domingo, 1 de marzo de 2020

Lo que nunca podrán decir: Un tal Daniel Ortega



Por Mario Zúniga.

Nadie en el mundo, y así será por siglos, podrá referirse a él como "un tal Daniel Ortega". Es apenas necesario una pizca de cultura general o conciencia de la realidad, independientemente de la visión que de esta tenga para reconocerlo.

Nicaragua está llena de hombres y mujeres que hacen destacar el nombre de la nación a nivel mundial. Tiene héroes, próceres de la Independencia, grandes cultos y lamentablemente también tiene malos hijos que, a través de la historia, han traicionado a la Patria y vendido a sus hermanos. Después de todo eso está Daniel Ortega; definitivamente es una historia particular y que tiene algo de héroe también.

Daniel, como simplemente le llaman muchos, es un caso realmente excepcional, una leyenda viviente, como diríamos en términos épicos.

En noviembre de 1945, el día 11 del mes 11, nació en un pueblo pequeño del centro del país José Daniel Ortega Saavedra, o simplemente Daniel Ortega, el último de los grandes revolucionarios de siempre en el mundo. Ojalá nazcan o estén formándose nuevos.

Llamar a este hombre revolucionario es solo una de las tantas maneras de reconocerle. De hecho, no habrá justicia suficiente para describirle, al menos describirle.

Ser consecuente, es una de sus mejores cualidades. Lo ha sido como hombre, guerrillero revolucionario, político y estadista. El único estadista que ha tenido Nicaragua; porque Sandino lo pudo ser pero nunca "ejerció" sus principios en el Estado.

Es consecuente porque se mantuvo firme en los momentos más duros de la historia de su país. Ser uno de los principales protagonistas de la lucha armada para derrocar una de las más sangrientas dictaduras de todos los tiempos en el mundo, manteniendo la consecuencia aunque le fue atacada de todas las formas posibles, es digno de destacarlo como una de sus principales cualidades.

Perdió a su hermano menor en la lucha, fue brutalmente torturado y encarcelado por años por razones políticas, su vida misma fue robada para convertirse en la vida de todo nicaragüense desde en medio del siglo XX a buena parte del XXI.

Ser consecuente te lleva a ser perseverante o se logra siendo perseverante. Y el Comandante Daniel supo aguardar en gestación de victorias cuando la historia se lo demandó. Sus compañeros de lucha lo destacaron como miembro de la Junta de Reconstrucción Nacional cuando triunfó la Revolución Popular Sandinista en 1979, así la Dirección del FSLN le encargaba la primera gran tarea política en tiempos de paz: perseverar en su posición y convertirse en líder para que cuando la historia lo demande tengamos el primer presidente revolucionario de Nicaragua.

Líder. El liderazgo nunca le ha sido discutido por las bases del Partido Frente Sandinista, apartando que un pequeño grupo de oportunistas quisieron arrebatarselo sin ganarlo.

Tan sólo balancear todas las cualidades que fueron necesarias para sostenerse en el primer gobierno verdaderamente democrático de Nicaragua en el período completo, con una guerra y un bloqueo impuesto desde afuera, habiendo heredado además la destrucción de la nación, no podremos nunca hacer justicia para describir a Daniel, para reconocerle.

Daniel el reconciliador. Otra gran tarea, urgente, perenne y nada fácil con las heridas abiertas de la guerra, de los tiempos difíciles; pero ahí estaba otra vez demostrando una de las principales tareas de un líder: reconciliar.

Y ser líder no es posible sino se prueba en los tiempos más adversos, cuando ya no se tiene más que el poder de perseverar y alzar la voz, y de ahí nace uno más: el de convocatoria. La necesaria para unir los vigores dispersos en pos de mantener a flote lo que se haya salvado. Daniel lo hizo. Mantuvo las esperanzas de lucha en el pueblo durante 16 años, cuando los gobiernos neoliberales absorbieron el Poder en el Ejecutivo. Nicaragua era un pueblo que cada vez más quedaba abandonado por los seudo líderes, sólo uno quedaba, el que se mantuvo en las calles para evitar que se le arrebate al menos la dignidad a la gente.

Daniel de la paz. Si, el mismo que lanzó todos sus tiros contra la guerra. El mismo que golpeó la mesa del imperio, como buen hijo de Sandino. El mismo que con todas su fuerzas fue protagonista activo de los acuerdos de paz para que acabe la guerra a la que nos obligaron. El más señalado por asumir la misión que fue de todos. El que abrazó el fusil del otro y aprendió a convivir con todos porque fluya la paz. El que entregó el Poder por la paz, una y otra vez persistiendo en la búsqueda del bien común.

La misma voz la ha alzado siempre por la paz de los pueblos, por la paz en los pueblos y por la paz entre los pueblos. Esa voz de hablar pausado, pero de definida contundencia antiimperialista. La misma americanista, solidaria y fraterna.

Daniel el Comandante de las fuerzas de un pueblo que sólo reclama su propia identidad y su propia autodeterminación.

Daniel, el generador del milagro que está sacando adelante a un pueblo. Y cómo no, si él también supo de hambre. Él nos hizo creer que con Dios todo es posible. Allá vamos.

Daniel Ortega, el que también ha sido criticado, señalado y acusado incluso. Todos podemos ser y hasta merecemos ser criticados, por lo demás los señalamientos y acusaciones se prueban o no.

Por eso y más, las actuales y las futuras generaciones jamás podrán referirse a él como "un tal Daniel Ortega".

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