martes, 28 de diciembre de 2021

Guatemala: 25 años de los Acuerdos de Paz, 25 años de neoliberalismo

Mayas campesinas en el corte de ajonjolí. OI

Por Ollantay Itzamná.

En la atmósfera navideña, y al día siguiente de la fiesta de los “santos inocentes”, los grupos alzados en armas aglutinados en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y el Estado criollo de Guatemala, luego de 36 años de “guerra interna”, firmaron los Acuerdos de Paz firme y duradero. Entonces, era 29 de diciembre de 1996.

Los contenidos de dicho compromiso político fueron doce. De éstos quizás el décimo, el referido al reconocimiento de la URNG como sujeto político, sea el de mayor cumplimiento. Todo lo demás, incluido el “achicamiento” del Ejército, acceso a tierra para campesinos, lucha contra el racismo, más impuestos para el Estado, etc., en la actualidad, se encuentran en peor situación, tanto a nivel estadístico, como cotidiano, que de lo que ocurría en la década de los 90 del pasado siglo.

Sólo por mencionar algunos datos duros: Al momento de la Firma de los Acuerdos Paz, más del 50% de la población del país se encontraba en situación de pobreza. Para 2018, según el Ministerio de Desarrollo Social, más del 61% de guatemaltecos se encontraban en situación de pobreza multidimensional. En la actualidad, Guatemala es campeona continental con niños en situación de desnutrición.

Vivienda familiar. OI

Es verdad que gracias a los Acuerdos de Paz el Ejército ya no “desfila públicamente” en las calles. Pero, con los Acuerdos de Paz la industria de la seguridad privada tuvo un crecimiento histórico en la vorágine de la violencia del país. Y esta industria de la seguridad privada la monopolizan militares retirados. La seguridad se convirtió en un lucrativo negocio privatizado.

Casi la totalidad de las ciudades principales del país consumen maíz proveniente de México, con serias sospechas de sobredosis del cancerígeno glifosato. En la actualidad, todas las tierras cultivables del país son acaparadas para monocultivos. Incluso las tierras entregadas por Fondo de Tierras, bajo las reglas del libre mercado, son alquiladas para monocultivos de palma africana. En los 90, por lo menos las ciudades consumían tortillas de maíz con inocuidad alimentaria porque los y las campesinas accedían a tierra para alquilar y cultivar.

En cuanto a la promesa de la ampliación de la recaudación de impuestos, las historias más blancas y nefastas de corrupción por evasión y sustracción de los pocos impuestos se escribieron en la última década. El país subsiste gracias a las remesas económicas que envían cerca de 3 millones de guatemaltecos expulsados después de la firma de los Acuerdos de Paz. Antes de la pandemia, las remesas representaban cerca del 17% del Producto Interno Bruto del país. En 2021, las remesas crecieron en más del 34% con relación al 2020.

La violencia estatal empresarial persiste en la actualidad. La diferencia es que ya no existen grupos político/militares armados para repeler dicha violencia. ¡Ningún gobierno en la era post Acuerdos de Paz gobernó sin recurrir al uso del mecanismo de “Estado de Sitio o Estado de Excepción”! La persecución, criminalización y asesinato selectivo de defensores/as de derechos humanos y de la Madre Tierra fue y es una constante en la bicentenaria República que firmó y prometió paz y pan para su empobrecida población.

Manifestantes toman caminos exigiendo proceso de
Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional. OI

La exitosa implementación del sistema económico político neoliberal es un correlato de la firma de los Acuerdos de Paz. Quienes impulsaron y firmaron dichos Acuerdos sabían que firmaban los estatutos para la implementación de la mesiánica propuesta neoliberal.

Quizás por ello, los contenidos de los 12 acuerdos no refieren, ni de lejos, a las ideas de cambios estructurales profundos y urgentes del país como son: la plurinacionalidad, la democracia participativa, el Buen Vivir, la redistribución de la tierra/democratización económica, derechos sociopolíticos de los pueblos y derechos de la Madre Tierra, entre otras.

Pero, como nada ocurre fuera de la Bondad, el neoliberalismo, como correlato de la implementación de los Acuerdos de Paz, activa y activó procesos de resistencias comunitarias fecundas y transformadoras, incluso fuera y más allá del marco teórico/ideológico de los Acuerdos de Paz.

A 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, comunidades campesinas, pueblos originarios, colectivos urbanos y sectores sociales excluidos, dentro y desde sus dinámicas de procesos de resistencias colectivas, plantean e impulsan la urgente necesidad de un proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional para realizar cambios estructurales en el país, crear el Estado Plurinacional, y avanzar hacia el Buen Vivir, más allá del marco de la modernidad incluso.

Migrantes camino al Norte. Internet

Estos actores colectivos, con sus propuestas, emergen fuera de las constelaciones de los sujetos políticos institucionales que surgieron con los Acuerdos de Paz (como son URNG, WINAQ). No porque se sintieran “traicionados” por los firmantes de los Acuerdos de Paz, sino porque simplemente sus históricas demandas postergadas no formaron parte de los contenidos de los Acuerdos de Paz.

La promesa política del “goteo” o “chorreo” del banquete neoliberal hacia los sectores empobrecidos nunca ocurrió, ni ocurrirá en Guatemala, ni en ningún lugar del mundo. En consecuencia, son urgentes los cambios estructurales plurinacionales impulsados y dinamizados por los pueblos y comunidades que soportan el peso de la exclusión y el saqueo neoliberal.

lunes, 27 de diciembre de 2021

La izquierda en AL: ¿Proyecto endógeno o eco de un Occidente en decadencia terminal?



En este episodio de De Managua con Amor, hablamos con el colega Stephen Sefton, editor de la web Tortilla con Sal, con quien a lo largo de los años hemos sido coautores de incontables artículos sobre Nicaragua y el antiimperialismo. Esta vez conversamos sobre la izquierda latinoamericana y sus retos a partir de una reciente entrevista del exvicepresidente boliviano y prominente marxista Álvaro García Linera. También hablamos sobre el despertar del proyecto plurinacioal de los pueblos del Abya Yala (y en especial del poderoso movimiento indígena guatemalteco), así como de los eventos políticos más importantes en nuestro hemisferio para el 2022.

Recurso:

Entrevista a Álvaro García Linera el pasado 12 de diciembre: "Falta de cultura popular de izquierda, debilidad del progresismo en AL"
https://www.jornada.com.mx/notas/2021/12/12/politica/falta-de-cultura-popular-de-izquierda-debilidad-del-progresismo-en-al/

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Nicaragua - realidad nacional, delirio neocolonial

Plaza de la Fe en Managua,
en la celebración del 40 aniversario
de la Revolución Popular Sandinista
el 19 de julio de 2019.



 

Stephen Sefton y Jorge Capelan, Tortilla con Sal.

Un académico de nombre Jonah Walters ha publicado recientemente un par de ataques al modelo político y económico que se está construyendo en Nicaragua bajo el gobierno sandinista del presidente Daniel Ortega. El ataque suyo publicado por el Congreso Norteamericano sobre América Latina "El desarrollismo de Ortega se basa en la "economía popular" -pero ¿qué significa eso?" alega que la incuestionable democratización económica de la economía nicaragüense es un espejismo, reforzando en realidad los patrones neoliberales de poder económico oligárquico y corporativo en Nicaragua. Otro ataque en New Left Review, "Ortega's Synthesis", despliega una serie de falsedades para justificar el argumento de Walters de que el modelo político y económico de Nicaragua está en crisis y tiene pocas probabilidades de sobrevivir.

Ambos ataques siguen la conocida lógica patológica de la cinta de Moebius que la guerra psicológica occidental siempre sigue contra las naciones objetivo, desde Cuba a Siria o desde Irán a Venezuela. Así, los gobiernos de los países de la OTAN financian a los medios de comunicación locales de la oposición y a las ONG para que generen falsedades, a menudo basadas en deliberadas provocaciones terroristas de activistas políticos de la oposición. Esos informes falsos de la oposición son reciclados como hechos verdaderos por los medios de comunicación y las ONG occidentales, que a su vez generan reacciones en las instituciones internacionales. Esas reacciones son retomadas por las fuentes locales originales de los informes falsos para intensificar su campaña de guerra psicológica financiada por los países de la OTAN, tanto en el país bajo ataque como en el extranjero. El proceso es interminable.

En ese contexto, los artículos de Walters son simplemente un ejemplo más del engaño y el autoengaño de las clases geerenciales intelectuales seudoprogresistas occidentales en el mundo académico y en las organizaciones no gubernamentales, ambos sectores financiados en su gran mayoría por los gobiernos de los países de la OTAN y las empresas multinacionales occidentales. En relación con Nicaragua, esta clase intelectual falsamente progresista ha utilizado sus medios de comunicación y sus ONG durante más de veinte años para atacar al Frente Sandinista, poniéndose categóricamente del lado de las fuerzas políticas opositores del país, patrocinadas por el gobierno estadounidense y alineadas con la derecha, en particular el Movimiento de Renovación Sandinista, socialdemócrata, dirigido originalmente por Sergio Ramírez y Dora María Téllez, y apoyado por otros ex-sandinistas destacados como Mónica Baltodano.

Cuando Rodolfo Walsh escribió que "la historia parece propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas" (Fuente: https://citas.in/autores/rodolfo-walsh/?o=popular), hizo un retrato anticipado del papel de medios de comunicación como NACLA y la New Left Review. Estos y otros medios aparentemente radicales o progresistas informan sobre asuntos internacionales publicando esencialmente propaganda neocolonial con un sabor progresista. Con frecuencia, estos medios instruyen al mundo mayoritario sobre dónde se han cometido errores y amonestan a los gobiernos y movimientos políticos del mundo mayoritario por sus supuestas deficiencias en materia de derechos humanos o por no ser suficientemente progresistas o revolucionarios.

Los dos artículos de Walters sobre Nicaragua siguen ese modelo de discurso neocolonial. Su artículo en NACLA concluye sobre el gobierno del presidente Ortega que "habiendo ya aumentado la tasa de explotación en sectores capitalistas clave hasta un grado insostenible, también carecía de la influencia popular para contener los conflictos sociales perturbadores por más tiempo. Esta es la fuente de la profunda y continua crisis política del gobierno de Ortega, que no será fácilmente superada..."

Las falsas y ofuscadas conclusiones de Walters delatan el hecho de que no tiene ni la más mínima idea del desarrollo de la vida política y económica a nivel de base en Nicaragua desde 1990. Su perspectiva está dominada por las visiones delirantes de los ex sandinistas socialdemócratas que se separaron del Frente Sandinista en 1994. Ese hecho se hace aún más evidente cuando uno lee las tergiversaciones engañosas y francamente falsas de Walters sobre la crisis de 2018 que presenta en su artículo de la New Left Review donde atribuye como causa de la crisis de 2018 "una propuesta de reforma de la seguridad social que habría aumentado las contribuciones personales y patronales al tiempo que imponía una reducción del 5% en las prestaciones"

Por el contrario, no hubo un recorte generalizado del 5% en las prestaciones de los trabajadores y pensionistas. El texto completo de la propuesta de reforma de la Seguridad Social defiende claramente los derechos de los trabajadores y los pensionistas, tratando de extender a los pensionistas la misma asistencia sanitaria integral de la que disfrutan las y los trabajadores activos que cotizan al INSS, financiada por una modesta tasa del 5% sobre las pensiones de los jubilados. El irrisorio resumen de Walters ignora por completo la realidad de la medida propuesta, que iba a hacer recaer la carga del aumento de la Seguridad Social en los empresarios, no en los trabajadores. De hecho, el Gobierno pretendía proteger el sistema sanitario de la Seguridad Social y aumentar la cobertura y las prestaciones de la Seguridad Social como un bien público colectivo, proponiendo:

* Aumentar gradualmente la contribución del empleador en un 3,25%.

* Aumentar la contribución de los trabajadores en un 0,75%.

* Aumentar la contribución del gobierno para los trabajadores del sector público en un 1,25%.

* Hacer que las personas con salarios elevados coticen a la seguridad social en proporción a sus ingresos

* Retener el 5% de las pensiones de las y los jubilados para ofrecerles la misma asistencia sanitaria que a las y los trabajadores activos.

* Mantener en 750 el número de cotizaciones semanales para tener derecho a la pensión completa

* Mantener la pensión reducida y la pensión mínima para los que tienen derecho a ella.

* Mantenimiento de la paga extra de Navidad

* Mantener el valor de las pensiones frente a la devaluación anual del Banco Central

* Mantener todas las clínicas del INSS en el sistema público

Los partidarios de la oposición política socialdemócrata nicaragüense, como Jonah Walters, ocultan constantemente el hecho de que la organización patronal COSEP abogó por eliminar la mayoría de estos derechos, duplicar el número de cotizaciones semanales y privatizar las clínicas del INSS. Así, el relato de Walters sobre el tema de la Seguridad Social en Nicaragua en abril de 2018 es francamente mendaz. Cualquier editor concienzudo lo habría detectado. En cambio, a lo largo de su artículo de la New Left Review, Walters se sale con la suya avanzando una tras otra mentira de la oposición financiada por Estados Unidos, mientras omite deliberadamente los tetimonios y materiales que contradicen sus tergiversaciones.

Por ejemplo, Walters también afirma falsamente en la New Left Review que "el gobierno de Ortega ha lanzado a la policía contra los trabajadores en huelga y ha respaldado la violencia de los colonos en las regiones indígenas de Nicaragua". Pero la policía de Nicaragua bajo los gobiernos sandinistas en funciones desde 2007 nunca ha atacado a los trabajadores en huelga y Walters no ofrece ningún ejemplo de tales ataques. Si tiene en mente los feroces enfrentamientos de 2018, entonces, de hecho, la policía estuvo bajo constantes ataques salvajes de manifestantes fuertemente armados, a menudo al amparo de manifestaciones por lo demás pacíficas solo en apariencia, como se verifica en estas entrevistas aquí , aquí y también aquí.

Del mismo modo, las afirmaciones de Walters sobre el papel del gobierno en la violencia contra los pueblos indígenas son totalmente falsas. Desde 2014, cuando el partido miskito Yatama, dirigido por el ex agente de la CIA Brooklyn Rivera, perdió las elecciones para el control del gobierno regional en la Región Autónoma del Caribe Norte de Nicaragua, los neocoloniales progresistas extranjeros repitieron persistentemente la propaganda de Yatama y de otros opositores que afirmaban que el gobierno inspiró la violencia contra los pueblos indígenas. Pero se puede ver la realidad del apoyo decisivo del gobierno a los derechos de los pueblos indígenas y de las mentiras de la oposición sobre esa realidad aquí, aquí, aquí y aquí. El gobierno de Nicaragua promueve y defiende uno de los sistemas de autogobierno de los pueblos indígenas más avanzados del mundo.

Walters continúa su mendaz relato de los acontecimientos en Nicaragua en 2018 afirmando: "El Día de la Madre, cientos de miles de personas marcharon para llorar a los estudiantes universitarios asesinados por las fuerzas del Estado. La policía respondió disparando balas contra la multitud". En realidad ese día hubo dos grandes marchas, una de la oposición, organizada en gran parte por la Iglesia Católica, y otra en apoyo al gobierno. En los incidentes a los que se refiere Walters en Managua, 20 policías y varios simpatizantes sandinistas sufrieron graves heridas por parte de francotiradores de la oposición, incluyendo varias heridas mortales. Esos acontecimientos han sido cubiertos aquí, aquí y aquí. Ese mismo día, en La Trinidad, cerca de Estelí, pistoleros de la oposición atacaron una caravana de paz sandinista hiriendo a un total de 47 policías y simpatizantes sandinistas, uno de ellos mortalmente, mientras que otro murió más tarde a causa de sus heridas. De los más de 260 muertos a lo largo de la crisis de 2018, alrededor de una docena eran estudiantes universitarios o de secundaria, de los cuales varios fueron asesinados por la violencia de la oposición.

Estos ejemplos de la mendacidad de Walters en su artículo de New Left Review nos llevan de nuevo a las falsas conclusiones que saca en su artículo de NACLA. El argumento clave de Walters para atacar la democratización económica revolucionaria de Nicaragua es que las políticas gubernamentales que promueven la economía popular, cooperativa y asociativa fomentan de hecho una especie de "neoliberalismo desde abajo". Pero aplicar esa formulación en Nicaragua es ridículo y burdo, dado que el Frente Sandinista de Nicaragua ha defendido resueltamente su programa histórico revolucionario de 1969 durante más de cincuenta años. Ofreciendo asistencia sanitaria universal y gratuita, educación gratuita desde el preescolar hasta la universidad, incluida la formación técnica profesional gratuita, seguridad alimentaria, reforma agraria, vivienda accesible, además de contar con una de las políticas más avanzadas de toda América en materia de igualdad de género y derechos de los pueblos indígenas.


Walters demuestra constantemente su amplia ignorancia de la realidad y la historia reciente de Nicaragua, argumentando, por ejemplo, que el líder sandinista Orlando Núñez Soto en la década de 1990 propuso una estrategia para la transición socialista, "que enfatizaba la empresa cooperativa sobre la confrontación política con el neoliberalismo". Esto también es simplemente falso. Por el contrario, lo que la dirección del Frente Sandinista, incluyendo al compañero Orlando Núñez, proponía era que los campesinos y trabajadores del campo y de las ciudades se organizaran para defender las propiedades que habían conquistado tras décadas de lucha.

Entre 1990 y 2006 Nicaragua fue testigo de feroces batallas de los sectores populares del país contra el neoliberalismo, en defensa de las conquistas revolucionarias de los años 80, contra los intentos de privatización de los servicios públicos como, por ejemplo, el agua, y apoyando la defensa de la cuota estatutaria de las universidades del país del 6% del presupuesto nacional, entre otros muchos ejemplos de enérgicas protestas y decidida acción cívica. Al igual que en toda América Latina, Nicaragua durante el neoliberalismo fue un teatro de amargas luchas sociales, con el Frente Sandinista tanto en su seno como a la cabeza. El movimiento popular en la Nicaragua posterior a 1990 logró avances clave en comparación con otros movimientos populares de la región.

Nicaragua contaba con un partido político radical de masas, el mayor del país. Tenía décadas de experiencia revolucionaria con miles de profesionales revolucionarios de los sectores populares que habían terminado sus estudios universitarios en los años 80. Sobre todo, podía enfrentarse a un Estado neoliberal cuyas fuerzas de seguridad no habían sido educadas y entrenadas para atacar a los trabajadores y campesinos. Por eso no hubo masacres durante ese período en Nicaragua, a pesar de los repetidos esfuerzos de las administraciones neoliberales respaldadas por Estados Unidos para que la policía nacional y el ejército nicaragüense utilizaran sus armas de fuego para disparar a los manifestantes obreros y campesinos.

Inmediatamente después de la derrota electoral de 1990, el Comandante Daniel Ortega dijo que a partir de entonces el FSLN "gobernaría desde abajo", lo que significaba una confrontación política abierta con el neoliberalismo. También afirmó que el FSLN volvería al poder por el voto popular y no por la violencia, convencido de que el pueblo nicaragüense inevitablemente pediría cuentas a las administraciones neoliberales dirigidos por Estados Unidos por el caos y el sufrimiento causados por sus políticas. Daniel Ortega tenía razón entonces y ahora, 30 años después, el pueblo nicaragüense ha vuelto a ratificar su fe en su liderazgo y en el Frente Sandinista en las primeras elecciones del país libres de la injerencia de Estados Unidos y sus aliados.

La economía popular, familiar, cooperativa y asociativa del país ha sacado a Nicaragua intacta política, económica y socialmente de la crisis de 2018 y de los efectos gravemente perjudiciales de las medidas económicas globales adoptadas para hacer frente a Covid-19. Como resultado, el crecimiento económico de Nicaragua en 2021 será superior al 9%, con proyecciones conservadoras de entre el 4% y el 5% para 2022. Esta realidad deja sin sentido la afirmación de Walters de que el país ha estado atravesando una crisis política impulsada por las contradicciones económicas. Pretende argumentar, en contra de todos los hechos evidentes, que Nicaragua ha experimentado algún tipo de resistencia popular amplia a las políticas económicas del gobierno.

Lo cierto es todo lo contrario. A lo largo de 2018 y 2019 el gobierno sandinista de Nicaragua derrotó un ataque desesperado y concertado por parte de la oligarquía financiera, empresarial y mediática del país, aliada con organizaciones opositoras financiadas por Estados Unidos y prácticamente sin base popular. Sólo la ahora ampliamente despreciada y desacreditada jerarquía reaccionaria de la Iglesia católica fue capaz de movilizar un apoyo verdaderamente masivo en las manifestaciones de abril y mayo de 2018. En junio, la población en general reaccionó contra la represión criminal que estaba sufriendo a manos de los matones y delincuentes que extorsionaban, agredían y mataban a personas por orden de los organizadores del golpe. A mediados de julio, el intento de golpe de Estado había terminado

A través de la intentona golpista que organizaron, la oligarquía del país, respaldada por Estados Unidos y personificada por la familia Chamorro, pretendía revertir la revolucionaria democratización económica llevada a cabo bajo el mandato del presidente Daniel Ortega desde enero de 2007. Sin un verdadero apoyo popular, tuvieron que recurrir a bandas criminales como las organizadas por Félix Maradiaga en Managua, que quemaron la oficina central de Managua de la cooperativa de ahorro y crédito más importante del país, CARUNA. O las bandas suministradas y pagadas por Dora María Téllez en Masaya que quemaron gran parte de la zona del mercado popular de Masaya.


Esta es la realidad política y económica del fallido intento de golpe de Estado en Nicaragua en 2018 que los apologistas de la oposición como Jonah Walters tratan de encubrir en todo lo que escriben. Mientras tanto, en Norteamérica y Europa, los mismos falsos progresistas y radicales que atacan las políticas del gobierno revolucionario sandinista de Nicaragua se han demostrado ser incapaces de defender incluso los derechos más básicos de sus pueblos. Han fracasado dos veces en impedir las transferencias masivas de riqueza a las élites gobernantes en Norteamérica y Europa, primero durante la crisis de 2008-2009 y de nuevo en 2020. En cambio, más recientemente, se han confabulado en el abuso estatal y empresarial más reaccionario manipulando los pretextos de salud pública para reajustar sus economías y rehacer sus sociedades en un molde corporativo antidemocrático y antihumanitario.

Tampoco han sido capaces de movilizarse eficazmente para protestar contra las repetidas agresiones en el extranjero de sus gobiernos de los países de la OTAN contra los pueblos del mundo mayoritario por los que todos esos progresistas y radicales neocoloniales dicen preocuparse tanto. En el caso de Nicaragua, el pueblo del país tiene muchos retos por delante que afrontar y superar. Lo hace con orgullo y confianza en sus propias capacidades y con un justificado optimismo en que su gobierno sandinista les ayudará finalmente a realizar el potencial soberano de su país. Y lo harán junto con los pueblos de Bolivia, Cuba y Venezuela y el resto de la región para derrotar los continuos intentos por dominarlos de las élites norteamericanos y europeos  y sus aliados de clase.

martes, 14 de diciembre de 2021

China y Nicaragua: Imperio en autopiloto pierde el control sobre su "Mare Nostrum"

 


Por Jorge Capelán.

La decisión de Nicaragua de restablecer las relaciones diplomáticas con China Popular es una movida pequeña, pero con gran significado en el tablero geopolítico que marca el fin de la hegemonía estadounidense sobre su propio patio trasero y compromete los dos pilares doctrinarios de la política exterior de la potencia anglosajona: El Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe.

El casi octogenario presidente Joe Biden, como si estuviese en piloto automático, siguió jugando la partida de go con China que le dejó su antecesor Donald Trump en esta región tan importante del mundo con apenas algún retoque retórico, pero sin hacer mayores cambios en los aspectos sustantivos y lo ha pagado con la pérdida de su ventaja estratégica. De ahora en adelante, y si ninguna de las partes comete algún error grosero, el resultado final es predecible: La pérdida del control de los Estados Unidos sobre su "Mare Nostrum" imperial. No importa con cuántas cañoneras Washington amenace, puede dar por perdida su potestad histórica sobre El Caribe.

"Nicaragua está destinada a convertirse en el eje más importante [SIC!] de la 'Franja y Ruta' a través del Pacífico y el Atlántico, un centro emergente que promueve la economía, el comercio, la tecnología y la cultura entre el este y el oeste, un faro que representa la gran amistad entre los pueblos y simboliza la búsqueda de la libertad, la prosperidad y la civilización en nombre de los pueblos del mundo, y hará una contribución indeleble al desarrollo futuro de la sociedad humana", escribió en una nota de felicitación al Gobierno de Nicaragua del propio 10 de diciembre Wang Jing, presidente ejecutivo del Grupo HKND, la empresa encargada de construir el Canal Interoceánico.

Jing, formalmente un "empresario privado chino", no hizo nada por ocultar el peso del PCCh tras sus palabras cuando escribió: "Hoy es un día memorable para la historia. Hoy es el día del triunfo para los pueblos de China y Nicaragua. Hoy también es el día del triunfo para los pueblos amantes de la paz en todo el mundo". Así no hablan los "líderes empresariales", así hablan quienes tienen tras de sí todo el respaldo del Estado.

China hoy es el segundo socio comercial de América Latina (habiendo desbancado a la Unión Europea) y la tercera fuente de inversiones extranjeras. Además mantiene su orientación productiva, en contraste con las potencias capitalistas occidentales, lastradas por una dinámica especulativa de impresión de divisas sin respaldo productivo que restringe la demanda de nuestros bienes y hace más pesadas las cadenas que nos atan al FMI. Tradicionales aliados de Estados Unidos en la región, como Chile y Perú, dependen en la actualidad del comercio y las inversiones chinas.

Con una cartera de proyectos que ronda los 94 mil millones de dólares y cientos de miles de puestos de trabajo creados, la presencia China en América Latina es mucho más poderosa de lo que jamás podrá ofrecer Estados Unidos. En Centroamérica, solo Honduras, Guatemala y Belice no han establecido relaciones con el gigante asiático. De estos, tanto Honduras como Guatemala ya han dado muestras de estar interesados en dejar de lado a Taiwán. Independientemente de su cercanía ideológica de Washington, los países de la región están abandonando al dólar --algunos de ellos literalmente, como en el caso de la apuesta de El Salvador por el bitcoin.

No hay ya un incentivo material que pueda mantener unidas a Washington a las élites centroamericanas. En este sentido, el ofrecimiento esta semana de la vicepresidenta de EEUU Kamala Harris de 1.200 millones de dólares en proyectos para Honduras, Guatemala y El Salvador con el supuesto fin de "contener a la emigración" no significa mucho: Menos de 1% del PIB de esos tres países a precios actuales. En comparación, el proyecto del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua, por unos 50 mil millones en 5 años de construcción, generaría un considerable efecto de derrame de inversiones para el resto de los países del istmo.

Además, el mismo modelo neoliberal promovido por Washington desde los años 90 ha entrelazado productiva y comercialmente a la región. La red eléctrica de Centroamérica está interconectada y la desestabilización de cualquiera de sus países dejaría a oscuras al resto. El monocultivo impuesto por el modelo de agronegocios de Washington ha hecho a los países del denominado "triángulo norte" dependientes de las exportaciones nicaragüenses de productos agrícolas, lácteos y carne. Por Nicaragua debe pasar todo el tráfico terrestre de mercancías del istmo, y desestabilizarla significaría pedirle a buena parte de las élites centroamericanas que se hagan el harakiri.

Washington podrá comprar a políticos y ONG para que hagan de operadores de sus intereses en la región, pero lo cierto es que ha perdido las palancas económicas más importantes de su dominación. La pieza del rompecabezas que faltaba finalmente ha encajado en su lugar: Nicaragua.

Este cambio en la correlación de fuerzas geopolíticas no es solo obra de China, no se estaría dando sin procesos autóctonos de la región, y el más importante de ellos es sin duda el proceso de construcción nacional de Nicaragua, que en los últimos 14 años ha pasado por su momento de mayor éxito en 2 siglos de historia. Sin una Nicaragua fuerte y estable en términos de cohesión social, infraestructura productiva, salud, educación, vivienda, producción de alimentos, seguridad, ideología, etcétera, sería muy difícil dar un cauce constructivo a las serias contradicciones que se acumulan en una región marcada por las injusticias sociales y la depredación ambiental.

A través de una política constructiva y pragmática centrada en las inversiones productivas y la estabilidad, la Nicaragua sandinista ha sabido esquivar la trampa de la polarización imperial que en los años 80 del siglo pasado sumió a toda la región en una guerra sangrienta. A nadie, ni siquiera a las mentes más afiebradas de la ultraderecha regional, se les ocurre culpar en serio a la Nicaragua sandinista de los avances de las luchas populares en la región de los últimos años, como la victoria de LIBRE en las pasadas elecciones en Honduras o el despertar político de los pueblos originarios en Guatemala. Esos avances son responsabilidad pura y exclusiva de la lucha de los pueblos y del insostenible y corrupto modelo neoliberal impuesto a Centroamérica por los Estados Unidos.

El Comandante Daniel Ortega es un maestro de los tiempos políticos, lo que a veces exaspera a propios y extraños. Muchos amigos desde hace tiempo nos preguntaban ansiosos sobre el momento en el que Nicaragua restablecería relaciones con China han visto sus deseos cumplirse in extremis con el anuncio de la cancillería nicaragüense el pasado jueves 9 de diciembre. Sin embargo, quienes conocemos el país sabíamos que este anuncio se daría "en el momento justo".

El momento justo en este caso significaba el agotamiento de las relaciones con Taiwán. Esas relaciones fueron heredadas de la dictadura somocista que en la Taiwán de la Liga Anticomunista Internacional de la guerra fría tuvo uno de sus principales aliados. La Nicaragua revolucionaria de los años 80 cortó esas relaciones y las estableció con la China Popular, pero la derrota electoral de 1990 implicó un regreso al Gobierno de las viejas élites liberoconservadoras fieles a Washington que las devolvieron al viejo orden prerrevolucionario.

Entre 1990 y 2006 empresarios taiwaneses participaron en la explotación inmisericorde de la fuerza de trabajo nicaragüense en el sector de las maquilas, lo que fue valientemente resistido por los sindicatos. Taiwán, deseoso de mantener uno de los pocos estados en el mundo que le brindaba reconocimiento, accedió a acogerse al modelo de negociaciones laborales periódicas propuesto por el nuevo Gobierno sandinista, y a todas las ventajas que ofrecía el nuevo clima de estabilidad abierto desde el regreso del Comandante Daniel Ortega al frente del Gobierno en enero de 2007, a cambio de su participación en una serie de proyectos sociales en beneficio del pueblo.

Cuando algunos años más tarde el Gobierno de Nicaragua anuncia el proyecto de la construcción del Gran Canal Interoceánico, lo hace como un emprendimiento público-privado entre el Estado nicaragüense y una empresa "privada" china, la HKND. Esto no ponía en cuestión el status quo de las relaciones con Taiwán. Más tarde, cuando recrudecieron las agresiones estadounidenses contra Venezuela y se produjo un reflujo revolucionario en América Latina, el proyecto del canal debió ser puesto momentáneamente en stand by, aunque jamás fue abandonado por tratarse de un plan estratégico para el país y para toda la región.

Durante todos esos años la cooperación taiwanesa siguió llegando a Nicaragua, especialmente desde los sucesos de abril de 2018 cuando los Estados Unidos intentaron una fallida "revolución de colores" que fue derrotada por el pueblo y por el Frente Sandinista. El ex-embajador taiwanés Jaime Chin Mu-Wu, entregando personalmente cada semana viviendas a pobladores de los sectores populares, llegó a ser una persona muy querida del pueblo nicaragüense al punto tal de que el Gobierno tras suspender sus relaciones con Taiwán la semana pasada le otorgó la ciudadanía nicaragüense. Para los que vivimos en Nicaragua, el amor de Jaime Chin Mu-Wu hacia nuestro país es algo que está fuera de dudas.

Lo que puso el último clavo en el ataúd de las relaciones de Nicaragua con Taiwán fue el propio accionar de los Estados Unidos, tanto en sus relaciones con Nicaragua como en sus relaciones con China. Tras la estrepitosa derrota del "golpe suave" promovido por Washington contra el Gobierno sandinista en 2018, los Estados Unidos jamás fueron capaces de entender que la correlación de fuerzas a lo interno del país se volcó decidida y masivamente a favor del Frente Sandinista. Los golpistas clientes de Washington en 2018 le demostraron al pueblo que sus verdaderas intenciones eran las de saquear y luego vender el país.

Washington fue incapaz de entender que la oligarquía compradora a su servicio en Nicaragua ya no controlaba las alturas estratégicas de la economía y por eso no pudo destruirla a pesar de sus repetidos llamados a huelgas patronales que nadie obedecía. Washington no se dio cuenta de que entre 2018 y 2021 Nicaragua exitosamente sobrevivió, no solo al serio golpe económico de 2018, que implicó el cierre de una de cada 4 empresas en el país, sino también a dos huracanes desbastadores en 2019 y la pandemia de la covid en 2020, e hizo todo eso mejorando las carreteras, haciendo más hospitales y en general fortaleciendo la infraestructura social y productiva del país.

En lo político, Washington fue incapaz de tomar nota de que el Gobierno de Nicaragua estaba teniendo éxito en su política de reconciliación con los sectores que fueron manipulados para participar en el fracasado intento de golpe de 2018 y que además se fortalecía institucionalmente, adoptando una serie de normas, como la ley de agentes extranjeros y las nuevas normativas antilavado, que efectivamente blindaban al país ante cualquier intento de violar la Constitución. Por eso siguieron con el mismo fracasado guion golpista, ahora recrudeciéndolo bajo el nombre de Operación RAIN o "Responsive Assistance In Nicaragua". Sin embargo, cuando quisieron reaccionar, en el segundo trimestre de este año, ya era demasiado tarde y el Gobierno puso en prisión a unos 40 de sus operadores. Dentro de la Nicaragua real, nadie levantó un dedo en defensa de esa gente porque sencillamente no tenían ningún respaldo.

Es entonces cuando Washington pone en marcha su operativo de desprestigio contra las elecciones del 7 de noviembre de la mano de su Ministerio de Colonias, OEA, y la amenaza de aplicarle al país la Carta Democrática de la organización. Pero Nicaragua jamás se dejó amedrentar porque sabe muy bien que una cosa es lo que los gobiernos dicen en la OEA y otra muy diferente lo que están dispuestos a hacer en términos reales. Ni Chile, ni Perú, ni Colombia, ni Ecuador estarían dispuestos a abandonar sus tratados de libre comercio, ni sus relaciones en general con Nicaragua. El Gobierno Sandinista supo leer el bluf de la OEA y anunció su retiro de esa organización espuria dando así aire al discurso de México y otros gobiernos progresistas de la región que reclaman el fin de la OEA y su reemplazo por una revitalizada Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, CELAC.

El paso siguiente de Nicaragua era bastante previsible... En un artículo publicado el 15 de noviembre escribíamos: "las políticas agresivas de EEUU sobre Nicaragua tendrán algunos efectos previsibles: En primer lugar, un mayor acercamiento de Nicaragua hacia Rusia y China. Con respecto a esta última, no sería extraño que Nicaragua abandone su política de acercamiento a Taiwán".

De hecho, fueron los propios Estados Unidos los encargados de dar el paso decisivo. El recrudecimiento de las presiones estadounidenses sobre Taiwán, y su ceguera antinicaragüense, obligaron a esta a votar en contra de Nicaragua en la sesión del Banco Centroamericano de Integración Económica para decidir sobre la inauguración de su sede en Managua en una decisión abiertamente política usando como excusa las acusaciones de Estados Unidos sobre las elecciones del 7 de noviembre. Esta politización del BCIE, un banco regional en cuya directiva no están los Estados Unidos y que hasta ese momento había prestado dinero a una Nicaragua que era y es puntual pagadora con niveles de ejecución presupuestaria muchísimo más altos que los de cualquiera de sus vecinos, no se podía tolerar.

Semejante injerencismo fue respondido por Managua con una carga de profundidad que vino a hacer saltar por los aires, tanto la fragilidad diplomática de Taiwán como los discursos falsamente democráticos de los hipócritas políticos centroamericanos. Convertir al BCIE en un instrumento geopolítico de Estados Unidos para perjudicar a Nicaragua es una empresa destinada al fracaso... y a perjudicar las fuentes de financiamiento de sus propios gobiernos.

Con un escueto comunicado estableciendo que Nicaragua de ahora en adelante solo reconocería la existencia de "una sola China", la República Popular, la cancillería nicaragüense hirió de muerte a la hipocresía regional, porque todo el mundo en Centroamérica sabe el tipo de socio privilegiado que será del gigante asiático y también todo el mundo sabe qué superficiales pueden ser las loas de sus políticos derechistas a los Estados Unidos ante las masivas inversiones chinas.

Apenas 14 Estados reconocen a Taiwán en el mundo. En Centroamérica solo quedan tres que tal vez pronto sean nada más que dos si Honduras se suma a la decisión de Nicaragua. En el Caribe solo quedan San Cristóbal y Nieves, Haití, Santa Lucía y San Vicente y Las Granadinas. De estos, los tres últimos tienen diversos grados de vinculación al ALBA, aliada de China Popular y no sería nada extraño verlos cambiar de alianzas en los próximos años. 

Para nadie es un secreto que un futuro Canal Interoceánico a través de Nicaragua fortalecerá tanto a Cuba como a Venezuela y les permitirá evadir el bloqueo estadounidense. Las placas tectónicas de la geopolítica ya están en movimiento y unos Estados Unidos dominados por los intereses financieros y especuladores no parecen ser capaces de revertir el curso de los acontecimientos.

lunes, 13 de diciembre de 2021

La dicha de representar el ALBA y no el ocaso neoliberal


 

Por Zonafrank

El mundo enfrenta graves desafíos que amenazan la supervivencia de la especie humana, temas que urge enfrentar de forma mancomunada y con sentido de protección a los más desfavorecidos.

Nada de esto parece interesar a las superpotencias, enfocadas en su lucha por el reparto del mundo y sus recursos naturales. Porque claro, “la democracia y los derechos humanos” del 1% deben ser defendidos a toda costa.

Por estos días, esa “democracia” ha dado muestras inequívocas de decadencia. Desde la Cumbre de la infamia de Joe Biden hasta la reunión del G7. Para que se entienda, hablamos de shows donde los ricos se visten de esmoquin y se ponen de acuerdo en cómo repartir sanciones y presiones –eso sí, democráticamente- a cualquier Estado que no siga sus designios.

Hay que tener muy poco a qué apelar para hacer una Cumbre “por la Democracia” y llevar de invitado especial a la antítesis de esa palabra, personalizada en el fraude llamado Juan Guaidó.

¿Qué soluciones a los problemas mundiales aportó el G7, por ejemplo? Amenazas de posibles sanciones de la Unión Europea (UE), Estados Unidos (EEUU) y el Reino Unido contra Rusia en relación con la situación en Ucrania, según el jefe de la diplomacia europea Josep Borrell y risibles declaraciones sobre la preocupación por las “políticas económicas coercitivas” de China. Esto último en particular es la meca del doble rasero. Al parecer el G7 no se ha enterado de que Cuba (por citar un solo ejemplo) lleva más de 60 años bajo el bloqueo económico, comercial y financiero de EEUU, no pocas veces secundado por los propios miembros del G7.

Por suerte, al Sur de tanta ignominia, hay pueblos decididos a luchar por un mejor futuro para todos. Muestra de ello es el esfuerzo integrador en ese legado chavista y fidelista conocido como Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP). Frente a las amenazas a la paz regional por la exacerbación de la aplicación de la Doctrina Monroe y las peores prácticas del Macartismo, el ALBA defiende una América Latina y Caribe como Zona de Paz y renueva su compromiso con la solidaridad, la concertación política, la cooperación, la integración y la defensa de la unidad.

Durante el último año, el ALBA ha realizado importantes y valiosas reuniones con los sectores de salud, educación, agricultura, académico, comunicación e información, asuntos de la mujer e igualdad de género, cultura y turismo, con cada uno de los países miembros, en aras de lograr mayores resultados y avanzar de manera más cohesionada. No para crear un cerco político, económico, mediático o militar contra ningún Estado, ni para amenazar o chantajear; sino para entre todos poder enfrentar nuestras dificultades económicas y darles mejor vida a nuestros pueblos. Sutiles diferencias entre las reuniones del neoliberalismo mundial “democrático” y de las “dictaduras” populares del sur.

Desde su fundación, ALBA-TCP ha sido víctima de las más diversas campañas enemigas por parte de la derecha regional, pero los gobiernos miembros han sabido resistir y seguir unidos, conscientes del imperativo de continuar construyendo logros sociales en beneficio de los pueblos.

Ante las políticas coercitivas y de aislamiento del imperio estadounidense,  los mecanismos regionales deben jugar un rol protagónico para impulsar esas políticas públicas de impacto social. Las fuerzas progresistas trabajando de forma firme y unida tienen la oportunidad histórica de restablecer la paz, la estabilidad regional y la concertación política para impedir intromisiones externas.

Otra vez el bando de los que aman y fundan sigue su lucha emancipadora; emana luz de aurora para los desposeídos, los humildes. Del otro lado, los que odian y deshacen, siguen camino al ocaso, y a esa oscuridad nuestros pueblos han decidido no volver.

Izquierda Visión: Jorge Capelán y La Geopolítica a finales del año 2021

 

Por Izquierda Visión.

Entrevista a fondo con el periodista Jorge Capelán en donde realiza un análisis geopolítico nacional e internacional a finales del año 2021.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Ucrania, el peligro es la OTAN

 

Por: Fabrizio Casari
www.altrenotizie.org
Las conversaciones telefónicas entre Joe Biden y Vladimir Putin no parecen haber surtido efectos. Lo que se está desarrollando en la frontera entre Rusia y Ucrania es una crisis construida política y mediáticamente. A la hostilidad general y manifiesta entre Kiev y Moscú no se había añadido ninguna tensión especial, y la misma inteligencia militar del régimen pro-nazi de Kiev no indicaba ningún peligro por parte de Rusia.
Lo que Putin trató de explicar a Biden en la conversación telefónica fueron tres conceptos fundamentales: Moscú nunca ha pensado en invadir Ucrania, a menos que ésta se convierta en la sede operativa de una amenaza militar de la OTAN para Rusia. Añadió que las declaraciones de Occidente sobre su voluntad de ayudar a Kiev a contener la "amenaza rusa" eran ridículas y peligrosas. Putin recordó que el despliegue de tropas rusas en territorio nacional es un derecho soberano y no es asunto de nadie. En cambio, son la OTAN y sus Estados miembros los que están trasladando imprudentemente sus fuerzas e infraestructuras militares a las fronteras de Rusia.
Segundo. El aumento de la agresión estadounidense en Europa no detendrá los planes de desarrollo económico y militar de Rusia. El Kremlin considera que las sanciones son un gesto de hostilidad política no provocada y una forma sucia de librar una guerra comercial en desafío al cacareado mercado libre.
Tercero. En cuanto a la seguridad internacional, Moscú está dispuesta a volver a la mesa de negociaciones para discutir un nuevo tratado sobre misiles balísticos de medio y largo alcance en el marco de un equilibrio internacional que respete las necesidades de defensa mutuas. Moscú considera que la gobernanza mundial es una cuestión multilateral y, desde luego, no unipolar.
Si la llamada telefónica no tuvo ningún efecto concreto en la necesaria reducción de la escalada, queda una certeza: nunca hubo intención por parte de Rusia de invadir Ucrania. Se trata de una colosal fake news concebida en el Pentágono y en Langley y difundida por dos órganos de prensa amigos como The New York Times y el sitio web Politico.com, a los que se han sumado los medios de comunicación europeos, complacientes con la política exterior estadounidense.
La crisis, que ha corrido y corre el riesgo de desencadenar un conflicto de resultados imprevisibles pero ciertamente dramáticos, tiene su origen en la voluntad exclusiva de Estados Unidos de elevar la tensión en la zona más allá de todo límite por sus exclusivos intereses comerciales y geopolíticos.
Una crisis planeada en la mesa en todas sus etapas, desde la difusión de una información completamente falsa - que Rusia está a punto de invadir Ucrania - hasta la amenaza de sanciones y apoyo militar a Kiev por parte de la OTAN si esto ocurriera.
Pero cuando se cierran los teléfonos y se elimina la propaganda de los medios de comunicación occidentales, queda claro que la escalada de esta crisis está ocultando en parte sus verdaderas razones y sus graves responsabilidades. La intención de Estados Unidos es abrir un nuevo frente, aún más agresivo, en su guerra no declarada contra el gobierno de Moscú. De hecho, el desencadenamiento y la profundización de esta crisis obedece a un diseño comercial y estratégico que se persigue con el mayor cinismo posible a costa de los ucranianos y de toda Europa.
¿Qué busca Washington?
Esta campaña tiene tres objetivos principales: el primero es utilizar una fuerte campaña mediática para encubrir la verdad de lo que está ocurriendo en la frontera ucraniano-rusa, es decir, la adscripción de facto de Kiev a la OTAN, con el apoyo de instalaciones militares y armas de misiles estadounidenses. La descarada intención es abastecer a Ucrania de armamento hasta que llene sus arsenales, obteniendo así, al mismo tiempo, dos ventajas incuestionables: colocar miles de millones de dólares de armamento de fabricación estadounidense y convertir a Ucrania en una versión eslava de Puerto Rico, es decir, en un protectorado para ser utilizado como territorio de experimentos bélicos.
Un nuevo escenario bélico entre los preferidos por el complejo militar-industrial para sus negocios, por estar lejos de EE.UU. y por ser realizado por terceros por delegación de EE.UU. Gran negocio y pocas pérdidas, en definitiva. Como siempre, detrás de toda narrativa de "libertad", están los dólares que recauda Washington. No se venden armas para afrontar una crisis, se crea una crisis para vender armas.
Otro objetivo es utilizar la amenaza rusa a Kiev como excusa para pactar la ampliación de la OTAN al Este, violando los acuerdos entre Bush y Gorbachov, que comprometían a EEUU a no ampliar la OTAN al Este y a amenazar a Moscú. Ucrania debía seguir siendo una "zona tampón" que separara a sus respectivos ejércitos, y lo mismo estaba previsto para otros países como Rumanía y Polonia. Todos estos compromisos han sido ignorados por Washington: la OTAN no sólo se ha expandido desproporcionadamente hacia el Este, sino que también ha establecido instalaciones en territorio ucraniano cerca de la frontera con Rusia.
La acumulación militar de la OTAN en el Este ya es una grave amenaza para Rusia, pero las nuevas instalaciones militares incluirían plataformas de lanzamiento de misiles balísticos que tardarían cinco minutos en llegar a Rusia. Se trata de una provocación descarada y una amenaza directa a Moscú que no podía esperarse que quedara sin respuesta: imaginar que Rusia podría ignorar una amenaza en sus fronteras es estar completamente fuera de la realidad.
A este respecto, Putin ya ha advertido a Biden y al mundo entero de la imposibilidad de cruzar lo que él llama "la línea roja". Por ello, está desplegando soldados y armas convencionales y nucleares capaces de repeler cualquier ataque en territorio ruso y de garantizar una contraofensiva militar que haría que el coste para Kiev y sus aliados fuera muy alto. No hay lenguajes diferentes que los Estados Unidos puedan entender, y no hay mejores advertencias para quienes, siguiendo el aventurerismo criminal que caracteriza su política exterior, se arriesgan a la destrucción total de su identidad política y territorial.
Ya lo ha demostrado en Chechenia, Georgia, Crimea y Siria: Moscú es absolutamente capaz de intervenir contra cualquier tipo de amenaza externa e interna, actuando como lo harían muchos otros países para proteger su integridad territorial y también sus intereses estratégicos. Por otro lado, la retirada de Estados Unidos de cualquier tipo de tratado bilateral de control de armas y la instalación de cabezas nucleares, el no reconocimiento de los acuerdos previamente firmados con Irán, las amenazas (tanto constantes como estériles) a China y Corea del Norte, las sanciones a 26 países y la agresión política y comercial contra Rusia se toman en serio tanto en Moscú como en Pekín.
Moscú lleva tiempo advirtiendo de la inviabilidad de las operaciones militares de la OTAN que, año tras año, tienden a acercarse a las fronteras rusas, presagiando una amenaza abierta a Rusia. El Kremlin tiene una idea precisa de la distancia mínima de seguridad que debe respetarse entre sus fronteras y los países hostiles, al igual que Estados Unidos con respecto a sus fronteras.
Al otro lado es igual y no faltan precedentes históricos, véase la crisis de los misiles cubanos de 1962. EE.UU. considera que ningún país de su entorno debe estar dotado de bases militares y armas balísticas, más aún si considera que estos países son hostiles. Es difícil ver por qué Moscú debería permitirlo. ¿O es que se cree que hay dos copias diferentes del Derecho Internacional, una escrita en inglés y otra en ruso?
El oleoducto North Stream 2
El segundo objetivo de la crisis - pero no menos importante que el primero - es elevar el nivel de confrontación con Moscú para disuadir a Berlín de la puesta en marcha del gasoducto germano-ruso que pasa bajo el mar Báltico y que pondría fin al soborno que Kiev impone a toda Europa por el paso del gas en su territorio. Washington quiere emprender acciones contra la autoridad alemana de redes energéticas, que ha bloqueado el procedimiento de autorización por motivos formales relacionados con el incumplimiento de la legislación comunitaria, que prevé la separación de la propiedad, la gestión y la distribución.
La intención de Estados Unidos es demasiado evidente: en caso de conflicto, Alemania se echaría atrás con toda seguridad; pero incluso solo un aumento de la tensión y nuevas sanciones podrían incrementar aún más la presión sobre Moscú y empujarla a subir el precio de los suministros, para que el coste del gas estadounidense sea aceptable o competitivo.
Nada nuevo: todas las sanciones de EE.UU. a las que la UE, enferma de servilismo, se alinea, especialmente las impuestas a Rusia y China, tienen un doble objetivo: socavar las economías que compiten con EE.UU. y proporcionar una ventaja comercial a las empresas estadounidenses que, de otro modo, tendrían que competir en igualdad de condiciones y así perder.
Las nuevas amenazas de EEUU de expulsar a Moscú de los circuitos financieros internacionales son inviables, tal es la interconexión de toda la comunidad internacional y de los propios EEUU con Rusia (hace un mes EEUU tuvo que comprar varios millones de barriles de gasóleo ruso) y China. Además, esto aceleraría aún más la creación del Banco Internacional, que Rusia y China, junto con varios otros países, ya han puesto en marcha y que está destinado a representar una alternativa seca al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial.
Por otro lado, las contra-sanciones que Moscú y Pekín están estudiando aún no han sido probadas. Un ejemplo es el de China, que ha golpeado con fuerza a Australia, con los Estados Unidos que se han declarado "desconcertados". Ahora Camberra se lo pensará dos veces antes de lanzar advertencias y amenazas ridículas solo por servidumbre a Washington.
Es mejor que Occidente abandone la guerra que ha abierto contra Rusia, China, India, Irán y otros por el dominio absoluto del planeta por una superpotencia que pierde guerras, mercados y liderazgo cada día. Pensar que el mundo se mantendrá al margen mientras un imperio decadente se alimenta de él es un error; pensar que Pekín o Moscú lo harán podría ser un error catastrófico.

Conferencia: Rusia entre Occidente y el Oriente

Ver en el canal del CREI. Conferencia de Jorge Capelán en el Curso Especializado sobre "La Geopolítica Rusa en la Transformación de...