miércoles, 22 de septiembre de 2021

AMLO: Una propuesta que genera demasiadas suspicacias

 

Presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador
en la cumbre de la CELAC.


Por Jorge Capelán y Stephen Sefton.

Finalmente, la VI cumbre de la CELAC tuvo lugar el 18 de septiembre en México con una serie de acuerdos en torno a temas como el espacio ultraterrestre, un plan de autosuficiencia sanitaria para hacerle frente a la pandemia y tomas de posición comunes en torno a una serie de temas entre los que destaca el rechazo a las medidas coercitivas y unilaterales, especialmente el bloqueo estadounidense a Cuba, aunque también por extensión, a las medidas de EE. UU. dirigidas contra Nicaragua y Venezuela.

Todo esto, obviamente, es positivo. Sin embargo, es muy importante reflexionar sobre los retos que a futuro se plantean al organismo regional en un contexto en el que se alzan las voces demandando una integración latinoamericana y caribeña que ponga fin al instrumento neocolonial que es la OEA y también en un contexto en el que la hegemonía estadounidense se debilita a pasos acelerados ante el surgimiento de China y de un nuevo orden mundial multipolar.

Pensamos que es imposible para el Abya Yala alcanzar la prosperidad bajo la sombra de un imperio estadounidense que, en lo político, basa su accionar en principios como el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe mientras que en lo económico se guía por el principio, no de la prosperidad mutua (mucho menos el de la solidaridad y la complementariedad, como decimos en el ALBA), sino por el del saqueo y la obligación del resto del mundo de financiar su ingente deuda y sus constantes guerras.

En este sentido, creemos que es importante examinar algunas de las ideas planteadas por el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en su discurso de bienvenida a los mandatarios que asistieron a la Cumbre. Sus palabras suscitan la sospecha de que el gobierno de Estados Unidos intenta cooptar a México para revivir bajo otra forma el Área de Libre Comercio de las Américas a la vez que trata de reemplazar a la desprestigiada y corrupta OEA. Es un temor legítimo dada la relación de México con Estados Unidos y Canadá con el nuevo formato de Tratado de Libre Comercio de América del Norte ahora denominado por Estados Unidos el Acuerdo Estados Unidos-Canadá-México.

Entendemos perfectamente que una propuesta lanzada en el seno de la CELAC debe contemplar consensos entre países que tienen profundas diferencias políticas. No esperamos que las propuestas que se lancen sean arengas revolucionarias carentes de arraigo político real, pero por otro lado creemos que es contraproducente caer en la obsecuencia ante el imperio. Si hay algo parecido a un consenso en la CELAC, o por lo menos a una opinión mayoritaria, es en que es ampliamente positivo para nuestra región el comerciar con China y Rusia, y en general el aprovechar todas las oportunidades que presenten para nuestros países las actuales tendencias hacia la multipolaridad. Acuerdos con Estados Unidos pueden y deben haber, pero difícilmente podrán eclipsar la importancia que para nuestros países representa el aprovechar las oportunidades arriba mencionadas.

Creemos que el planteamiento del Presidente López Obrador abre las puertas a la imposición de un acuerdo muy diferente de la visión de Fidel y de Chávez. La visión que se desprende del discurso del mandatario mexicano podría no solo mantener, sino profundizar las relaciones de dominación neocolonial a las que estamos sujetos en nuestra región. AMLO es un socialdemócrata y el instinto histórico de esa corriente política casi siempre en momentos clave ha derivado en acciones contrarias a los intereses de la mayorías empobrecidas. Entonces, si de plantear alternativas se trata, creemos que es imprescindible considerar las posibles trampas tras formulaciones que superficialmente puedan parecer inocuas o incluso benéficas para nuestros pueblos.

De entrada dijo López Obrador en su discurso que "la CELAC, en estos tiempos, puede convertirse en el principal instrumento para consolidar las relaciones entre nuestros países de América Latina y el Caribe, y alcanzar el ideal de una integración económica con Estados Unidos y Canadá en un marco de respeto a nuestras soberanías; es decir, construir en el continente americano algo parecido a lo que fue la Comunidad Económica que dio origen a la actual Unión Europea."

¿Integración con Estados Unidos y Canadá con respeto a nuestras soberanías? Es extraño escuchar a un presidente supuestamente heredero de la tradición política y social que hace apenas 20 años libró una heroica batalla contra el ALCA ahora soñar con una "integración económica" con los Estados Unidos y el Canadá de hoy en día. ¿Algo parecido a lo que dio origen a la UE? De hecho, los orígenes de la Unión Européa a inicios de la Guerra Fría son los de un proyecto imperialista y anticomunista dominado y dirigido por Estados Unidos, con una Alemania bajo ocupación militar y una Francia imperial luchando desesperadamente en Vietnam y Argelia para mantener su poder global. ¿Acaso se nos ha olvidado la OTAN? ¿Se nos ha olvidado la Operación Gladio? Además, en lo material, es un dato de la realidad que la Comunidad Económica Europea desde que se fundó en 1957 hasta la actual Unión Europea, no ha representado otra cosa que un proceso constante de financierización de la economía y de pérdida de peso del sector productivo.

Obviamente, la UE es una unión conformada con países muy ricos, pero no es un ejemplo como instrumento de desarrollo, ya que la gran mayoría de esos países alcanzó su desarrollo mucho antes de la fundación de ese bloque. Además, la original Unión del Carbón y del Acero que desembocó en la fundación de la UE, fue entre dos países fuertes y de similar peso: Francia y Alemania. En la práctica, el proceso de desarrollo Unión Europea ha sido profundamente antidemocrático, por medio de una serie de tratados como los de Maastricht, Niza y Lisboa, diseñados a puertas cerradas por las elites corporativas europeas e impuestos por medio de un proceso de “sí o sí”. ¿Integración económica supeditados a un Banco Central como el europeo, cuya directiva mantiene en secreto las actas de sus reuniones durante 15 años para que los pueblos no conozcan qué es lo que verdaderamente se discute? No debería sorprendernos entonces que una "Comunidad Económica" como la que plantea AMLO, en su versión “americana” se parezca mucho más a una sociedad entre dos tiburones (EE. UU. y Canadá) y un grupo de focas. Las alianzas entre predadores y sus presas siempre han terminado mal para las segundas.

Profundizaremos sobre estas cuestiones más adelante, por ahora sigamos con el discurso de AMLO.

Dijo AMLO que "este ideal puede convertirse en realidad si pensamos y acordamos sobre tres cuestiones básicas: la no intervención y la autodeterminación de los pueblos; la cooperación para el desarrollo y la ayuda mutua para combatir la desigualdad y la discriminación", y propuso compromisos concretos para garantizar la no-injerencia entre los Estados miembros de la CELAC, una propuesta con la que por cierto, no podríamos estar más de acuerdo. Sin embargo, en el siguiente párrafo propuso "que las controversias sobre democracia y derechos humanos se diriman a petición de las partes en instancias verdaderamente neutrales creadas por los países de América y que la última palabra la tengan las agencias especializadas de la Organización de las Naciones Unidas". ¿Las agencias especializadas en derechos humanos de la ONU?

Recordamos solamente algunos de los tristes fracasos de la ONU en perjuicio de los pueblos del mundo. Solo para mencionar los casos más evidentes, la criminal falta de cumplimiento del deber de la ONU de proteger al pueblo palestino de las políticas genocidas del estado de Israel; la asesina ocupación militar de Haiti por tropas de la ONU y la desastrosa infección de la población local con cólera por esas mismas tropas; la incapacidad de la misión de la ONU en el Congo para cumplir con la tarea de proteger la población en el este de ese país y el abuso del mandato de la ONU que permitió a la OTAN a destruir Libia.

Lo mismo aplica en el caso de la corrupción y cooptación indebida de organizaciones asociadas a la ONU como la Organización para la Prohibición de Armas Químicas; el Organismo Internacional de Energía Atómica o la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos. Para América Latina y el Caribe, acabar con la OEA es solamente uno de los pasos esenciales para alcanzar una institucionalidad internacional con una verdadera integridad moral. Una profunda reforma de la ONU y sus organizaciones asociadas también es una necesidad absolutamente fundamental. Es preocupante que las palabras del discurso de AMLO no reflejen esta realidad.

En lo económico, AMLO propuso que los países de la CELAC “junto con Estados Unidos y Canadá construyamos un acuerdo y firmemos un Tratado para fortalecer el mercado interno en nuestro continente, que en la actualidad es deficitario en relación con Europa y, sobre todo, con respecto a Asia". Lo que en realidad propuso es que los latinoamericanos asumamos las calenturas (a decir verdad, el estado de cáncer terminal) en que se encuentran las economías de los Estados Unidos y Canadá. Recordemos que la economía estadounidense tiene una balanza comercial deficitaria desde fines de los años 70, mientras que Canada la tiene desde el año 2009. Todo esto es expresión del proceso de financierización de la economía norteamericana. Como lo ha explicado de manera contundente el economista Michael Hudson, todo el afán de Estados Unidos ha sido historicamente un esfuerzo implacable y despiadado por destruir la soberanía de nuestros paises. Antes lo hacía por medio de la agresión militar, ahora lo hace por medio del endeudamiento y cuando no logra su objetivo de esa manera, su recurso es una agresión económica genocida, como en el caso de Cuba por más de 60 años y ahora contra Venezuela.

Sin embargo, en su discurso AMLO dijo: "La propuesta es sencilla: se trata de reactivar pronto la economía en nuestro continente para producir en América lo que consumimos". Lo que propuso lisa y llanamente fue que nos integremos al imperio. Cuando dijo "América" no habló la América al sur del Río Bravo, ni del Abya Yala de nuestros pueblos, que también comprende a los pueblos sometidos de Norteamérica, sino de la América desde Alaska hasta la Tierra del Fuego bajo la égida del capital atlantista. El problema es que los países al norte del Río Bravo son muy distintos que nuestros países del sur. Ni los Estados Unidos ni Canadá están interesados en que nosotros produzcamos, sino en que compremos lo que ellos producen y que les entregamos nuestros recursos naturales y nuestra mano de obra. No hay comunidad de intereses entre ellos y nosotros. Lo que a Estados Unidos le interesa es mantener su papel de hegemón mundial en su guerra contra China y lo que a nuestros pueblos les interesa es tener una vida digna.

En un universo paralelo podría ser que a los Estados Unidos se les ocurriese impulsar un "Plan Marshall" para aliarse con nuestros países del Sur en su lucha por defender su poder el mundo, pero eso no funciona así en este universo real en que vivimos. AMLO en su discurso fue tan lejos como sugerir que los Estados Unidos impulsen una nueva Alianza para el Progreso hacia América Latina. Aparte del mal gusto de citar algo que en su momento fue una masiva operación contrainsurgente contra todos nuestros pueblos, y que desembocó en oprobiosas y genocidas dictaduras, hay que señalar lo obvio: Que la Alianza para el Progreso jamás sirvió para desarrollar a ninguno de nuestros países, su implementación no coincidió con ningún boom económico para América Latina y por el contrario fue el preludio de la desnacionalización de nuestras economías que primero tomó la forma del “Consenso de Washington” y los ajustes estructurales y luego se desaró hacia lo que llamamos globalización neoliberal.

La lógica global del imperio estadounidense es primero militar y después financiera, es decir, que el dominio financiero se convierte en un instrumento privilegiado de su programa de dominación político-militar:

A inicios del siglo XX, EE. UU. endeudó a los países europeos en la primera guerra mundial. A Alemania le impuso condiciones de pago tan irreales que llevaron a su rearme y al nazismo. A Gran Bretaña le impuso el precio de comenzar su declive como potencia mundial reinante y el abrir la Commonwealth al dólar dando así un serio golpe a la libra esterlina. Con la segunda guerra mundial endeudó aún más a Gran Bretaña y a todos los países europeos (con el Plan Marshall que tanto le gusta a AMLO), poniéndolos así bajo la égida estadounidense (la OTAN se creó en 1949). Con el acuerdo de Bretton Woods y la fundación del FMI (1944) el dólar se impuso como divisa del comercio mundial a razón de 1 dólar la onza Troy de oro. Años más tarde, para hacerle pagar al mundo por su guerra contra el pueblo de Vietnam, dejó de lado el patrón del oro y comenzó a imprimir moneda sin respaldo (neoliberalismo). Por último, ya en el siglo XXI, en medio de guerras interminables contra "el terror", pandemias y emergencias climáticas, quieren imponer el Estado de excepción permanente (de ser posible, en todo el mundo).

Desde 2008 las economías de los países occidentales han dependido de la flexibilización cuantitativa por medio de la compra por los bancos centrales de bonos emitidos por los gobiernos y también de activos de la banca privada, muchos de muy cuestionable valor. Esta creación de dinero de la nada se hace en gran medida a través de la emisión de bonos que ofrecen a tasas nulas o negativas de interés (es decir, que pagan para que se los acepten). También ofrecen rescates a los bancos y a las grandes empresas (éstas últimas, en realidad, dependientes también del capital financiero y especulativo) y ese dinero público es utilizado para apalancar las acciones de esos mismos bancos y empresas, sin producir nada. En Estados Unidos el CARES Act para rescatar la economía durante la pandemia en 2020 fue en efecto un traslado hacia arriba, a las elites del país, de US$5 millones de millones.

Para los poderosos, el dinero es demasiado barato y las tasas de retorno de la inversión productiva son demasiado pequeñas como para comprometerse con la economía real. Ese es el orígen material de la formula notoria de Foro Económico Mundial para el futuro de la población occidental: “Sea feliz, no posea nada”. Los dueños del gran capital no quieren invertir para producir porque la tasa de ganancia no les favorece. En cambio, prestan dinero para que la gente se endeude, por ejemplo con la compra de casas, cursos de educación superior, pólizas de salud, automóviles o hasta teléfonos celulares con intereses usurarios. Entonces, si no quieren invertir para la prosperidad de su propia población mucho menos van a prestar dinero a los campesinos para producir alimentos. Es absurdo creer que van a prestar dinero para montar un "Plan Marshall" en América Latina.

Hoy en día, con el pretexto de la pandemia, en Estados Unidos el Gobierno gasta sumas millonarias en ayudas para los desempleados. Eso no es invento de los Demócratas, lo hizo Trump y lo sigue haciendo Biden. Ese dinero no tiene una base productiva, también es creado de la nada. Los salarios en EE. UU. son mucho más altos que en África, Asia y América Latina por lo que su economía no es competitiva. Y con esas ayudas sociales lo es menos. El efecto de esta política es la ola de hiperinflación que empieza azotar tanto a Europa como a Norteamérica. A todo eso hay que agregar planes como los anunciados esta semana por el Banco Central Europeo para eliminar de las cuentas nacionales (por ejemplo, el cálculo del PIB) todo lo que sean gastos para enfrentar el cambio climático (conocidos como "bonos verdes") con el fin de proteger el valor nominal del euro. No es nada extraño que los Estados Unidos estén pensando en una dirección similar.

Ahora todas estas realidades económicas en los países imperialistas están siendo racionalizadas desde el poder en lo que se denomina "Teoría Monetaria Moderna", una deformación del keynesianismo adoptada por personajes como Joe Biden, Bernie Sanders, Alexandria Ocasio Cortez y Nancy Pelosi, que incluso la semana pasada llegó a afirmar que "en Estados Unidos, el capitalismo es nuestro sistema (...) económico, pero no ha servido a nuestra economía tan bien como debería", por lo que es necesario "mejorarlo y garantizar que nos sirva". ¿Qué estaba proponiendo Pelosi? ¿Desarrollar productivamente a los Estados Unidos? ¿Ampliar el mercado interno en América Latina? No. Simplemente, seguir imprimiendo dinero de la nada ya que, según la "Teoría Monetaria Moderna" las necesidades de los desempleados siempre se pueden cubrir imprimiendo dinero sin importar las consecuencias en cuanto a la destrucción de la riqueza material de la sociedad. Esa teoría en realidad es la ideología de un imperio dispuesto a defender a muerte el poder de un dólar sin valor, basado en última instancia en las más de 800 (cálculo conservador) bases militares que los EE. UU. tienen en todo el mundo.

Hay que estar demasiado mal informado para no darse cuenta de que los Estados Unidos están armando un frente contra China, y que con ese objetivo están dispuestos a traicionar a sus más viejos y fieles aliados. Si los EE. UU. traicionaron a Francia con el acuerdo AUKUS, ¿cómo vamos a esperar en América Latina que ellos vayan a honrar cualquier cosa que firmen con nosotros? Como dicen los rusos, Estado Unidos es incapaz de honrar sus acuerdos.

Dice AMLO que "las ventajas son muchas; entre otras, contamos con fuerza de trabajo joven y creativa; hay buen desarrollo tecnológico; somos un continente rico en recursos naturales, con una amplia diversidad cultural; las distancias entre nuestros países nos permiten ahorrar en fletes y, reitero, existe suficiente demanda de mercancías en nuestros mercados". Todo eso es cierto, pero en cualquier acuerdo con los Estados Unidos, esas ventajas van a ser usadas a favor de ellos y en contra de nosotros.

En mayo del año pasado, el FMI prestó 3.483 millones de dólares a 11 países de América Latina para la Covid, pero con las ya conocidas recetas de ajuste pospandemia. En Centroamérica, a El Salvador le autorizó 389 millones a cambio de un “ajuste fiscal gradual” a partir de este año; un límite del déficit del 3.5% en 2024 (cuando se calculaba que llegaría a más del 13% ese año) y de que la deuda pública sea del 60% del PIB en 2030 (este año se piensa que supere el 100%). A Panamá, con 3.500 millones de déficit, le había autorizado 515 millones, pero “cuando termine la emergencia habrá que modificar el gasto público”, advirtió el FMI. A Costa Rica le autorizó 504 millones de dólares, con la misma advertencia. Los otros países que recibieron financiamiento fueron: Dominica, Granada, Haití, Santa Lucía, Bolivia, República Dominicana, Ecuador y Paraguay. A Nicaragua, que solo toma préstamos concesionales, le negó 470 millones aunque un reciente informe reconocía que el país estaba cumpliendo con las medidas contra la pandemia. A Venezuela le negó 5.000 millones. En todo caso, ¿quién quiere plata en esas condiciones?

¿Cuál es el plan de EE. UU. hacia América Latina? Con toda seguridad se puede decir que ponernos un tapabocas, darnos unos créditos sumamente onerosos para que nos pongamos sus vacunas, meternos en cuarentena, darnos otros créditos leoninos para que le paguemos a la gente para que se quede en casa y endeudarnos hasta que cada uno de nuestros países tenga comprometido todo su PIB para, al final, quedarse ellos con todo nuestro petróleo, nuestro litio, nuestro gas y nuestros demás recursos ambientales, incluso con nuestras Reservas de la Biósfera y nuestra agua. Todo eso con una retórica ”interseccional”, "de género", "progresista" y "ambientalista", pero con los mismos métodos autoritarios que ya conocemos desde hace mucho tiempo.

Frente a esa fatalidad de un destino de dependencia de los Estados Unidos hay una realidad, que es la del naciente mundo multipolar. Hay una alternativa y es la que marcan China, Rusia y otros países que en procesos bastante contradictorios se van abriendo camino hacia un desarrollo basado en la producción e independiente de los intereses imperiales.

La gran contradicción de nuestra época es la que existe entre las economías basadas en la producción y las economías basadas en la especulación. Nuestros países necesitan diversificar su comercio internacional, no someterlos a los dictados de una potencia decrépita como los Estados Unidos.

Algo alentador en la Declaración Final de la Sexta Cumbre de la Celac fue que aboga por “un modelo de desarrollo sostenible e inclusivo enfocado en sus dimensiones económica, social y medioambiental, que coloque a las personas en el centro de nuestras políticas”. Es precisamente eso, la persona humana como el enfoque central de las politicas de desarrollo, que contradice diamétricamente la esencia del capitalismo salvaje de Estados Unidos y Canadá. AMLO piensa que es posible llegar a un acuerdo con el capitalismo y el imperialismo norteamericanos. Toda la experiencia continental, incluso y especialmente la amarga y trágica historia de su propio país demuestran que pensar eso es una ingenua fantasía.

Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

    El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...