "revolución de colores" contra el Gobierno sandinista. Utilizaron una serie de ejes que habían logrado implantar en sectores de la sociedad (la manipulación de un incendio en la Reserva de la Biósfera de Indio Maíz, críticas a la Policía, a la Juventud Sandinista, etcétera) y luego utilizaron el tema de la reforma del Seguro Social para dar la impresión de una "revuelta popular" que rápida y deliberadamente se volvió muy violenta. La sopa de letras de las agencias imperiales no dice (lo ocultaron premeditadamente) que el Comandante Daniel llamó a un diálogo apenas un par de días después de las protestas. Y aunque es cierto que inicialmente los golpistas lograron confundir a muchas personas, ellos mismos se encargaron de enseñarle al pueblo cuál era su verdadero "programa": saquear y destruir el país.  

Los sandinistas también nos movilizamos con grandes manifestaciones de apoyo al Gobierno ya a fines de abril, pero eso tampoco lo cuentan los medios del imperio. No era una revuelta popular contra el Gobierno, lo que se quería montar era una guerra civil. Si el Gobierno sandinista hubiera querido, bien podría haber incendiado Nicaragua. En lugar de eso, a solicitud de los reaccionarios obispos de la traicionera Conferencia Episcopal, mandó a la Policía la orden de acuartelarse y confirmó la orden que desde un inicio se había dado al Ejército de no intervenir. En Nicaragua es impensable que el Ejército se vaya a involucrar en tareas represivas, eso lo intentó el expresidente liberal Enrique Bolaños (qepd) a inicios de este siglo y fracasó rotundamente.

Los golpistas se encargaron del resto con sus tranques: Robaron, violaron, secuestraron, torturaron y además hicieron cerrar a al menos una de cada cuatro empresas en el país. Dañaron la economía dejando en la calle a miles de personas, especialmente de los sectores populares y mujeres jefes de hogar. Así que, muy pronto perdieron el efímero apoyo social que habían ganado inicialmente por medio de su blitzkrieg de mentiras y miedo, pero como seguían recibiendo dinero de la USAID y de muchas embajadas occidentales, hubo que esperar cierto tiempo para lanzar una operación limpieza de los tranques para no tener más víctimas civiles. Eso fue lo que pasó, culminando en la liberación de la población de Masaya el 18 de julio 2018.

El mal llamado "golpe suave" financiado por el imperio y derrotado gracias a la sabia conducción del Comandante Daniel Ortega, resultó ser un seminario de educación política masiva para el pueblo nicaragüense. El pueblo logró entender cuáles eran los intereses nacionales y cuáles no. Para la gran mayoría de la gente aquí en Nicaragua lo que pasó en 2018 fue que se vio mermada la prosperidad que venía experimentando hasta ese momento gracias a las políticas sandinistas. Y una parte hegemónicamente mayoritaria entendió que el garante de su futuro aquí en Nicaragua es el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Ya nadie en este país se traga las fantasías golpistas que aun hoy sigue difundiendo la propaganda imperial en el extranjero. Es verdaderamente desconcertante que nuestro hermano Andrés Manuel López Obrador todavía las repita.

En estos tres años, hicieron todo por destruir la economía de Nicaragua: Pidieron y siguen pidiendo medidas coercitivas contra el país. Hicieron varios intentos de convocar a paros empresariales a los cuales solo obedeció la gran empresa privada y sus trabajadores bajo la coacción. Dañaron la imagen del país en el exterior para desalentar a las inversiones y el turismo. Todo eso han hecho ininterrumpidamente a la vez que siguen empecinados en reeditar el golpe de 2018... Su lema siempre ha sido: "Desgastar las instituciones para derrocar al FSLN".

La historia de esta estrategia no es nueva, recordemos que el FSLN llegó al poder en 2007 con un gobierno de minoría (aunque el partido era el más fuerte y mejor organizado del país). En 2008 hubo elecciones municipales y, gracias a las políticas impulsadas, el FSLN obtuvo un importante triunfo al demostrar que podía vencer todas las fuerzas de derecha del país aún cuando éstas se habían unido. Desde entonces, con mucho trabajo, mucho compromiso y mucho conocimiento de la realidad de Nicaragua, así como de su contexto internacional, el Frente Sandinista bajo la conducción de Daniel y Rosario ha ido aumentando su base social.

Las cifras de ello están a la vista y las resume extraordinariamente bien el compañero Carlos Fonseca Terán en un reciente artículo. Entonces, desde el año 2008, la consigna de la derecha golpista en cada elección ha sido "si perdimos es porque hubo fraude". En realidad, su objetivo siempre ha sido el de crear una situación de ingobernabilidad con el apoyo extranjero para hacerse con el poder. En Nicaragua tuvo y sigue teniendo lugar una verdadera revolución, una de las más profundas del Abya Yala. En los años 80s se sentaron las bases de una nación soberana (ejército y policía nacionales y populares, alfabetización, reforma agraria, movimiento popular de masas, fomento del cooperativismo, constitución y democracia, autonomía de la Costa Atlántica...).

Los pilares de ese proceso no pudieron ser destruidos por la mal llamada guerra de "baja intensidad" de Washington, ni por los subsiguientes 17 años de gobiernos neoliberales entre 1990 y 2016. Hoy en día, los sectores populares que en los últimos cuarenta años recibieron u ocuparon tierras, controlan el 80% de las pequeñas y medianas empresas, producen la mayor parte del PIB y controlan el 60% o más del ingreso disponible. Eso es una verdadera revolución. La oligarquía desde hace 40 años se dedica a especular en la bolsa, y cuando, muy tarde, se quiso dar cuenta ya había perdido el control de la economía real del país. Por eso y por mucho más es que nosotros aquí decimos de la derecha golpista: "No pudieron, ni podrán".

Ya que el presidente AMLO ha expresado "respetuosamente" sus puntos de vista sobre la democracia en Nicaragua. Nosotros nos tomamos la libertad de observar también "respetuosamente" lo siguiente:

  • Las tortillas de maíz que comemos aquí en Nicaragua son producidas en el país, y no son transgénicas.

  • Es más, el 90% de la canasta básica de consumo popular consiste de productos agrícolas nicaragüenses, la inmensa mayoría de ellos cultivados por campesinos e indígenas bajo formas cooperativas y solidarias.

  • Somos un país pobre, pero estamos seguros de que cualquier pobre de México quisiera contar con los hospitales gratuitos que tenemos aquí en Nicaragua, o con los preescolares y escuelas, o con la educación técnica, o con los subsidios al transporte colectivo urbano y a los servicios básicos.

  • En Nicaragua los normalistas no son reprimidos y no tenemos que andar investigando sus desapariciones porque nuestras autoridades garantizan el efectivo imperio de la ley en todo su territorio por medio de la Policía Nacional y el Ejercito, dos instituciones que no son nada más que el pueblo uniformado trabajando de la mano con las comunidades rurales, con las y los productores, con los pueblos indígenas y afrodescendientes y con los pobladores urbanos y la juventud para promover y defender nuestra cultura de paz que la derecha golpista y sus amos extranjeros nos quieren arrebatar.

  • Conjuntamente, e igual de fundamental que la política de seguridad ciudadana, tenemos un programa de educación, incluso universitaria, en el campo, que es la envidia de esta región, y probablemente de la mayoría de los países latinoamericanos. Nuestro sistema de educación técnica es masivo y totalmente gratuito. Bajo este “régimen” “autoritario” los jóvenes tienen un futuro. Por eso es que tan pocos nicaragüenses llegan a México con rumbo a los Estados Unidos.

  • Somos un país pobre, pero que le puede garantizar energía eléctrica a precios asequibles a prácticamente el 100% de su población, la gran mayoría de ella generada de fuentes renovables.

  • Somos un país –igual que México– con mucho machismo, pero al mismo tiempo somos el país que más ha avanzado en todo el mundo en la tarea de cerrar la brecha de género: Líderes mundiales en mujeres ministras, en mujeres en los parlamentos, en mujeres que controlan su economía, en la participación y empoderamiento de las mujeres a todos los niveles.

¿De qué democracia y de qué derechos humanos nos habla el hermano AMLO? Antes de dar lecciones en esos terrenos, podría ser aconsejable asegurarse de avanzar más en su propio programa de Gobierno.

La verdadera realidad de Nicaragua contrasta tremendamente con las cuestionables declaraciones de AMLO esta semana. Sin embargo, hay otros aspectos también que es importante a comentar aparte de los relacionados con la moral, la ideología y la realidad de los hechos.

Nos referimos al sentido geopolítico de las palabras del hermano mandatario mexicano, la cuales consideramos que, "con todo respeto", carecen de sentido.

No hace falta estudiar mucha geopolítica para entender que para México, un país "tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos", que ha sido víctima de un despojo descomunal de su territorio por el imperio yanqui, es fundamental ser fuerte, y estar unido y en paz, y también ejercer una influencia genuinamente respetuosa, democrática y estabilizadora en nuestra región, ya que una Centroamérica próspera, segura, unida, independiente y en paz es clave para que los Estados Unidos Mexicanos puedan enfrentar al imperio, así de simple.

Le recordamos al compañero presidente AMLO que Nicaragua es el país con el territorio más grande de Centroamérica, aunque tenga la más baja densidad de población. Es el país que tiene las llaves de una Centroamérica estable, con justicia social, con desarrollo sostenible, libre del narcotráfico y el crimen organizado, garante de los flujos económicos entre el norte y el sur, y garante también de un eventual flujo de mercancías entre el oriente y el occidente a través del Gran Canal Interoceánico que es un proyecto estratégico para la nación y la región.

¿A santos de qué busca AMLO congraciarse con el indecente Plan Biden para Centroamérica, que no es otra cosa que un intento de mantener la doctrina Monroe en la región buscando la contradictoria meta de destruir a Nicaragua y frenar los flujos migratorios hacia el norte, apoyando a unas élites en las que ni los mismos Estados Unidos confían? México está impulsando su propio plan para Centroamérica que supuestamente sería una alternativa al Plan Biden, pero con su gesto de esta semana, en la práctica apoya un elemento central del plan yanqui, que es su lógica antinicaragüense.
 

Aparentemente, las autoridades mexicanas piensan resolver los problemas de América Central con US$30 mil millones. Sin embargo, es precisamente el ejemplo de Nicaragua el que demuestra que lo fundamental para generar la estabilidad en la región es la recuperación de una cultura práctica de la paz, genuinos valores morales y espirituales para el bien común y una verdadera democratización económica de nuestros países. Nada de esto tiene que ver con la manipulación desleal del tema de los derechos humanos y la democracia al estilo yanquí y europeo como lo aplican a Julian Assange o a los “gilets jaunes” en Francia o a los que promueven la independencia de Catalunya o en innumerables otros casos más de la hipocresía occidental. Esa mal llamada democracia aquí en Nicaragua nos trajo a William Walker, a Somoza, a la Contra y a los golpistas de abril de 2018.

En fin, le deseamos al hermano presidente Andrés Manuel López Obrador el mejor de los éxitos en su proyecto de construir un México seguro, democrático y solidario, y le reiteramos nuestra solidaridad aún en los momentos más aciagos que pueda enfrentar, pero también le urgimos rectificar su opinión sobre nuestro país. De todas maneras, aquí en Nicaragua no pensamos dar ni un solo pasito atrás.

Publicado originalmente en Tortilla con Sal.

miércoles, 20 de enero de 2021

Conversatorio virtual sobre la desprivatización de la energía eléctrica en América Latina

 

 Ver el conversatorio en Facebook

En los últimos años, el acceso a la energía eléctrica se convirtió en el negocio más lucrativo. Casi todo se mueve con electricidad. En países como Guatemala, usuarios disconformes ante abusos de distribuidoras exigen la renacionalización de la electricidad. Al igual que en México. En Bolivia y Nicaragua nacionalizaron la distribución de la energía eléctrica.

El jueves 21 de Enero, defensores y defensoras del derecho a la energía eléctrica desde Bolivia, México, Nicaragua y Guatemala conversarán con Ud. sobre este candente tema. Formule sus preguntas en el grupo de WhatsApp del Comité de Desarrollo Campesino de Guatemala, Codeca.

Participan:

- Hortensia Jiménez, Bolivia.
- Jorge Capelán, Nicaragua.
- Humberto Morales, México.
- Mauricio Chaulón, Guatemala.

Fecha: Jueves 21 de enero
Hora: 4:30 pm en Centroamérica, 6:30 pm en Bolivia.

Lugar: Página de Facebook de Codeca

https://www.facebook.com/ComitedeDesarrolloCampesino/

viernes, 21 de agosto de 2020

Nicaragua gestiona importantes préstamos para salud y viviendas

En esta edición de Estudio TN8 los periodistas Erving Vega, Arlen Hernández y Jorge Capelán dan un repaso a las noticias de la semana, como los créditos aprobados para construcción de viviendas y salud, los avances en la vacuna contra la covdi-19, la compra de campanas robadas por Francisco Aguirre Sacasa, el escándalo de corrupción que cambiará la política mexicana y mucho, mucho más.

martes, 25 de junio de 2019

sábado, 15 de junio de 2019

Los golpistas vuelven a la mesa


El bluff al final no sirvió. Tanto decir que no iban a regresar a la mesa y ahí están, diciendo que "coinciden plenamente" con los planteamientos de la Unión Europea de volver a las negociaciones con el Gobierno. Ahora tendrán que discutir un calendario y unas reformas al sistema electoral en los términos de lo ya acordado con la OEA.

Entre los miembros de la autodenominada "Alianza Cívica" al final se impuso el sentido de la realidad de que el país sigue avanzando por el sendero de la paz y la reconciliación sin ellos. El Gobierno siguió adelante con su propio cronograma basado en los primeros acuerdos logrados al inicio de las negociaciones emitiendo una amplia amnistía a los golpistas presos e impulsando una serie de leyes y procesos que buscan reconciliar a la sociedad real, no a la construida por los medios de la derecha.

Esa agenda, la del gobierno, funciona. La otra agenda, la de los medios golpistas, no funciona. Por eso ahora salen directivos de grupos como la Cámara Americana-Nicaragüense de Comercio (AmCham), muchos de cuyos miembros fueron severamente afectados por la aventura golpista de sus mandamases, diciendo que quieren volver a sentarse a la mesa. Como lo decíamos en los días anteriores, el que persista en desconocer la institucionalidad del país se está condenando a la más completa irrelevancia.

Ahora reclaman que entre los liberados faltan 89 delincuentes que han sido detenidos desde abril hasta la fecha y que no estaban en las listas consensuadas con el Gobierno y los garantes. Ese problema se va a arreglar antes del martes 18 cuando venza el plazo para el cumplimiento de todos los puntos de la agenda planteados por el Gobierno.

Hoy en día en Nicaragua, para los golpistas, todo detenido, sea expendedor de drogas, narco, asesino o violador, es un "activista político". La lista de 89 nombres que reclaman los golpistas será revisada con el nuncio papal, la OEA y el Gobierno, y quién sabe si de ellos quedará alguno que pueda ser amparado por la Ley de Amnistía aprobada hace hoy una semana.

Luego, llorarán, patalearán, golpearán la mesa, demandarán elecciones adelantadas, pero al final terminarán aceptando el cronograma electoral establecido.

Mientras tanto, seguirán dilapidando el precioso tiempo que queda de aquí añ 2021, sin poder presentar una propuesta creíble, sencillamente porque no la tienen y nadie se las puede dar desde afuera, porque el antisandinismo, especialmente la variante fascista que ellos propugnan, no es y no podrá ser jamás un programa político: En primer lugar, porque el sandinismo es un movimiento político apoyada por millones de nicaragüenses, y en segundo lugar, porque al país hay que gobernarlo con políticas productivas, sociales y de todo tipo, y en ninguno de esos campos los golpistas pueden ponerse de acuerdo entre sí (excepto en su amor incondicional por todo lo que venga de Miami).

No sabemos qué va a pasar con la Nica Act, pero lo cierto es que el país sigue avanzando. Empresas como Wrangler dejan México para mudarse aquí, inversionistas como el mexicano Carlos Slim dicen que no piensan para nada en retirarse de Nicaragua y la industria turística tanto en Europa como en Estados Unidos da señas de seguir respaldando a nuestro país como destino. A lo interno, las organizaciones de las Mipymes y de los trabajadores por cuenta propia, que generan más del 80% del empleo y la mitad o más del PIB, profundizan sus alianzas de la mano del Gobierno sandinista.

Más allá de las retóricas altisonantes, hay que ver las realidades y Centroamérica no está para más desestabilización. El acuerdo migratorio de Trump con el presidente mexicano López Obrador pasa por la estabilidad de nuestra región, eso es alguien que cualquiera entiende. No se puede controlar la emigración hacia el Norte desestabilizando el istmo.

Con Honduras en medio de un proceso avanzado de protestas populares, que algunos incluso califican de insurrección, con Guatemala con un sistema político en el que nadie cree y con un El Salvador en el que la luna de miel de la que goza el recientemente electo presidente Nayib Bukele es cada vez más frágil, apostar por la desestabilización de Nicaragua parece una muy mala idea. Si los Estados Unidos quisieran resolver su crisis de legitimidad en la región desestabilizando Nicaragua podrían obtener un resultado opuesto al deseado: Unir a todos los pueblos del istmo en su contra.

En medio de ese fluctuante panorama, el Gobierno sandinista avanza pegado a su pueblo y levantando las banderas de toda la sociedad para todos y todas.

sábado, 8 de junio de 2019

Nicaragua y el contexto regional 2020-2021

(Foto: ABC Color)
Por Stephen Sefton, Tortilla con Sal.

El factor fundamental que afectará el desarrollo de América Latina y el Caribe en los próximos cinco años, al igual que en el resto del mundo, será el progresivo declive del poder y la influencia de Estados Unidos ante el nuevo mundo multipolar liderado por China y Rusia. En los próximos dos años, es probable que el poder y la influencia de Estados Unidos se encuentre en una crisis económica y ambiental tan profunda que sus élites corporativas gobernantes habrán perdido en gran medida su capacidad actual de destruir fácilmente la posibilidad de un buen desempeño para todos los demás.

Una revisión de los acontecimientos en la región sugiere que, si bien la situación económica de Nicaragua será difícil en los dos años antes de las elecciones presidenciales de 2021, la población del país está mucho mejor situada que la de otros países de la región para sobrevivir al estancamiento económico mundial en desarrollo, que ya se siente como una recesión. Una mirada a otros países centroamericanos deja esto muy claro. Bajo su nuevo Presidente Nayib Bukele, adepto de la farulla y poco convincente, es muy probable que El Salvador se convierta en un caso más, desde la perspectiva de su mayoría empobrecida, del fracaso neoliberal, parecido a Honduras y Guatemala, con una crisis social cada vez más profunda y una economía desesperadamente desigual.
En Honduras, el presidente Juan Orlando Hernández se enfrenta a una crisis política cada vez más profunda impulsada por el empobrecimiento de la población y el aumento de la injusticia y la desigualdad, a lo que su respuesta preferida ha sido la misma represión contraproducente y extremadamente violenta que ha caracterizado a Honduras desde que Estados Unidos apoyó el golpe de Estado en 2009. Guatemala tiene elecciones a finales de este mes con la posibilidad de una victoria de Sandra Torres, una candidata relativamente progresista en el contexto regional. Pero incluso un nuevo presidente progresista y capaz no tendrá las posibilidades para resolver los problemas económicos y sociales del país. En los tres países, la intervención directa de Estados Unidos en sus asuntos internos es como la "mano muerta" feudal y ahoga las perspectivas de una reforma económica progresista, equitativa y sostenible.
Después de décadas de un cada vez más fuerte resentimiento popular, reprimido por los abusos de la élite neoliberal del país, ejemplificado por la persona del desgraciado ex-Presidente Oscar Arias, Costa Rica está experimentando un creciente malestar social bajo el gobierno del presidente Carlos Alvarado. También allí, la determinación de las clases dominantes del país de hacer que la mayoría pague por los fracasos políticos de sus gobiernos impide que el país desarrolle una economía exitosa e impide el declive de sus políticas sociales anteriormente exitosas. Por otro lado, en Panamá, parece que sus condiciones sociales y económicas se estabilizarán bajo un gobierno relativamente progresista liderado por el Presidente Laurentino Cortizo después de la incipiente crisis provocada por las políticas neoliberales de sus predecesores de centro-derecha.
Paradójicamente, Nicaragua ha vuelto a ser, social y económicamente, el país más estable y exitoso de América Central. Liderada por el Presidente Sandinista Daniel Ortega, su economía se ha recuperado con éxito de los intentos deliberados de los Estados Unidos de destruirla, tanto mediante sanciones como mediante el sádicamente violento fallido intento de golpe de estado en 2018. Si bien aún tiene que recuperar el éxito económico sin precedentes que tenía antes de abril de 2018, los indicadores sociales del país siguen siendo entre los mejores de América Latina, lo que refleja una sólida estabilidad subyacente basada en el apoyo popular mayoritario. No es de extrañar que esta realidad contradiga completamente la versión demencial de la fantasía que informan los medios de comunicación internacionales y las ONG occidentales.
En el resto de América Latina, todos los gobiernos de derecha de la región están en crisis, tal como lo predijo la mayoría de los análisis basados en la realidad  en 2015 tras la estrecha victoria de Mauricio Macri en Argentina. Las políticas económicas neoliberales de derecha impuestas por Estados Unidos y las políticas sociales reaccionarias que as acompañan son completamente insostenibles. Las únicas políticas viables son las medidas progresistas y redistributivas que promueven la igualdad, centradas en las necesidades integrales de la persona humana, es decir, la más pura antítesis del neoliberalismo que promueve como prioridad las ganancias monetarias de las grandes corporaciones transnacionales. Es por ese motivo que los países revolucionarios como Cuba, Nicaragua y Venezuela han podido hasta ahora resistir la agresión de Estados Unidos y ofrecer a sus poblaciones mejor atención de salud y educación que sus países vecinos con gobiernos de la derecha, a pesar de ser víctimas de las agresivas sanciones anti-humanitarias y anti-democráticas de Estados Unidos y, en el caso de Venezuela en particular, de la Unión Europea.
En cualquier caso, ahora, al igual que los gobiernos progresistas sufrieron el descontento popular tras la recesión mundial después de 2008, los gobiernos de derechas sufrirán una creciente reacción de descontento provocada por su incapacidad total para evitar los malos resultados sociales y económicos de la actual recesión internacional en desarrollo. A finales de este año, el frente progresista de la región se verá impulsado, casi con toda seguridad, por la reelección del exitoso gobierno de Evo Morales en Bolivia y, en el supuesto de que se celebren allí elecciones libres y justas, por un nuevo gobierno progresista en Argentina. Eso significa que, de aquí a 2020, el bloque que se resiste a la política regional de Estados Unidos incluirá muy probablemente a Argentina, Bolivia, Cuba, México, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, mientras que Panamá, Surinam y la mayoría de los países de la Caricom probablemente serán neutrales.
Eso significa a su vez que las votaciones en la OEA para las posiciones de EE.UU. estarán muy por debajo de lo que EE.UU. necesita para hacer más daño del que ya ha hecho. Es probable que Argentina y Uruguay se pongan a reconstruir UNASUR y también trabajarán con México y otros países para reequilibrar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Además, a medida que fracasa la intimidación contraproducente de EE.UU. y aumenta la influencia ganar-ganar de China, Argentina, México y Uruguay bien podrían persuadir a los líderes políticos de Perú para que se desplacen hacia sus posiciones y se alejen de las de Chile, Ecuador, Paraguay y Brasil.
Todo esto empezará a suceder en serio en el primer semestre de 2020 y se consolidará en 2021. En 2020 hay elecciones nacionales en República Dominicana, Trinidad y Tobago, Guyana y Surinam. Es posible, pero poco probable, que un gobierno de derechas gane el gobierno en la República Dominicana, y es posible que un gobierno progresista sea elegido en Trinidad y Tobago. Es probable que un gobierno progresista gane en Guyana y que el partido gobernante en Surinam sea reelegido. En 2021, hay elecciones en Belice, Ecuador y Perú.
Belice casi siempre ha tendido a seguir el consenso de Caricom. No está nada claro que la derecha apoyada por Estados Unidos gane las elecciones en Ecuador tras el desastre de la traición de Lenin Moreno contra el exitoso legado de Rafael Correa. Tampoco está claro en el Perú cuál será el sentimiento popular a medida que la crisis política y económica perdura y el actual apoyo popular al tema de la anticorrupción pierde su atractivo en el contexto del creciente descontento social, económico y ambiental.
En cuanto al gigante continental, Brasil, su crisis interna se profundizará bajo el disfuncional régimen del Presidente Bolsonaro, e tal manera que probablemente sera incapaz de hacer más que tratar de arruinar el resurgimiento regional de políticas progresistas exitosas. En Colombia, si bien las élites gobernantes del país mantendrán sin duda su control político, es probable que los conflictos sociales, económicos y ambientales generen aún más inestabilidad de la que ya existe. Esto agudizará el contraste ya existente entre el sufrimiento genuino y generalizado y la falta de servicios básicos para la población de Colombia y la capacidad de Venezuela de alimentar y mantener los servicios básicos para su población a pesar de la feroz agresión de Estados Unidos.
Así que para cuando se celebren las elecciones en Nicaragua en 2021, es probable que las cosas se vean mucho mejor a nivel regional desde un punto de vista progresista de lo que se ven ahora. Dentro de cinco años, si el planeta y sus pueblos no han sido destruidos para entonces por una guerra mundial, es probable que quede claro en retrospectiva que el período 2015-2019 fue el último lanzamiento de los dados para que EE.UU. conservara su acostumbrado poder e influencia contra el implacable impulso fundamental hacia la emancipación de parte de la mayoría empobrecida de la región.

Fuente: http://www.tortillaconsal.com/tortilla/node/6628

Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

    El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...