martes, 9 de noviembre de 2021

Unos comicios históricos en Nicaragua

 

(Foto: Jamil Buitrago)


Por Jorge Capelán
managuaconamor.blogspot.com

Los comicios del domingo 7 de noviembre en Nicaragua fueron históricos. Fueron las primeras elecciones sin injerencia extranjera a lo interno del país en toda su vida republicana. La inmensa mayoría del pueblo se decidió por la vía electoral bajo el marco constituyente surgido del 19 de julio de 1979 cuando una insurrección popular dio al traste con el Estado constabulario instituido por los EE. UU: La dictadura somocista. Solo un 6-11% del electorado cayó bajo el influjo de línea de la propaganda estadounidense, que era la abstención, o sea que esa campaña de guerra sicológica fracasó estrepitosamente. Explicaremos todo por partes.

Las potencias coloniales (especialmente los Estados Unidos y Gran Bretaña), siempre han practicado la injerencia en los asuntos internos de Nicaragua.

  • En 1848, Inglaterra se apodera de San Juan de Nicaragua y bautiza la ciudad con el nombre de Greytown en apoyo a un tal “Rey Mosco” local “zambo-miskito” que ellos mismos habían instaurado el siglo anterior —una especie de Juan Guaidó de aquellos tiempos. El objetivo era apoderarse de la ruta interoceánica que une al Caribe con el Pacífico.

  • En 1856, una facción liberal local “recluta” al filibustero estadounidense William Walker en su guerra contra los conservadores. Craso error, porque Walker financiado por el magnate ferroviario y naviero Cornelius Vanderbilt vino a Nicaragua con el objetivo declarado de “civilizar” la región instaurando la esclavitud, obviamente, con el fin de controlar el paso interoceánico. Es importante recalcar que la intervención de Walker fue propagada como una empresa noble y progresista, el primer ejemplo de “promoción de la democracia” estadounidense en Nicaragua.

  • A partir de ese entonces, fueron incontables las ocasiones en las que Nicaragua contó con los dudosos “nobles oficios” de los Estados Unidos para injerir en sus asuntos internos, generalmente forzando pactos y empréstitos que solamente beneficiaban al “gran vecino del Norte” y a una u otra facción de la oligarquía local.

  • En nombre de la democracia, los marines organizaron elecciones y contaron los votos de los nicaragüenses hasta que su amor por este pueblo fue tanto que llegaron a instaurar la dictadura líbero-conservadora de Somoza —una dictadura que en sus últimos estertores no tuvo el menor empacho en usar armas de destrucción masiva (bombas de fósforo blanco) contra su propio pueblo, tal y como aún hoy en día lo pueden atestiguar los habitantes de ciudades como Estelí y Masaya.

  • A inicios de 1981, la administración Reagan le declara la guerra a Nicaragua y a su joven revolución nacida dos años antes. Desde el mismo inicio de la revolución los Estados Unidos se dedicaron a organizar y a financiar grupos locales para neutralizar el proceso de cambios y asegurarse de que el país volviera a someterse a sus intereses. Con ayuda de la CIA y la USAID, y más tarde, a partir de 1983, de la Fundación Nacional para la Democracia, financiaron todo tipo de grupos sindicales, gremiales y políticos que les ayudasen en su esfuerzo de guerra Contra de “baja intensidad” que convirtió a Nicaragua en la Siria de los años 80. Esta injerencia alcanzó su máximo en términos de apoyo financiero en las elecciones de 1990, en las que el mensaje de los EE. UU. al pueblo nicaragüense era que debería votar por la alianza UNO o de lo contrario la guerra y el bloqueo continuarían. Aunque respetando las normas de la constitución de 1986, y aunque las elecciones fueron de una pulcritud absoluta, el pueblo nicaragüense debió acudir a las urnas con una pistola apuntándole a la sien: La del gobierno estadounidense y sus dispositivos de injerencia política.

  • Durante todo el período de gobiernos neoliberales entre 1990 y 2006, la injerencia estadounidense, ahora reforzada con la de los gobiernos europeos, fue permanente. Ya sea financiando todo tipo de grupos afines a los partidos antisandinistas o tratando de extorsionar económicamente a las organizaciones afines al sandinismo, la mal llamada “ayuda al desarrollo” fue usada como medio de injerencia política. Los embajadores occidentales, especialmente el de Estados Unidos, rutinariamente expresaban en los medios juicios de valor sobre las políticas internas, condenando abiertamente a los grupos y dirigentes políticos que no eran de su agrado. En las elecciones, hasta llegaron a traer al país a figuras tristemente célebres de los años 80, como el teniente coronel Oliver North, a amenazar al pueblo nicaragüense con lo que podría venir en caso de votar por el FSLN. Crearon toda una parafernalia de ONG tóxicas con el expreso fin de que Nicaragua fuese literalmente entregada a Estados Unidos y a los países occidentales, como es el caso del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP) que a fines de los años 90 intentó (en vano) que el Estado de Nicaragua entregara sus misiles tierra-aire de la guerra de los años 80 a los Estados Unidos. Otras ONG occidentales se encargaron de manipular cuestiones como los derechos humanos y los derechos de las mujeres, mientras que otras se centraron en la manipulación de las elecciones para beneficiar a los partidos liberales, que a su vez eran objeto de profusas acciones de injerencia y financiamiento tóxico.

  • Desde el regreso del Frente Sandinista al gobierno, toda esa estructura de injerencismo fue reforzada, ahora con el fin de destituir al gobierno del Comandante Daniel Ortega. Esto incluyó el financiamiento y apoyo al micropartido violento Movimiento Renovador Sandinista y a toda una red de grupos enfocados en todo tipo de temas utilizados como pretexto para discursos insurreccionales y deslegitimadores de la institucionalidad del país. En lo electoral, los Estados Unidos alentaron a todos los grupos que promoviesen salidas y discursos abstencionistas, financiando una red de medios en apariencia independientes pero totalmente subordinados a los intereses estadounidenses. Todo esto desembocó en el derrotado “golpe suave” del año 2018 que le causo al país serios daños económicos, pero que chocó frontalmente con los intereses de la gran mayoría de la ciudadanía. Esta “revolución de colores” confundió durante algunos días a sectores de la población, pero sus organizadores muy pronto mostraron que sus verdaderas intenciones eran las de destruir el país y no impulsar supuestas reivindicaciones sociales. El dinero injerencista de Estados Unidos y de las embajadas de la Unión Europea financió la muerte y la destrucción, así como gravísimas violaciones a los derechos humanos del pueblo nicaragüense.

  • Tras la derrota de la “revolución de colores” del año 2018, la red de conspiradores terroristas financiada por los Estados Unidos, siguió el mismo rumbo destituyente que había seguido desde el inicio del gobierno sandinista, sin entender que algo muy fundamental había sucedido en la sociedad nicaragüense: que la inmensa mayoría de la población decidió que quiere vivir aquí en Nicaragua y que quiere que las contradicciones se resuelvan pacíficamente dentro del marco de la ley. El gobierno sandinista ofreció a los sectores golpistas amnistías, procesos de diálogo, amplios movimientos de reconciliación y un conjunto de políticas públicas que jamás diferenciaron a sus beneficiarios por su color político. Esto caló en la ciudadanía de a pie, pero no en una minoría de los operadores políticos controlados por Estados Unidos. Esos grupos siguieron conspirando como siempre y la injerencia de EE. UU. y la UE continuó ininterrumpida, junto con la agresiva campaña internacional de desprestigio contra Nicaragua. Mientras tanto, el consenso social a lo interno de la Nicaragua real se fue consolidando y con ello una mayoría política, tanto de individuos como de organizaciones, que decidieron que este marco institucional es el que el propio pueblo nicaragüense se ha elegido y que es dentro de este marco que se debe vivir en el país. Asimismo, el gobierno sandinista, basado en su sólida mayoría en la Asamblea Nacional, fue reforzando el marco legal que castiga la injerencia extranjera en los asuntos internos así como las actividades de traición a la patria, como el pedir expresamente la intervención extranjera. Es precisamente ese marco legal el que se ha aplicado a un selecto grupo de agentes al servicio de los Estados Unidos que incluye a algunos banqueros, prominentes oligarcas, operadores de ONG, propagandistas, etcétera. Entre estos operadores está Cristiana Chamorro, perteneciente a la más rancia oligarquía de Nicaragua, y a quien los Estados Unidos habían reservado el rol que le asignaron a Juan Guaidó en Venezuela, pero la arrogancia imperial fue tal, que la misma Chamorro quedó fuera del marco legal incluso antes de fuera electa candidata por partido alguno.

  • Esa red de una cuarentena de conspiradores actualmente presos, investigados y juzgados por graves delitos contra la patria no ha recibido el menor apoyo en la calle en Nicaragua, ya que sencillamente no lo tiene. Incluso los sectores de la población que han sido influenciados por la propaganda abstencionista de los Estados Unidos y no votaron en las elecciones del domingo, jamás han salido a la calle a protestar, no porque le hayan temido a “la represión del régimen”, como dice la propaganda occidental, sino sencillamente porque no tienen la suficiente convicción de que esos sujetos y grupos realmente merezcan ser defendidos. De otro modo, hubiese sido imposible para el Estado impedirles que se manifestasen.

Veamos a continuación algunas cifras de las elecciones del domingo. Los datos están redondeados porque aún falta el informe definitivo:

En la elección del domingo votaron unos 2.86 millones de electores, es decir, 64% de un padrón electoral de 4.48 millones de electores. 2 millones lo hicieron por el FSLN (75.9% de los votos válidos), 651 mil por la oposición (24% de los votos válidos) y unos 156 mil votos nulos (5.4% del total). Un total de 1.6 millones de ciudadanos habilitados (36.1% del padrón) se abstuvieron de votar. De estos datos se pueden sacar varias conclusiones.

La primera es que la línea imperial, el abstencionismo, salió duramente derrotado. Pensar que un 36% de abstención (64% de participación) es una victoria a favor de los Estados Unidos es una grave equivocación, porque en Nicaragua desde 1986 habitualmente ha habido entre un 25-30% de abstención. La participación más baja se dio en 2006 (61.2%) y la más alta en 1990 (86.%). Entre esos dos extremos lo habitual ha estado entre el 70 y el 75%. Esa gente no vota por muchas razones, ya sea porque se les perdió la cédula de identidad, porque no les interesa la política o, como en el caso de decenas de miles de testigos de Jehová en Nicaragua, su religión no se lo permite.

Entonces, la cifra más cercana de sectores que no participaron en la contienda electoral por estar bajo el influjo de la guerra sicológica occidental es bastante más modesta, un 11 o un 6% del electorado, un dato mucho más cercano a las cifras de la encuestadora M&R, que por cierto, en su último estudio la semana anterior a las elecciones predijo una predisposición favorable al FSLN del 75%.

En lo que respecta al voto de la oposición (651 mil), este representó un 14.53% del total de los electores (4.48 millones). Si a este voto le sumamos los 156 mil votos nulos, tenemos un porcentaje total del 18% del electorado con posturas opositoras pero dentro del sistema electoral vigente claramente superior al 6-11% que todavía está bajo el influjo del golpismo. En general, un 24-29% del electorado se identifica con posiciones de derecha y de esa fracción solo una tercera parte o la mitad todavía se identifica con el golpismo de alguna manera más o menos militante.

En total tenemos que, mientras que un 64% del electorado está a favor de la democracia y la institucionalidad nicaragüenses, solamente entre un 6 y un 11% del electorado cree que lo mejor es plegarse a las amenazas del imperio. Incluso, de ese reducido universo, una fracción considerable no está dispuesta a repetir las atrocidades y crímenes cometidos por los golpistas en 2018 y más bien se abstuvo a causa del miedo provocado por la campaña de guerra sicológica desatada por los medios occidentales y el diario de la CIA en Managua, La Prensa.

En general, podemos decir que si tomamos en cuenta la totalidad de los habilitados para votar, el Frente Sandinista moviliza a un 44.6% del electorado (2 millones de 4.48); los indiferentes constituyen entre 25 y 30%, los opositores que aceptan la realidad democrática son un 14.5% y los opositores bajo el influjo del golpismo imperial son entre un 6 y un 11%. En términos de institucionalidad contra golpismo, la ventaja de la primera es 59% (44.6 + 14.5) contra 6-11% del segundo. En términos de izquierda-derecha, la correlación es de 44.6% a favor de la alternativa revolucionaria del FSLN contra 30 o 35% (24+6-11) que de uno u otro modo apoya a las fuerzas de la reacción. En medio (o al margen) queda un 25-30% del electorado que generalmente no participa en política (pero que podría llegar a hacerlo).

En resumidas cuentas, las fuerzas revolucionarias en Nicaragua han hecho avances políticos innegables llegando a construir un poder hegemónico en la sociedad, pero la vieja pugna entre patriotismo y lacayismo, entre izquierda y derecha, todavía subsiste. Es crucial para el Frente Sandinista atraer al proyecto Nacional-Popular de liberación nacional con justicia social, al proyecto Cristiano, Socialista y Solidario, a todos los sectores que se puedan atraer de la derecha que votó por la vía institucional y a los sectores que históricamente se han desvinculado de la política, aislando todavía más a los agentes del golpismo y desfacistizando a las víctimas de la constante guerra sicológica del imperio contra el pueblo nicaragüense -una guerra que no viene de ahorita, sino que es ya de siglos.

Ahora, con mecanismos jurídicos y con toda una infraestructura de poder democrático consolidada como nunca antes, están dadas las condiciones para que la sociedad nicaragüense avance por la senda del desarrollo y la independencia sin injerencias externas de ningún tipo y sea capaz de enfrentar las agresiones del imperio al mismo tiempo.

La vieja derecha procolonial está atravesando por una seria crisis de ideas que en realidad es producto de la crisis del proyecto civilizatorio del imperio. Tal vez esta nueva etapa que se abre a partir del 7 de noviembre de 2021 signifique para esta derecha la posibilidad de insertarse en la sociedad nicaragüense sobre otras bases que no sean las de la servidumbre a una oligarquía en vías de extinción y a un imperio en descomposición. Si no lo logra, no importa, Nicaragua no la extrañará.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Nicaragua, las palomas vuelan alto


 

Por Fabrizio Casari.

Con un consenso cercano al 76%, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, liderado por el presidente Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo, ganó las elecciones celebradas el 7 de noviembre. Tendrá así otros cinco años de mandato presidencial y un Parlamento donde el sandinismo tiene mayoría absoluta, por lo que la continuidad con el gobierno saliente está garantizada. A partir de hoy, por tanto, comienza la nueva etapa que, al menos durante otros cinco años, garantizará el incremento de las políticas públicas inclusivas y el mantenimiento de una posición intransigente en cuanto a la independencia y la soberanía nacional del país.
Los 167 observadores internacionales y los 67 periodistas internacionales certificaron la absoluta regularidad de la votación, que se desarrolló en un ambiente de absoluta tranquilidad y en condiciones de transparencia desconocidas en otros lugares. Fue una formidable prueba de movilización popular y el 65% de participación atestigua la decisiva inversión del electorado en su propio futuro. El alcance territorial uniforme y las cifras absolutas y porcentuales alcanzadas, muestran también cómo el FSLN es un partido genuinamente nacional-popular, es decir, que consigue hablar a todos los sectores de la sociedad nicaragüense en todas las partes del país.
En un plano más exquisitamente político, el voto reconoce la tenacidad con la que el Presidente, el Comandante Daniel Ortega, rechazó las presiones internas e internacionales para que se adelantaran las elecciones, negándose a cambiar el calendario electoral establecido por la Constitución, que prevé -como en todas partes- la celebración de elecciones anticipadas sólo cuando un gobierno ya no cuenta con la confianza del Parlamento.
La negativa a adelantar las elecciones en 2018 fue una manifestación de un fuerte apego a la Constitución, porque ni siquiera se consideró prioritaria la ventaja de votar con el olor a infamia golpista en llamas. Se optó por mantener el calendario constitucional y no la conveniencia política inmediata. Tampoco se aceptó reconocer como entidad política con la que interactuar a las potencias extranjeras que han intentado y siguen intentando con creciente fuerza (y creciente decepción) intervenir en la política nicaragüense. No se permitió alterar la naturaleza institucional del país, su proceso legal y constitucional.
Hoy se ha demostrado que la decisión fue acertada. El consenso alcanzado habla de una identificación absoluta entre el pueblo y el gobierno. Una de las razones es la sensación de seguridad y estabilidad que ofrece junto con las políticas inclusivas. Aquí, a años luz de la farsa de representación de la política tal y como la conocemos en Europa o Estados Unidos, el respeto a la constitucionalidad del país es un terreno esencial y una premisa para cualquier consideración política, y porque el fortalecimiento de la institucionalidad produce la consolidación de la democracia formal y sustantiva. Estos dos aspectos de la soberanía popular forman el camino obligado que va de la mano de las políticas públicas que reducen las desigualdades. La democracia formal y la sustancial deben viajar juntas, porque esto transforma a la gente en pueblo, esto hace de un país una nación.
La derecha ha perdido su unidad bajo el signo del malinchismo, su actitud de ser esclavos de noche y sentirse amos de día. Ha perdido una derecha recalcitrante y corrupta, atiborrada de dólares y carente de toda inteligencia política, de toda sabiduría táctica, de toda visión estratégica. Una derecha que no habita el país del que divaga, que no conoce su fuerza y perseverancia; una derecha vieja, de impronta servil y neocolonial, que se ofrece a la tienda de descuentos de la política como un detergente ineficaz. Una derecha que representa todo lo viejo del latifundio y las rodillas desgastadas frente al imperio que se ha encontrado frente a un FSLN capaz de combinar la tradición con la modernidad, el impulso independentista con la ambición de representarlo políticamente.
Los traidores y mercenarios, los odiadores compulsivos, los implacables productores de mentiras envueltas en dólares han perdido. El golpe ha sufrido la más dura de las derrotas, porque había apostado fuerte por el abstencionismo. Pensó que la fatiga fisiológica que se produce después de años en la relación entre gobernantes y gobernados podría cavar un surco; se apoyó en la oposición histérica de las jerarquías eclesiásticas, en las amenazas de Estados Unidos con leyes y sanciones a medida, en la presión de la Unión Europea y de los payasos latinoamericanos, en la organización de liberales y conservadores y en toda la caravana del antisandinismo con la esperanza de que todos estos elementos pudieran producir de alguna manera un distanciamiento entre los elegidos y los votantes. Error flagrante de principiante, típico de quienes se proponen leer marcos complejos con un sistema binario en lugar de una lectura holística.
Intentaron la misma estrategia que en 1990, aprobando la ley Renacer en Washington en un intento, entre otros, de aterrorizar a los trabajadores de la zona franca (unos 130.000) con la amenaza de que Nicaragua saliera de Cafta, sin decir que simplemente no es posible según el estatuto y que desde EEUU al resto de Centroamérica todos pagarían un alto precio en términos comerciales. Comenzaron a despreciar el resultado electoral incluso antes de que se abrieran las urnas, tratando de definir su valor como exclusivamente interno, sin entender que sólo a los nicaragüenses les importa Nicaragua.
La reacción imperial
Estados Unidos reaccionó con nerviosismo a su derrota en Nicaragua. Biden salió del sarcófago para calificar de pantomima la votación nicaragüense y la Unión Europea reiteró su no reconocimiento, tal y como anunció hace meses, cuando aún no se habían convocado las elecciones. Se escenificó el mismo guión con Venezuela, y se recibió exactamente la misma respuesta: a Venezuela no le importaba en absoluto el no reconocimiento europeo, y Nicaragua hará lo mismo. Viven pacíficamente y felices incluso sin la UE: la impotencia del Viejo Continente hacia América Latina es un factor que no se resuelve con sueños frustrados de neocolonialismo.
A nivel continental, la primera reacción de Estados Unidos fue ordenar a Costa Rica que emitiera un comunicado desautorizando el resultado electoral nicaragüense. San José aceptó con entusiasmo; no todos los días una de las clases políticas más corruptas del continente, que custodia una nación económicamente nula, militarmente inerte y políticamente insultante, se encuentra apoyando un papel como si fuera un país real y no una muestra de la generosidad de la jurisprudencia internacional.
Este es sólo el primer paso de la ofensiva política, diplomática y comercial que se desatará contra Nicaragua. Utilizarán la manta andrajosa y bastante mugrienta de la OEA, alinearán al Grupo de Lima (conocido como el Cártel de Lima por la probada dependencia de sus miembros de los narcos) y pedirán a algunas ONG financiadas por la USAID que se acuerden de condenar. Destacarán los gobiernos fascistas del Cono Sur, encabezados por Colombia, Chile, Brasil y Uruguay, que dirán lo mismo bajo tres siglas diferentes -países individuales, Grupo de Lima y OEA- para sonar más como ellos. Movilizarán teclados mercenarios de supuestos periodistas de medios ligados a los EEUU y al sistema financiero internacional, quizás haciendo gala de algún charlatán arrepentido, de esos que cuando eran jóvenes se hacían pasar por izquierdistas para poder trabajar y ahora son ultraderechistas para no dejar de trabajar.
En el plano político y comercial, es posible prever la aplicación de un conjunto de medidas destinadas a doblegar a Nicaragua a los intereses estadounidenses, pero no será nada fácil obtener el consenso de la comunidad internacional, más aún en el plano regional. De hecho, uno de los efectos de la maldita globalización es que el entrelazamiento de los intereses recíprocos de los distintos actores dificulta la puesta en marcha de iniciativas que sólo beneficien a unos y perjudiquen a otros, tanto a nivel local como global. El entrelazamiento de intereses mutuos hace que todos salgan perdiendo en una cruzada sin sentido.
El tiro puede salir por la culata
Managua, por su parte, tiene varias flechas en su arco. La primera es su papel fundamental en la contención del tráfico de drogas y personas hacia Estados Unidos. El propio Pentágono ha destacado en repetidas ocasiones que las fuerzas armadas nicaragüenses son las mejores de la región, tanto en general como, en particular, para las tareas de patrullaje de su parte del Mar Caribe y del interior, así como para la represión de los fenómenos delictivos. La pérdida de la cooperación nicaragüense, tanto a nivel bilateral como en el seno del SICA, socavaría la seguridad regional, el comercio y la importación/exportación en todo el hemisferio y la cooperación que caracteriza el proceso de integración en la zona en diversos ámbitos. Por lo tanto, a nadie le interesa, ni siquiera a Estados Unidos y Canadá, alterar el equilibrio que se ha logrado con tanto esfuerzo en materia de seguridad regional y, en todo caso, no le interesa apoyar una batalla ideológica con un alto nivel de histeria y caprichos imperiales, en la que Washington exige que sus empleados locales gobiernen al margen del consenso que tienen.
Pero pensar que una vulgar e insignificante minoría blanca, desprovista de todo respeto y consenso, puede representar el futuro del país significa no tener el más mínimo sentido de la razón ni siquiera el sentido de la proporción. Creer que la desestabilización de Managua no conlleva una desestabilización de la zona y por tanto, como consecuencia, de los propios EEUU, supone haber aprendido política internacional en las enciclopedias de archivos.
En Managua, son cuidadosos pero ciertamente no están desesperados. Nicaragua ha dado un paso de gigante en el camino hacia el fortalecimiento de su estructura institucional. Han dado la señal que querían dar. El país es políticamente sólido y fiable y está protegido de los intentos de golpe de Estado. El gobierno es sólido, goza de una mayoría política abrumadora y no es concebible despreciar estos datos.  
Se puede y debe hablar con Nicaragua. Hay intereses comunes en la zona, desde el desarrollo hasta la seguridad, desde el comercio hasta las políticas migratorias. Por lo tanto, lo que se necesita es que Estados Unidos adopte una política digna. Deberían tener el valor de sacar la suerte de Estados Unidos hacia América Latina de las manos de la mafia de Florida, ya que ésta sólo sirve para engordar los intereses del lobby cubano-americano que se nutre de la hostilidad y los embargos a Cuba, Venezuela y Nicaragua. A continuación, abandona la idea de que todo lo que está al sur del Río Bravo es un protectorado de los Estados Unidos, aprende la diferencia entre diálogo y monólogo.
Nicaragua no es un agregado geográfico como Costa Rica. Su peso internacional no es comparable al de ningún otro país de la región. Sin embargo, la magnitud de su soberanía es una parte fundamental de su identidad política y cultural, y es imposible no reconocer cómo su capacidad para gestionar una grave polarización política le convierte en un modelo de democracia y, al mismo tiempo, en el país líder de la región. Mejor proponer enfrentamientos que choques, mejor dibujar escenarios útiles que inventar sanciones inútiles.
Mientras tanto, Nicaragua disfruta de su fiesta cívica. Las palomas han volado alto y los cuervos han sentido que deben dejar el cielo despejado. La victoria electoral de ayer nos recuerda a todos, realmente a todos, que la independencia genera soberanía, que a su vez da lugar a la libertad. La democracia es una fruta deliciosa para saborear: al menos en esta latitud, se sirve en platos humildes. Pero irrompibles.

Capelan: El Frente Sandinista es la mayor fuerza política de la sociedad nicaragüense

El periodista y analista internacional Jorge Capelan plantea que la sociedad nicaragüense ha defendido su futuro y esta consiente que el Frente Sandinista es la fuerza política que va a defender los intereses del pueblo.teleSUR

sábado, 6 de noviembre de 2021

Elecciones nacionales 2021: Análisis del panorama electoral

El escritor y analista político Francisco Bautista Lara y el comunicador y analista político Jorge Capelán comentan el panorama electoral a escasas 12 horas del inicio de las elecciones libres de Nicaragua 2021 con Celia Zamora y Erving Vega en el canal TN8.

viernes, 5 de noviembre de 2021

¿Cómo aplicó EEUU en Nicaragua la denominada revolución de color?


Managua, 4 nov (Prensa Latina) Las denominadas revoluciones de color o golpes suaves constituyen hoy unas de las estrategias de intervención silenciosa empleadas por Estados Unidos, con el propósito de derrocar a gobiernos contrarios a su visión económica, política, social y militar.

Uno de los casos más recientes contra Nicaragua es la suspensión de cientos de cuentas a periodistas y activistas a favor del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en las redes sociales Facebook, Instagram y Twitter, a menos de una semana de las elecciones generales.

La campaña de censura barrió también de las plataformas digitales a medios de comunicación defensores de una agenda mediática de izquierda y ello representa otras de las acciones asumidas por los presidentes estadounidenses Donald Trump y el actual Joe Biden tras el fracaso en el intento de golpe de 2018.

Facebook e Instagram cancelaron mil 300 cuentas con sede en Nicaragua y ante la réplica de los activistas en Twitter la plataforma le aplicó un golpe doble a la libertad de expresión, según los analistas, tras el cierre de perfiles con miles de seguidores y pertenecientes a grandes e influyentes medios dentro de este país.

Para el analista político uruguayo, radicado en Managua, Jorge Capelán, Washington empleó todos los métodos de desestabilización en la nación centroamericana, pues desde el mismo triunfo de la Revolución Sandinista en 1979 financió una fuerza paramilitar contrarrevolucionaria.

«Durante 10 años, los muertos como consecuencia de ese enfrentamiento se calculan sobre los 50 mil. Los denominados contras torturaban, quemaban cooperativas, atacaban puestos de salud y volaban puentes, pero nunca pudieron establecer una cabeza de playa en el territorio nacional», señaló a Prensa Latina.

Al final, tuvieron que sentarse a dialogar con el gobierno encabezado por Daniel Ortega y aceptar elecciones dentro del marco constitucional, si bien para los comicios de 1990, Estados Unidos destinó cantidades ingentes de dinero en apoyo a la oposición al FSLN.

Además del aporte económico, el país norteño ejerció presión sobre la ciudadanía pues, con el propósito de lograr un voto desfavorable contra el FSLN prometieron el fin del conflicto bélico y esa elección supuso el comienzo de «la larga noche neoliberal», traducida en 16 años de saqueo y privatizaciones.

CAMBIOS EN LOS MÉTODOS DE DESESTABILIZACIÓN

Los embajadores norteamericanos en Nicaragua asumieron siempre una postura agresiva desde la llegada a la presidencia de Ortega, reconoció Capelán, entre ellos Paul Trivelli y su sucesor Roberto Callahan.

«Sin embargo, cada uno de esos diplomáticos se fue desgastando hasta que bajo la presidencia de Barack Obama arribó al país en septiembre de 2015 la funcionaria Laura F. Dogu quien, contrario a sus predecesores, mantuvo su disposición de trabajar con el pueblo y el gobierno de Nicaragua», recalcó.

A juicio de Capelán ya estaba «por debajo del tapete» la preparación del intento de golpe de estado de 2018 con una «estrategia envolvente» y mientras ella ejerció como diplomática infiltraron instituciones y formaron jóvenes de universidades privadas en cursos vinculados, por ejemplo, al desarrollo comunitario.

«En esos programas de estudios les enseñaban cómo subvertir al país mediante las redes sociales, la creación de medios de comunicación, el manejo de numerosas plataformas digitales y bajo la fachada de un supuesto trabajo social, mantenían cuentas bancarias para su activación llegado el momento», indicó.

Capelán recordó que, en aquella oportunidad, impulsaron un estado de opinión desfavorable a instituciones como la Policía Nacional o la Juventud Sandinista, sin respaldo o pruebas de ningún tipo y luego vino toda la campaña relacionada con los incendios en la Reserva Indio Maíz, la segunda más relevante de Nicaragua.

«Fue entonces cuando emprendieron una cruzada mediática sobre una presunta inoperancia del gobierno en esa región, sacaron versiones del hecho totalmente desproporcionadas y después descubrieron, incluso, que el incendio había sido provocado», consideró.

El 16 de abril de 2018 Ortega anunció medidas destinadas al aumento del aporte de los trabajadores y empleadores a la seguridad social y la creación de un tributo especial a las pensiones del 5 %; al día siguiente la cuenta de Twitter @SOSINSS, anunciaba un supuesto asesinato de un joven que ayudaba en la economía familiar.

A partir de ese momento, aumentaron las convocatorias a plantones en distintas ciudades y contra las reformas y, según el académico, los atacantes a espacios como el Centro Universitario de León «estaban facistizados y hábilmente manipuladas para actos de violencia y odio».

El presidente sandinista determinó entonces posponer la reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, aparentemente, uno de los detonantes de las protestas y a la semana siguiente la sociedad comenzó con una serie de manifestaciones a favor del gobierno del FSLN.

Los «tranquistas»—impulsores de los bloqueos a pueblos y ciudades—, reconoció Capelán no lograron ahogar económicamente al país y unas semanas después la Policía Nacional intervino en el levantamiento de las barricadas y, poco a poco, los sandinistas retomaron el control de las calles.

mem/dgh
 

lunes, 1 de noviembre de 2021

Videoconferencia: Elecciones decisivas en tiempos de crisis civilizatoria

Ideario Popular.

Tercera sesión del ciclo de conferencias virtuales “Elecciones y defensa de soberanía” llevada a cabo el pasado 28 de octubre con el periodista y analista político Jorge Capelán.

  • ¿Qué está pasando en el mundo hoy? ¿Por qué no nos reconocemos? (Por ejemplo, las actitudes de ciertos líderes y movimientos en América Latina que deberían ser nuestros amigos).

  • La crisis civilizatoria es una crisis que lo abarca todo: La civilización en su conjunto, los países, los movimientos, las identidades… Es una crisis existencial.

Literatura:

Aaron Benanav, LA AUTOMATIZACIÓN Y EL FUTURO DEL TRABAJO, Traficantes de sueños, 2021. (Sobre el problema de la productividad en el capitalismo actual y sobre las falacias de propuestas como la renta básica universal.)

Michael Hudson, SÚPER IMPERIALISMO, LA ESTRATEGIA ECONÓMICA DEL IMPERIO NORTEAMERICANO, Editorial Dopesa, 1973. (Sobre el papel de las finanzas, la deuda y el poder militar en el funcionamiento del imperio estadounidense.)

Michel Chossudovsky, LA CRISIS MUNDIAL DEL CORONAVIRUS 2020: DESTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL, DEPRESIÓN ECONÓMICA DISEÑADA, GOLPE DE ESTADO GLOBAL Y EL “GRAN REINICIO”, Globalización, 2021. (Sobre la crisis del coronavirus).

https://www.globalizacion.ca/la-crisis-mundial-de-la-corona-de-2020-destruccion-de-la-sociedad-civil-depresion-economica-disenada-golpe-de-estado-global-y-el-gran-reinicio/

Michael Hudson, MATAR AL HUÉSPED, Capitán Swig Libros, 2018. (Sobre la naturaleza parasitaria del capital financiero.)

Orlando Núñez, EL METABOLISMO DEL MERCADO, Anama Editores, 2016. (Sobre el socialismo y el mercado.)

Vandana Shiva, REFLEXIONES ECOLÓGICAS SOBRE EL CORONAVIRUS, Lavaca, 2020. (Sobre la explotación de la biodiversidad como causa de las enfermedades.)

https://lavaca.org/notas/vandana-shiva-sobre-el-coronavirus-de-los-bosques-a-nuestras-granjas-a-nuestro-microbioma-intestinal/

Wallerstein, Emmanuel, EL MODERNO SISTEMA MUNDIAL, Siglo XXI Editores, 2016. (Libro clave sobre la teoría de sistemas globales.)

domingo, 31 de octubre de 2021

"Los 16 años que nos robaron", un documental para no olvidar

La última producción de Marcio R. Vargas y Carlos Vargas Arana "Los 16 años que nos robaron" es un documental sobre un período sombrío en la historia de Nicaragua que debe verse, especialmente por las jóvenes generaciones, ya que cuenta el calvario por el que pasó el pueblo nicaragüense entre 1990 y 2006 y desemboca en el actual período, el más exitoso de la historia en lo que respecta a la construcción nacional de Nicaragua.

El documental se basa en un abundante material de archivo de la televisión de la época, así como en entrevistas a comunicadores y cuadros sandinistas de diversas generaciones que recuerdan el período de los gobiernos liberales tras la derrota electoral de 1990.

Hábilmente montadas a menudo en cámara lenta con un fondo de música clásica y lírica que crean un contraste dramático y a la vez provocan un distanciamiento crítico en el espectador, por la pantalla vemos pasar imágenes desgarradoras de la miseria en la que vivían amplios sectores de la población, el saqueo a los bienes públicos y la bancarrota moral de una élite que jamás tuvo el menor empacho en robarle a la ciudadanía y en ser totalmente serviles ante el amo imperial.

La obra muestra cómo se habían privatizado los servicios públicos y cómo se dejó venir abajo la infraestructura del país en un esfuerzo premeditado por destruir a Nicaragua como Estado Nación para luego incorporarlo a los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, también se muestra la resistencia del pueblo a estos ataques, desde las luchas estudiantiles por el 6% a la formación del Frente Nacional de los Trabajadores, siempre con el acompañamiento y el compromiso del Comandante Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo.

Este documental es especialmente necesario estos tiempos de elecciones para que nadie olvide lo que hoy se conoce como "la larga noche neoliberal".

viernes, 29 de octubre de 2021

Noviembre, mes de elecciones. Alinearse con las fuerzas progresistas


Por Fernando Bossi Rojas

En noviembre se realizarán cinco elecciones en nuestra región latinoamericana. Dos en Centroamérica y tres en Suramérica. Cada una de ellas de suma importancia no solo para las fuerzas populares y progresistas de los países involucrados y sino para las de toda nuestra América.

La primera será el 7 de noviembre en Nicaragua; allí se elegirá presidente y diputados para la Asamblea Nacional y para el Parlamento Centroamericano. El candidato de la Revolución, el Comandante Daniel Ortega, va acompañado en la fórmula, por su compañera Rosario Murillo, como la elección pasada, y se prevé que ganarán cómodamente.

Una semana después, el 14 de noviembre, la cita será en Argentina, donde se renovarán 127 de los 257 escaños de la Cámara de Diputados, y  24 de los 72 del Senado de la Nación. La disputa será entre el gobernante Frente de Todos y Juntos por el Cambio, coalición que nuclea a las fuerzas neoliberales del ex presidente Mauricio Macri.

Esta elección ha generado mucha expectativa ya que el 12 de septiembre pasado en las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), la coalición de derecha obtuvo más votos que el oficialismo, prendiendo las alarmas a la fuerza que encabezan el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner. No hay duda que sería fundamental que el frente de fuerzas progresistas lograra la victoria, y así cerrar el paso a la nueva embestida reaccionaria. ¿Podrá el Frente de Todos revertir la pobre elección primaria del 12 de septiembre? Las expectativas van creciendo mientras más se acerca la fecha de los comicios.

El 21 de noviembre seguimos con Chile. Allí se elige presidente para el período 2022-2026. También se elegirán diputados, senadores y consejeros regionales. En caso de ocurrir una segunda vuelta electoral, ésta se realizará  el 19 de diciembre de 2021.

Según varias encuestas, el candidato de las fuerzas progresistas, Gabriel Boric, aparece con posibilidades reales frente a los candidatos de la derecha y la centro-derecha. El 21 se comprobará si las protestas llevadas a cabo en los últimos tiempos en Chile se traducen en votos anti-neoliberales que puedan ser capitalizados por la coalición Apruebo Dignidad que lidera el joven Boric.

El 21 también se realizarán elecciones en Venezuela. En este caso se renovarán todos los cargos ejecutivos y legislativos de las 23 entidades federales (gobernadores) así como el de los 335 municipios del país (alcaldes). Teniendo en cuenta el bloqueo y las sanciones a que es sometido el pueblo venezolano por parte del imperialismo yanqui y sus aliados, con las consecuencias que esto trae aparejado, es probable que el oficialismo pierda algunos espacios regionales. No obstante, en el balance general se espera que las fuerzas revolucionarias se impongan una vez más, ante una oposición que nuevamente se presenta dividida y desprestigiada ante la opinión pública.

El 28 de noviembre volvemos a Centroamérica, donde los comicios se realizarán en Honduras. Las elecciones serán para Presidente y también se elegirán 128 diputados al Congreso, 20 diputados al Parlamento Centroamericano, 298 alcaldes y 2092 regidores. La candidata Xiomara Castro (esposa del ex presidente Manuel Zelaya), con Libre (Libertad y Refundación) se enfrentará al candidato neoliberal del Partido Nacional, Nasry Asfura. Las encuestas indican que Xiomara, acompañada en la formula por Salvador Nasralla, estaría ganando. De esta manera las fuerzas progresistas y de izquierda hondureñas podrían retomar al poder después de 12 años en que la derecha, con apoyo de los Estados Unidos, derrocó al presidente constitucional Manuel Zelaya.

En síntesis: cinco elecciones donde desde esta tribuna apoyamos abiertamente a los candidatos al ejecutivo nacional Daniel Ortega, Gabriel Boric y Xiomara Castro, con las fuerzas Alianza Unida Nicaragua Triunfa, encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Apruebo Dignidad en Chile  y Libre en Honduras. Asimismo en las regionales de Venezuela nuestro apoyo incondicional es con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el Polo Patriótico, y en Argentina con los candidatos del Frente de Todos.

Nuestra posición es clara y no andamos con titubeos ni ambigüedades. No se trata de alineaciones acríticas, pero a la hora de poner el voto hay que estar decididamente a favor de las fuerzas que asumen posiciones antiimperialistas, progresistas y patrióticas.

 


miércoles, 27 de octubre de 2021

VIDEOCONFERENCIA: "Unas elecciones decisivas en tiempos de crisis civilizatoria”

 


El colectivo IdearioPopular continúa con su ciclo de conferencias virtuales, esta  vez participará como invitado al conferencista Jorge Capelán con el tema "Unas elecciones decisivas en tiempos de crisis civilizatoria”.

Te invitamos el día jueves, 28 de octubre  a las 2:00pm . 🕒

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domingo, 24 de octubre de 2021

PODCAST: Guatemala y la lucha de los pueblos originarios

 En este episodio de DE MANAGUA CON AMOR hablamos con el compañero Ollantay Itzamná, activista por los derechos de los pueblos originarios del Abya Yala y profundo conocedor de Guatemala: ¿Qué cambios impulsó la revolución guatemalteca de 1944-1954 y cuál es su legado para nuestros pueblos en el siglo XXI? ¿Cuál es la situación actual de Guatemala y qué papel juegan los pueblos originarios para liberarse del colonialismo y del neoliberalismo? ¿Qué retos enfrentamos los pueblos del Abya Yala a la luz de la experiencia de los pueblos originarios?

No deje de visitar el blog de Ollantay, "Susurros del silencio", en:
https://ollantayitzamna.com/

Jorge Capelán en ExtraPlus: El contexto mundial actual

    El contexto actual mundial es complicado, pero tiene mucho que ver con las diferencias de concepción entre un mundo unipolar y otro ...