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martes, 1 de febrero de 2022

Honduras: La dictadura que no acaba de morir…

 


Por Gilberto Ríos Munguía, El Pulso.

Desde el 27 de enero de 2022 asumió en Honduras el primer gobierno Socialista Democrático de su historia, dirigido por una mujer Iris Xiomara Castro Sarmiento, respaldada en las urnas electorales el pasado 28 de noviembre por más de 1,7 millones de hondureños y hondureñas, en unas elecciones en las que participaron más del 68% de la población habilitada para votar. El mensaje del pueblo es claro hacia la Unidad Opositora, al Partido Libertad y Refundación y a la historia: es preciso acabar con la narco dictadura del Partido Nacional y su cogobierno con el Partido Liberal.

En el mes de diciembre y las primeras semanas de enero la alegría continuaba desbordando a la gran mayoría de la población; El contundente triunfo electoral a nivel presidencial, tuvo –entre otras- un par de réplicas muy importantes; el triunfo de las alcaldías más grandes del país, la del Municipio del Distrito Central la capital política, y la de San Pedro Sula la capital industrial. A eso se sumaba el crecimiento en el poder legislativo que de 30 diputados electos en la anterior contienda, ahora sumaban 50, obteniendo un crecimiento de más del 60% de representación partidaria en el hemiciclo.

No obstante, lo que para la mayoría era un momento de alegría, para otro sector era momento de negociaciones oscuras, cálculos políticos y financieros. La traición de 18 diputados y diputadas de la bancada de Libertad y Refundación se fraguó con los diputados de la narco dictadura, como un acto político de la oligarquía; se debía frenar la posibilidad de que la oposición controlara un segundo poder del Estado, también debían frenar la euforia de las masas. Los textos, audios, fotos y vídeos que circularon inmediatamente por las redes, más las pesquisas realizadas por el partido, terminaron de armar el cuadro.

El zarpazo deja una gran herida en la dirigencia nacional, el enorme esfuerzo de organización electoral se realizó en medio de una grave crisis económica y enfrentando una pandemia. La democracia estuvo amenazada y atacada por muchos flancos. Fue una transición democrática pero en medio de una enorme tensión, sobre todo cuando se recordaban las experiencias de 2009, 2013 y 2017, que cobraron muchas vidas y sacrificios. El odio popular se hizo sentir en las redes sociales y también en las calles. Ningún dirigente del partido hizo una convocatoria, las acciones contra los diputados y diputadas que habían traicionado al pueblo, surgieron espontáneamente; siendo incluso más fuertes de los mismos dirigentes que habían trabajado de forma directa con los candidatos traidores.

Sus declaraciones públicas evidencian la construcción de débiles argumentos; su caída en la popularidad –medida por varias empresas durante la semana de mayor conflicto- demostró que no pudieron engañar a la población. De manera muy oportuna, aún como candidata electa, a dos días de tomar posesión, Xiomara Castro hizo una convocatoria muy valiente a los bajos del Palacio Legislativo “¡Acompáñenme!” decía en sus redes sociales. El acto demostró nuevamente la disposición de la totalidad del partido a cerrar filas contra la traición y las maniobras de la narco dictadura.

El anuncio público del golpe legislativo se llevó a cabo nuevamente desde los foros televisivos de la derecha, al igual que el conteo y proyección de Batson con los votos rurales del 2017, la legitimación del fraude de 2013 o el respaldo al golpe de Estado en el 2009. La ambigüedad intencionada en la información, la complicidad de los mismos medios y la propagación de información falsa en las redes, también nos dan cuenta la batalla que continuaremos enfrentando.

Es claro que el triunfo electoral ha colocado a las fuerzas de oposición en mejores condiciones para la batalla, es necesario avanzar. “Hemos tomado la colina” decíamos en la evaluación de diciembre; estamos seguros que el gobierno avanzará a pasos agigantados con la nueva administración. 12 años y 7 meses de neoliberalismo crudo han dejado el país en ruinas, pero una correcta conducción del Estado de Honduras, el ejercicio transparencia de la ejecución de los fondos públicos y la participación permanente y protagónica del pueblo en cada momento que el enemigo aceche, conseguirán mantener el rumbo.

jueves, 25 de febrero de 2021

¿El fin de la narcodictadura en Honduras?

 


Por Gilberto Ríos Munguía (•) Dirigente del Partido Libertad y Refundación.
El Pulso.

Las menciones honoríficas que arrojan las investigaciones de la corte sur de Nueva York y que señalan al presidente de facto Juan O. Hernández Alvarado como co-conspirador cuatro (CC4) en la actividad del narcotráfico en el país en los últimos 17 años, siguen trascendiendo y aumentando en los medios de comunicación nacionales e internacionales. La esperanza de cambio de la población también aumenta en la medida que se evidencia más esa participación en el crimen organizado por parte del máximo representante de los intereses de la oligarquía en Honduras.

Ante la falta de información veraz, solo nos quedan hacer conjeturas con la poca información a la que tenemos acceso y de paso usar el retrovisor de la historia para más o menos imaginar hasta dónde podrían llegar estas acciones de los norteamericanos contra el que ha sido su principal aliado en la región y a quien han apoyado decididamente para consolidar los fraudes electorales y las violaciones a los derechos humanos, que se han cometido sistemáticamente contra la oposición política y social en el país.

En sus declaraciones a la prensa hoy, el mismo Juan O. Hernández insiste en un relato que intenta posicionarlo como el máximo combatiente contra el narcotráfico, la misma narrativa con la que pretende presentarse como una víctima por haber luchado contra poderosos criminales que ahora lo denuncian o “intentan involucrar” con la actividad ilícita. Su historia carece de rigurosidad y los hechos como la prisión de su hermano Juan Antonio Hernández en cárceles estadounidenses también por narcotráfico y el misterioso accidente de su extinta hermana Hilda Hernández, hacen pensar que se agota su historia de inocencia y se acerca su fin.

Sin embargo, frente a estos fenómenos no es posible tener mayores optimismos. El fin de Juan O. Hernández como individuo representativo del crimen organizado, la reacción política y la derecha hondureña será un aliciente para continuar la lucha por la transformación estructural de Honduras,  tal vez un buen inicio para seguir bregando en esa dirección, pero de ninguna manera el fin de la estructura criminal de la oligarquía que controla el país y que también recibe todo el apoyo de los gobiernos norteamericanos.

Hemos hablado de la importancia que debe tener el año 2021 a doscientos años del primer intento de independencia que hubo en Centroamérica, luego de liberarse del colonialismo español; uno de los problemas centrales que enfrentamos es que sin el ejercicio de la soberanía y ante el poder que han adquirido los grandes capitales en el control de nuestra economía y la política nacional, las fuerzas internas que se oponen al modelo neoliberal podrían resultar insuficientes, sino logran conjuntarse para derrotarlo pero además sino elevan sus niveles de conciencia y compromiso para comprenderlo y superarlo.

Volviendo a la historia, en la región solo existe el caso de Noriega en Panamá, invasión con la que Bush padre comenzó a mostrar el verdadero rostro del “Consenso de Washington” y también con la que dieron inicio a la profundización del neoliberalismo, avance que se agudizó ante la derrota política y militar de las fuerzas de oposición en Centroamérica, después de la luchas heroicas de nuestros pueblos que se oponían al modelo que profundiza las asimetrías sociales, concentrando la riqueza que genera el trabajo de muchos y muchas, en poquísimas manos. El imperio en esta ocasión, podría llevarse a Juan O. Hernández o defenestrarlo del poder –al igual que hicieron con Otto Pérez Molina-, cambiando una figura presidencial pero garantizando que el sistema no sufriera modificación alguna.

Los cambios reales no vendrán sin el concurso de la lucha organizada del pueblo hondureño, la coyuntura marca una importante inflexión, los enemigos del pueblo tienen la peor imagen de su historia, la que evidencia más su naturaleza, crueldad y cinismo; pero también esta oportunidad se podría perder si la acción de “control de daños” que venga de la embajada y sus instrumentos oligárquicos en el país, logran actuar más rápido que la oposición.

 

viernes, 10 de abril de 2020

Podcast: La #Covid-19 desde Centroamérica


En este episodio del podcast De Managua con Amor hablamos sobre la situación de la pandemia en Nicaragua y tenemos una larga conversación con el dirigente del partido Libertad y Refundación de Honduras, Gilberto Ríos, sobre las implicaciones más amplias de esta crisis para el futuro del capitalismo y del socialismo necesario para nuestros pueblos.

viernes, 21 de junio de 2019

¿Qué ocurre en Honduras?

(Foto: VerdadDigital.com)

Por Gilberto Ríos Munguía (*)

Recordamos al Presidente Manuel Zelaya anunciando la adhesión del Estado de Honduras a la Alternativa Bolivariana para las Américas, ALBA. Era el tercer año de su mandato en el 2008 y esto coincidía también con el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU. El Gobierno del Poder Ciudadano tomaba una decisión muy acertada si tomamos en cuenta las necesidades del país y con ello pasaba también a engrosar las filas del latinoamericanismo revolucionario encabezado por los Comandantes y Presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez; abandonando la égida imperialista que ya manifestada su decadencia y crisis irreversibles, dominio que había condenado a nuestro país a la dependencia y el subdesarrollo por más de un siglo.

La crisis estructural interna de EEUU sumada al fracaso de su política internacional -especialmente en el medio oriente-, mostró de la administración de Obama su verdadero perfil. El año 2009 respaldaron el golpe de estado en Honduras, 2011 la invasión y destrucción de Libia, 2012 el golpe de estado en Paraguay y 2016 en Brasil, 2014 la repotenciación del Estado Islámico en Irak y territorio sirio para avasallar Siria y luego Irán.

Pero su crisis interna multifacética encontraba dos problemas principales para continuar sus aventuras por el mundo: 1) el cambio de gobierno y sus contradicciones de intereses y 2) el cambio acelerado de correlaciones de fuerza en el campo internacional. Su derrota militar en Siria tuvo un impacto semejante al que ha tenido la derrota de su nueva intentona de golpe contra la República Bolivariana de Venezuela. El imperio se desprestigia y pierde fuerza también en la medida que no es capaz de imponer su voluntad.

En Honduras han pasado casi diez años de aquella mañana en que el ejército de manera violenta tomó el país completo, reprimió, secuestró al Presidente Constitucional y lo sacó fuera del territorio nacional. 10 años de luchas intensas en las calles, de persecución, exilio, presos políticos, violaciones sistemáticas a los derechos humanos,  demandando todo aquello que configura la dignidad de una nación: democracia, justicia, prosperidad y libertad.

El golpe tuvo una característica principal y fue su compromiso neoliberal; la concentración de la riqueza nacional en unas pocas familias fue abierto y descarado. Concesión de territorios para empresas mineras extranjeras, concesiones de ríos para proyectos extractivistas e hidroeléctricos de capital privado de la élite nacional y del capital extranjero, proceso de quiebra de empresas nacionales para su posterior privatización (telefonía, energía eléctrica, agua, puertos y aeropuertos, etc).

El 28 de junio de 2019 cumpliremos 10 años del aquella mañana fatídica, el pueblo con sus instrumentos de lucha el Frente Nacional de Resistencia Popular (2009 – 2012), el Partido Libertad y Refundación, Libre (2012), Movimiento Estudiantil Universitario (2015) , Los Indignados /as (2015 -2016), La Alianza Contra la Dictadura (2017) y muchísimos esfuerzos locales, regionales o gremiales, ha dado magnífica demostración de lucha y resistencia, teniendo los episodios de las últimas semanas como la cereza de un postre.

Los neoliberales, la élite gobernante y su compromiso con el capital internacional representado fundamentalmente por Estados Unidos, hundieron al país, lo comprometieron con los organismos financieros internacionales, multiplicando por tres su deuda externa en apenas 10 años. Las huelgas magisterial y médica de las últimas semanas responden precisamente a la amenaza del régimen de ejecutar despidos masivos para lograr disminuir el gasto corriente y poder cumplir con el FMI.

En los últimos días otros sectores se sumaron a la lucha reivindicativa. Por un lado el gremio del Transporte Pesado logró una importante paralización y por otro la Policía Nacional, que ha dado un tono diferente a la crisis de las movilizaciones populares de las semanas recientes. En este último caso tenemos que considerar el impacto que representa para el gobierno que un cuerpo armado, de su principal estructura represiva contra el pueblo, con presencia nacional y con aparatos de inteligencia adiestrado por los norteamericanos e israelitas (entre otros), tome una postura en medio de una coyuntura tan delicada; no tiene otro significado, el resquebrajamiento, la división del bloque hegemónico en el poder que agrava sus fisuras. El pueblo lo sabe y está dispuesto a profundizarlas.

La amenaza del toque de queda recorre el ambiente; el pueblo le apuesta a la manifestación, varias direcciones políticas y sociales acompañan el alzamiento popular de las últimas horas; de destacarse una dirección revolucionaria en la coyuntura, podrían ser éstos los dolores de labor y parto; eso lo decide ahora la muchedumbre que lucha y sueña con la caída del presidente pero principalmente con el cambio político y social. La movilización popular tiene la última palabra.

(*)Dirigente del Partido Libertad y Refundación.

Fuente: http://elpulso.hn/a-10-anos-del-golpe-de-estado-que-ocurre-en-honduras/

Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

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